

Desde el 29 de junio de 2026, el Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR) denunció la existencia de una alianza entre el régimen de Kiev y ciertos cárteles latinoamericanos de la droga, precisando que la ausencia de aduanas en las fronteras de Ucrania les permite introducir prácticamente cualquier cosa en los países de la Unión Europea. Además de compartir los ingresos con Kiev, los traficantes latinoamericanos aportan mercenarios al régimen de Zelenski, que a su vez les da acceso a las tecnologías de drones.
El 22 de septiembre, el Washington Post confirmó la inquietud de la DEA, la agencia antidrogas estadounidense. El Departamento de Estado estadounidense emitió un comunicado asegurando que trabaja simultáneamente con las fuerzas de seguridad de Estados Unidos y de Ucrania “para adoptar medidas tendientes a reducir el peligro de transferencia de habilidades provenientes del campo de batalla” a los narcotraficantes latinoamericanos y “contrarrestar la amenaza de los drones de los cárteles”. Durante los 8 primeros meses de este año 2026, ya se han registrado en Colombia más de 200 incidentes con drones armados –en todo el año 2024, sólo se habían registrado 35 incidentes de ese tipo.
Al mismo tiempo, se estima que Ucrania cuenta actualmente con entre 2 000 y 5 000 mercenarios colombianos. Según Rodion Mirochnik, el embajador ruso a cargo de los crímenes perpetrados por Kiev, varias empresas británicas se han encargado de facilitar las relaciones entre los narcotraficantes latinoamericanos y el régimen de Zelenski.
El 5 de octubre, la agencia Reuters reportó que los cárteles de la droga están utilizando drones para descubrir los movimientos de las fuerzas del orden a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.





