Faría: Es necesario estrechar economías mundiales para el servicio y bienestar de los pueblos 

Así lo expresó, luego de la reunión sostenida con el titular de Economía de El Salvador, Tharsis Salomón López, en el marco de la XXV Feria Internacional de El Salvador 2016 y Petrocaribe, con la finalidad de promover la integración regional y la exportación de productos no tradicionales. 

El también experto en relaciones económicas internacionales y ciencias políticas, indicó que Caracas y San Salvador, se comprometieron a concretar el Acuerdo de Alcance Parcial para potenciar la cooperación, la complementación productiva y el desarrollo económico de los dos países.

Asimismo, tiene como objetivo fortalecer y dinamizar las corrientes comerciales de estas naciones con el otorgamiento de preferencias arancelarias y la eliminación o disminución de restricciones no arancelarias.

Contempla que Venezuela y El Salvador se concedan las mayores facilidades posibles para la promoción comercial en sus respectivos territorios, a través del intercambio de misiones y delegaciones comerciales, así como en la participación en ferias y exposiciones que se celebren en ambas naciones.

Adelantó que desarrollarán una hoja de ruta que se concretará el 4 de febrero de 2017 con la firma del Acuerdo Comercial entre El Salvador y Venezuela, “que será de extraordinario alcance y beneficios para nuestras economías, nuestros pueblos y nuestros proyectos de integración”.

El objetivo es impulsar el desarrollo de proyectos de cooperación que permitan la consolidación de las fuerzas productivas, de una economía menos vulnerable a los impactos de la crisis económica mundial y, sobre todo, para elevar el bienestar de la población, como parte de la visión del Gobierno Bolivariano y la necesidad de la integración de Latinoamérica y el Caribe.

Al tiempo dijo que “eso es parte de nuestro mandato constitucional, del legado del comandante Hugo Chávez y la política de gobierno del presidente Nicolás Maduro, quien está muy comprometido con la integración de la región, lo que implica la construcción de una zona económica en el Caribe”, reconoció Faría.

En el evento internacional se dieron cita representantes de empresas de Cuba, República Dominicana, Jamaica, Belice, Nicaragua, El Salvador, Venezuela, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), el sistema de integración financiera Sucre, la Secretaría Ejecutiva de Petrocaribe y PDV Caribe.

La ley del valor en el socialismo; Stalin, 1952

«A veces se pregunta si la ley del valor existe y actúa en nuestro país, en nuestro régimen socialista.

Sí, existe y actúa. Allí donde hay mercancías y producción mercantil no puede por menos de existir la ley del valor.

En nuestro país la ley del valor extiende su acción, ante todo, a la circulación de mercancías, al intercambio de mercancías mediante la compraventa, al intercambio, principalmente, de las mercancías de consumo personal. Aquí, en esta esfera, la ley del valor sigue desempeñando, naturalmente en ciertos límites, el papel de regulador.

Pero la acción de la ley del valor no queda limitada a la esfera de la circulación de mercancías. Se extiende también a la producción. Cierto es que en nuestra producción socialista la ley del valor no desempeña un papel regulador, pero, con todo y con eso, actúa sobre la producción, cosa que debe ser tenida en cuenta al dirigir ésta. La realidad es que los productos destinados al consumo, necesarios para cubrir los gastos de fuerza de trabajo en el proceso de la producción, se producen y se realizan en nuestro país como mercancías sometidas a la acción de la ley del valor. Aquí, precisamente, se pone de manifiesto la acción de la ley del valor sobre la producción. Por este motivo tienen hoy importancia para nuestras empresas cuestiones como el cálculo económico y la rentabilidad, el costo de producción, los precios, etc. Por eso nuestras empresas no pueden ni deben despreciar la ley del valor.

¿Es eso bueno? No es malo. En las condiciones actuales de nuestro país, no es malo, ni mucho menos, pues esa circunstancia enseña a los camaradas que trabajan en el dominio de la economía a dirigir de un modo racional la producción y la disciplina. No es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra economía a calcular las magnitudes de la producción, a calcularlas exactamente y a tener en cuenta con la misma exactitud las cosas reales en la producción, en vez de hablar y hablar de «datos aproximados», puro producto de la imaginación. No es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra economía a buscar, encontrar y aprovechar las reservas ocultas en las entrañas de la producción y a no pasar por encima de ellas sin advertirlas. No es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra economía a mejorar sistemáticamente los métodos de producción, a reducir el costo de ésta, a aplicar el principio del cálculo económico y a esforzarse por conseguir que las empresas sean rentables. Esta es una buena escuela práctica, que acelera el desarrollo de los cuadros que trabajan en nuestra economía y su conversión en verdaderos dirigentes de la producción socialista en la actual etapa de desarrollo.

La desgracia no estriba en que la ley del valor actúa en nuestro país sobre la producción. La desgracia consiste en que los dirigentes de nuestra economía y los encargados de planificarla conocen mal, salvo raras excepciones, la acción de la ley del valor, no estudian esa acción y no saben tenerla en cuenta al hacer sus cálculos. A ello, precisamente, se debe la confusión que aún reina en cuanto a la política de precios. Daré un ejemplo entre muchos. Hace algún tiempo se resolvió regular, en interés del cultivo del algodón, la correlación de precios entre el algodón y los cereales, precisar los precios de los cereales que se venden a los cultivadores de algodón y elevar los precios del algodón que se entrega al Estado. En relación con ello, algunos dirigentes de nuestra economía y los camaradas que la planifican hicieron una propuesta que no pudo por menos de asombrar a los miembros del Comité Central (CC), ya que en la propuesta el precio de una tonelada de trigo casi equivalía al de una tonelada de algodón, con la particularidad de que el precio de la tonelada de cereal se igualaba al precio de una tonelada de pan. Cuando los miembros del CC observaron que el precio de una tonelada de pan debía ser más alto que el de una tonelada de cereal, debido a los gastos complementarios de molienda y cochura y que el algodón, en general, era mucho más caro que el trigo, como lo atestiguan también los precios del algodón y del trigo en el mercado mundial, los autores de la propuesta no pudieron decir nada inteligible. En vista de ello, el CC tuvo que tomar el asunto en sus manos, reducir el precio del trigo y elevar el del algodón. ¿Qué habría ocurrido si la propuesta de esos camaradas hubiese entrado en vigor? Habríamos arruinado a los cultivadores de algodón y nos hubiésemos quedado sin este producto.

Pero, ¿quiere decir todo esto que la acción de la ley del valor tiene en nuestro país vía libre, como bajo el capitalismo, que la ley del valor es en nuestro país un regulador de la producción? No, no quiere decir eso. En realidad, la esfera de acción de la ley del valor está en nuestro régimen económico rígidamente circunscrita y limitada. Ya he dicho que la esfera de acción de la producción mercantil está en nuestro régimen circunscrita y limitada. Lo mismo hay que decir de la esfera de acción de la ley del valor. Es indudable que la ausencia de la propiedad privada sobre los medios de producción y que la socialización de estos medios tanto en la ciudad como en el campo no pueden por menos de limitar la esfera de acción de la ley del valor y su influencia en la producción.

En el mismo sentido actúa la ley del desarrollo armónico –proporcional– de la economía del país, que ha sustituido a la ley de la concurrencia y de la anarquía de la producción.

En el mismo sentido actúan nuestros planes anuales y quinquenales, y, en general, toda nuestra política económica, que se basan en las exigencias de la ley del desarrollo armónico de la economía del país.

Todo ello, sumado, hace que la esfera de acción de la ley del valor esté en nuestro país rigurosamente limitada y que en nuestro régimen la ley del valor no pueda desempeñar el papel de regulador de la producción.

Ello, precisamente, explica el hecho «asombroso» de que, a pesar del desarrollo ininterrumpido e impetuoso de nuestra producción socialista, la ley del valor no conduzca en nuestro país a crisis de superproducción, mientras esa misma ley del valor, que en el capitalismo tiene amplio campo de acción, conduce en los países capitalistas, a pesar del bajo ritmo del incremento de la producción en esos países, a crisis periódicas de superproducción.

Se dice que la ley del valor es una ley constante, obligatoria para todos los períodos del desarrollo histórico, y que, si pierde su fuerza como regulador de las relaciones de cambio en el período de la segunda fase de la sociedad comunista, conservará en esa fase de desarrollo su fuerza como regulador de las relaciones entre las distintas ramas de la producción, como regulador de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción.

Eso es completamente equivocado. El valor, lo mismo que la ley del valor, es una categoría histórica vinculada a la existencia de la producción mercantil. Cuando la producción mercantil desaparezca, desaparecerán también el valor, en todas sus formas, y la ley del valor.

En la segunda fase de la sociedad comunista, la cantidad de trabajo invertido en la producción de productos no se medirá indirectamente, a través del valor y de sus formas, como ocurre en la producción mercantil, sino de manera directa e inmediata, por la cantidad de tiempo, por la cantidad de horas invertidas en la producción de los productos. En cuanto a la distribución del trabajo entre las ramas de la producción, no será regulada por la ley del valor, que entonces habrá perdido ya su fuerza, sino por el incremento de las necesidades de la sociedad en productos. Será esta una sociedad en la que las necesidades de la misma regularán la producción y el cálculo de esas necesidades adquirirá una importancia primordial para los organismos encargados de la planificación.

Es también completamente errónea la afirmación de que en nuestro sistema económico actual, en la primera fase de desarrollo de la sociedad comunista, la ley del valor regula las «proporciones» de la distribución del trabajo entre las distintas ramas de la producción.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se desarrolla al máximo la industria ligera, la más rentable, dándole preferencia frente a la industria pesada, que con frecuencia es menos rentable y a veces no lo es en absoluto.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se cierran las empresas de la industria pesada que por el momento no son rentables y en las que el trabajo de los obreros no da el «resultado debido» y no se abren nuevas empresas de la industria ligera, indiscutiblemente rentable, en las que el trabajo de los obreros podría dar «mayor resultado».

Si eso fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se pasa a los obreros de las empresas poco rentables, aunque muy necesarias para la economía nacional, a empresas más rentables, como debería hacerse de acuerdo con la ley del valor, a la que se atribuye el papel de regulador de las «proporciones» de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción.

Es evidente que, de hacer caso a esos camaradas, tendríamos que renunciar a la primacía de la producción de medios de producción en favor de la producción de medios de consumo. ¿Y qué significa renunciar a la primacía de la producción de medios de producción? Significa suprimir la posibilidad de desarrollar ininterrumpidamente nuestra economía nacional, pues es imposible desarrollarla ininterrumpidamente si no se da preferencia a la producción de medios de producción.

Esos camaradas olvidan que la ley del valor sólo puede regular la producción bajo el capitalismo, cuando existen la propiedad privada sobre los medios de producción, la concurrencia, la anarquía de la producción y las crisis de superproducción. Olvidan que la esfera de acción de la ley del valor está limitada en nuestro país por la existencia de la propiedad social sobre los medios de producción, por la acción de la ley del desarrollo armónico de la economía y, por consiguiente, también por nuestros planes anuales y quinquenales, que son un reflejo aproximado de las exigencias de esta última ley.

Algunos camaradas deducen de aquí que la ley del desarrollo armónico de la economía del país y la planificación de la misma destruyen el principio de la rentabilidad de la producción. Eso es completamente erróneo. En realidad, ocurre todo lo contrario. Si consideramos la rentabilidad, no desde el punto de vista de esta o aquella empresa o rama de la producción, y no en el transcurso de un año, sino desde el punto de vista de toda la economía nacional y en un período, por ejemplo, de diez a quince años –ésta sería la única forma acertada de enfocar el problema–, veríamos que la rentabilidad temporal e inconsistente de esta o aquella empresa o rama de la producción no puede en absoluto compararse con la forma superior de rentabilidad, sólida y constante, que nos dan la acción de la ley del desarrollo armónico de la economía nacional y la planificación de la misma, librándonos de las crisis económicas periódicas, que destruyen la economía nacional y causan a la sociedad tremendos daños materiales, y asegurándonos el desarrollo ininterrumpido de la economía nacional y el elevado ritmo de este desarrollo.

En pocas palabras: no cabe duda de que en las condiciones socialistas de la producción que existen actualmente en nuestro país, la ley del valor no puede «regular las proporciones» de la distribución del trabajo entre las distintas ramas de la producción». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1952)

¿Intenta George Soros defenestrar a Donald Trump?

Wright Mills en su libro “The Power Elite” (1.956), indica que la clave para entender la inquietud norteamericana se encontraría en la sobre-organización de su sociedad. Así, establishment sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media de EEUU”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”, concepto que se apoya en una definición militar de la realidad y que habría transformado la economía en una guerra económica permanente y cuyo paradigma serían los Rockefeller al participar en los lobbys financiero, industria militar y judío y uno de cuyos miembros, David sería el impulsor de Trilateral Comission” (TC) o Trilateral(1973). Donald Trump, candidato en principio totalmente refractario a la disciplina de partido y devenido en la “bestia negra” del establishment acabó finalmente siendo elegido Presidente de EEUU en las Presidenciales de Noviembre y su sorpresivo triunfo marcará junto con el Brexit marcará el finiquito del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extremas de volatilidad que afectarán de manera especial al Nuevo Orden Geopolítico Mundial.

Nueva Geopolítica Primus Inter Pares (G3)

Con Trump asistiremos al finiquito de la Unipolaridad de Estados Unidos y de su papel de gendarme mundial y su sustitución por la nueva doctrina de la Multipolaridad o Geopolítica Inter-Pares, formado por la Troika EEUU, China y Rusia (G3), quedando de paso la UE, Japón, India y Brasil como convidados de piedra en el nuevo escenario geopolítico. Así, en una conferencia pronunciada por Trump en la sede de la influyente revista política “The National Interest”, Donald Trump expuso las líneas maestras de su política exterior que podrían sintetizarse en su lema “Estados Unidos lo primero”, lo que de facto supondría el retorno al proteccionismo económico tras cancelar el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México (TLCAN) así como el TTIP y la Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de la Administración Obama en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico. Ello sería un misil en la línea de flotación de los intereses geopolíticos del conocido como “Club de las Islas” con activos cercanos a los 10 trillones € y cuya cabeza visible según el espía ruso Daniel Estulin,sería el financiero y experto diseñador de “revoluciones de colores”, George Soros.

Por otra parte, en una entrevista a la cadena estadounidense ABC, el Presidente electo de EEUU, Donald Trump expresó sin ambages la idea de que la “OTAN está obsoleta, no sirve para combatir el terrorismo y cuesta demasiado a EEUU”, por lo que exigió a los países europeos integrantes de la OTAN “ pasar por caja” pues la aportación económica de dichos países europeos sería de un exiguo 2% del PIB nacional, quedando el grueso de la financiación en manos de EEUU.(el 70% de cerca del Billón $ del total del presupuesto). Asimismo, Trump denunció la “excesiva cantidad de armamento que circula actualmente en el mundo” lo que supondría la asunción de la Doctrina del Aislacionismo de EEUU en el plano militar y la entronización del G-3 (EEUU, Rusia y China) como “primus inter pares” en la gobernanza mundial. Ello supondría la suspensión del programa nuclear de EEUU con una duración de treinta años y un coste de un Billón $ al igual que la paralización del sistema diseñado para detectar misiles de crucero en territorio estadounidense (JLENS) por lo que sería un misil en la línea de flotación del complejo militar-industrial que tiene perfilado para la etapa post-Obama la recuperación del papel de EEUU como gendarme mundial mediante la quinta fase del despliegue del escudo antimisiles en Europa (Euro DAM) y un incremento extraordinario de las intervenciones militares estadounidenses en el exterior (léase Nueva Guerra en Oriente Medio).

Soros y la trama anti-Trump

Hasta Eisenhower, la CIA fue únicamente la organización de inteligencia central para el gobierno de los Estados Unidos y estuvo detrás de múltiples tareas de entrenamiento de insurgentes y desestabilización de gobiernos contrarios a las políticas del Pentágono, pero los lobbys militar y financiero (ambos fagocitados por el looby judío) no pudieron resistir a la tentación de crear un gobierno de facto que manipulara los entresijos del poder, derivando en la aparición de un nuevo ente (el complejo militar-industrial, en palabras de Eisenhower), refractaria a la opinión pública y al control del Congreso y Senado de los Estados Unidos). En la actualidad, la Compañía se habría transmutado en el llamado Departamento de Seguridad Nacional ( Homeland Security) y de la hidra-CIA habrían nacido 17 nuevas cabezas en forma de agencias de inteligencia que integrarían la Comunidad de Inteligencia de EEUU ( la Cuarta Rama del Gobierno según Tom Engelhardt) , agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos en Estado paralelo, verdadero poder en la sombra fagocitado por el “Club de las Islas” de George Soros y que se habría conjurado contra un Trump partidario de la Geopolítica Primus InterPares o G3.

Dicha trama anti-Trump habría sido diseñada tras la reciente reunión celebrada en Washington en la que participaron cerca de 200 patrocinadores de la campaña electoral de Hillary Clinton encuadrados en la llamada Alianza Democracia (DA), megaorganización fundada por George Soros en el 2.005 y constaría de una primera fase para torpedear el traspaso de poderes Obama-Trump mediante una “revolución patriótica o multicolor” en EEUU. Así, según el portal Zero Hegde, las espontáneas manifestaciones populares anti-Trump habría sido inspiradas por el portal digital MoveOn.org, patrocinado por el ínclito Soros bajo el lema “Levántate y lucha por los ideales estadounidenses” y cuya segunda fase sería truncar la carrera política de Trump , tras lo que el VicePresidente Mike Pence asumiría la Presidencia y retornaría a la senda de las seudodemocracias tuteladas por el verdadero Poder en la sombra de EEUU (Cuarta Rama del Gobierno).

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ Analista

¡Cuando Fidel sale, aparece el Sol!

Los habitantes de esta nación antillana relatan con orgullo que en innumerables ocasiones, siendo Fidel presidente, el mal tiempo se detenía en momentos en que él se prestaba a recibir a un dignatario visitante en la escalinata del hermoso Palacio de la Revolución habanero.

Algo parecido ocurrió en las últimas horas después de publicarse una nueva foto del Comandante en Jefe sobre su encuentro fraternal este martes en La Habana con el mandatario de Vietnam, Tran Dai Quang.

A pesar del frente frio anunciado, la capital de la mayor de las Antillas amaneció soleada y con un clima agradable, mientras sus habitantes comentaban en su andar hacia sus labores cotidianas que su líder se veía muy bien.

Los cubanos siempre aguardan ansiosos por una nueva imagen de Fidel, y al verlo, como en la de su cita amistosa con el máximo dirigente vietnamita, es como si les inyectaran vidas a todos.

Hay que estar en Cuba para apreciar y sentir que el particular buen estado de ánimo de sus habitantes se acrecienta y propaga por el territorio nacional, tras tener noticias de su Comandante en Jefe, quien el pasado 13 de agosto cumplió 90 años y su onomástico ha sido celebrado por todos a lo largo del año.

Igual, es habitual escuchar entre los ciudadanos de este digno país que están a la espera de los afamados artículos o Reflexiones de Fidel, sobre todo cuando en nuestro planeta Tierra se escenifican acontecimientos de especial relevancia.

Una colega cubana me refirió, en una conversación telefónica, que sus compatriotas ahora mismo aguardan por un trabajo periodístico de su guía histórico acerca de las recientes elecciones en Estados Unidos, y el triunfo del candidato republicano, Donald Trump, frente a la aspirante demócrata, Hillary Clinton, hecho que ha estremecido al mundo.

Seguidamente me manifestó que “Fidel se las sabe casi todas, y las que no se las imagina porque tiene la capacidad de viajar al futuro, y venir a contárnoslo”, como se ha reiterado por diferentes personalidades internacionales.

La amiga periodista subrayó que no por gusto Fidel es y seguirá siendo Fidel para los cubanos, a la vez de ser reconocido como uno de las figuras más grandes de la humanidad en la pasada y la actual centuria.

No es un mago, ni un ser sobrenatural, es simplemente un hombre excepcional, concluyó la colega.

SE TE HA PUESTO CARA DE TRUMP

Situemos la cuestión

Hace unos días escribí un artículo en el que señalaba que el discurso y la práctica del mundo progre-liberal, que defendían a los “demócratas” de Obama y de Hillary Clinton más recientemente, como el menor de los males, habían traído al ultrareaccionario Trump como mal mayor. Para quien desee seguir el hilo argumental de aquél texto y el que desarrollaré en éste sugiero que lea el primero. Insisto en que lo hagan, no sea que, al no hacerlo, pretendan luego extraer conclusiones sobre lo que he pretendido decir que en ningún caso he dicho ni sugerido.

La derrota de la señora Clinton y la consiguiente victoria de Trump ha dividido a gran parte de eso que se hace llamar a sí misma “la izquierda”, un concepto en descomposición en el que muchos de sus adscritos chapotean entre la confusión, el aturdimiento, la perplejidad y su acelerada involución ideológica.

Los sectores más moderados de esa llamada “izquierda”, los “progres”, se alinearon con las tesis de los demócratas norteamericanos que, recordemos han sido grandes neoliberales, a la vez que salvajemente belicistas. Un sector de los supuestamente más radicales se han inclinado, especialmente tras su victoria electoral, con Trump, más que con los republicanos. Ambas posturas indican hasta que punto el conjunto de esa llamada “izquierda” carece de proyecto, posiciones ideológicas y relato político propios.

Hoy lo que muchos se empeñan en llamar “la izquierda” no existe, está muerta.

Una parte de ella se encarga en los gobiernos o en los reductos de institucionalidad que ocupa de cumplir las exigencias del capital y de arrebatar derechos, condiciones de vida y dignidad a la clase trabajadora. Es la tarea de la vieja y nueva socialdemocracia, los partidos social-liberales, progresistas y de los emergentes “populismos de izquierda” europeos, además de justificar y/o entregarse a las intervenciones humanitarias (violencia bélica y terrorista) de los Estados capitalistas. Sobre este segmento ya hemos hablado en un artículo anterior relativo a la victoria de Trump en las elecciones en EEUU

Un sector creciente de la otra izquierda, de la autodenominada revolucionaria, presenta graves signos de involución ideológica, ubicándose en posiciones de apoyo a los sectores más reaccionarios y prefascistas, como es el caso de Donald Trump.

Es necesario diferenciar entre lo que es una celebración más o menos explícita por el triunfo del candidato republicano y lo que es un desenmascaramiento de lo que han representado las posiciones de los demócratas y de los progres en general, así como del hecho de que las políticas realizadas por estos han traído a aquellos.

Esta última postura conlleva un análisis correcto porque cualquier interpretación no sesgada, en el sentido que dan los progres al resultado electoral, destacará el aspecto de cómo la clase trabajadora y la pérdida de su nivel de vida, consecuencia de la globalización capitalista, fue ignorada en la campaña de Hillary Clinton por candidatos, analistas, medios de comunicación, artistas, supuestos “intelectuales” y otros sectores del establishment que la despreciaron, manifestando actitudes claramente elitistas hacia ella tras los resultados electorales.

Pero ello nada tiene que ver con alegrarse del triunfo de Trump. Es tan indecente como alegrarse de que un criminal de guerra como Obama renovase mandato en el pasado o que lo hubiese hecho su cómplice belicista, Hillary Clinton. Poner en la victoria del republicano grandes esperanzas y destacar las buenas nuevas que ello puede traer es, además, estúpido. Lo mismo sucede cuando se da un voto de confianza, en espera de lo que haga en su futuro mandato, bajo el argumento de que ya sabemos lo que hicieron los demócratas ¿Acaso la tarea de un revolucionario es situarse en medio del dilema de uno u otro?

Los argumentos que esos “revolucionarios” esgrimen en defensa de Trump es que puede acabar con o frenar la globalización, enfrentarse al establishment y frenar las agresiones del imperialismo.

Vayamos con esos “argumentos”

De momento, Trump ha hecho algo más que matizar sus promesas electorales y sus fanfarronadas de campaña, empezando por lo de meter a la cárcel a Hyllary, a la que ha acabado por elogiar.

Su imagen antiestablishment, al menos en lo que se refiere al aparato de su partido, ha quedado en evidencia al designar a Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano, el máximo cargo del partido, como su jefe de gabinete.

En cuanto a la reforma sanitaria, el Obamacare, de Clinton, ha anunciado ya que no la derogará sino que dejará buena parte de la misma. Aclaro para quienes vean en ello un signo de menor derechismo en el nuevo presidente de EEUU que el Omabacare no es una Seguridad Social, o al menos no lo es como la hemos conocido en el el pasado en Europa, sino un convenio entre el Estado e instituciones sanitarias privadas, que hacen grandes negocios con la salud de las personas, lo que ahora se está haciendo en Europa.

Respecto a los lobbys, a los que dijo que iba a enfrentarse, vamos viendo que ya los incluye en su equipo de transición, con figuras como Michael Torrey, del sector agroalimentario, Jeffrey Eisenach, proveniente del mundo de las telecomunicaciones o Michael Catanzaro, del petrolero. Estos tres colaboradores de Trump no están muy lejos de la globalización sino que son parte esencial de la misma. ¿O es que hay alguien tan estúpido como para limitar la globalización neoliberal al capital financiero?

Habría que recordar los intereses internacionales del imperio Trump en países como Escocia y Méjico por citar sólo dos ejemplos. En cuanto a sus declaraciones sobre frenar el libre comercio de China hacia EEUU convendría aclarar que el capital chino es socio del próximo presidente en una parte de sus negocios inmobiliarios. Veremos cómo cabalga esas contradicciones en relación con sus posiciones sobre la globalización.

Donald Trump está haciendo el recorrido contrario a lo que se supone que debe quien intenta poner patas arriba el sistema de poder político, económico y lobbista en EEUU. Empezó como pirómano y pronto veremos que acaba de apagafuegos sistémico.

A los progres les lanza sus mensajes sobre mantener los matrimonios homosexuales – “yo no tengo problemas con eso”, ha afirmado-, señalando que es ley porque la Corte Suprema lo ratificó en su día. Del mismo modo matiza la cuestión de la expulsión de 10 millones de sin papeles, limitándola ahora a entre 2 y 3 millones de inmigrantes que hayan delinquido. Veremos cómo pronto lanza sus redes de neo-amabilidad al lobby feminista.

Por lo que se refiere a la agenda imperialista de Trump, la preferida de ciertos sectores “revolucionarios” es llamativo que no encuentren contradicción entre las esperanzas que Trump les despierta y la actitud beligerante de éste respecto a Cuba, Venezuela, Corea del Norte e Irán.

Entiendo que esas esperanzas provienen en en buena medida de las declaraciones de Trump de ayudar al gobierno sirio a derrotar al ISIS, promesa que sería muy deseable que sí cumpliera.

Pero con ser esa una baza muy importante para ganarse la simpatía de una parte de esos sectores de la “izquierda revolucionaria”, la principal son sus declaraciones de simpatía hacia y de voluntad de colaboración con el presidente ruso Putin, al que los mencionados consideran un factor de progreso mundial por hacer de contrapeso de EEUU y por su proyecto de los BRICS.

Sería muy positivo que ambos mandatarios encontrasen vías de cooperación para rebajar la tensión belicista mundial.

Pero me creo sólo a medias que el futuro presidente de EEUU vaya a acabar con el ISIS porque el complejo militar-industrial en ese país y a nivel mundial es extraordinariamente poderoso y porque fue un neocon republicano, Ronald Reagan, quien dio un fuerte impulso al apoyo iniciado por Jimmy Carter con la “Operación Ciclón”, armando a grupos yihadistas en Afganistán (talibanes); labor que luego siguieron haciendo los sucesivos gobiernos tanto republicanos como demócratas en otros países, incluido Barak Obama, con la colaboración entusiasta de Hillary Clinton, aunque nadie llegó tan lejos como la sin par pareja Obama-Clinton.

Por otro lado, en el contexto de lucha de las superpotencias por hacerse con el control del petróleo y el gas sirios, como antes EEUU luchó por hacerse con el iraquí, parece poco probable que Trump fuera a abandonar ese objetivo, de no mediar un pacto de reparto del botín entre quienes deciden la continuidad o no de la guerra.

Y me creo menos aún que la hipotética destrucción del ISIS, que anuncia Trump, no fuera acompañada de su sustitución por otros terroristas “moderados” con el fin de acabar con el gobierno laico del presidente al Ássad.

Respecto a las positivas relaciones con Putin que dice querer establecer Trump es evidente que ello darían un severo golpe al lobby armamentista de EEUU, lo que parece poco probable.

A ello debe añadirse que la alianza geoestratégica y económica Rusia-China no va a romperse, por lo que los posibles intentos de Trump de separar a ambos, adulando a Putin y frenando la expansión económica del gigante asiático no funcionará.

Trump es un neocon disfrazado, no un mero populista reaccionario que les ha derrotado

En cualquier caso, los neocons, que han estado muy callados en los últimos tiempos, irán acercándose al futuro inquilino de la Casa Blanca, y colocando sus peones. Sostener, como hace Heinz Dieterich, que Trump les ha derrotado es de una ignorancia supina. Sus halcones han sobrevivido durante la administración Obama, colocaron sus huevos tanto en el partido republicano como en el demócrata y vienen marcando la agenda neoliberal, globalista y belicista desde hace décadas, sencillamente porque no son un grupo de presión más, ni unos cuantos asesores y cabilderos políticos, sino la clave de la estrategia imperialista en lo económico, cosa que la supuesta “izquierda revolucionaria” olvida cuando tiende a reducir el imperialismo al militarismo de EEUU sin entender que éste es la consecuencia de la fase mundial actual del capitalismo.

Los neocons (neconservadores) conforman un cuerpo difuso con gran capacidad de adaptación, donde lo central es la defensa de la globalización, la deslocalización de empresas allá donde ello pueda incrementar los beneficios de las grandes corporaciones, el mantenimiento de las desregulación del sistema financiero y comercial, el detraimiento de las herramientas de control de la economía a favor del poder económico de la hiperclase y la toma de posiciones ventajosas en la lucha geoestratégica por apoderarse de unos recursos energéticos cada vez más escasos, entre los que el agua será cada vez más un elemento central.

El resto, las posiciones sobre la familia, la homosexualidad, la religión, los inmigrantes, las mujeres, el nacionalismo o el cambio climático, por citar sólo algunos ejemplos, son puro excipiente ideológico destinado a disfrazar que la lucha es por mantener y ampliar el poder económico internacional de las grandes corporaciones mundiales y el control de los recursos naturales y energéticos allá donde se encuentren. Dicho esto, no pretendo minusvalorar la importancia de dicho “excipiente”, sobre todo cuando cuesta vidas, pero creo que es necesario resituarlo donde corresponde realmente dentro de la estrategia de los neocons.

En el aspecto relativo al poder económico de las grandes corporaciones mundiales quiero hacer un hincapié especial porque los vínculos territoriales son difusos. La casa matriz puede ser norteamericana pero tener grandes vinculaciones con el capitalismo británico, de Singapur o chino, por ejemplo. De ahí que sea muy difícil la imposición de un proteccionismo por parte de Trump cuando los flujos de capitales se mueven a velocidades siderales por la red y China es el primer tenedor de deuda estadounidense.

Hablemos del imperialismo pero en serio

El imperialismo es, como decía Lenin, la fase superior del capitalismo. Para este pensador y hombre de acción revolucionario el imperialismo se caracteriza por varios rasgos que lo definen:

1) Concentración de la producción y el capital, que da origen a los monopolios.

2) Formación del capital financiero, resultado de la alianza del capital bancario con el industrial.

3) Predominio de exportación de capital sobre exportación de mercancías.

4) Reparto económico de los mercados mundiales entre corporaciones monopolistas.

5) Nuevo reparto territorial del mundo entre las grandes potencias, razón por la cual se han producido las conflagraciones mundiales y está latente el peligro de nuevas guerras.

Fíjense en que entre los factores que definen al imperialismo, los factores financieros y corporativos son los principales. Fíjense también en otros dos que los simplificadores y tergiversadores de la teoría imperialista de Lenin intentan ocultarnos:

  • El imperialismo es un sistema global mundial en el que no hay una única superpotencia imperialista que domine el mundo sino varias que se lo reparten.
  • La guerra es una consecuencia de esa lucha entre las superpotencias por imponer la hegemonía de las poderes económicos de los que son sus defensoras y no el único, ni siquiera el principal rasgo que define al imperialismo como tal.

Quienes hacen abstracción del punto 4 y quienes reducen el imperialismo al militarismo tienden a “olvidar” que junto a EEUU Rusia y China son también potencias imperialistas que en los espacios geográficos de su influencia desarrollan políticas destinadas a acrecentar el poder de sus corporaciones y capital financiero.

Sobre ésta cuestión a quienes le hacen la ola al futuro presidente estadounidense porque ha mostrado sus simpatías hacia Putin, presidente de un país capitalista e imperialista, les vendría bien conocer el discurso de George Marinos dirigente del KKE (Partido Comunista de Grecia) en el 18º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros en Vietnam sobre el tema “La crisis capitalista y la ofensiva imperialista – Tácticas y estrategia de los Partidos Comunistas y Obreros en la lucha por la paz, los derechos obreros y populares, por el socialismo”.

Por si las cuestiones no les quedan suficientemente claras, pueden leer la posición del Partido Comunista de Méjico, a través de su secretario general, Pavel Blanco, que expone la misma opinión que George Marinos al respecto.

Si no les convencen, con acusarles de “ni-nis” y trotskistas ya resuelven ustedes sus propias contradicciones políticas que básicamente consisten en:

  • Carecer de una posición propia y marxista basada en el análisis de clase del capitalismo y del imperialismo y en la práctica política correspondiente.
  • Sustituir ésta por un mal sucedáneo de la teoría leninista sobre el imperialismo, la geoestrategia.
  • Situarse en campo ideológico ajeno al optar en EEUU y a nivel planetario por la tesis del “menos malo” (en el caso de Trump está por ver que finalmente no sea el suyo el tercer gobierno de Obama), algo no muy distinto a lo que hicieron los “progres” con Killary desde su perspectiva.En el plano internacional, por mucho menos belicistas que sean los imperialismos ruso o chino, lo cierto es que sus ayudas internacionales no están basadas en ningún “internacionalismo proletario” sino que, como países capitalistas que son, lo hacen por los intereses económicos de sus oligarquías. Otra cosa es que eso beneficie a países con gobiernos progresistas pero no les sale gratis.

Conviene recordar que, frente a la guerra imperialista del 14 y a su preparación, Lenin no se alió a una fracción concreta de las burguesías internacionales, representadas por Alemania o Inglaterra, por citar dos ejemplos, sino que rechazó la guerra y, cuando se produjo, desde una posición de clase autónoma de cualquiera de los intereses capitalistas, optó por la revolución; algo muy lejano a la tesis de que haya un solo imperialismo y, de otro lado, potencias capitalistas “buenas”.

Medios, paren de llorar. Donald Trump ya es presidente

Por: Níkolas Stolpkin

Resulta interesante el comportamiento que han tenido los Grandes Medios de Comunicación con respecto al proceso eleccionario en Estados Unidos, y específicamente con Donald Trump.

Antes de las primarias, si recordarán, el candidato Donald Trump comenzó siendo objeto de burlas para los Medios y algunos de sus contrincantes. Pero ganó las primarias y dejó de ser el objeto de las burlas para convertirse en un demonio «sexista», «homofóbico», «racista», «xenófobo», «machista», etc.

Sería el diario Washington Post, pasado el primer debate presidencial, quien daría a conocer un video el cual había sido grabado hacía más de 10 años atrás, y que daría a conocer un audio de una conversación privada entre el presentador de televisión Billy Bush y Donald Trump. El audio del video sería suficiente para acusar a Donald Trump de «sexista». Y a la semana siguiente se habría de sumar una serie acusaciones en contra de Donald Trump, por parte de mujeres supuestamente «abusadas» por el magnate, ocurridas hacía 30, 20 y 10 años atrás aproximadamente. Todo hacía suponer que sus contrincantes deseaban sacar de la carrera presidencial a Donald Trump.

Pero ahora que Donald Trump ha ganado las presidenciales, los Medios han comenzado a dudar de sus capacidades para gobernar el país, encontrándolo como «incapaz» de gobernar un país como Estados Unidos, no sin antes culpar a las encuestas y expertos de haber hecho «mal» sus cálculos, ya que todo apuntaba a que Estados Unidos tendría a su primera mujer presidente, Hillary Clinton. Para ellos, Donald Trump causa «incertidumbre» y «preocupación», por lo que haya de hacer cuando asuma la presidencia. Sobrepasando la hipocresía máxima al señalar, por parte de los Medios, que esta había sido «la campaña más sucia de la historia de los Estados Unidos», inclinando responsabilidades hacia Donald Trump, el «sexista», «homofóbico», «anti-inmigrantes», «racista», «xenófobo», etc. Como si la reproducción sistemática de aquel «video» y la serie de acusaciones de supuestos «abusos» fueran tan «limpio» que digamos.

Sin embargo la campaña contra Donald Trump no ha mermado. Los Medios no han dejado de utilizar recursos para ensuciar al nuevo presidente electo. Finalizada la elección, los Medios han tratado de distorsionar la anunciada marcha del Ku Klux Klan para celebrar el triunfo de Donald Trump o el «polémico» nombramiento del «misógino», «anti-semita», «racista», de Stephen Bannon como estratega y consejero en el futuro gobierno de Donald Trump.

De aquí en adelante, cada nombramiento para ocupar el gabinete presidencial ¿será puesto en duda? Sólo falta que nombren a Sarah Palin para que todos salten de sus asientos y la acusen de «racista» y «homofóbica», y quién sabe qué otras cosas más.

Y es que, para los Medios, en el gabinete de Donald Trump sólo pueden haber «sexistas», «anti-inmigrantes», «racistas», «xenófobos», «homofóbicos», «abusadores»…

Y es que a los Grandes Medios de Comunicación les duele aún que su nuevo presidente sea el magnate Donald Trump. El mismo que fue rechazado por la mayoría de los bancos para financiar su campaña. El mismo que fue su objeto de burlas antes de las primarias. El mismo que daban como un seguro perdedor para las presidenciales. El mismo que tapaban con acusaciones de «sexismo», «racismo», «anti-inmigrantes»… Qué va, los Medios hicieron una campaña muy limpia ¿verdad?

Que recordemos, nunca antes se había llorado tanto con el resultado de unas elecciones, ni siquiera con George W. Bush.

Lo mejor que podrían hacer los Medios y «expertos» es dejar de llorar. Quieran o no quieran, Donald Trump es el nuevo presidente de los Estados Unidos. O qué, ¿lo querrían ver muerto para fabricar sus hipócritas «homenajes» de un presidente que fue muy «incomprendido»? Los Medios son expertos en ello.

@NStolpkin

Fosa común cementerio de Las Palmas: Razones para una huelga de hambre

Tantos años de espera para poder abrazar los huesos de nuestros queridos muertos que ya parece que no queda esperanza, décadas enteras desde que aquel triste 29 de marzo de 1937, cuando balas fascistas asesinaros en el campo de tiro de La Isleta a mi abuelo Francisco González Santana, al alcalde comunista de San Lorenzo, Juan Santana Vega y al resto de camaradas y compañeros.

Ese día mi familia comenzó una lucha sin cuartel por dignificar su heroica memoria, para intentar recuperar unos restos arrojados como basura a la fosa común del cementerio de Las Palmas junto a cientos de republicanos fusilados, otros ejecutados a pie de fosa de un tiro en la nuca por falangistas y otros criminales vinculados al sanguinario golpe de estado del General Franco.

Estos 80 años han servido para que estos nombres manchados de sangre salgan a luz del mundo, se conozcan en cada rincón de la conciencia de las personas de bien que han luchado y luchan por un mundo mejor, por la liberación de la clase trabajadora.

Las familias queremos exhumar la fosa común del cementerio de Las Palmas, pero manos negras con nombre de concejal y sus esbirros sin muertos en ninguna fosa lo bloquean, tratan de que no se conozca lo que hay debajo de esa tierra, de esos vertidos, de esa cal viva, que los nombres de los genocidas jamás salgan a la luz, que la verdad siga oculta, pisoteada para siempre.

Se ha llegado a un acuerdo de exhumación con el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, hace escasas semanas, pero el grupo de gobierno del Ayuntamiento capitalino y al parecer también su alcalde Augusto Hidalgo, bloquean cualquier compromiso, que la máxima institución de la isla ejecute y financie la apertura, recuperación, identificación y sepultura digna de las cientos de personas que yacen asesinadas en este agujero del horror y de la muerte.

Eso jamás lo vamos a permitir y por todo ello, de no producirse una solución a esta justa reivindicación, comenzaré una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias en la fosa común de este cementerio el domingo 1 de enero de 2017.

Soy consciente del riesgo que conlleva dicha acción, que me jugaré la vida, pero pienso que cualquier iniciativa por las cientos de miles de personas asesinadas y desaparecidas por el franquismo en el estado español lo merece, que seré solo un grano de arena más en esta causa invencible, donde tantas personas de bien dejan los mejores años de su vida por recuperar y dignificar a sus muertos.

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, dijo el presidente Salvador Allende, antes de ser acribillado por las balas fascistas en septiembre de 1973, este es el momento, el año 2017 comenzará para quienes seguimos creyendo en la democracia y la libertad con una acción histórica, la que seguramente ni ruborizará de vergüenza a quienes ejercen el poder para llenarse los bolsillos, los que entran en política para proteger el honor de los criminales y genocidas, los que solo en esta tierra asesinaron impunemente a más de 5.000 personas inocentes simplemente por pensar diferente, por ejercer su derecho a la defensa de un sistema democrático y de progreso.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Imagen: Familiares junto a la fosa común del cementerio de Las Palmas (Foto: Alejandro Ramos).

Fenómeno Trump: Los «deplorables» alzan su voz

Por: Níkolas Stolpkin

Si hay algo que debemos tomar muy en cuenta respecto al triunfo de Donald Trump (nuevo presidente de Estados Unidos) es que las ideas conservadoras no han muerto, siguen muy vivas. Si no supimos ver la fuerza de tales ideas, eso se podría deber a que se encuentran hoy opacadas por la supremacía de ideas elevadas por minorías, hecho que podría cambiar drásticamente con el arribo del nuevo presidente de Estados Unidos.

No hay que embriagarse con el triunfo de Donald Trump. Algunos se pondrán optimistas y hasta quizá intenten emular su campaña pensando en que han encontrado una «X» fórmula. No. Deténganse y razonen. Donald Trump no ganó desde cualquier plataforma, ganó porque se subió a la plataforma que le brindaba el Partido Republicano. ¿Acaso creen que Donald Trump hubiese tenido el mismo éxito si se hubiera subido a la plataforma del Partido Verde o a cualquier otro?

El triunfo de Donald Trump hay que verlo desde otro punto de vista; es un verdadero llamado de atención para la retórica irresponsable de nuestros gobernantes que han permitido que las ideas de ciertas minorías estén hoy por encima de las ideas conservadoras de las mayorías, anteponiendo las ideas particulares por encima de las ideas generales.

Se podría asegurar que los gobiernos de un buen tiempo a esta parte han estado únicamente gobernando para las minorías, comenzando históricamente por una minoría gran burgués-afortunada y terminando con una minoría pequeño burgués que abraza ideas de minorías «desafortunadas». Haciendo imperceptible su relación con los primeros y perceptible su relación con los segundos.

No es para nada agradable ver que las ideas de las minorías influyan más en las decisiones de los gobiernos que las propias ideas de las mayorías. Lo único que han logrado los gobiernos al inclinarse por las ideas de éstas minorías, por sobre las mayorías, es crear resentimiento, rabia y divisiones dentro de las sociedades. No ha habido otro objetivo. La premisa «divide y vencerás» la han venido cumpliendo a cabalidad.

Las ideas conservadoras de las mayorías quedan en un segundo plano y sólo son llamadas para pedir su «opinión» cada cierto tiempo, para cuando hay que ir a votar por sus gobernantes. ¿Por qué las voces de las minorías logran tener mayor atención frente a nuestros gobernantes ó frente a los Medios de influencia? ¿La ideas de las minorías tienen más relevancia que las ideas de las mayorías? ¿Por qué las minorías tienen derecho a decidir qué ideas son buenas o malas para las mayorías? ¿Las mayorías conservadoras no tenemos el derecho a disentir de las minorías y sus ideas? Frente a las ideas de las minorías ¿sólo nos queda decir «amén»?

Lo increíble es que las ideas de las mayorías conservadoras se auto-silencian para no ser «políticamente incorrectos» y ser tildados de «intolerantes», «discriminadores», «cavernarios» ó «deplorables», por parte de la dictadura de las minorías. Las mayorías conservadoras, abiertamente, no podrían opinar contrariamente a las ideas de las minorías, ya que estarían en «contra» y automáticamente serían «crucificados» por «intolerantes». Y es que ciertas minorías tienen algo que las mayorías no tienen, tienen el respaldo de la clase gobernante y de los Medios de influencia pero, por sobre todo, tienen la «mesada» sistemática de grupos económicos ó «filantrópicos» para tratar de influir en nuestras sociedades.

Pero lo más increíble aún, es que organizaciones que supuestamente estaban para representar las voces de las mayorías terminan seducidos por las ideas de las minorías, utilizando sus conceptos, para quizá buscar tener «empatía» ó cierta «aceptación» dentro de la «popular» minoría ó para que pueda cuadrar con lo que se denomina la «opinión pública». No saben que han sido absorbidos por una ideología pequeño burgués, pero buscan creer que la están haciendo «de oro» tomando las banderas de las minorías.

La izquierda, salvo excepciones, ha perdido esa conexión que tenían con las mayorías por querer estar bien con las minorías. Y ahora observad en Estados Unidos y Europa: la derecha está tomando la delantera en cuanto a la conexión con esas mayorías porque han sabido interpretar ese descontento y han decidido ser las voces de esas mayorías opacadas por las ideas de las minorías. ¿Cuándo diablos se van a meter eso en sus cabezas?

Pero quizás nos digan que somos «deplorables» también. Sí, somos «deplorables». Orgullosamente «deplorables».

(Nota: Espero que hayan captado el MENSAJE. No he querido ser explícito esta vez para no ser «políticamente incorrecto». Pero esto lo vengo diciendo explícitamente desde hace ya un par de años atrás. Ver artículo de 2013: Carta abierta a un pequeño burgués).

@NStolpkin

Anarquismo; Terminológico, 2016

«Las ideas anarquistas nacen en el siglo XIX como respuesta de la desesperación de la pequeña burguesía en ruina y descomposición en la época capitalista en que surgían las crisis capitalistas y los primeros proceso de monopolización.

Importante destacar que en lo político el anarquismo no se ocupa de resolver la contradicciones capital-trabajo, entre trabajo intelectual y físico, entre ciudad y campo, etc. Dependiendo de según qué anarquistas, no niegan la revolución violenta, otros consideran el terrorismo individual como medio para lograr una hipotética situación de colapso del sistema, para otros esta extenuación del sistema llegará con una huelga general, la mayoría de anarquistas niegan todo trabajo en los parlamentos burgueses; todo ello denota las grandes dosis de subjetivismo, voluntarismo, aventurerismo y sectarismo en sus métodos políticos. En cuanto a la organización, o mejor dicho falta de ella, es sinónimo de fracasos anunciados precisamente a toda esa inconsistencia teórica de la que hacen gala que se expresa en una extrema indisciplina y falta de cohesión entre sus filas que resulta hasta ridícula, primando el fraccionalismo, espontaneidad y antiteoricismo. A tenor de lo aquí expresado ¿quién puede ser anarquista? Pues todo el que se proponga y diga como tal, de hecho no existe selección de militantes en una organización anarquista ni hace falta tener conocimientos teóricos de la supuesta doctrina que dicen defender, comportándose por defecto como una organización de masas burguesa en definitiva, y no como una de militantes que trabaja por la emancipación de las clases trabajadoras. Con seguir unas cuantas proclamas anarquistas –unas más en boga que otras según la época– como el «odio a los uniformes», «odio a la patria», «odio a las banderas», «odio a los líderes», «odio hacia toda forma de poder», etc. y exponger una concepción ridícula y reaccionaria de los fenómenos de tu alrededor bajo los filtros del antiestatismo, el apoliticismo, la descentralización y sobre todo la «libertad personal» por encima de todo, son «esfuerzos» suficientes para que te estrechen la mano como «camarada».

Todas estas disposiciones políticas son debido a que los anarquistas tienen una comprensión idealista y metafísica de las relaciones de producción del sistema capitalista, en contradicción con la comprensión materialista y dialéctica del marxismo-leninismo, por lo mismo, el anarquismo resulta es estéril a la hora de dar respuestas a las contradicciones del capitalismo, y solo puede aspirar a dar soluciones dentro de la dinámica capitalista.

De hecho, el anarquismo pese a lo que digan sus defensores no puede suponer una doctrina que pretende superar el capitalismo porque el mismo anarquismo es una comprensión pequeño burguesa de la relaciones de producción, es una queja de la centralización y el proceso de monopolización del capitalismo que hace que el pequeño burgués –o pequeño propietario– sea absorbido o arruinado o asfixiado por la competencia de los monopolios –de los grandes propietarios–, llegando en caso de perder su propiedad a ver su conversión de un pequeño burgués a un proletario. Por ello el anarquismo pretende una vuelta a la época premonopolista más descentralizada y sin monopolios, por lo que en realidad defiende la pequeña propiedad privada individual o cooperativa de las unidades de producción. En ese sentido, los «anarquistas individuales» defienden la completa libertad de la pequeña unidad productiva lo que por defecto lleva a una economía de corte caótica regida por la ley del valor, el mercantilismo y el máximo beneficio; lo mismo sucede en el caso de los «anarquismos colectivos» con la diferencia que aquí se habla de unidades productivas en forma de cooperativas, incluso con algún régimen de igualdad formal entre sus miembros, pero cuya actividad económica estará determinada por la ley del valor, oferta y demanda, la rentabilidad, y la competencia por cuotas de mercado con otras unidades productivas, dicho de otro modo, es un cooperativismo capitalista como el que se puede ver en cualquier país capitalista actual.

El anarquismo es una corriente que en lo cultural defiende una pretendida «libertad individual por encima de toda autoridad en tanto que manifestación «colectiva», es decir, prima el «interés individual» sobre el «interés colectivo» a toda costa. Se adhiere a un rechazo a ciertos valores de la cultura burguesa como el consumismo, el racismo, el militarismo o el machismo, pero al ser unos nihilistas del axioma de que las relaciones sociales entre las personas –como las relaciones económicas– rigen la cultura y psicología de los hombres no comprenden cómo acabar con dichos fenómenos culturales, de ahí la negación de la cuestión nacional, o una oposición entre guerras de liberación y guerras imperialistas, o guerras revolucionarias de las contrarrevolucionarias. Se ha solido dar la bienvenida a varias de las peores teorías y costumbres de la sociedad burguesa como el consumo de drogas –como forma de ocio o de evasión de los problemas de la sociedad– o la aceptación de las teorías sexuales que fomentan el concepto burgués «de amor libre» –en el sentido de libertad de despreocuparse de los hijos nacidos de esas relaciones, del adulterio y sus consecuencias psicológicas, etc.–. El hippismo nacido en los 60 se puede considerar la corriente cultural evolución del anarquismo, su versión pacifista.

No obstante, debido a que una de su tesis fundamentales es la oposición a toda «autoridad» ha dado lugar a múltiples formas de comprensión desde «anarquismos individualistas» hasta formas colectivas del mismo, es el caso del «anarco-sindicalismo» que se diferencia de los individualistas en que hay un colectivo convergiendo en una serie de reivindicaciones de tipo meramente económicas por lo que resultan atractivos para sectores de trabajadores que carecen de formación ideológico-política. Vale decir que los «anarquismos individualistas» están posicionado directamente en un espectro que va de la derecha a la ultraderecha, y los «anarquismos grupales» tienden a ser más progresistas, más reivindicativos, más «izquierdistas» pero siempre en un sentido pequeño burgués. Estas variadas comprensiones del anarquismo son un efecto directo de pugna contra lo que ellos denominan «teoricismo» que se debe a que básicamente el mismo no ha conseguido establecer un marco teórico definido para su doctrina, ya que sus ideas, su músculo teórico, se contradice entre sí, al tiempo que la poca teoría se contradice frontalmente con lo que han llevado a la práctica. Como ya se ha enunciado, debido a su falta de eje ideológico de nunca de sus variantes, no es una garantía para las clases trabajadoras de defender sus derechos de forma eficiente.

El anarquismo es pues, una doctrina reaccionaria de la pequeña burguesía, que confunde a la clase obrera desviándola de sus objetivos de clases, y por tanto objetivamente trabaja de manera consciente o inconsciente en favor de la hegemonía de la burguesía, por tanto del capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2016)

bitacoramarxistaleninista.blogspot.ch

EEUU, LA MARCA Y EL EQUIPO DE MARKETING GANARON LAS ELECCIONES

La que quiero destacar en primer lugar, aunque no más importante, es que la mercantilización de la política y del parlamentarismo burgués ha traído como consecuencia, y no es una novedad, que cuando la marca es muy potente, hay un equipo de marketing que sabe detectar las “necesidades” del mercado político y pasta gansa para la campaña, se pueden ganar unas elecciones por encima y contra los aparatos de los partidos.

Trump no es el único que ha logrado eso. Antes ya sucedió en “la vieja Europa”, como dicen los estadounidenses. Y eso lo hizo Berlusconi, aunque con la ventaja a su favor, de la que careció Trump, de contar con un imperio mediático. En su caso la innovación de Berlusconi fue total porque creó incluso sus propios partido y aparato contra el resto de partidos y aparatos italianos.

Pero cuando algo sucede en EEUU, aunque esta vez no haya sido la pionera, se convierte rápidamente en tendencia mundial.

La “hazaña” de Trump fue, con el establishment mediático en su contra, vencer a dos aparatos, el de su partido, fulminando a todos los candidatos que se le opusieron, y siendo ninguneado por toda la dirección del Partido Republicano, desde que se postuló hasta el fin de la campaña electoral, y obviamente el del Partido Demócrata.

Trump, un gran capitalista, inició su carrera de plutócrata convirtiéndose a sí mismo en marca personal. Sus empresas llevaban su apellido. Ha tenido siempre claro cuál era la estrategia para triunfar: ser el primer embajador y promotor de sí mismo. En los negocios le ha funcionado, en política también. Obviamente, sabiendo rodearse en ambos espacios, muy próximos entre sí, de gente muy inteligente, que maneja las herramientas de marketing como nadie.

La investigación de mercados y la político-electoral emplea las mismas técnicas para conocer la realidad sobre la que quiere intervenir la marca, el partido o el Estado: la encuesta (metodología cuantitativa) y el grupo de discusión (metodología cualitativa). Y el marketing económico y político se parecen también mucho entre sí.

El equipo de Trump supo conectar con una necesidad real: la situación depauperada de la clase trabajadora norteamericana, no sólo blanca, como han demostrado los votos de importantes sectores de otras etnias, que estaba ajena a la agenda electoral del equipo de Killary. Para quien crea que acabo de cometer una errata, le aclaro que es un apodo de la señora Clinton que ha hecho fortuna por sus celebraciones ante la destrucción de países como Libia o Siria, por citar sólo dos ejemplos, de cuyos desastres era coautora, junto con Obama.

Killary Clinton, y su equipo de estrategas de campaña, siguieron al dedillo las precedentes de Obama, pero con mucha menos credibilidad de la que él tuvo en sus inicios. No voy a entrar en la percepción social dominante sobre ella en EEUU porque de sobra se ha hablado ya. Fijó unas desigualdades que señalar y unos públicos a los que dirigirse: el machismo que sufren las mujeres, la situación de discriminación de los gais y de los inmigrantes y etnias no blancas norteamericanas, entre otros. Y se olvidó, error en el que no cayó Trump, de la clase trabajadora. Él, en cambio, tuvo en cuenta que las clases sociales existen y que la trabajadora de EEUU lleva perdiendo capacidad adquisitiva durante decenios. Tuvo claro que el paro, menor que en Europa, es ya estructural en su país y que la clase trabajadora era muy consciente de haber sido olvidada en los discursos de los políticos del establishment norteamericano. Aclaro, porque sé que hay mucho lector malintencionado y con mala baba, que creo en la igualdad de derechos de tales colectivos y que me parecen repugnantes las expresiones de Trump sobre ellos. Dicho esto, tengo claro que la contradicción capital-trabajo está por encima de la lucha contra la discriminación como palanca potencial para acabar con el capitalismo.

Trump es un capitalista que cree religiosamente en el sistema capitalista, exactamente lo mismo que Obama y que Killary. Pero ha sabido con qué reclamo ganar: dirigirse a la clase trabajadora de EEUU, hablarles de sus miedos ante el presente y de sus incertidumbres ante el futuro, concentrarse en la política nacional y dar mucho menos peso a la internacional, de la que sus votantes estaban descontentos porque consideraban que el intervencionismo militar de su país estaba gastando energías y dinero ingentes, en lugar de combatir la situación interior de un país muy orgulloso en el pasado del “american way of life”, pero que hoy está en decadencia en cuanto a situación económica. Y ha conseguido, con ello, atraerse a la clase trabajadora blanca y a no menos de un tercio de la de otras etnias. Y eso a pesar de muros en la frontera porque es sabido que el inmigrante legal, con frecuencia, para no ser satanizado, tiende a marcar distancias con el sin papeles y el espalda mojada. Los apellidos españoles no son una rareza, ni mucho menos en el Frente Nacional francés. Algún día deberemos hablar de mitos de la izquierda, como el de la solidaridad, porque, aunque imprescindible, cuando no se basa en la clase y en la igualdad de clases sino en oenegerismo de monja progre, acaba por ayudar al discurso reaccionario de los Trump que en el mundo son y a romper la idea de identidad y de conciencia de clase.

La banalización de la política, convertida en un circo mediático, en la que lo que importa es epatar, lograr titulares que hablen de ti, aunque sea mal, ha sido un factor fundamental que Trump ha sabido conjugar muy bien. Habrá que ver hasta qué punto Trump es un incontrolado -si lo es, el complejo militar-industrial y Wall Street le “ayudarán a controlarse”- o todo es una pose para magnetizar a sus bases electorales.

Killary es una progre, que es lo que son los procapitalistas que defienden, solapada o abiertamente, el capitalismo de rostro humano dentro de sus países y destruyen o justifican las destrucciones de pueblos (los partidos progres que llevan bombardeadores de Libia en sus filas y que están a favor de la permanencia de su país en la OTAN, por ejemplo) que son necesarios para desvalijarles de sus riquezas naturales e imponerles su “modelo de democracia”. Por cierto, no recuerdo ninguno de esos países en los que predominen los blancos. Puestos a hablar de racismo, Killary lo practicaba vía bombardeo con una soltura digna de mejor causa. Y con Obama la policía ha matado más negros en su país que durante el mandato de muchos presidentes precedentes.

Y Killary es también una progre porque niega las clases sociales, al dotar de protagonismo en sus programas a colectivos, sectores, ONGs controladas por los think tanks y fundaciones globalistas que han sustituido revolución social por “movimientos sociales”. Como en España y en Europa.

No siento nostalgia alguna de Sanders que, aunque hablase de clase trabajadora, no estaba lejos del lobby sionista, no planteaba la desaparición de la OTAN y, acabó como los progres españoles, optando por la criminal Killary para parar al fascista Trump. La lógica del «mal menor» acaba causando males mayores porque legitima lo hecho y lo por hacer.

Lo que hoy se autodenomina como izquierda española o europea -algún día hablaré del camelo del socialismo del siglo XXI, que no ha hecho nada para ser socialista en sentido marxista, ni para cambiar las relaciones sociales de producción en sus países- no es otra cosa que una inmensa fosa séptica progre, beata, monjil, acobardada, procapitalista, vociferente pero de tasca que, como Killary ha sustituido clase por colectivos sociales, a cuyos dirigentes compra con subvenciones. Como comunista creo que existen clases sociales, que hay que luchar por su abolición, que el parlamentarismo es hoy la gran trampa del capital para que continúe la falacia de la “ilusión democrática”, que el cambio no vendrá por las urnas sino por una revolución y, desde luego, no soy “de izquierda/s”; algo que indicaba la posición en la que sentaron determinados políticos en la Asamblea Nacional Constituyente -¡cómo les gusta esa última palabra!- en 1789.

Y como comunista, señalo a los progres como los principales cómplices, por haber abandonado y traicionado a la clase trabajadora, de que el fascismo campe por Europa y de que reaccionarios como Trump triunfen hablándole a ella, a la que golpearán no de forma muy diferente a como lo hacen los liberales clásicos.

De cómo actuará en política nacional e internacional Donald Trump no hablo porque, además de ser una incógnita en estos momentos, quienes mandan no son los Presidentes sino los poderes económicos.

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