La democracia sin trabajadores es una democracia incompleta

La democracia sin trabajadores es una democracia incompleta

Nunca me he considerado un político. Ni lo soy ni creo que quiera serlo. En una ocasión acepté encabezar una candidatura municipal de izquierdas porque siempre he defendido una idea muy sencilla: los trabajadores y las trabajadoras debemos tomar las riendas de nuestras propias vidas. No podemos limitarnos a delegar nuestro futuro en personas que, demasiadas veces, ni comparten nuestros intereses ni conocen de primera mano los problemas cotidianos de la mayoría social.

Aquella experiencia me dejó una enseñanza que todavía hoy considero una de las grandes carencias de nuestro sistema democrático: todo parece estar diseñado para dificultar que un trabajador participe activamente en política.

No hablo de teorías conspirativas. Hablo de una realidad material.

Quien trabaja por cuenta ajena tiene que seguir cumpliendo su jornada laboral, asistir a plenos, comisiones y reuniones, estudiar expedientes, atender a la ciudadanía y, además, intentar mantener una vida familiar y personal. En muchos casos, incluso soportando presiones o el miedo a represalias laborales por ejercer una representación democrática legítima.

Mientras tanto, otros colectivos cuentan con mecanismos que facilitan esa participación pública. Es lógico que existan derechos para garantizar el ejercicio de responsabilidades institucionales. Lo que deja de ser lógico es que esos derechos no alcancen por igual a quienes viven exclusivamente de su salario.

Al final, participar en política acaba siendo un lujo que muchos trabajadores no pueden permitirse.

Y esa desigualdad tiene consecuencias.

Las instituciones terminan llenándose de personas que, con mayor o menor buena voluntad, hace demasiado tiempo que dejaron de vivir la realidad cotidiana de quien madruga para fichar, de quien teme perder su empleo o de quien llega con dificultades a final de mes. Algunos hacen de la política una profesión. Otros una carrera. Muy pocos la entienden como un servicio público temporal.

Existe, además, un clasismo evidente. Un clasismo económico, pero también intelectual. Hay quienes consideran que la clase trabajadora no está preparada para gobernar, que nuestro papel consiste únicamente en votar cada cuatro años, repartir propaganda durante las campañas electorales o aplaudir las decisiones tomadas por otros.

Ese paternalismo existe en la derecha y en la ultraderecha. Pero también aparece en determinados sectores de una izquierda que, aunque se proclama progresista, sigue practicando una especie de despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Hablan constantemente en nombre de los trabajadores, pero pocas veces permiten que sean los propios trabajadores quienes hablen por sí mismos.

Y ahí reside uno de los grandes problemas de nuestra democracia.

Una sociedad necesita representantes de todos los ámbitos. Necesita profesores, sanitarios, científicos, autónomos, funcionarios, pequeños empresarios e intelectuales. Todos pueden aportar una visión valiosa.

Pero también necesita, y quizá sobre todo, trabajadores y trabajadoras.

Porque somos la inmensa mayoría social. Somos quienes levantamos las persianas cada mañana, quienes mantenemos funcionando las fábricas, los supermercados, los hospitales, el transporte, la limpieza, la construcción y todos los servicios que hacen posible la vida cotidiana. Somos quienes, con nuestro trabajo, movemos literalmente las ruedas de la historia.

Sin embargo, nuestra presencia en las instituciones sigue siendo muy inferior al peso que tenemos en la sociedad.

Eso empobrece la democracia.

Una democracia donde la mayoría social apenas puede participar más allá del voto cada cuatro años difícilmente puede considerarse una democracia plena. La participación política no debería depender del patrimonio, del tipo de contrato o del puesto de trabajo de cada uno. Debería ser un derecho realmente accesible para cualquier ciudadano.

Porque cuando quienes legislan desconocen la realidad de quienes sostienen el país con su trabajo, las leyes dejan de responder a las necesidades de la mayoría y comienzan a reflejar únicamente la visión de una minoría.

La democracia no consiste únicamente en depositar una papeleta en una urna. Consiste también en que cualquier trabajador pueda representar a sus vecinos sin tener que sacrificar su empleo, su familia o su estabilidad económica.

Solo cuando las instituciones se parezcan de verdad al pueblo al que representan podremos empezar a hablar de una democracia más justa, más igualitaria y más auténtica.

Y conviene no olvidar una última reflexión. Solemos decir que quien decide unas elecciones es quien introduce su voto en la urna. Ojalá siempre fuera así. Porque la confianza en la democracia exige no solo que el voto sea libre, sino también que el escrutinio sea transparente y esté sometido a todas las garantías. La limpieza del proceso electoral es tan importante como el propio derecho al voto: sin ambas cosas, la legitimidad democrática se resiente.

 

André Abeledo Fernández 

No quieren que la clase trabajadora gobierne

No quieren que la clase trabajadora gobierne

Nunca me he considerado un político. Participé una vez como cabeza de lista en unas elecciones municipales porque creo profundamente que la clase trabajadora no puede limitarse a elegir cada cuatro años quién va a administrar sus problemas. Si queremos transformar la sociedad, los trabajadores y las trabajadoras tenemos que dejar de ser espectadores y convertirnos en protagonistas de nuestra propia historia.

Aquella experiencia me confirmó algo que ya intuía: el sistema está diseñado para que la clase trabajadora no gobierne.

Nos dicen que vivimos en una democracia donde cualquiera puede presentarse a unas elecciones. Formalmente es cierto. Materialmente, no.

Porque un trabajador por cuenta ajena tiene que cumplir con su jornada laboral, asistir a plenos, estudiar expedientes, acudir a comisiones, atender a los vecinos, seguir cuidando de su familia y encontrar tiempo donde ya no existe. Muchas veces, además, soportando presiones de la empresa o el temor a perder el empleo por ejercer una responsabilidad pública.

Mientras tanto, otros sectores disponen de mayores facilidades para compatibilizar esa labor institucional con su vida profesional.

¿Es casualidad?

Yo no lo creo.

Las leyes pueden decir que todos somos iguales ante las urnas, pero la realidad demuestra que no todos partimos de las mismas condiciones para representar a la ciudadanía. Y cuando la igualdad solo existe sobre el papel, deja de ser igualdad para convertirse en propaganda.

El resultado salta a la vista.

Las instituciones se llenan de profesionales de la política que hace años dejaron de conocer la vida cotidiana de un trabajador. Personas que legislan sobre salarios sin depender de una nómina, que hablan de conciliación mientras otros enlazan jornadas interminables y que pontifican sobre pobreza desde la comodidad de un despacho.

Muchos hace tiempo que olvidaron lo que significa llegar con angustia a fin de mes, depender de un convenio colectivo o temer un despido.

Y eso se nota.

Existe un clasismo evidente. El económico, que todos conocemos. Pero también uno intelectual, todavía más peligroso, que considera que la clase trabajadora no está preparada para gobernar.

La derecha siempre ha defendido que deben mandar las élites económicas.

La ultraderecha añade a ese discurso el autoritarismo y el nacionalismo excluyente.

Pero una parte de la izquierda tampoco está libre de culpa. Hay quienes hablan constantemente en nombre del pueblo mientras impiden que el propio pueblo tome la palabra. Practican una versión moderna del despotismo ilustrado: todo para los trabajadores, pero sin los trabajadores.

Nos quieren para llenar mítines.

Nos quieren para pegar carteles.

Nos quieren para repartir propaganda.

Nos quieren para votar.

Pero cuando un cajero de supermercado, una limpiadora, un albañil, una dependienta, un conductor o un operario pretende ocupar un escaño o un asiento en un pleno municipal, empiezan las incomodidades. Entonces aparecen quienes insinúan que faltan preparación, experiencia o conocimientos.

Curiosamente, nunca parecen cuestionar la preparación de quienes llevan décadas viviendo exclusivamente de la política.

La realidad es mucho más sencilla.

No quieren que la clase trabajadora tenga voz propia.

Prefieren hablar por nosotros antes que escucharnos.

Porque un trabajador organizado resulta mucho más difícil de manipular que un trabajador resignado.

Sin embargo, somos nosotros quienes levantamos este país cada mañana. Somos quienes hacemos funcionar los hospitales, las fábricas, los supermercados, el transporte, la construcción, la industria, los servicios públicos y privados. Somos quienes generamos la riqueza que otros administran.

Somos la inmensa mayoría social.

Y, paradójicamente, somos una minoría en las instituciones.

Eso no es una casualidad. Es una consecuencia lógica de un sistema político que facilita la participación de quienes ya disponen de tiempo, recursos, estabilidad o redes de poder, mientras convierte la participación política de la clase trabajadora en una auténtica carrera de obstáculos.

Una democracia donde la mayoría social apenas puede aspirar a votar cada cuatro años es una democracia profundamente limitada.

Porque la democracia no consiste únicamente en introducir una papeleta en una urna. La democracia exige que cualquier trabajador pueda representar a sus vecinos sin jugarse el salario, el empleo o la estabilidad de su familia.

Hasta que eso no ocurra, seguiremos viviendo en una democracia donde el pueblo elige, pero rara vez gobierna.

Y quizá esa sea la mayor contradicción de nuestro sistema: quienes sostienen el país con su trabajo apenas tienen posibilidades reales de decidir cómo se gobierna.

 

André Abeledo Fernández 

Los «expertos» de la ONU entrenados por el imperialismo y encargados de justificar la agresión contra Venezuela

Eduardo Vasco.— En medio de la fuerte ofensiva desencadenada en 2019 por Estados Unidos y sus socios imperialistas contra Venezuela, llevada a cabo mediante presiones y chantajes en los organismos de la ONU, el Consejo de Derechos Humanos creó la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela.

¿Quién impulsó su creación?

La resolución que estableció la misión fue patrocinada por los países miembros del Consejo que también integraban el infame Grupo de Lima, una asociación formal de gobiernos títeres de Estados Unidos, llevados al poder mediante los golpes blandos ejecutados recientemente en varios países de América del Sur. Se trataba de la Argentina de Mauricio Macri, el Brasil de Jair Bolsonaro, el Chile de Sebastián Piñera y el Perú de Martín Vizcarra, representantes del Grupo de Lima en el Consejo.

La Unión Europea apoyaba oficialmente las iniciativas del Grupo de Lima, creado en 2017 con el propósito específico de intervenir en los asuntos internos de Venezuela y promover un cambio de régimen bajo el pretexto de la defensa de los derechos humanos y la democracia. En aquel momento, Austria, Bulgaria, Croacia, Dinamarca, República Checa, Hungría, Italia, Eslovaquia y España ocupaban escaños en el Consejo de Derechos Humanos.

Los países del Grupo de Lima y sus aliados europeos contaron además con el respaldo de socios tradicionales como el Reino Unido, Japón, Australia y Ucrania para aprobar la resolución que creó la Misión de Determinación de los Hechos. El resultado fue de 19 votos a favor, siete en contra y 21 abstenciones. Como señalé en un artículo anterior, la votación fue pública, lo que permitió a las grandes potencias identificar qué países siguieron sus directrices y cuáles las desafiaron, un mecanismo de presión que con frecuencia lleva a los Estados más débiles a someterse a los más fuertes por temor a represalias.

Fue en este contexto que se creó la misión y que sus “expertos” fueron seleccionados por el entonces presidente del Consejo de Derechos Humanos, el diplomático senegalés Coly Seck, representante permanente de Senegal en Ginebra. Aunque Seck, como era de esperar, se abstuvo en la votación que creó la misión, terminó nombrando a “expertos” completamente alineados con la política de los gobiernos que patrocinaron y aprobaron la resolución. También respondían al perfil que suele ser seleccionado para investigar a gobiernos considerados incómodos para el imperialismo: formación en instituciones educativas europeas o fuertemente influenciadas por las ideas de la burguesía occidental, paso por ONG e institutos financiados por gobiernos o empresarios occidentales y carreras construidas en organismos internacionales controlados por las potencias imperialistas.

Los tres “expertos” inicialmente elegidos por Seck para integrar la Misión de Determinación de los Hechos sobre Venezuela fueron la portuguesa Marta Valiñas, el chileno Francisco Cox Vial y el británico Paul Seils. La misión fue renovada posteriormente en 2020, 2022 y 2024, prácticamente sin cambios. La única modificación relevante ocurrió en 2021, cuando Seils fue sustituido por la argentina Patricia Tappatá Valdez. No es habitual que una misión de esta naturaleza, con tantos años de duración, presente una rotación tan baja.

¿Quiénes son los “expertos”?

Veamos más de cerca quiénes son los “expertos” elegidos por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para investigar a Venezuela.

Francisco Cox Vial

Trabajó para el Public Defender Service en Washington a comienzos de la década de 1990. Posteriormente realizó una maestría en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, después de haber asistido al Programa de Verano de Derecho Internacional Humanitario de las universidades de Oxford y George Washington a finales de los años noventa. Prestó servicios para Human Rights Watch y trabajó para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), frecuentemente denominada por sus críticos como el “ministerio de las colonias” de Estados Unidos y conocida por su postura hostil hacia el chavismo. También desarrolló una amplia trayectoria vinculada a la Corte Penal Internacional (CPI), incluyendo trabajos relacionados con países africanos y asesoría para la selección del fiscal de la Corte.

Paul Seils

Entre 2004 y 2008 ocupó una posición destacada en la Oficina del Fiscal de la CPI, uno de los principales mecanismos utilizados por las potencias imperialistas para perseguir a sus adversarios, como vimos en un artículo reciente. También dirigió la Unidad de Estado de Derecho y Democracia de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y fue vicepresidente, entre 2011 y 2017, del International Center for Transitional Justice, entidad financiada por diversos gobiernos europeos, la Unión Europea, Canadá, Australia, organismos de la ONU y fundaciones como Open Society, NED, Rockefeller y Freedom House. Cuando fue seleccionado para la misión sobre Venezuela, se desempeñaba como director del European Institute of Peace, un proyecto financiado con millones de euros provenientes de la Comisión Europea y de gobiernos europeos.

Patricia Tappatá Valdez

Formó parte del consejo de administración del Instituto para la Democracia en Sudáfrica, una entidad financiada por la Fundación Ford. En 2021 fue nombrada para sustituir a Seils en la Misión de Determinación de los Hechos por la entonces presidenta del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Nazhat Shameem. Actualmente, Shameem ocupa el cargo de fiscal adjunta de la CPI y anteriormente fue asesora de Women’s Initiatives for Gender Justice, una organización de lobby con sede en La Haya y activa ante la CPI, de la cual también formó parte Marta Valiñas.

Marta Valiñas

Elegida para dirigir la misión, Valiñas se graduó en Derecho por la Universidad de Oporto y completó una maestría en Derechos Humanos y Democratización en un programa patrocinado por la Unión Europea, desarrollado en asociación con la ONU, el Consejo de Europa y organizaciones de la llamada “sociedad civil”. También trabajó para la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

En 2009 ingresó en REDRESS, una ONG financiada entonces por la Comisión Europea, el Departamento para el Desarrollo Internacional del gobierno británico (DFID), la Fundación MacArthur y otros financiadores. Actualmente, la organización sigue recibiendo recursos de la Unión Europea y de Open Society, además de mantener vínculos históricos de financiación con organismos de la ONU.

Entre 2013 y 2014 trabajó también para Women’s Initiatives for Gender Justice. En aquel período, la entidad era financiada por el DFID, el Departamento Federal de Asuntos Exteriores de Suiza, el UN Trust Fund to End Violence Against Women y otras organizaciones internacionales. Valiñas también prestó servicios al International Center for Transitional Justice.

Posteriormente actuó como consultora de Justice Rapid Response, una ONG financiada por gobiernos europeos, Canadá, el Departamento de Estado de Estados Unidos y ONU Mujeres, institución para la que también trabajó. Entre 2014 y 2019, poco antes de asumir el liderazgo de la misión sobre Venezuela, integró la Oficina del Fiscal de la CPI.

El libre tránsito de estos “expertos” por entidades financiadas o controladas por gobiernos occidentales y por grandes grupos financieros internacionales es fácilmente perceptible. Se trata de organizaciones que comparten una visión homogénea sobre democracia y derechos humanos: la visión de los regímenes imperialistas, que, a su vez, no son en absoluto democráticos ni humanitarios. Como ya se ha observado ampliamente, el ecosistema internacional de organizaciones “humanitarias” es construido y financiado por los mismos actores. Se forma así un círculo restringido que funciona como una puerta giratoria: sus integrantes pasan continuamente de una organización a otra, acumulando credenciales y prestigio producidos por las propias instituciones que componen esta red, hasta alcanzar posiciones destacadas en las Naciones Unidas o en organismos con capacidad para interferir directamente en la soberanía de los países pobres, como la Corte Penal Internacional.

Ante “expertos” con este perfil, difícilmente la Venezuela chavista podría haber sido retratada de otra forma que no fuera como una dictadura violadora de los derechos humanos. Más aún en un período de intensa presión imperialista, en el que los gobiernos de Estados Unidos y Europa llevaban adelante una guerra económica, diplomática y propagandística contra el país, mientras ONG financiadas por esos mismos actores entrenaban y sostenían a dirigentes golpistas.

Las manifestaciones violentas promovidas por la oposición alineada con el imperialismo dejaron una estela de muertes —incluidas personas quemadas vivas—, persecuciones contra partidarios del gobierno y destrucción de instalaciones públicas como hospitales y escuelas. Las sanciones contribuyeron al hambre, al colapso de la red eléctrica y a la muerte de pacientes. Aun así, estas agresiones contra los derechos humanos y la soberanía del pueblo venezolano pasaron prácticamente desapercibidas en los informes y declaraciones públicas de los “expertos”.

El gobierno de Maduro fue acusado formalmente por los integrantes de la misión de cometer “crímenes de lesa humanidad”, una acusación que ningún experto mínimamente honesto e imparcial, incluso siendo ideológicamente contrario al chavismo, podría sostener. Sin embargo, quienes buscaban derrocar a Maduro eran los mismos que educaron, emplearon, financiaron, entrenaron u orientaron a Valiñas, Cox, Seils y Tappatá. Las cartas estaban marcadas desde el principio.

El juego que se desarrolla dentro de la ONU y de los organismos internacionales está amañado: los vencedores son siempre las potencias que dominan el mundo, mientras que los derrotados son, invariablemente, sus víctimas más pobres y vulnerables.

Presidente de un país de la OTAN lanza advertencia sobre la alianza

La OTAN corre el riesgo de desintegrarse si sus miembros no logran gastar en defensa 5 % del producto interno bruto (PIB), advirtió el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda.

 

«Sería muy polémico o contradictorio que algunos países intentaran hacer un mayor esfuerzo y alcanzaran este objetivo en los próximos años, mientras que otros oscilaran, digamos, entre el 2 % y el 2,5 %», afirmó Nausėda ante los periodistas durante una rueda de prensa conjunta con sus homólogos de Letonia y Estonia y con el canciller alemán, Friedrich Merz, en Berlín.

Como consecuencia, «esto dividirá de forma natural a la alianza en dos o tres partes, lo cual no es muy bueno para el espíritu de defensa colectiva de la alianza ni para nuestra solidaridad», subrayó Nauseda.

Las declaraciones se producen pocos días antes de la cumbre que celebrará la alianza en Ankara (Turquía) el 7 y 8 de julio. Allí, los Estados miembros deben presentar sus planes para alcanzar una inversión en defensa equivalente al 5 % de su PIB nacional para 2035. Y si bien todos los países aceptaron el compromiso, algunos están lejos de alcanzarlo. Entre los miembros que están en riesgo se encuentran España, el Reino Unido, Hungría, la República Checa, Eslovenia e Italia, según Politico.

El impulsor del aumento de los gastos en la OTAN fue el presidente de EE.UU., Donald Trump, desde el inicio de su segundo mandato. El inquilino de la Casa Blanca argumenta que su país invierte «miles y miles de millones de dólares más» que sus socios europeos, pese a que el océano Atlántico separa a EE.UU. de las amenazas inmediatas, y por ello exige que todos los aliados eleven su contribución al 5 % del PIB.

Así, este jueves Trump lanzó una crítica a la inversión militar alemana y de otros aliados como Reino Unido, Francia e Italia, argumentando que Washington gasta «mucho» más que cualquier otro Estado miembro de la OTAN. «¡Ridículo para los EE.UU. continuar por este camino unilateral cuando la relación no es recíproca! ¡Ellos no estuvieron ahí para nosotros!», señaló.

Rusia cierra las fronteras ferroviarias con tres países de la Unión Europea

Foto: IA / @giport.ru
Foto: IA / @giport.ru

Rusia endurece los controles en las fronteras occidentales. A partir del 1 de julio, ha suspendido las operaciones en siete pasos fronterizos ferroviarios con Finlandia, Estonia y Letonia.

La medida afecta a cinco pasos fronterizos con Finlandia, así como a uno con Estonia y otro con Letonia. Esto supone la suspensión de los procedimientos de control fronterizo para viajeros, vehículos y mercancías en esas líneas ferroviarias.

El decreto del gobierno ruso entró en vigor el 1 de julio y ordena al Ministerio de Asuntos Exteriores ruso a informar oficialmente a Finlandia, Estonia y Letonia del cierre.

Cinco de los cruces afectados se encuentran en la frontera ruso-finlandesa, mientras que uno está situado en la frontera con Estonia y otro con Letonia. Los demás cruces ferroviarios entre Rusia y estos dos países no se ven afectados por la decisión. El cierre priva a Finlandia de cualquier conexión ferroviaria abierta con Rusia.

El decreto se promulga en un momento en que los intercambios transfronterizos entre ambos países vecinos se han visto gravemente restringidos durante varios años. A partir de finales de 2023, Finlandia cerró progresivamente todos sus pasos fronterizos terrestres con Rusia. El gobierno finlandés justificó la medida alegando motivos de “seguridad nacional”, argumentando que los flujos migratorios en su frontera estaban creciendo.

En abril de 2024, Helsinki decidió mantener el cierre hasta nuevo aviso, una medida se ha prorrogado varias veces. La última renovación se anunció en junio de 2026. El tráfico ferroviario de pasajeros entre ambos países ya estaba suspendido desde marzo de 2022, con la interrupción del servicio Allegro que conectaba Helsinki con San Petersburgo, poco después del comienzo de la Guerra de Ucrania.

El decreto ruso no establece un plazo para el levantamiento de las restricciones.

«Ocúpense de sus propias tasas de desnutrición»: Irán responde fuerte a EE.UU.

Timur Weber / Pexels

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, arremetió este viernes contra el Gobierno de Estados Unidos, después que el presidente Donald Trump volviera a afirmar que Teherán comprará productos agrícolas estadounidenses como parte de un posible acuerdo de paz para poner fin al conflicto.

 

«Imaginen tener a más de 40 millones de sus propios ciudadanos dependiendo de cupones de alimentos y llamar hambrienta a otra nación. Eso no es una afirmación, es una proyección«, escribió el alto funcionario iraní en su cuenta de X.

En este sentido, instó a EE.UU. a no pretender dar lecciones sobre cómo alimentar a los iraníes. «Guárdense sus lecciones sobre el SNAP [Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria estadounidense]. Son nuestros recursos, nuestras decisiones. Ocúpense de sus propias tasas de desnutrición«, aseveró.

Anteriormente, Trump afirmó que su país tomaría parte de los recursos iraníes, en un posible acuerdo, para comprar productos agrícolas estadounidenses para Irán. «Necesitan alimentos. Necesitan maíz, trigo y soja. Y haremos que nuestros agricultores se los proporcionen de manera exclusiva», declaró durante una entrevista.

Por su parte, Ghalibaf aseveró que el país norteamericano levantó todas las sanciones que pesaban sobre su crudo, que Teherán está vendiéndolo «con un recargo de 20 %» y que el dinero está ingresando directamente a las arcas iraníes.

Vietnam promociona el aumento de la población

Mientras las ideologías más reaccionarias, casi siempre de origen anglosajón, pronosticaron una explosión demográfica, los países tienen el problema contrario. En 2024 el informe World Population Prospects de la ONU dijo que las tasas de fertilidad mundial habían disminuido significativamente.

 

En Vietnam el problema es realmente preocupante. La población envejece a uno de los ritmos más rápidas del mundo. Las personas de 65 años o más representan el 9,3 por cien.

Si la actual disminución de la fertilidad continúa bajando sin control, se espera que la población del país comience a reducirse entre 2054 y 2059, con una disminución más pronunciada a partir de entonces.

Traducido en términos económicos, eso significa una reducción de la fuerza de trabajo, especialmente grave en aquellos países, como Vietnam, que tienen planes ambiciosos de desarrollo económico.

Por eso hace un año el gobierno levantó la política de dos hijos por matrimonio y ahora ofrece incentivos para que las parejas tengan más bebés.

Ayer entró en vigor una nueva ley extendiendo la excedencia de maternidad de seis a siete meses para las madres que tienen un segundo hijo, así como exámenes prenatales gratuitos.

La nueva ley entrega bonos en efectivo únicos de hasta 228 dólares, dos tercios del salario promedio mensual, para las madres que cumplen con ciertos criterios.

El aumento de la esperanza de vida y la disminución de las tasas de natalidad han convertido a Vietnam en uno de los países de más rápido envejecimiento en el mundo.

Enn Asia, países como Japón, Corea del Sur y China también luchan por revertir la caída de las tasas de fertilidad. Pero en Francia ocurre lo mismo. El año pasado murieron más personas de las que nacieron. Para aumentar las tasas de natalidad ha aumentado las excedencias parentales.

Descubren una supertierra potencialmente habitable a 25 años luz

GJ 3378 b. | ESO

Astrónomos descubrieron un mundo rocoso potencialmente habitable a solo 25 años luz de la Tierra, una distancia considerada relativamente cercana.

 

De acuerdo con una investigación de científicos de la Universidad de California en Irvine (EE.UU.), cuyos resultados fueron publicados en la revista The Astrophysical Journal, este objeto, denominado GJ 3378 b, es un exoplaneta, es decir, un planeta fuera del sistema solar.

«Es uno de nuestros vecinos cósmicos más cercanos. 25 años luz puede parecer una gran distancia, pero la Vía Láctea tiene unos 100 000 años luz de diámetro, así que, en ese sentido, es nuestro vecino de al lado«, dijo el astrónomo Paul Robertson, quien dirige el equipo de investigación, en un comunicado.

La supertierra orbita la tenue estrella enana roja GJ 3378 en la constelación de Camelopardalis (la Jirafa). El GJ 3378b fue detectado inicialmente en 2024 por astrónomos franceses con el Telescopio Canadá-Francia-Hawái en Mauna Kea.

En esa oportunidad, se estimó que la masa de este exoplaneta era 5,26 veces la de la Tierra; no obstante, en el nuevo estudio dirigido por Robertson se pudo conocer que su masa es 2,3 veces la terrestre. Esto le da esa característica de supertierra rocosa, que sería mucho más similar a nuestro planeta de lo que se creía.

Con los nuevos análisis, además, se corrigió su período orbital, que no es de 25 días, sino de 21. Su zona habitable, la región donde las temperaturas permitirían agua líquida en superficie, quedaría entonces mucho más cerca que en nuestro sistema.

«Esta supertierra recibe aproximadamente el 90 % de la radiación de su estrella anfitriona, igual que la Tierra recibe del Sol, así que se encuentra justo en el punto ideal», detalló Robertson.

Ese dato y su masa de 2,3 veces la terrestre sitúan a este objeto justo en el punto óptimo de las supertierras. Pero eso no significa de inmediato que GJ 3378b sea habitable; puesto que cualquier agua líquida expuesta al vacío del espacio se sublimaría y, para que un planeta tenga ese recurso en su superficie, necesita una atmósfera; de momento, no hay forma de saber si este exoplaneta tiene una.

Militante de la RAF condenada en Alemania

Daniela Klette
Daniela Klette

Incluso este juicio aquí no se celebra contra mí, sino que se trata una vez más del juicio de la RAF, que ha sido historia durante 27 años; se trata de ajustar cuentas con esta historia de resistencia de la oposición fundamental. Pero también se trata de la disuasión dirigida al futuro. Cualquier pensamiento de resistencia fundamental que quiera superar este sistema capitalista de dominio debe ser sofocado con la amenaza de la destrucción de la vida a través de años de encarcelamiento. Enfatizar la absoluta necesidad con la que debemos ser perseguidos sólo puede explicarse de todos modos por este contexto más amplio

Esta cita fue parte de la declaración de Daniela Klette, de 67 años, militante de la Fracción del Ejército Rojo (RAF, por sus siglas en alemán), en el juicio celebrado en el Tribunal Regional Superior de Celle (Baja Sajonia), donde finalmente fue condenada a 13 años de prisión.

Klette pasó 30 años en la clandestinidad, hasta que fue detenida el 26 de febrero de 2024, y pertenecía a la RAF, una organización guerrillera de ideología marxista fundada a principios de los 70 por Ulrike Meinhof, Gudrun Ensslin, Andreas Baader y Horst Mahler. La organización centró sus fuerzas en la lucha antiimperialista y anticapitalista, con objetivos norteamericanos y de la oligarquía alemana. A pesar de que la RAF se disolvió oficialmente en 1988 mediante un comunicado donde declaraban que “La guerrilla urbana en la forma de la RAF es ahora historia”, un grupo de la tercera generación continuó la lucha armada. Daniela Klette pertenece a esa última generación y al grupo que mantuvo esa forma de lucha.

Klette, que burló a las autoridades alemanas durante décadas, había sido listada como una de las últimas fugitivas más buscadas del grupo. Su captura sólo fue posible por una campaña televisiva donde la policía recibió más 250 pistas que llevaron finalmente a su detención en Berlín.

En el juicio se imputó a la guerrillera la participación en una docena de asaltos a furgones blindados, en relación con varios hechos ocurridos en los 90 y vinculados a su militancia en la RAF, mientras que ella ignoró las acusaciones y denunció el carácter político del juicio afirmando que “Cualquier pensamiento de resistencia fundamental que quiera superar este sistema capitalista de dominio debe ser sofocado con la amenaza de la destrucción de la vida a través de años de encarcelamiento”. A su vez señaló que su proceso judicial “tiene una marcada motivación política encaminada a imponer la sumisión institucional y a deslegitimar históricamente la resistencia de la izquierda radical alemana».

Campaña de solidaridad por la libertad de Daniela Klette

«Hito fundamental»: Mensaje de Zajárova tras la liberación de ciudad clave en el Donbass

Ministerio de Defensa de Rusia

La portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, felicitó la liberación de la ciudad de Konstantínovka, en la República Popular de Donetsk, por las Fuerzas Armadas de Rusia.

 

«¡Konstantínovka, cuya fortificación era el as en la manga del régimen de Kiev, ha sido liberada!», escribió este viernes en Telegram.

Además, la diplomática comentó el engaño del líder del régimen de Kiev, Vladímir Zelenski, sobre supuestos éxitos ucranianos en el campo de batalla.

«Con qué frenesí les repetía Zelenski a los prooccidentales mentiras sobre supuestos ‘éxitos en el campo de batalla’, para seguir arañando dinero y mantenerse a flote. Pero Putin dijo: ‘Trabajen, hermanos’, y los hermanos no le fallaron», señaló.

Konstantínovka constituía un pilar fundamental del sistema de fortificaciones de las fuerzas del régimen de Kiev en el frente oriental. Analistas consideran la liberación de esta urbe como el derrumbe del frente oriental ucraniano, ya que constituye una brecha del denominado ‘Cinturón de Fortaleza’: una barrera fortificada ucraniana que el régimen de Kiev había construido durante más de una década y que incluye también a las estratégicas urbes de Druzhkovka, Kramatorsk y Slaviansk.

«Un hito fundamental para seguir avanzando. ¡Solo hacia adelante y con Dios!», agregó Zajárova.

Avances rusos

«Se ha establecido el control ruso sobre la ciudad de Konstantínovka», anunció este viernes el presidente ruso, Vladímir Putin.

El mandatario ruso también destacó la liberación completa de la República Popular de Lugansk y el avance significativo de las tropas rusas en la República Popular de Donetsk. Asimismo, se dio a conocer la creación planificada de una zona de seguridad en las provincias de Járkov, Sumy y Dnepropetrovsk.

  • Las fuerzas rusas lograron tomar el control de Konstantínovka tras meses de intensos combates en un terreno con elevaciones que facilitaban la observación y el uso de drones. Además, la densidad urbana y la presencia de población civil en la ciudad hacían que las tropas rusas actuaran con cautela.
  • Por su parte, los militares ucranianos se mezclaban con los residentes y se vestían de civiles tratando de escapar. Esto se debía a que el mando ucraniano no daba órdenes de retirada a pesar del evidente avance de las tropas rusas, lo que obligaba a sus soldados a permanecer en sus posiciones hasta el final, sin recibir comida ni agua.

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