Rueda practica el terrorismo contra la clase trabajadora gallega.
Por André Abeledo Fernández
La gestión del Partido Popular al frente de la Xunta de Galicia, hoy capitaneada por Alfonso Rueda, ha cruzado todas las líneas rojas admisibles en una sociedad democrática. No estamos ante un simple problema de mala gestión presupuestaria o de incompetencia administrativa; estamos ante una estrategia perfectamente planificada que solo se puede definir de una manera: la Xunta de Galicia practica el terrorismo contra la clase trabajadora.
El terrorismo no se ejerce únicamente con armas. Se ejerce también desde las instituciones cuando se legisla y se gobierna activamente en contra de la vida, la salud y la dignidad de las mayorías sociales. Desmantelar la sanidad pública, privatizar servicios esenciales y precarizar la vida de quienes sostienen el país con su esfuerzo diario es una forma de violencia institucional y de clase brutal.
El último y más macabro ejemplo de esta política criminal es la perversión absoluta del Servicio Gallego de Salud (Sergas). El gobierno de Alfonso Rueda ha convertido el derecho a la salud en un negocio de cifras y balances económicos. Es intolerable y éticamente repugnante que se utilicen los llamados complementos de productividad para presionar y comprar voluntades médicas. La Xunta paga a los profesionales sanitarios incentivos económicos vinculados a la reducción del gasto farmacéutico y al recorte de las incapacidades temporales.
Traducido a la realidad de la calle, esto significa que el PP premia con pluses salariales a los médicos que dan altas médicas prematuras o que deniegan bajas a personas enfermas. Se imponen criterios estrictamente económicos por encima de los criterios de salud. Se obliga a los facultativos a actuar como contables de la patronal en lugar de como garantes de la vida de sus pacientes.
Con esta medida, la Xunta de Rueda se alinea con las mutuas privadas en una cacería despiadada contra el trabajador. Se criminaliza sistemáticamente la enfermedad. El mensaje del PP es claro: si eres de la clase obrera, no tienes derecho a ponerte enfermo; tu única función es producir hasta reventar, y si tu salud quiebra, eres un sospechoso de fraude para la administración.
Obligar a una persona a acudir a su puesto de trabajo sin estar recuperada, bajo la amenaza de la pérdida de ingresos o el despido, es atentar directamente contra su integridad física.
Esto cuesta vidas. Esto cronifica enfermedades. Esto destruye familias trabajadoras mientras los amigos de Rueda en la sanidad privada se frotan las manos y llenan sus bolsillos.
La salud de un pueblo no puede depender jamás del superávit de un gobierno insensible ni de los objetivos de ahorro de unos gestores sin escrúpulos. Los trabajadores y trabajadoras de Galiza no podemos seguir tolerando este chantaje. Frente a su terrorismo de clase y la mercantilización de nuestras vidas, la única salida digna es la movilización masiva en las calles y en los centros de trabajo. Hay que defender la sanidad pública y exigir la eliminación inmediata de estos pluses de la vergüenza. Nos va la vida en ello.
André Abeledo Fernández

