A Cuba no permiten pasar ni las jeringuillas: el bloqueo genocida se ceba ahora con la ayuda humanitaria
Hay que decirlo con toda la claridad de la que seamos capaces, camaradas: cuando un imperio impide que lleguen jeringuillas a un hospital, cuando impide que lleguen alimentos y medicinas a un pueblo, ese imperio ha dejado de disfrazar su crueldad. La ha desnudado.
Acaba de conocerse que decenas de contenedores con ayuda humanitaria destinada a Cuba permanecen retenidos en puertos del Caribe. Entre los casos denunciados hay dos cargamentos salidos desde Cataluña y Madrid: uno con bienes de primera necesidad, otro con tres millones y medio de jeringuillas destinadas a Santiago de Cuba. Ambos bloqueados no por un tribunal, no por una ley aprobada democráticamente en ningún parlamento del mundo, sino por el miedo de las navieras a las represalias de Washington. Ese es el verdadero rostro del bloqueo: ni siquiera hace falta que EEUU mueva un dedo directamente, basta con que el terror extraterritorial de sus sanciones paralice a empresas privadas de medio mundo para que la solidaridad quede secuestrada en un muelle.
Y no es un caso aislado, camaradas. Las organizaciones que lo denuncian son claras: miles de contenedores con medicamentos, alimentos y suministros esenciales siguen varados en la región. Miles. Mientras tanto, en los hospitales cubanos, las listas de espera quirúrgica se acumulan, la mortalidad infantil crece, y una jeringuilla —una simple jeringuilla, camaradas, el objeto más humilde y elemental de toda la medicina— se convierte en munición de guerra económica retenida en un contenedor por miedo a una sanción del Tesoro estadounidense.
Que quede grabado a fuego: no es la ineficiencia del socialismo cubano lo que impide que esa ayuda llegue a Santiago de Cuba. Es el imperialismo yanqui, con su maquinaria extraterritorial de sanciones, extorsionando a navieras europeas para que ni siquiera se atrevan a transportar jeringuillas. Ese es el nivel de sadismo al que ha llegado el bloqueo bajo la administración Trump: ya no basta con asfixiar el comercio directo con la isla, ahora se extiende el brazo del imperio para impedir que ni la caridad más elemental llegue a su destino.
Gracias, Cuba socialista, por tu ejemplo de solidaridad y resistencia. Apoyo a Cuba socialista y al pueblo cubano, a la decisión firme de un pueblo valiente que se negó, hace más de sesenta años, a volver a ser el patio trasero de Estados Unidos, ni su casino, ni su prostíbulo. Admiro la heroica resistencia de un pueblo sometido al bloqueo más brutal e ilegal de la historia contemporánea, un bloqueo que pisotea año tras año todas las resoluciones de los organismos internacionales, y que solo cuenta con la complicidad de un régimen: el genocida Estado de Israel.
Aplaudo la defensa que hace el pueblo cubano de su soberanía, pero también su ejemplo internacionalista y solidario para con los pueblos del mundo. Ahí está su papel imprescindible en la derrota del apartheid en Angola, una victoria que arrastró consigo la independencia de Namibia y aceleró el fin del propio apartheid sudafricano. Ahí están sus incontables brigadas médicas, salvando vidas en este mismo instante en rincones del planeta que el capitalismo occidental decidió abandonar a su suerte.
Fidel Castro fue, en efecto, un tremendo dictador: el dictador que resistió al imperio más armado y agresivo que ha conocido la humanidad con el único respaldo de su pueblo; el dictador que invadió el Tercer Mundo con médicos y no con soldados; el dictador que abrió sus universidades a los pueblos oprimidos del planeta, y ahí están los médicos saharauis para dar fe de ello; el dictador que jamás permitió que un solo niño cubano durmiera en la calle; el dictador de la educación universal y gratuita; el dictador que puso la sanidad —dentista incluido— al alcance de todos y sin coste alguno. Qué barbaridad, camaradas, cuánto daño le hizo Fidel al capitalismo.
Cero por ciento de analfabetismo. Cero desahucios. Cero desnutrición infantil. Un país sin fosas comunes ni cargas de antidisturbios contra su propio pueblo. Ese es el legado que Washington lleva más de sesenta años intentando estrangular, y que ahora, con Trump al frente, recrudece hasta el extremo de bloquear jeringuillas donadas por la solidaridad catalana y madrileña.
Porque no nos engañemos: Estados Unidos ha convertido su control sobre el sistema financiero global en un arma. Usa los mecanismos comerciales, las navieras, los seguros, la banca internacional, como instrumentos de sometimiento para quebrar lo que queda de las conquistas sociales cubanas. Ya no le basta con impedir el comercio directo con la isla: ahora extiende su brazo extraterritorial hasta obligar a empresas de terceros países, ni siquiera estadounidenses, a elegir entre el miedo a Washington y la solidaridad con un pueblo que agoniza bajo apagones de veintidós horas.
Frente a este ataque brutal e inhumano contra la ayuda humanitaria, resulta indispensable articular una respuesta política antiimperialista internacional en defensa del pueblo cubano y de los derechos humanos que están siendo pisoteados en Cuba, en Venezuela, en Palestina y en el mundo entero. La solidaridad no puede quedar retenida en un puerto por miedo a una sanción. Exigimos la liberación inmediata de toda la ayuda humanitaria varada en el Caribe. Exigimos a la comunidad internacional que deje de normalizar esta práctica criminal.
Viva Cuba libre y socialista. Abajo el bloqueo genocida.
Até a vitoria sempre ✊
André Abeledo Fernández

