La humillación a los activistas de la flotilla expone ante el mundo la naturaleza criminal de un régimen que vive de la impunidad y el terror.
Por: André Abeledo Fernández
El ministro de Seguridad Nacional de Israel, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, personifica de forma nítida la inhumanidad del proyecto sionista. Sus escándalos no son hechos aislados, sino la expresión cruda de un supremacismo que desprecia la vida. Quien hoy ocupa un alto cargo institucional no ha dudado en amparar agresiones declarando que escupir a los cristianos «no es un acto criminal», normalizando el odio bajo la excusa de ser una supuesta «antigua costumbre judía».
El mismo personaje que prometió restablecer el orden en Israel está incendiando la región. Su comportamiento violento preocupa incluso a sectores de la propia cúpula de un Estado sionista y genocida, encabezado por un criminal de la talla de Benjamín Netanyahu. Las promesas electorales de Ben Gvir se cimentaron abiertamente en el racismo, la xenofobia y la defensa irrestricta del apartheid: «Seguridad para los israelíes y represión para los palestinos». Su beligerancia es tal que un exjefe de la policía israelí lo describió como un «pirómano», mientras los actuales responsables de seguridad advierten que sus acciones son contraproducentes.
Los antecedentes de Ben Gvir explican su presente: inició su andadura política en un grupo de extrema derecha ilegalizado por terrorismo, y su radicalismo era tan extremo que el propio Ejército israelí rechazó su ingreso. Hoy habita en un asentamiento ilegal en territorio ocupado y exhibía con orgullo en su salón el retrato de Baruch Goldstein —el terrorista que masacró a 29 musulmanes en una mezquita de Hebrón— a quien define como un «héroe».
El secuestro de la Flotilla Global Sumud
El último episodio de esta barbarie se ha difundido a través de un video institucional. En las imágenes se observa a Ben Gvir, fuertemente escoltado, visitando a los 473 activistas de la Flotilla Global Sumud, secuestrados por la fuerza en aguas internacionales cuando intentaban romper el bloqueo para entregar ayuda humanitaria.
Mientras los cooperantes permanecían retenidos en el suelo, atados y sometidos por el ejército más inmoral de la tierra, el ministro los increpó apuntándoles con el dedo y tachándolos falsamente de «terroristas». Mintiendo de forma sistemática —como es norma en el relato oficial de Netanyahu y sus portavoces—, Ben Gvir escupió su desprecio: «Creo que deberían pasarse meses en una prisión israelí, para que se acostumbren al olor del módulo terrorista».
Un Estado cimentado en el odio
Esta retórica de odio se traduce directamente en leyes coloniales. Bajo este Gobierno, el Parlamento avanzó en una reforma que contempla la pena de muerte obligatoria por terrorismo; una legislación racista y asimétrica diseñada para castigar exclusivamente a la población palestina, mientras se garantiza la impunidad para los colonos extremistas.
Esta postura fascista abarca a todo el espectro político gobernante. Diputadas del partido Likud, como Talli Gotliv, han exteriorizado discursos de aniquilación total, exigiendo el uso de misiles nucleares Jericó sobre la población civil y proclamando en sus redes sociales: «¡Es hora de besar el fin del mundo! (…) No hay persona que no comprenda el deber de pisotear y eliminar Gaza».
Una obligación moral de la humanidad
El sionismo representa hoy la barbarie institucionalizada, actuando con el mismo sadismo destructivo que caracterizó a los peores regímenes fascistas del siglo pasado. El genocidio televisado en Palestina es el Holocausto de nuestro tiempo. Ante este escenario, la neutralidad es imposible y criminal: mirar para otro lado nos convierte en cómplices; justificarlo nos vuelve culpables.
Por ello, la humanidad tiene la obligación moral de levantarse junto al pueblo palestino, con la misma firmeza con la que el mundo debió unirse para defender al pueblo judío del horror nazi en Europa. Detener este horror no es una opción política; es un imperativo de supervivencia humana.
André Abeledo Fernández
























