Juan José Sánchez (Unidad y Lucha).— La unidad sindical no es un capricho ni una opción estratégica diluida entre otras: es la condición que posibilita que la clase obrera y masas trabajadoras puedan enfrentar con garantía de éxito los desafíos que impone el capitalismo. En un contexto de precarización laboral creciente, reformas regresivas y ofensiva patronal, la fragmentación del movimiento sindical y ante la debilidad transitoria del Partido Comunista, se convierte en un obstáculo para la defensa de los derechos conquistados, la posibilidad de nuevas reivindicaciones y la conquista del objetivo central la derrota del sistema capitalista.
El valor estratégico de la unidad
La historia del movimiento obrero demuestra que los mayores avances se han logrado cuando las organizaciones sindicales han actuado de manera coordinada. Las huelgas generales, la negociación colectiva y la capacidad de presión política requieren de las masas obreras y trabajadoras unidas. Cuando los sindicatos actúan por separado, el capital tiene vía libre para imponer condiciones, dividir a obreros y trabajadores y debilitar la capacidad de resistencia.
La unidad sindical no implica la desaparición de las diferentes expresiones organizadas del sindicalismo o estratégicas entre organizaciones. Al contrario, presupone el reconocimiento de la soberanía orgánica y la voluntad de construir acuerdos mínimos, que posibilitarán llegar a acuerdo superiores. Se trata de unir fuerzas sin anular identidades.
Obstáculos a superar.
Para alcanzar una unidad sindical efectiva, es necesario superar varios obstáculos:
-El sectarismo: La tendencia a priorizar los intereses particulares de cada organización por encima de los intereses generales de la clase obrera y masas trabajadoras. Esto se manifiesta en disputas por la representatividad, la afiliación o el protagonismo político.
-La burocratización: Cuando las direcciones sindicales se alejan de las bases y priorizan acuerdos con la patronal o el gobierno por encima de la defensa de los intereses de obreros y trabajadores.
-Las diferencias políticas: Las distintas concepciones sobre el papel del sindicato, la relación con los partidos políticos o la estrategia a seguir pueden generar divisiones que debilitan la acción colectiva.
Propuestas concretas para la unidad
Para avanzar hacia una unidad sindical real, proponemos las siguientes medidas:
–Creación de plataformas reivindicativas comunes: Acordar un programa mínimo de reivindicaciones que todas las organizaciones puedan defender conjuntamente, como la subida salarial, la reducción de la jornada laboral, edad de jubilación o la defensa de las pensiones públicas.
–Coordinación de la acción sindical: Establecer mecanismos de coordinación permanente entre organizaciones para convocar movilizaciones conjuntas, compartir información y coordinar estrategias de intervención.
–Respeto mutuo y democracia interna: Fomentar el debate abierto y respetuoso entre organizaciones, así como la participación directa, asamblearia, de las bases en la toma de decisiones.
–Formación y concienciación: Desarrollar programas de formación sindical que pongan en valor, elementos ideológicos que sitúen en un plano superior al conjunto de las masas trabajadoras, al tiempo que sitúa como elemento central la unidad y la solidaridad entre obreras y obreros.
Conclusión
La unidad sindical no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr los objetivos de la clase obrera. Sin embargo, sin ella, cualquier reivindicación por justa que sea corre el riesgo de quedarse en papel mojado. En un momento histórico donde el capitalismo globalizado ataca con fuerza los derechos laborales, la unidad se convierte en la herramienta más poderosa que tenemos para defendernos y avanzar.
La pregunta no es si debemos estar unidos, sino cómo construir esa unidad desde el respeto a la diversidad, la democracia interna y la centralidad de los intereses de la clase obrera . Esa es la tarea que nos debemos marcar como prioritaria en la actual desarrollo de la lucha de clases.
Fundamentos teóricos: Clase, conciencia y organización
Para el marxismo, la unidad sindical no es un mero acuerdo táctico entre organizaciones, sino una necesidad ontológica derivada de la propia condición de clase. Marx y Engels establecieron en el Manifiesto Comunista (1848) que los trabajadores no tienen patria ni intereses particulares que defender más allá de su condición de explotados. La unidad, por tanto, no es una opción: es la expresión política de la posición objetiva que ocupa el proletariado en las relaciones de producción.
Lenin profundizó esta idea en ¿Qué hacer? (1902), señalando que la conciencia de clase no surge espontáneamente del movimiento obrero (que tiende al “tradeunionismo” o lucha economicista), sino que debe ser introducida desde fuera por la vanguardia organizada. Esto implica que la unidad sindical debe ir acompañada de una dirección política consciente que trascienda las reivindicaciones inmediatas (salario, jornada) y apunte a la superación del sistema capitalista.
La dialéctica entre unidad y diversidad
El marxismo no concibe la unidad como uniformidad. La dialéctica materialista enseña que la contradicción es motor del desarrollo.
La unidad sindical en clave marxista debe articular:
–Unidad de acción en lo inmediato (huelgas, movilizaciones, negociación colectiva)
–Diversidad ideológica en los fines estratégicos (reforma vs. revolución)
–Democracia interna para que las bases decidan sin burocratización
La crítica a la burocracia sindical
Una de las aportaciones más relevantes del marxismo al debate sobre la unidad sindical es la teoría de la burocratización. Rosa Luxemburgo, en Huelga de masas, partido y sindicatos (1906), advirtió que los sindicatos, al institucionalizarse, tienden a privilegiar la negociación sobre la movilización y a alejarse de las bases.
Estrategia: Del sindicato al partido revolucionario
Marx y Engels no consideraban los sindicatos como fines en sí mismos, sino como escuelas de guerra para la clase obrera. En el Salario, precio y ganancia (1865), Marx explica que los sindicatos son necesarios para la lucha económica inmediata, pero insuficientes para derrocar el capitalismo.
La unidad sindical debe inscribirse en una estrategia más amplia que incluya:
-La construcción de un partido revolucionario que dé dirección política
-La alianza obrera con las masas para ampliar la base social
-La internacionalización de la lucha (el capital no tiene fronteras)
Aplicación contemporánea: Unidad en la diversidad
Hoy, proponemos una unidad sindical que:
–Rechace los pactos sociales que subordinan los intereses obreros a los intereses del capital.
–Articule luchas sectoriales con una perspectiva de clase general
–Incorporar a la batalla a los sectores profundamente precarizados, inmigrantes y trabajadores en paro, históricamente marginados por el sindicalismo tradicional.
-Que mantenga la independencia frente a gobiernos de turno sean socialdemócratas o liberales.
La unidad como:
La llamada «Unidad» actual es una estrategia burguesa (falsa conciencia orgánica)
Desde la teoría leninista, la unidad orgánica entre CCOO y UGT no representa la «unidad de la clase», sino el pacto de la burocracia obrera con el Estado burgués. El marxismo distingue entre unidad de acción revolucionaria (para derrocar al capital) y unidad de negociación (para gestionar la explotación). La unidad que practican los sindicatos mayoritarios es una unidad corporativa que encauza el descontento dentro de los márgenes del capitalismo. Como advirtió Lenin, «no hay unidad con los oportunistas en las organizaciones; la unidad se hace en la lucha contra ellos».
Conclusión final:
La unidad de clase no es un puente que tienden los dirigentes, sino un campo de batalla interno en el seno de la clase obrera y masas trabajadoras. Mientras los sindicatos mayoritarios sigan atados a la lógica de la competitividad capitalista y al marco jurídico de la democracia burguesa, la unidad orgánica con ellos es reaccionaria. La tarea histórica del marxismo no es «sumar» voluntades, sino restar: desenmascarar a los traidores de clase e impulsar la unidad excluyente de los explotados contra todos los explotadores. Solo cuando la unidad se construya sobre el programa de la abolición del trabajo asalariado y se organice en asambleas de base soberanas, dejará de ser una aspiración para convertirse en la realidad material.


