El fortalecimiento de los partidos comunistas y la lucha por la unidad política del proletariado; Georgi Dimitrov, 1935

«¡Camaradas! En la lucha por establecer el frente único aumenta de un modo extraordinario el papel dirigente de los partidos comunistas. Sólo el partido comunista es en realidad el iniciador, el organizador, la fuerza motriz del frente único de la clase obrera.

Los partidos comunistas sólo pueden asegurar la movilización de las amplias masas trabajadoras para luchar unidas contra el fascismo y la ofensiva del capital, si fortalecen sus propias filas en todos los aspectos, si despliegan su iniciativa, si llevan a cabo una política marxista-leninista y una táctica justa y flexible, que tenga en cuenta la situación concreta y la distribución de las fuerzas de clase.

El fortalecimiento de los partidos comunistas

En el período entre el VIº congreso de la Komintern de 1928 y de este VIIº congreso presente de 1935, nuestros partidos de los países capitalistas han crecido sin duda alguna y se han templado considerablemente. Pero sería un error sumamente peligroso darse por satisfecho con esto. Cuanto más se extienda el frente único de la clase obrera, más tareas nuevas y complicadas se nos plantearán, más tendremos que trabajar por el fortalecimiento político y orgánico de nuestros partidos. El frente único del proletariado hace brotar un ejército de obreros, que sólo puede cumplir su misión, si tiene a su cabeza un guía que le señale sus objetivos y sus caminos. Sólo un fuerte partido revolucionario puede ser este guía.

Cuando nosotros, los comunistas, hacemos todos los esfuerzos por establecer el frente único, no lo hacemos desde el punto de vista mezquino de reclutamiento de nuevos afiliados para los partidos comunistas. Pero precisamente porque queremos fortalecer seriamente el frente único, debemos fortalecer también en todos los aspectos los partidos comunistas y aumentar sus efectivos. El fortalecimiento de los partidos comunistas no representa un interés cerrado del partido, sino un interés de toda la clase obrera.

La unidad, la cohesión revolucionaria y la presteza combativa de los partidos comunistas son el más precioso capital, que no nos pertenece solamente a nosotros, sino a toda la clase obrera. Hemos asociado y seguiremos asociando la disposiciones para lanzarnos a la lucha contra el fascismo a los partidos y organizaciones socialdemócratas, sin que eso suponga evitar la lucha irreconciliable contra el socialdemocratismo como ideología y como práctica de la conciliación con la burguesía, y también, por consiguiente, sin levantar el veto contra toda penetración de esta ideología en nuestras propias filas.

En la realización decidida y audaz de la política del frente único, encontramos en nuestras propias filas obstáculos, que tenemos que vencer, cueste lo que cueste, en el menor espacio posible de tiempo.

Después del VIº Congreso de la Komintern de 1928 se llevó a cabo, en todos los partidos comunistas de los países capitalistas, una lucha victoriosa contra la tendencia a la adaptación oportunista a las condiciones de la estabilización capitalista y contra el contagio con las ilusiones reformistas y legalistas. Nuestros partidos limpiaron sus filas de toda clase de oportunistas de derecha y con ello afianzaron su unidad bolchevique y su capacidad combativa. Con menos éxito se libró y, a veces, no se libró de ningún modo la lucha contra el sectarismo. El sectarismo no se manifestaba ya en formas primitivas y descaradas, como en los primeros años de existencia de la Komintern, sino que, disfrazándose con el reconocimiento formal de las tesis bolcheviques, frenaba el despliegue de la política bolchevique de masas. En nuestros tiempos, ya no es con frecuencia una «enfermedad infantil», como lo calificó Lenin, sino un vicio muy arraigado, y sin curarnos de él, no podremos resolver el problema de crear un frente único proletario y llevar a las masas de las posiciones reformistas hacia la revolución.

En la situación actual, el sectarismo, ese sectarismo engreído, como lo calificamos en nuestro proyecto de resolución, entorpece ante todo nuestra lucha por la realización del frente único; ese sectarismo, satisfecho de su estrechez doctrinaria y de su alejamiento de la vida real de las masas; satisfecho de sus métodos simplistas, para resolver los problemas más complicados del movimiento obrero sobre la base de esquemas cortados por un patrón; ese sectarismo, que pretende saberlo todo y no cree necesario aprender de las masas, de las enseñanzas del movimiento obrero; en una palabra, el sectarismo, para el cual todo es una pequeñez; ese sectarismo engreído no quiere, ni puede comprender que situar a la clase obrera bajo la dirección del partido comunista no se consigue espontáneamente.

El papel dirigente del partido comunista en las luchas de la clase obrera hay que conquistarlo. Para esto, no hace falta declamar acerca del papel dirigente de los comunistas, sino que hay que merecer, ganar, conquistar la confianza de las masas obreras con una labor cotidiana de masas y una política justa. Esto sólo se logrará si nosotros, los comunistas, en nuestra labor política tenemos seriamente en cuenta el verdadero nivel de conciencia de clase de las masas, su grado de revolucionarización, si apreciamos seriamente la situación concreta, no a través de nuestros de deseos, sino a través de la realidad. Tenemos que facilitar a las extensas masas, pacientemente, paso a paso, el tránsito a las posiciones del comunismo. No debemos olvidar jamás las palabras de Lenin, quien nos advirtió con toda energía que:

«Se trata precisamente de no creer que lo que ha caducado para nosotros haya caducado para la clase, para la masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

¿Acaso ahora, camaradas, hay todavía en nuestras filas pocos doctrinarios que en la política del frente único sólo perciben, siempre y en todas partes, los peligros? Para esos camaradas, todo el frente único constituye un peligro rotundo. Pero esta «firmeza de principios» sectaria no es otra cosa que el desamparo político ante las dificultades de la dirección inmediata de la lucha de masas.

El sectarismo se manifiesta especialmente en la apreciación exagerada de la revolucionización de las masas, en la apreciación exagerada del ritmo, con que se apartan de las posiciones del reformismo, en el intento de saltar las etapas difíciles y los problemas complicados del movimiento. Los métodos de dirección de las masas se sustituían frecuentemente en la práctica por los métodos de dirección de un grupo cerrado de partido. A consecuencia de esto no se apreciaba debidamente la fuerza de los lazos tradicionales entre las masas y sus organizaciones y direcciones y, cuando las masas no rompían estos lazos de golpe y porrazo, se adoptaba frente a ellas una actitud tan brusca, como frente a sus dirigentes reaccionarios. La táctica y las consignas se convertían en un «patrón», válido para todos los países, y no se tenían en cuenta las particularidades de la situación concreta en cada país dado. Se pasaba por alto la necesidad de desplegar, en el seno de las propias masas, una lucha tenaz para ganar su confianza, se descuidaba la lucha por las reivindicaciones parciales de los obreros y la labor dentro de los sindicatos reformistas y de las organizaciones fascistas de masas. La política del frente único se suplantaba frecuentemente por meros llamamientos y por la propaganda abstracta.

Las actitudes sectarias entorpecían en no menor grado la selección acertada de los hombres, la educación y formación de cuadros relacionados con las masas, que gocen de la confianza de éstas, de cuadros con consecuencia revolucionaria y probados en las luchas de clases, que sepan asociar a la experiencia práctica del trabajo de masas la firmeza de principios del bolchevique.

De este modo, el sectarismo retrasó considerablemente el crecimiento de los partidos comunistas, dificultó la aplicación de una auténtica política de masas, entorpeció la explotación de las dificultades del enemigo de clase que debía fortificar las posiciones del movimiento revolucionario, impidió la conquista de las extensas masas proletarias para los partidos comunistas.

Luchando del modo más resuelto por extirpar y superar los últimos resabios del sectarismo engreído, tenemos que fortalecer por todos los medios nuestra atención vigilante y nuestra lucha contra el oportunismo de derecha y contra todas sus manifestaciones concretas, teniendo en cuenta que el peligro de este oportunismo crecerá, a medida que se vaya desplegando un amplio frente único. Ya existen tendencias a rebajar el papel del partido comunista en las filas del frente único y a reconciliarse con la ideología socialdemócrata. No se debe perder de vista que la táctica del frente único es un método para persuadir palpablemente a los obreros socialdemócratas de la justeza de la política comunista y de la falsedad de la política reformista, y no una reconciliación con la ideología y la práctica socialdemócratas. La lucha eficaz por establecer el frente único exige de nosotros ineludiblemente una lucha constante, dentro de nuestras propias filas, contra la tendencia a rebajar el papel del partido, contra las ilusiones legalistas, contra la orientación hacia la espontaneidad y el automatismo, tanto en lo que respecta a la liquidación del fascismo como en lo que se refiere a la consecución del frente único, no hay que dejar duda y cortar las más mínimas vacilaciones, llegado el momento de la actuación decisiva. Nos enseña el camarada Stalin que:

«Es necesario que el partido sepa conjugar en su labor la máxima fidelidad a los principios –¡no confundir eso con el sectarismo!– con la máxima ligazón y el máximo contacto con las masas –¡no confundir eso con el seguidismo!–, sin lo cual al partido le será imposible, no sólo instruir a las masas, sino también aprender de ellas, no sólo guiar a las masas y elevarlas hasta el nivel del partido, sino también prestar oído a la voz de las masas y adivinar sus necesidades apremiantes». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre las perspectivas del Partido Comunista de Alemania y sobre su bolchevización, 3 de febrero de 1925)

La unidad política de la clase obrera

¡Camaradas! El desarrollo del frente único de lucha conjunta de los obreros comunistas y socialdemócratas contra el fascismo y la ofensiva del capital plantea también el problema de la unidad política, del partido político único de masas de la clase obrera. Los obreros socialdemócratas se van convenciendo cada vez más, por experiencia, de que la lucha contra el enemigo de clase exige una dirección política única, pues la dualidad de dirección dificulta el seguir desarrollando y fortaleciendo la lucha en común de la clase obrera.

Los intereses de la lucha de clase del proletariado y el éxito de la revolución proletaria imponen la necesidad de que exista en cada país un partido único del proletariado. El conseguirlo no es naturalmente tan fácil y sencillo. Exige una labor y una lucha tenaces y será necesariamente un proceso más o menos largo. Los partidos comunistas, apoyándose en la creciente gravitación de los obreros hacia la unificación de los partidos socialdemócratas, de algunas de sus organizaciones con los partidos comunistas, deben tomar en sus manos con seguridad y firmeza la iniciativa de esta unificación. La causa de la unificación de las fuerzas de la clase obrera en un partido proletario revolucionario único, en estos momentos, en que el movimiento obrero internacional entra en el período de liquidar la escisión, es nuestra causa, es la causa de la Komintern.

Pero, si para establecer el frente único de los partidos comunista y partidos socialdemócratas basta con llegar a un acuerdo sobre la lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital y contra la guerra, la creación de la unidad política sólo es posible sobre la base de una serie de condiciones concretas que tienen un carácter de principio.

Esta unificación sólo será posible:

Primero, a condición de independizarse completamente de la burguesía y romper completamente el bloque de la socialdemocracia con la burguesía;

Segundo, a condición de que se realice previamente la unidad de acción;

Tercero, a condición de que se reconozca la necesidad del derrocamiento revolucionario de la dominación de la burguesía y de la instauración de la dictadura del proletariado en forma de soviets;

Cuarto, a condición de que se renuncie a apoyar a la propia burguesía en una guerra imperialista;

Quinto, a condición de que se erija el partido sobre la base del centralismo democrático, que asegura la unidad de voluntad y de acción y que ha sido constatado ya por la experiencia de los bolcheviques rusos.

Tenemos que aclarar a los obreros socialdemócratas, con paciencia y camaradería, por qué la unidad política de la clase obrera es irrealizable sin estas condiciones. Con ellos debemos enjuiciar el sentido y la importancia de estas condiciones.

¿Por qué, para la realización de la unidad política del proletariado, es necesario independizarse de la burguesía y romper el bloque de la socialdemocracia con la burguesía?

Porque toda la experiencia del movimiento obrero y, en particular, la experiencia de los quince años de política de coalición en Alemania han puesto de relieve que la política de la colaboración de clases, la política de dependencia de la burguesía lleva a la derrota de la clase obrera y a la victoria del fascismo. Y la senda de la lucha irreconciliable de clases contra la burguesía, la senda de los bolcheviques es la única senda segura hacia el triunfo.

¿Por qué el establecer previamente la unidad de acción ha de ser premisa de la unidad política?

Porque como es lógico, la unidad de acción para rechazar la ofensiva del capital y del fascismo puede y debe lograrse aún antes de que la mayoría de los obreros se unifiquen sobre la plataforma política común del derrocamiento del capitalismo; para llegar a la unidad de ideas acerca de los caminos y los objetivos fundamentales de la lucha del proletariado, sin la cual no se podría unificar a los partidos, hace falta, en cambio, un plazo de tiempo más o menos largo. Y lo mejor para llegar a la unidad de ideas, es crearla ya, hoy mismo, en la lucha conjunta contra el enemigo común. Proponer, en vez del frente único, la inmediata unificación, equivale a colocar el carro delante de los bueyes y a creer que de este modo el carro andará (Risas). Precisamente porque el problema de la unidad política no es para nosotros una maniobra, como lo es para muchos jefes socialdemócratas, insistimos en que se realice la unidad de acción, como una de las etapas más importantes en la lucha por la unidad política bajo las condiciones comentadas anteriormente.

¿Por qué es necesario reconocer el derrocamiento revolucionario de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado bajo la forma del poder soviético?

Porque la experiencia del triunfo de la gran revolución socialista de octubre de 1917, de una parte, y de otra, las amargas enseñanzas de Alemania, Austria y España, durante todo el período de posguerra, han corroborado una vez más que el triunfo del proletariado sólo es posible mediante el derrocamiento revolucionario de la burguesía, y que la burguesía, antes de permitir que el proletariado instaure el socialismo por la vía pacífica, ahogará el movimiento obrero en un mar de sangre. La experiencia de la revolución de octubre de 1917 ha demostrado, con toda evidencia, que el contenido básico de la revolución proletaria es el problema de la dictadura del proletariado, cuya misión es aplastar la resistencia de los explotadores derribados, armar a la revolución para la lucha contra el imperialismo y llevar a la revolución hasta el triunfo completo del socialismo. Para llevar a cabo la dictadura del proletariado, como dictadura de la aplastante mayoría sobre una minoría insignificante, sobre los explotadores –y únicamente así puede ser llevada a cabo– son necesarios los soviets que abarquen a todas las capas de la clase obrera, a las masas principales del campesinado y demás trabajadores, ya que sin despertarlos e incorporarlos a estos al frente de la lucha revolucionaria, será imposible afianzar el triunfo del proletariado.

¿Por qué el negarse a apoyar a la burguesía en una guerra imperialista es condición para establecer la unidad política?

Porque la burguesía hace la guerra imperialista para alcanzar sus objetivos rapaces en contra de los intereses de la mayoría aplastante de los pueblos, cualquiera que sea el disfraz, bajo el cual se haga la guerra. Porque todos los imperialistas, al mismo tiempo que se arman febrilmente para la guerra, refuerzan hasta el último límite la explotación y la opresión de los trabajadores dentro del propio país. Apoyar a la burguesía en semejante guerra, significaría traicionar los intereses del país y de la clase obrera internacional.

Finalmente, ¿por qué el erigir el partido sobre la base del centralismo democrático es condición para la unidad?

Porque solamente un partido erigido sobre la base del centralismo democrático puede asegurar la unidad de voluntad y de acción, puede llevar al proletariado al triunfo sobre la burguesía, que dispone de un arma tan potente como el aparato centralizado del Estado. La aplicación del principio del centralismo democrático ha pasado una brillante prueba histórica con la experiencia del partido bolchevique ruso, el partido de Lenin y Stalin.

Sí, nosotros, camaradas, somos partidarios de un único partido político de masas de la clase obrera. Pero de aquí se desprende como dice Stalin, la necesidad de:

«Un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la lucha por el poder, lo bastante experto para orientarse en las condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para sortear todos y cada uno de los escollos, que se interponen en el camino hacia sus fines». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Fundamentos del leninismo, 1924)

He aquí por qué es necesario esforzarse para conseguir la unidad política sobre la base de las condiciones apuntadas.

¡Somos partidarios de la unidad política de la clase obrera! Por eso, estamos dispuestos a colaborar del modo más estrecho con todos los socialdemócratas que sean partidarios del frente único y que apoyan sinceramente la unificación de acuerdo con los principios mencionados. Pero precisamente por eso, porque somos partidarios de la unificación, lucharemos decididamente contra todos los demagogos de «izquierda», que intenten explotar el desengaño de los obreros socialdemócratas, para crear nuevos partidos o internacionales socialistas, dirigidos contra el movimiento comunista y que ahondan por tanto la escisión de la clase obrera.

Saludamos la tendencia creciente de los obreros socialdemócratas hacia el frente único con los comunistas. Vemos en este hecho el incremento de su conciencia revolucionaria y un signo de que se comienza a superar la escisión de la clase obrera. Considerando que la unidad de acción es una necesidad urgente y también el camino más seguro hacia la creación de la unidad política del proletariado, declaramos que la Komintern y sus secciones están dispuestas a entrar en negociaciones con la II Internacional y sus secciones respectivas para la creación de la unidad de la clase obrera en la lucha contra la ofensiva del capital, contra el fascismo y contra la amenaza de una guerra imperialista (Aplausos)». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Los fundamentos del leninismo; Stalin, 1924

«El partido no es sólo el destacamento de vanguardia de la clase obrera. Si quiere dirigir realmente la lucha de su clase, tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento organizado de la misma. Las tareas del partido en el capitalismo son extraordinariamente grandes y diversas. El partido debe dirigir la lucha del proletariado en condiciones extraordinariamente difíciles de desarrollo interior y exterior; debe llevar al proletariado a la ofensiva cuando la situación exija la ofensiva; debe sustraer al proletariado de los golpes de un enemigo fuerte cuando la situación exija la retirada; debe inculcar en las masas de millones y millones de obreros sin-partido e inorganizados el espíritu de disciplina y el método en la lucha, el espíritu de organización y la firmeza. Pero el partido no puede cumplir estas tareas si el mismo no es la personificación de la disciplina y de la organización, si el mismo no es un destacamento organizado del proletariado. Sin estas condiciones, ni hablar se puede de que el partido dirija verdaderamente a masas de millones y millones de proletarios». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)

Introducción de «Bitácora (M-L)»

Se trata de un documento en el que se hace una radiografía del marxismo-leninismo desde sus fundamentos, su teoría y praxis, su estrategia y táctica.

En él se podrá apreciar una síntesis del leninismo, una descripción en líneas generales de lo que se ha de considerar la teoría más avanzada de emancipación proletaria, se recogen los fundamentos básicos del leninismo, que es el marxismo en la época imperialista del capitalismo, por tanto se tiene aquí los fundamentos básicos de la doctrina más avanzada, de la única doctrina que puede dar lugar a la emancipación social del proletariado, la clase social más avanzada de nuestra época.

En esta obra se hace especial énfasis en búsqueda de las raíces históricas del leninismo, en plasmarlas para darle al lector una explicación sencilla de temas tan precisos como: el concepto de partido marxista-leninista; que es el partido del proletariado; qué trabajo se debe desarrollar en el; las alianzas con los diferentes extractos del campesinado en las diferentes etapas; la estrategia y táctica para llegar al poder; la necesidad de la dominación teórica de la doctrina marxista-leninista; el estilo de trabajo de un comunista; el internacionalismo proletario; la cuestión nacional. Igualmente se explica que el leninismo no es un producto del marxismo en Rusia, sino que es la evolución del marxismo, su adaptación a los nuevos tiempos, un fenómeno no meramente nacional, sino que sus axiomas descubiertos son de carácter internacional, su teoría como dice Stalin, es la experiencia victoriosa del movimiento obrero condensada en su aspecto general.

Todo esto constituye la columna vertebral de la doctrina marxista-leninista, verdades científicas y por tanto axiomas que siguen teniendo validez en nuestra época, por lo que destapa lo vacuo de la intención de aquellas llamadas «vías específicas», pretendidos procesos al socialismo que exageran o simplemente solo enfocan las particularidades nacionales, la especificidad, pero que olvidan u ocultan adrede los aspectos generales del capitalismo y los axiomas descubiertos por la doctrina marxista-leninista para superarlo, cayendo en desviaciones, en una revisión del marxismo-leninismo que tira al traste el «proceso al socialismo» incluso antes de empezar dicho «proceso». Este mal tan en boga desde la incursión del revisionismo moderno en los partidos tanto de los países imperialistas desarrollados como en los países dependientes debe de ser exterminado. Esta obra es por tanto una de las mejores armas contra los distorsionadores del marxismo-leninismo, frente a los que «juran fidelidad» a la obra de Lenin para luego pisotearla, la mejor herramienta para identificar ideológicamente quién es revolucionario y quién lo es sólo de «pose».

Hay que recordar que multitud de años, esta obra de Stalin estuvo considerada como un libro de obligatoria lectura para la formación de los cuadros, para llegar a la comprensión y asimilación del marxismo-leninismo. Era una obra que no faltaba en una biblioteca revolucionaria. Tras el ascenso al poder de la camarilla revisionista de Jruschov en 1953, esta obra, como todas las de Stalin, fue condenadas al ostracismo, y paulatinamente quedó en el olvido, fuera de la Unión Soviética, solo los partidos marxista-leninistas siguieron manteniendo la difusión de esta obra, mientras que los viejos partidos comunistas corrompidos por el revisionismo, decidieron sustituir este tipo de obras de Stalin por las nuevas obras de moda de sus jefes revisionistas de partido –véase el caso de Carrillo en España, Togliatti en Italia, Thorez en Francia, y así un largo etc.–.

Dados los hechos, se entiende obligatorio recuperar para los marxista-leninistas de nuestro tiempo una de las obras cumbre de Stalin.

Notas

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El plan estadounidense para la subyugación de Europa; Andréi Zhdánov, 1947

«El curso agresivo y abiertamente expansionista en el que se ha comprometido el imperialismo estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se manifiesta en la política exterior y la política interna de los Estados Unidos. El apoyo activo a las fuerzas reaccionarias y antidemocráticas de todo el mundo, el sabotaje a los acuerdos de Potsdam que llaman a la reconstrucción democrática de Alemania, la protección que se brinda a los reaccionarios japoneses, los amplios preparativos de guerra y la acumulación de bombas atómicas: todo esto va de la mano de la ofensiva contra los derechos democráticos elementales de los trabajadores en el propio Estados Unidos.

Aunque los Estados Unidos sufrió relativamente poco en la guerra, la gran mayoría de los estadounidenses no quiere otra guerra, con los sacrificios y limitaciones que la acompañan. Esto ha conducido a que el capital monopolista y sus servidores en los círculos gobernantes de los Estados Unidos recurran a medios extraordinarios con el fin de aplastar la oposición interna a la orientación expansionista agresiva y así tener las manos libres para la aplicación de esa peligrosa política.

Pero la cruzada contra el comunismo, proclamada por los círculos gobernantes de Estados Unidos con el respaldo de los monopolios capitalistas, conduce como consecuencia lógica a ataques contra los derechos e intereses fundamentales de los trabajadores estadounidenses, a la fascistización de la vida política de Estados Unidos y a la difusión de las «teorías» y puntos de vista más salvajes y misántropos. Soñando con la preparación de una nueva guerra, una tercera guerra mundial, los círculos expansionistas estadounidenses tienen un interés vital en sofocar toda resistencia interna posible a sus aventuras en el extranjero, en envenenar las mentes de las masas estadounidenses políticamente atrasadas con el virus del chauvinismo y el militarismo, y en embrutecer al estadounidense promedio con la ayuda de los diversos medios de propaganda antisoviética y anticomunista –en el cine, la radio, la iglesia y la prensa–. La política exterior expansionista, inspirada y dirigida por los reaccionarios estadounidenses, prevé una acción simultánea en todas las líneas:

1) medidas estratégicas militares,

2) expansión económica, y

3) lucha ideológica.

La elaboración de planes estratégicos para una futura agresión está relacionada con el deseo de utilizar al máximo las instalaciones de producción bélica de los Estados Unidos, que crecieron en proporciones enormes hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. El imperialismo estadounidense se empeña en seguir una política de militarización del país. El gasto en el ejército y la marina supera los 11,000 millones de dólares al año. En 1947-48, el 35 por ciento del presupuesto de Estados Unidos fue apropiado por las fuerzas armadas, esto es, once veces más que en 1937-1938.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense era el décimo séptimo más grande del mundo capitalista. Hoy en día, es el más grande. Los Estados Unidos no sólo están acumulando bombas atómicas, se están preparando para las armas bacteriológicas, según lo proclaman abiertamente sus estrategas. Los planes estratégicos de los Estados Unidos incluyen la creación de numerosas bases y puestos de avanzada situados a gran distancia del continente americano, diseñados para ser utilizados con fines agresivos contra la Unión Soviética y los países de nueva democracia. Estados Unidos ha construido o está construyendo bases aéreas y navales en Alaska, Japón, Italia, Corea del Sur, China, Egipto, Irán, Turquía, Grecia, Austria y Alemania Occidental. Hay misiones militares estadounidenses en Afganistán e incluso en Nepal. Y se están haciendo febriles preparativos para utilizar el Ártico con fines de agresión militar.

Aunque la guerra terminó hace mucho tiempo, sigue existiendo la alianza militar entre Gran Bretaña y Estados Unidos, e incluso tienen un staff militar mixto, anglo-estadounidense. Bajo la apariencia de un acuerdo para la normalización de las armas, Estados Unidos ha establecido su control sobre las fuerzas armadas y los planes militares de otros países, especialmente de Gran Bretaña y Canadá. Los países de América Latina están siendo incorporados a la órbita de los planes de expansión militar de Estados Unidos, con el pretexto de la defensa conjunta del Hemisferio Occidental. El gobierno estadounidense ha declarado oficialmente que está comprometido en ayudar a la modernización del ejército turco. El ejército del Kuomintang reaccionario está siendo entrenado por instructores estadounidenses y está siendo armado con material estadounidense. Los círculos militares se están convirtiendo en una fuerza política activa en Estados Unidos, aportando un gran número de funcionarios gubernamentales y diplomáticos que están dirigiendo toda la política del país hacia un curso militar agresivo.

La expansión económica es un complemento importante para la realización del plan estratégico de Estados Unidos. El imperialismo estadounidense está intentando, como buen usurero, tomar ventaja de las dificultades de posguerra de los países europeos –en particular de la escasez de materias primas, combustibles y alimentos en los países aliados que sufrieron la mayor parte de la guerra–, para imponerles condiciones abusivas en la ayuda que les da. Ante la inminente crisis económica, Estados Unidos tiene prisa por encontrar nuevos ámbitos monopólicos para las inversiones de capital y nuevos mercados para sus productos. La «asistencia» económica estadounidense persigue el objetivo general de incorporar a Europa al dominio del capital estadounidense. Mientras más difícil es la situación económica de un país, más duras son las condiciones que los monopolios estadounidenses tratan de imponerle. Pero el control económico conduce lógicamente a la subyugación política al imperialismo estadounidense.

De acuerdo con eso, Estados Unidos combina la ampliación de los mercados monopólicos para sus productos con la adquisición de nuevas cabezas de puente para su lucha contra las nuevas fuerzas democráticas de Europa. Al «salvar» a un país de la hambruna y el colapso, los monopolios estadounidenses tratan de robarle, al mismo tiempo, todo vestigio de independencia. La «asistencia» estadounidense involucra automáticamente el cambio en la política del país al que se otorga: los partidos y las personas llegan al poder –que está dispuesto según las directivas de Washington–, para llevar a cabo un programa de política interna y exterior adecuada a los Estados Unidos –los casos de Francia, Italia, etc.–.

Por último, la aspiración a la supremacía mundial y la política antidemocrática de los Estados Unidos incluyen la lucha ideológica. El objetivo principal de la parte ideológica del plan estratégico estadounidense es engañar a la opinión pública mediante la acusación calumniosa a la Unión Soviética y las nuevas democracias de intenciones agresivas, para presentar al bloque anglo-sajón en un papel defensivo que lo exima de cualquier responsabilidad por preparar una nueva guerra. Durante la Segunda Guerra Mundial, la popularidad de la Unión Soviética en el extranjero creció enormemente. Su dedicada y heroica lucha contra el imperialismo le ganó el cariño y respeto de los trabajadores de todos los países. El mundo pudo apreciar la demostración del poderío militar y económico del Estado socialista y la fuerza invencible de la unidad moral y política de la sociedad soviética. Por esa razón, los círculos reaccionarios de Estados Unidos y Gran Bretaña están ansiosos por borrar la impresión causada por el sistema socialista en los trabajadores del mundo. Los belicistas comprenden perfectamente que es necesaria una larga preparación ideológica antes de lograr que sus soldados combatan contra la Unión Soviética.

En su lucha ideológica contra la Unión Soviética, los imperialistas estadounidenses, que no tienen una gran comprensión de las cuestiones políticas, demuestran su ignorancia al poner énfasis principal en la alegación de que la Unión Soviética es antidemocrática y totalitaria, mientras que Estados Unidos, Gran Bretaña y todo el mundo capitalista son democráticos. En torno a esta plataforma de lucha ideológica –en esta defensa de la pseudodemocracia burguesa y la condena del comunismo como totalitario– se unen todos los enemigos de la clase obrera, sin excepción, desde los magnates del capital hasta los líderes socialistas de derecha, que se aferran con el mayor entusiasmo a cualquier imputación calumniosa contra la Unión Soviética, sugerida por sus amos imperialistas.

La médula y la sustancia de esta propaganda fraudulenta es la afirmación de que la característica de una verdadera democracia es la existencia de una pluralidad de partidos y una minoría opositora organizada. Por esta razón, los laboristas británicos, que no escatiman esfuerzos en su lucha contra el comunismo, quieren descubrir clases antagónicas y la correspondiente lucha de partidos en la Unión Soviética. Ignorantes políticos que son, no pueden entender que los capitalistas y los terratenientes, las clases antagónicas, y por lo tanto la pluralidad de partidos, dejaron de existir desde hace mucho tiempo en la Unión Soviética. A ellos les gustaría ver en la Unión Soviética a los partidos burgueses que son tan caros a sus corazones –incluyendo los partidos pseudosocialistas–, como agencias del imperialismo. Pero para su amargo pesar, estos partidos de la burguesía explotadora han sido condenados por la historia a desaparecer de la escena.

Los laboristas y otros defensores de la democracia burguesa llegan a todos los extremos para calumniar al régimen soviético, pero consideran perfectamente normal la sangrienta dictadura de la minoría fascista sobre los pueblos de Grecia y Turquía; cierran los ojos ante las clamorosas violaciones –incluso de la democracia formal– en los países burgueses; y no dicen nada acerca de la opresión nacional y racial, la corrupción y la abrogación brusca de los derechos democráticos en Estados Unidos de América.

Una de las líneas seguidas por la «campaña» ideológica, que va de la mano con los planes de avasallamiento de Europa, es el ataque contra el principio de la soberanía nacional, el ataque a todo lo que se opone a la idea de un «gobierno mundial», apelando a la renuncia a los derechos soberanos de las naciones. El propósito de esta campaña es ocultar la expansión desenfrenada del imperialismo estadounidense, que está violando despiadadamente los derechos soberanos de las naciones, y presentar a Estados Unidos como el campeón de las leyes internacionales, a la vez que se tilda de creyentes en un nacionalismo obsoleto y «egoísta», a todos los que se resisten a la penetración estadounidense.

La idea de un «gobierno mundial» fue promovida por maniáticos intelectuales y pacifistas burgueses. Y está siendo explotada no sólo como un medio de presión que busca desarmar ideológicamente a las naciones que defienden su independencia frente al avance del imperialismo estadounidense, sino también como una consigna dirigida especialmente contra la Unión Soviética, que defiende infatigable y permanentemente el principio de la verdadera igualdad y la protección de los derechos soberanos de todas las naciones, grandes y pequeñas. En las actuales condiciones, los países imperialistas como EEUU, Gran Bretaña y los países estrechamente relacionados con ellos, son enemigos peligrosos de la independencia nacional y la autodeterminación de las naciones, mientras que la Unión Soviética y las nuevas democracias son baluartes seguros contra las violaciones de la igualdad y la autodeterminación de las naciones.

Es un hecho notable que los agentes estadounidenses de la inteligencia político-militar del tipo Bullitt, los dirigentes sindicales amarillos de la clase de Green, los socialistas franceses encabezados por ese inveterado apologista del capitalismo, Blum, el socialdemócrata alemán Schumacher y los líderes laboristas del tipo Bevin, estén unidos en estrecha comunión en la ejecución del plan ideológico del imperialismo estadounidense.

En la actual coyuntura, las ambiciones expansionistas de los Estados Unidos tienen su expresión concreta en la «Doctrina Truman» y el «Plan Marshall». Aunque difieren en la forma de presentación, ambos son la expresión de una política única, son la materialización del plan estadounidense para avasallar Europa.

Las principales características de la «Doctrina Truman», tal como se aplica en Europa, son las siguientes:

1) Creación de bases estadounidenses en el Mediterráneo oriental, con el propósito de establecer la supremacía estadounidense en esa zona.

2) Apoyo demostrativo a los regímenes reaccionarios en Grecia y Turquía, bastiones del imperialismo estadounidense contra las nuevas democracias de los Balcanes –asistencia técnica y militar a Grecia y Turquía, concesión de préstamos–.

3) Presión permanente sobre los países de nueva democracia, expresada en las falsas acusaciones de totalitarismo y ambiciones expansionistas, en los ataques contra los cimientos del nuevo régimen democrático, en la interferencia permanente en sus asuntos internos, en el apoyo a los elementos antinacionales y antidemocráticos de estos países, y en la demostrativa ruptura de relaciones económicas con estos países con la idea de crearles dificultades económicas, retrasar su desarrollo económico, impedir su industrialización, etc.

La «Doctrina Truman», que incluye la prestación de la asistencia estadounidense a todos los regímenes reaccionarios que se oponen activamente a los pueblos democráticos, tiene un carácter francamente agresivo. Su anuncio causó cierta consternación, incluso entre los círculos capitalistas estadounidenses que están acostumbrados a todo. Los elementos progresistas de Estados Unidos y otros países protestaron enérgicamente contra el carácter provocador y abiertamente imperialista de la proclama de Truman.

La desfavorable recepción que tuvo la «Doctrina Truman», planteó la necesidad de la elaboración del «Plan Marshall», un intento mejor disimulado para llevar a cabo la misma política expansionista.

Las formulaciones vagas y deliberadamente veladas del «Plan Marshall» equivalen en esencia a un plan para crear un bloque de Estados vinculados por obligaciones a Estados Unidos, y conceder créditos estadounidenses a los países europeos como recompensa por su renuncia a la independencia económica y política. Más aún, la piedra angular del «Plan Marshall» es la restauración de las zonas industriales de Alemania Occidental bajo el control de los monopolios estadounidenses.

El «Plan Marshall», como se puede concluir de las conversaciones y las declaraciones de los líderes estadounidenses, está diseñado para prestar ayuda, en primer lugar, no a los empobrecidos países vencedores –aliados de Estados Unidos en la lucha contra Alemania– sino a los capitalistas alemanes, con la idea de poner bajo control estadounidense las principales fuentes de carbón y hierro que Europa y Alemania necesitan, y hacer que los países que tienen necesidad de carbón y hierro dependan del restablecido poderío económico de Alemania.

A pesar del hecho de que el «Plan Marshall» contempla la reducción definitiva de Gran Bretaña y Francia a la condición de potencias de segundo orden, el gobierno laborista de Attlee en Gran Bretaña y el gobierno socialista de Ramadier en Francia se aferraron el «Plan Marshall», como su tabla de salvación. Gran Bretaña, como se sabe, ya ha agotado prácticamente el préstamo estadounidense de 3.750.000.000 de dólares que se le otorgó en 1946. Como también se sabe, las condiciones de ese préstamo fueron tan onerosas que ataron de pies y manos a Gran Bretaña. Incluso ahora cuando ya está atrapada en el lazo de la dependencia financiera de los Estados Unidos, el gobierno laborista británico no puede concebir otra alternativa que no sea recibir nuevos préstamos. Por eso, elogia al «Plan Marshall» como una forma de salir del estancamiento económico, como una oportunidad de obtener nuevos créditos. Por otro lado, los políticos británicos esperan sacar provecho de la creación del bloque de países europeos occidentales deudores de Estados Unidos, desempeñando el papel de principal agente de Estados Unidos, con el fin de beneficiarse a expensas de los países más débiles. Con el uso del «Plan Marshall», con la prestación de servicios a los monopolios estadounidenses y su sometimiento al control de éstos, la burguesía británica espera recuperar sus posiciones perdidas en una serie de países, en particular en los países de la zona de los Balcanes-Danubio.

Con el fin de darle un brillo engañoso de «imparcialidad» a las propuestas estadounidenses, decidieron incorporar a Francia como uno de los patrocinadores de la ejecución del «Plan Marshall». Francia también ha sacrificado la mitad de su soberanía ante Estados Unidos, dado que el crédito que recibió de este país en mayo de 1947 fue concedido con la condición de que los comunistas fueran eliminados del Gobierno francés.

Siguiendo instrucciones de Washington, los gobiernos británico y francés invitaron a la Unión Soviética a participar en una discusión de las propuestas de Marshall. Esta medida se adoptó con el fin de ocultar la naturaleza hostil de esas propuestas con respecto a la Unión Soviética. Como sabían de antemano que la Unión Soviética se negaría a la ayuda estadounidense en los términos propuestos por Marshall, calculaban que era factible trasladarle la responsabilidad a la Unión Soviética por «negarse a colaborar con la restauración económica de Europa», y con ese pretexto incitar contra la Unión Soviética, a los países europeos que están en necesidad de ayuda real. Si, por el contrario, la Unión Soviética aceptaba participar en las conversaciones, sería más fácil atraer a los países del este y sudeste de Europa a la trampa de la «restauración económica de Europa con ayuda estadounidense».

Mientras que la Doctrina Truman fue diseñada para aterrorizar e intimidar a estos países, el «Plan Marshall» fue diseñado para poner a prueba su firmeza económica, para atraerlos a una trampa y encadenarlos con los dólares de «ayuda». En ese sentido, el «Plan Marshall» facilitaría uno de los objetivos más importantes del programa general estadounidense, esto es, restaurar el poder del imperialismo en los países de nueva democracia y obligarlos a renunciar a la estrecha cooperación económica y política con la Unión Soviética.

Los representantes de la Unión Soviética –después de haber aceptado discutir las propuestas de Marshall en París con los gobiernos de Gran Bretaña y Francia– expusieron en la Conferencia de París de 1946, la falta de solidez del intento de desarrollar un programa económico para toda Europa, y demostraron que la pretensión de crear una nueva organización europea bajo la égida de Francia y Gran Bretaña amenazaba con interferir en los asuntos internos de los países europeos y violar su soberanía. Los representantes de la Unión Soviética demostraron que el «Plan Marshall» estaba en contradicción con los principios normales de cooperación internacional; que albergaba el peligro de la división de Europa y la amenaza de someter a una serie de países europeos a los intereses capitalistas estadounidenses; que fue diseñado para dar prioridad a la asistencia a los intereses monopólicos de Alemania sobre los intereses de los aliados; y que la restauración de esos intereses alemanes fue incluido en el «Plan Marshall», obviamente, para desempeñar un papel especial en Europa.

Esta clara posición de la Unión Soviética desenmascaró el plan de los imperialistas estadounidenses y sus coadjutores británicos y franceses.

La Conferencia Europea fue un rotundo fracaso. Nueve países europeos se negaron a tomar parte en ella. Incluso los países que accedieron a participar en la discusión del «Plan Marshall» y en la elaboración de medidas concretas para su realización, no lo recibieron con especial entusiasmo, sobre todo, cuando quedó claro que la Unión Soviética estaba plenamente justificada en su suposición de que el plan estaba lejos de ser una ayuda real. Se supo que, en general, el gobierno de los Estados Unidos no tenía ninguna prisa para llevar a cabo las promesas de Marshall. Los líderes del Congreso estadounidense admitieron que el Congreso no examinaría la cuestión de la concesión de nuevos créditos a los países europeos antes de 1948.

Así, se hizo evidente que, al aceptar el esquema de París para la aplicación del «Plan Marshall», Gran Bretaña, Francia y otros países europeos fueron engañados por la argucia estadounidense.

Sin embargo, continuaron los esfuerzos para construir un bloque occidental bajo la égida de los Estados Unidos.

Cabe resaltar que la variante estadounidense del bloque occidental encontrará una seria resistencia, incluso entre los países que ya dependen de Estados Unidos, como Gran Bretaña y Francia. La perspectiva de la restauración del imperialismo alemán, como una fuerza efectiva capaz de oponerse a la democracia y el comunismo en Europa, no puede ser muy atractiva para Gran Bretaña o Francia. Aquí tenemos una de las grandes contradicciones dentro del bloque anglo-francés-estadounidense. Evidentemente, los monopolios estadounidenses y los reaccionarios internacionales en general, no consideran a Francia y los fascistas griegos baluartes confiables de Estados Unidos contra la Unión Soviética y las nuevas democracias de Europa. Por esa razón, ponen sus esperanzas principales en la restauración de la Alemania capitalista, que consideran será una mayor garantía de éxito en la lucha contra las fuerzas democráticas de Europa. No confían ni en los laboristas británicos ni en los socialistas franceses, a quienes –a pesar de su manifiesta complacencia– consideran «semicomunistas», no dignos de suficiente confianza.

Es por esta razón que la cuestión de Alemania y, en particular, de la cuenca del Ruhr como una potencial base industrial-bélica de un bloque hostil a la Unión Soviética, está jugando un papel tan importante en la política internacional y es una manzana de discordia entre los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

El apetito de los imperialistas estadounidenses provoca serias inquietudes en Gran Bretaña y Francia. Estados Unidos ha dado a entender inequívocamente que quiere tomar la cuenca del Ruhr de las manos de los británicos. Los imperialistas estadounidenses también están exigiendo que las tres zonas de ocupación se fusionen, y que se proceda abiertamente a la separación política de Alemania Occidental bajo control estadounidense. Estados Unidos insiste en que se debe incrementar el nivel de producción de acero en el Ruhr, con las empresas capitalistas bajo la égida estadounidense. La promesa de Marshall, de créditos para la recuperación europea, se interpreta en Washington como una promesa de asistencia prioritaria a los capitalistas alemanes.

Vemos, así, que Estados Unidos está tratando de construir un «bloque occidental», no según el plan de los «Estados Unidos de Europa» de Churchill –que fue concebido como un instrumento de la política británica–, sino como un protectorado estadounidense en el que a los Estados soberanos de Europa, sin excluir la propia Gran Bretaña, se le asigna un papel parecido a la de «Estado número 49 de Estados Unidos». El imperialismo estadounidense es cada vez más arrogante y sin ceremonias en su trato con Gran Bretaña y Francia. Las conversaciones bilaterales y trilaterales con respecto al nivel de la producción industrial de Alemania occidental –Gran Bretaña-Estados Unidos, Estados Unidos-Francia–, además de constituir una violación arbitraria de los acuerdos de Potsdam, son una demostración de la completa indiferencia de Estados Unidos ante los intereses vitales de sus socios en las negociaciones. Gran Bretaña y especialmente Francia se ven obligadas a escuchar los dictados de Estados Unidos y a obedecer sin chistar. El comportamiento de los diplomáticos estadounidenses en Londres y París ha llegado a ser muy reminiscente de su comportamiento en Grecia, donde consideraban absolutamente innecesario observar la decencia elemental al nombrar y destituir a los ministros griegos a voluntad, conduciéndose como conquistadores. Así, el nuevo plan para la Dawesización de Europa atenta fundamentalmente contra los intereses vitales de los pueblos europeos y representa un plan para la subyugación y esclavización de Europa por Estados Unidos.

El «Plan Marshall» atenta contra la industrialización de los países democráticos de Europa, y por lo tanto contra las bases de su integridad e independencia. Y si el plan para la Dawesización de Europa estaba condenado al fracaso, pese a que las fuerzas de resistencia al Plan Dawes eran mucho más débiles, hoy, en la Europa de posguerra, hay fuerzas más que suficientes, incluso si hacemos a un lado a la Unión Soviética, que si muestran voluntad y determinación pueden vencer este plan de sometimiento. Todo lo que se necesita es la determinación y la voluntad de los pueblos de Europa para resistir. En cuanto a la Unión Soviética, ella hará todo lo posible para que este plan esté condenado al fracaso.

La evaluación del «Plan Marshall», efectuada por los países del campo antiimperialista, ha sido totalmente confirmada por el curso de los acontecimientos. En relación con el «Plan Marshall», el campo de los países democráticos ha demostrado que es una poderosa fuerza por la defensa de la independencia y la soberanía de todas las naciones europeas, que se niega a retroceder ante el maltrato y la intimidación, y se rehúsa a dejarse engañar por las maniobras hipócritas de la diplomacia del dólar.

El gobierno soviético nunca se ha opuesto al uso de créditos extranjeros, y en particular los créditos estadounidenses, como un medio capaz de acelerar el proceso de recuperación económica. Sin embargo, la Unión Soviética siempre ha tomado la postura de que las condiciones de los créditos no deben ser abusivas y no deben dar lugar a la subyugación económica y política del país deudor con respecto al acreedor.

A partir de esta posición política, la Unión Soviética siempre ha sostenido que los créditos externos no deben ser el principal medio para restaurar la economía de un país. La condición principal y primordial de la recuperación económica de un país debe ser la utilización de sus propias fuerzas y recursos internos y la creación de su propia industria. Sólo de esta forma puede garantizarse la independencia frente a las arremetidas del capital extranjero, que demuestra constantemente una tendencia a utilizar los créditos como instrumentos de subyugación política y económica. Esto es precisamente el «Plan Marshall», que amenaza la industrialización de los países europeos y está diseñado para socavar su independencia.

La Unión Soviética invariablemente defiende la posición de que las relaciones políticas y económicas entre los Estados deben ser construidas exclusivamente sobre la base de la igualdad de las partes y el respeto mutuo de sus derechos soberanos. La política exterior soviética y, en particular, las relaciones económicas de la Unión Soviética con países extranjeros se basan en el principio de igualdad, en el principio de que los acuerdos deben ser ventajosos para ambas partes. Los tratados con la Unión Soviética son acuerdos de beneficio mutuo para ambas partes y no contienen nada que afecte la independencia nacional y la soberanía de las partes contratantes. Esta característica fundamental de los acuerdos de la Unión Soviética con otros Estados se destaca nítidamente en este momento, a la luz de los tratados injustos y desiguales que son celebrados o previstos por Estados Unidos. Los acuerdos desiguales son ajenos a la política soviética de comercio exterior. Además, el desarrollo de las relaciones económicas de la Unión Soviética con todos los países interesados en establecer esas relaciones, demuestra sobre qué principios deben construirse las relaciones normales entre los Estados. Basta con recordar los tratados concluidos por la Unión Soviética con Polonia, Yugoslavia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Finlandia.

De esta manera, la Unión Soviética ha puesto de manifiesto sobre qué líneas Europa puede encontrar la forma de salir de su difícil situación económica actual. Gran Bretaña pudo tener un tratado similar, si el gobierno laborista no hubiera –bajo presión externa– frustrado el acuerdo con la Unión Soviética, acuerdo que estaba en camino de concluirse.

El desenmascaramiento del plan estadounidense para la subyugación económica de los países europeos es un servicio indiscutible prestado por la política exterior de la Unión Soviética y las nuevas democracias.

Debe tenerse en cuenta que Estados Unidos mismo está amenazado por una crisis económica. Hay razones de peso para la generosidad oficial de Marshall. Si los países europeos no reciben créditos de Estados Unidos, la demanda de productos estadounidenses disminuirá y esto tenderá a acelerar e intensificar la crisis económica que se avecina en Estados Unidos.

Por consiguiente, si los países europeos demuestran el vigor necesario y la voluntad de resistirse a los términos subyugantes del crédito estadounidense, Estados Unidos puede verse obligado a batirse en retirada». (Andréi ZhdánovSobre la situación internacional;Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 1947)

Cuando las nebulosas todavía eran polvo cósmico

 

Como una especie de milagro, Manuel Monzón Rodríguez, se quedó colgando por el cuello de la chaqueta del abuelo Julio en la afilada piedra. El sabía en el momento de ser arrojado al vacío que de la Sima de Jinámar no escapaba nadie. Se acurrucó como pudo en la minúscula repisa, tenía el brazo partido, mientras veía caer al abismo volcánico a sus compañeros y amigos, más de cien jornaleros del Frente Popular, sindicalistas de la CNT y la Federación Obrera.

Escuchaba las risas y chascarrillos de los falangistas y Guardias Civiles, que borrachos se divertían asesinando hombres y mujeres inocentes. El joven de Tamaraceite era consciente, intuía, que sería muy complicado escalar, subir sin cuerdas más de cincuenta metros de acantilado.

Tras varias horas de gritos, lamentos, llantos, risas y la caída al fondo del agujero de las botellas de ron de caña de los fascistas se hizo el silencio, estaba casi amaneciendo y del fondo llegaba un fuerte olor a sangre y vísceras, se escuchaban gemidos de dolor, gente agonizando, un sonido que se amplificaba por la forma de la chimenea de lava ancestral, Manuel no sabía qué hacer, si se movía podía caer, solo le quedaba la opción de estar inmóvil, el brazo le dolía demasiado, los dedos estaban hinchados, le latían como si fueran corazones con uñas rotas, astilladas, destrozadas por las brutales torturas en el centro de detención ilegal de la calle Luis Antúnez de Las Palmas.

Cuando ya había perdido la esperanza y no se escuchaba nada en el fondo, ya parecía que todos habían muerto desangrados, cuando ya le pasaba por la mente soltarse y dejarse llevar por la oscuridad hasta la inevitable muerte se oyeron voces arriba, no eran tan estridentes como las de los asesinos, eran palabras emitidas por bocas nobles, algunas niñas, voces femeninas, de varios jóvenes y un señor mayor que decía algo sobre la terrible crueldad de aquellos seres infernales.

Manuel gritó:

-¡Auxilio, estoy aquí, estoy vivo, ayuda por favor!

-Trae la soga de la alforja del burrito, -dijo Soledad Cabrera Alcántara-

La mujer de San Gregorio, Telde. tenía sus cabritas a varios kilómetros de Caserones, al otro extremo de la Sima.

En un instante, en menos de una hora, llegó hasta Manuel una cuerda gruesa.

-Amárrate la cintura mi niño, nosotros te sacamos parriba.

El joven se ató lentamente, no podía mover el brazo derecho, afortunadamente era surdo, al momento se vio con las piernas sobre el risco oscuro, subiendo hasta que se quedó colgado, no había pared, solo oscuridad, creyó por un momento que no lo conseguiría, pero desde arriba había fuerza, voces, respiraciones aceleradas, hasta algunas risas, lo subían, lo elevaban hacia la vida, hacia aquel sol intenso de agosto del 36.

Salió lleno de polvo, la cara ensangrentada, la ropa destrozada, al momento lo acogieron, el grupito de gente buena, varias niñas, Soledad, el abuelo Ignacio Tejera.

-Mi cielo tienes que salir de aquí cuanto antes, vamos hasta la Higuera Canaria, allí te esconderemos, debemos tener mucho cuidado, haya varios vecinos chivatos, ponte estas ropas, te llamas Carlos Cabrera, eres mi hijo si alguien nos para y nos pregunta, -dijo la pobre Soledad mientras le limpiaba las heridas con su enaguas-

La comitiva solidaria partió montaña arriba, las cabras les seguían, un perro lanudo, grande, con los ojos dulces, parecía saberlo todo, cómplice directo de la evasión del muchacho de La Montañeta en el municipio de San Lorenzo.

Lo escondieron en la casa de Isabel Martel, la viuda de Antonio González, asesinado el 22 de julio del mismo año en los pozos de la finca de los Ascanio, allí quedó Manuel casi cuatro años escondido, solo salía de noche al patio bajo la parra cargada de uvas blancas, el superviviente, el único que logró salir del agujero pasaba su noches de amor con la triste Isa, su pareja entre aquel inmenso dolor, el miedo a los ladridos de los perros que anunciaban la llegada de la “brigada”.

Un amor añejo sembró de flores aquel lecho de flores, de un olor como de amapolas, incienso moruno y naranjas, mientras al otro lado de la montaña el abismo seguía cada noche siendo el lugar del crimen impune, cientos de hombres de mujeres arrojados a la oscuridad por aquellos asesinos sanguinarios, Manuel besaba a Isabel, metidos en el fondo del alpendre en la cama de paja y pinocha, supervivientes del íntimo pasaje del terror en los sueños invisibles.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Disparan a Can Dündar

Una persona ha disparado este viernes contra el prestigioso periodista Can Dündar, sin alcanzarle, durante una pausa en el juicio al que el reportero y Erdem Gül se enfrentan en un tribunal de Estambul por revelación de secretos, según informa Efe.

Fue la mujer de Dündar la primera que se echó encima del agresor. El mismo tribunal condenó horas después a cinco años y 10 meses de prisión a Dündar y a Erdem Gül por «revelación de secretos oficiales» pero no por el cargo de «golpismo» por el que también estaba acusado.

Y ahora la verdad

Can Dündar está siendo procesado por publicar unos vídeos en los que se ven a fuerzas del orden turcas deteniendo un convoy de camiones que estaba a punto de entrar en Siria. Los conductores iban escoltados por agentes del servicio secreto turco.

En ellos se ve la discusión que se entabla entre los primeros y los agentes secretos, quienes fueron obligados a bajar de los camiones y abrieron las cajas que contenían miles de bombas para artillería pesada.

Como saben la dictadura turca, miembro de la banda terrorista OTAN, colabora al más alto nivel con el Estado Islámico. Pero no lo haría si EE.UU. no se lo ordenara.

Contigo me declaro solidario conmigo

El actor Imanol Arias protagonizó una campaña de Hacienda a favor de marcar la casilla solidaria en la declaración de la Renta en el año 2014, cuando, según la Fiscalía Anticorrupción, defraudó 497.046 euros de su propio IRPF a través de sociedades fantasma creadas por el bufete Nummaria.

En la campaña, el actor de «Cuéntame cómo pasó» afirmaba en un vídeo, «Contigo me declaro solidario», después de asegurar que marcar esta casilla «no es cuestión de derechos, se trata de algo mucho más básico. Se trata de una cuestión de respeto». «Marca la equis solidaria y convierte tu declaración de la Renta en una declaración de amor a millones de personas en riesgo de exclusión social», acababa diciendo el actor en la campaña que difundió en el 2014 a favor de marcar la casilla destinada a «Fines Sociales», conocida como la «X solidaria».

Según la querella de Anticorrupción, ese año defraudó 497.046 euros en su declaración de la Renta, que se unen a los 317.356 de 2010, 541.084 de 2011, 515.884 de 2013 y 317.339 de 2013, hasta un total de 2.188.72 euros en esos cinco años. Ese dinero procedía «principalmente» de sus ingresos por la serie de televisión de TVE «Cuéntame cómo pasó», afirma el fiscal, que detalla la estructura societaria que el despacho creó para él en el 2010 con la finalidad de defraudar.

lavozdegalicia.es

Falleció Margot Feist

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El beso del Judas

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¿Hacia un régimen teocrático-militar en Israel?

La sociedad israelí del siglo XXI ( 80% de judíos frente a un 20% de población árabe), sería un crisol de razas, costumbres, lenguas y valores que tan sólo tendrían en común su origen judío y en la que se estaría produciendo un golpe de mano silencioso de una minoría ultra ortodoxa (los “haredim” que aunque tan sólo representan el 10% de su población serían un Estado dentro del Estado) para fagocitar todas las áreas sensibles del poder del Estado judío (Interior, Vivienda, el Mosad y los mandos del Tzáhal o Ejército judío) e intentar imponer la “Halajá” o ley judía a más del 40% de población que se declara laica, segmento de filiación europea , inmersa en la cultura y modo de vida occidentales y que desea ser regida por la ley civil como en las demás democracias formales occidentales.

Racismo, xenofobia y manipulación del miedo

El estadounidense Harold Lasswell (uno de los pioneros de la “mass comunicación research”), estudió después de la Primera Guerra Mundial las técnicas de propaganda e identificó una forma de manipular a las masas ( teoría de “la aguja hipodérmica o bala mágica”), teoría plasmada en su libro “Técnicas de propaganda en la guerra mundial (1.927) y basada en “inyectar en la población una idea concreta con ayuda de los medios de comunicación de masas para dirigir la opinión pública en beneficio propio y que permite conseguir la adhesión de los individuos a su ideario político sin tener que recurrir a la violencia”.(defensa de la sacrosanta seguridad de Israel).

Por su parte,Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de pioneros en el estudio de la psicología de masas, en su libro “Cristalizando la opinión pública”, desentraña los mecanismos cerebrales del grupo y la influencia de la propaganda como método para unificar su pensamiento. Así,según sus palabras “la mente del grupo no piensa, en el sentido estricto de la palabra. En lugar de pensamientos tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía ”, por lo que la propaganda del establishment sionista será dirigida no al sujeto individual sino al Grupo en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye y queda envuelta en retazos de falsas expectativas creadas y anhelos comunes que lo sustentan, sirviéndose de la dictadura invisible del temor al Tercer Holocausto, proceda de Hamás, de Hezbolá o de Irán.

Sin embargo,la teórica política judío-alemana Hannah Arendt en su libro “Eichmann en Jerusalén”, subtitulado “Un informe sobre la banalidad del mal”, nos ayudó a comprender las razones de la renuncia del individuo a su capacidad crítica (libertad) al tiempo que nos alerta de la necesidad de estar siempre vigilante ante la previsible repetición de la “banalización de la maldad” por parte de los gobernantes de cualquier sistema político, incluida la sui-genéris democracia judía, pues según Maximiliano Korstanje “el miedo y no la banalidad del mal, hace que el hombre renuncie a su voluntad crítica pero es importante no perder de vista que en ese acto el sujeto sigue siendo éticamente responsable de su renuncia” .

Así, la sociedad israelí en su inmensa mayoría sería cómplice silenciosa y colaboradora necesaria en la implementación del sentimiento xenófobo contra la población árabe-israelí (según la encuesta sobre derechos civiles ”Association for Civil Rights in Israel Annual Report for 2007” publicada por el diario Haaretz ,“ el número de judíos que manifiestan sentimientos de odio hacia los árabes se ha doblado y el 50% de los judíos israelíes se opondrían ya a la igualdad de derechos de sus compatriotas árabes) y en el incremento del régimen de apartheid en los guetos palestinos de Cisjordania y Gaza en los que la población palestina estaría sometida al régimen jurídico-militar en lugar de depender del poder civil como la israelí, síndrome conocido como “la burbuja de Tel Aviv”. Asimismo, según aurora-israel.co.il, alrededor de mil israelíes oriundos de Etiopía bloquearon el acceso a Jerusalén y su principal arteria para denunciar la persistencia “de racismo y violencia hacia los israelíes etíopes” al grito de “Israel será como Baltimore” tras dos incidentes de manifiesta brutalidad policial contra jóvenes de esta comunidad. Más de 120.000 judíos etíopes fueron traídos a Israel, desde que los rabinos principales determinaron en 1973 que la comunidad tenía raíces bíblicas y aunque algunos judíos etíopes son actualmente diputados del Parlamento (Knéset) y oficiales en el ejército, las quejas por la discriminación en las escuelas y en los barrios son numerosas y la psicosis reinante en la sociedad israelí aunado con la xonofobia que habita en el subconsciente colectivo sionista habría tenido como desenlace el brutal linchamiento del joven eritreo Haptum Barhum.

¿Hacia el final de la “revolución laica”?

Tras la firma de los pactos de gobierno con los partidos ultra ortodoxos Judaísmo Unido de la Torá y Shas, que dieron paso a un ejecutivo de fuerzas nacionalistas y religiosas, Netanyahu va a eliminar de un plumazo la «revolución laica» iniciada en la anterior legislatura por Yanir Lapid. Así, según el diario Yediot Aharonot, Netanyahu se ha comprometido a congelar una serie de reformas emprendidas por el anterior Ejecutivo sobre recortes económicos entre la comunidad ultra ortodoxa, modificar las reformas en las leyes de conversión y en la ley de enrolamiento universal, que por primera vez forzaba a cerca de 60.000 haredim (ultra ortodoxos) a entrar en el Ejército debido a la ola de protestas sociales de una clase media que se quejaba de los exagerados privilegios que éstos recibían a pesar de no contribuir “ ni a las arcas públicas ni al «peso» de la seguridad nacional”.

Ello conllevará según un fustrado Lapid en declaraciones al diario Yediot Aharonot que “ los ultra ortodoxos podrán seguir sin reconocer al Estado de Israel, obtener miles de millones de los contribuyentes y vivir sin trabajar», con lo que continuará la implementación de un régimen teocrático bajo el control del Gran Rabino en el que los ultraortodoxos serán la casta dominante a pesar de ser una minoría, aunque ya en la actualidad, serían una casta ociosa (6 de cada 10 no trabaja y se dedican al estudio del Torá) que gozaría de prebendas y privilegios, que tendría a la población laica como siervos para sufragar su manutención, sanidad y educación así como la defensa de las fronteras de Israel y que impondría sus leyes al 43% de población laica, de lo que sería paradigma el hecho de que el Estado israelí no permite el matrimonio civil. El declive del Estado de Bienestar en Israel afectaría pues únicamente a la población laica y urbana , por lo que en el 2011 unos 250.000 jóvenes iniciaron una protesta en Tel Aviv en el 2011 contra las políticas sociales de Netanyahu y en demanda de vivienda, planificación, políticas para el mercado laboral, salud y educación pública, debiendo recurrir Netanyahu de nuevo a la manipulación del miedo para obviar el colapso del Estado de Bienestar de Israel (secuestro del soldado Gilad Shalit). Además, en los últimos años estaríamos asistiendo a una cruzada silenciosa inoculada por las enseñanzas patógenas de ciertos rabinos ultraortodoxos israelíes contra la comunidad gay y lesbiana, de lo que sería paradigma el reciente ataque por parte de un judío ultraortodoxo contra la Marcha del Orgullo Gay en Jerusalén, atentado que mereció la reprobación del rabino ortodoxo Shmuel Herzfeld quien en una vigilia en Washington exigió a los judíos ortodoxos “que reflexionen sobre si la retórica de la comunidad ortodoxa contribuye a este tipo de violencia”.

La traición de Netanyahu a los postulados de Herzl

Theodor Herzl es considerado el Padre del actual Estado de Israel y fundador del sionismo y en su libro “El Estado judío: ensayo de una solución moderna de la cuestión judía”, propuso la creación de un Estado judío independiente y soberano para todos los judíos del mundo al tiempo que promovió la creación de la OSM (Organización Sionista Mundial) y en su obra “La vieja Nueva Tierra”(1902), sienta las bases del actual Estado judío como una utopía de nación moderna, democrática y próspera en la que se proyectaba al pueblo judío dentro del contexto de la búsqueda de derechos para las minorías nacionales de la época que carecían de estado, como los armenios y los árabes.

Sin embargo, aurora-israel.co/il, denuncia que “ la política aislacionista del primer ministro, Biniamín Netanyahu, parece estar en las antípodas de los fundadores del sionismo, tales como Teodoro Herzl y Chaim Weizmman, que incluyeron al movimiento dentro del espectro progresista en el campo de la diplomacia, con lo que la pregunta es si puede revertirse peligroso el aislamiento diplomático de Israel con una política que sea contraria al inmovilismo y el encerramiento”. Además, según el “Informe anual de los abusos contra los Derechos Humanos” realizado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, con el Gobierno de Netanyahu se habría iniciado una peligrosa vulneración de los DD.HH. por parte del Tzáhal o Ejército israelí “ fruto del uso excesivo de la fuerza contra los palestinos en los territorios ocupados. Así, 149 palestinos habrían muerto a manos de las fuerzas israelíes en el 2015 de los cuales sólo 77 de los fallecidos fueron muertos en ataques lanzados y el resto habría sido injustamente asesinados en manifestaciones o por daños colaterales durante las operaciones de rutina” al tiempo que critica “la política de detención arbitraria, la tortura y el abuso asociado a menudo con la impunidad para los militares israelíes”. Dicho extremo estaría refrendado por las declaraciones del subcomandante de las Fuerzas Armadas israelíes, Yair Golan , quien en un discurso pronunciado el Día del Recuerdo del Holocausto afirmó que “hay vestigios de las espeluznantes tendencias de la Alemania nazi en el Israel actual” y que “no todo lo que hacemos es correcto” haciendo referencia al incidente ocurrido en Hebrón en el que un soldado israelí remató a un palestino herido y tumbado en el suelo.

Los colonos y el declive del Estado de Bienestar

Según el censo elaborado por el Ministerio de Interior israelí, cuando se suscribieron los Acuerdos de Oslo (1.993), unos 250.000 colonos poblaban los territorios ocupados mientras que en la actualidad serían más de 700.000 colonos que extenderían sus tentáculos por Cisjordania (140 asentamientos entre los que descollarían Hebrón y en especial el valle del Jordán que domina la mitad fértil de río y sería una verdadera avanzadilla para controlar la frontera de Jordania) además de Jerusalén Este y los Altos del Golán, aunado con la prevista culminación del Muro de Cisjordania que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este donde unas 60.000 casas palestinas podrían ser demolidas al carecer de permisos oficiales. Así, antes de las recientes elecciones, Netanyahu reafirmó “el derecho del pueblo judío a construir en Jerusalén”, (lo que se traduciría en la construcción de 1.000 nuevas viviendas en Jerusalén Este), pues según sus palabras “hasta los palestinos saben que esos lugares quedarán bajo la soberanía israelí bajo cualquier tipo de arreglo” .

Desde que en 1967 el Partido Laborista impulsó los asentamientos, el Estado israelí se habría gastado la friolera cifra de 7.500 millones € y según denuncia Maayan Geva, de B´Tselem, (Centro israelí de información sobre derechos humanos en los Territorios Ocupados) “dicha política ha consumido el presupuesto para educación, bienestar social e investigación no armamentística” y ha ayudado “a aumentar la pobreza, con casi un millón de personas por debajo del umbral mínimo, entre ellas, el 30% de la población infantil” por lo que no es de extrañar que con el azote de la crisis , desde 2007 se haya registrado un crecimiento anual de su población de entre el 5 y el 10%, (dos veces más rápido que en el conjunto nacional).

Dado que el 75% de los colonos son ultra ortodoxos (más de 500.000), en los últimos años se habría desarrollado en los territorios ocupados de Palestina una peligrosa simbiosis entre los líderes políticos de los colonos y los rabinos que han predicado durante décadas su oposición a cualquier compromiso territorial con los palestinos y han tratado de dar una justificación religiosa a la ilegal ocupación israelí de los territorios palestinos. Así, rabinos extremistas israelíes entrenarían a los colonos en escuelas ubicadas en los asentamientos construidos ilegalmente en Cisjordania y la ciudad de Al-Quds (Jerusalén) para que cometan actos terroristas contra los palestinos de la ocupada Cisjordania (Ataques de Odio y Venganza), según ha informado los servicios de seguridad general de Inteligencia judío (Shabak) en un informe publicado en la página Web ‘Israelí Central Issues’, no siendo descartable la agudización de la fractura civil en los próximos años, preludio de una posterior deriva totalitaria de la actual democracia israelí que tendrá su culminación con la instauración en el Estado israelí de un régimen teocrático-militar lo que conllevará que amplios sectores de la juventud laica y urbana israelí deban optar por engrosar la lista de colonos teledirigidos por los haredim o emigrar a Occidente para escapar de la distopía teocrática-militar israelí de la próxima década.

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ-Analista

SÓLO LA UNIDAD DE CLASE DERROTARÁ A LA REPRESIÓN

represión movimiento obrero7En los últimos dos años posiblemente se esté hablando en España de la represión y del recorte de libertades de expresión, opinión y manifestación tanto o más que en el conjunto de los últimos 40 años desde el inicio de la transición política.

Y hay razones sobradas para ello. El encarcelamiento de personas por expresar por escrito, en protestas en la calle o mediante manifestaciones artísticas sus puntos de vista sobre la realidad en la que viven o su disidencia frente a lo que consideran injusto, ha hecho de España un país desmovilizado, acobardado y amenazado con cárcel y multas que sus receptores no puedan pagar.

Una combinación de violencia policial, judicial y legislativa (nuevo Código Penal y Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana) amedrenta la voluntad de resistir ante el atropello al que cotidianamente se ven sometidos los más débiles.

Y sin embargo, y ante esta evidencia, nunca se ha mentido, manipulado, ni ocultado tanto las razones de las que nace ese diluvio represivo.

Para los vendedores de “ilusión democrática”, según la cuál el Estado es un aparato neutro al que manejar a voluntad y en sentidos muy diferentes según el partido que haya ganado unas elecciones, el vendaval antidemocrático proviene de que el Partido Popular es muy autoritario y de que pretende imponer una política de recortes sociales que, en opinión de los sostenedores de tal teoría, la sufren unas víctimas muy genérica: “la gente”, “las clases medias”, “los ciudadanos”, su expresión favorita. Lo cierto es que gobierne quien gobierne, mientras lo haga sin romper la legalidad del sistema político vigente, la clase trabajadora ha de mantener la lucha por sus derechos.

Vivimos inmersos en una crisis capitalista de la que las grandes corporaciones que dominan la economía, el mundo del trabajo y nuestras vidas son incapaces de salir, si no es mediante la transferencia de ingentes cantidades de rentas del trabajo al capital, a través de la privatización de lo público, de la brutal reducción de los salarios y costes laborales en general.

Desde la crisis del 29 del pasado siglo jamás se había efectuado una agresión tan salvaje contra las conquistas históricas de la clase trabajadora y en esa agresión el Estado capitalista no es neutral, como pretenden hacernos creer los minirreformistas vendedores de crecepelo para calvos.

El Estado jamas fue un órgano neutral por encima de las clases sociales ni conciliador de los intereses antagónicos entre unos y otros estratos sociales. Representa de un modo férreo a la clase constituida en dominante mediante su poder económico. Quienes lo gobiernan en representación de dicha clase y el reformismo que aspira a sustituir a los habituales gobernantes de dicho aparato, sin cuestionar y ni siquiera intentar confrontar dicha naturaleza de clase capitalista, admiten que éste sea el brazo necesario para la represión de cualquier intento de la clase trabajadora de ejercer resistencias a su sacrificio en esta crisis.

La combinación de policía (reprimiendo), jueces (condenando), legislativo (nuevo Código Penal, Ley Orgánica de Protección del Derecho a la Seguridad Ciudadana), medios de comunicación (creando estados de opinión criminalizadores de las luchas de la clase trabajadora) y una ideología de superioridad de la idea de segurdad (versión moderna del “orden público” franquista) que se asienta en una “doctrina del derecho penal del enemigo”, pretenden instaurar un cordón sanitario frente a la lucha obrera. El objetivo no es otro que el de disuadir en primer término, mediante una combinación de mecanismos coactivos y coercitivos, y reprimir, cuando es necesario (y lo es de forma habitual para los gobiernos del capital) cualquier disidencia de clase.

Se entiende así que el Estado capitalista haga cierta la expresión del pensador liberal Max Weber que afirmaba que Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el “territorio” es elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima. Lo específico de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en que el Estado lo permite. El Estado es la única fuente del “derecho” a la violencia.” (“La política como vocación”)

Sin salirnos del pensamiento jurídico-político liberal podríamos reprochar a Max Weber y a tantos liberales de su especie su “confusión” intencionada entre “legalidad” y “legitimidad”, ya que la “fuente del derecho” a la que alude es la del derecho positivo (de normas jurídicas escritas por el órgano del Estado que ejerza la función legislativa) y no la del “derecho natural” (Rousseau), que sería fuente de “legimidad”, en tanto que se asienta en un derecho de tipo moral. Ello hasta el punto de que un acto puede ser legal pero no legítimo y viceversa. En la dualidad legitimidad/ilegitimidad se fundamenta tanto la razón como la sinrazón ontológicas del ejercicio del gobierno.

En cualquier caso, la clave del pensamiento y la acción principal del Estado capitalista es la conservación de la llamada “paz social” en base a la previsión (ideología dominante, coacción, legislación disuasoria,…) y a la reacción cuando siente que los privilegios de la clase a la que representa son amenazados o siquiera contestados más allá de la vacuidad de las palabras.

Si el Estado capitalista se arroga, por un lado, la voluntad y la legalidad, que no la legitimidad del monopolio de la violencia, necesita, por otro, negar que ejerza otras formas de violencia como la explotación laboral, la pobreza a la que condena a amplias capas de la población, el terrorismo empresarial que legaliza o el imperio del “derecho” al pago de la deuda bancaria por encima del que corresponde a una vivienda digna, por citar sólo algunos ejemplos.

En paralelo, la oposición a su dominación de clase, el Estado la considera violencia casi equiparable a la terrorista. Así un corte de vías férreas o de carreteras en una protesta sindical, la ocupación de locales de la patronal por trabajadores, un piquete informativo que, si no es en parte coactivo, no es piquete sino grupo informe de pusilánimes, la cobertura fotográfica de la violencia policial en una manifestación o una frase un poco más subida de tono de lo normal en redes sociales es violencia “ilegal” para quien detenta más que ostenta el pretendido Estado de derecho de una dictadura de clase.

Desde Alfon, encarcelado en régimen FIES, con periódicos castigos, hasta Andrés Bódalo, dirigente del SAT también encarcelado, pasando por Raúl Capín al que le ha caído una multa absolutamente brutal en su condición de persona con limitados recursos o Esther Quintana, que perdió un ojo por una pelota de goma de los mossos d´esquadra en la huelga general del 14 de noviembre 2012, toda la artillería legal, legislativa y policial del Estado, además de la de su Brunete mediática va destinada a destruir la capacidad y voluntad de rebeldía de la clase trabajadora.

Los sindicatos del régimen, CCOO y UGT, dan la cifra de 300 sindicalistas encausados para los que se llega a pedir hasta 125 años de cárcel. Previsiblemente son muchos más, dado que estos sindicatos no destacan por su solidaridad con el sindicalismo alternativo ni con los militantes comunistas, anarquistas y revolucionarios condenados o amenazados por peticiones de cárcel y otras sanciones por luchar en defensa de la clase trabajadora.

La situación del SAT refleja unos 700.000 euros en multas, unas 637 personas imputadas y unas peticiones de condenas de prisión que suman 437 años de cárcel.

Sobre los 8 de Airbús, finalmente no condenados por su participación en la huelga general de 2010, pendían penas de cárcel por alrededor de 70 años, penas que CCOO y UGT, sindicatos a los que estaban afiliados los encausados, pretendían negociar con el gobierno del PP bajo la mesa, llegando a acariciar incluso la idea de un indulto, lo que hubiera significado un reconocimiento de culpa por parte de los afectados, cosa que estos tuvieron la dignidad de no admitir.

Por fortuna, la presión desde las bases de estos sindicatos sobre sus cúpulas y la solidaridad internacional impidieron tal ignominia y lograron su sobreseimiento.

En este contexto de represión, no selectiva sino masiva que amenaza al movimiento obrero, sus organizaciones sindicales, políticas y sociales, se hace cada día más evidente la desproporción de fuerzas entre el Estado capitalista y la clase trabajadora. Los dos años largos de desmovilización social y el escuálido 1º de Mayo último dan prueba de ello.

En el aspecto concreto que nos ocupa en este texto, es llamativa también la diferencia entre los encausados por ejercer una faceta explícita de la lucha de clases y los finalmente absueltos de las acusaciones de delito que recaían/recaen sobre ellos.

Más allá de la capacidad de presión resultante de las distintas solidaridades que afectan a cada uno de los amenazados con multas, prisión o denuncia por los daños físicos y morales ejercidos por los aparatos represores del Estado capitalista, lo cierto es que al producirse el apoyo a las víctimas de los atropellos del poder de clase de forma fragmentada, dividida en ocasiones en plataformas ajenas unas a otras y en campañas muy individualizadas, la posibilidad de derrota en la defensa de las libertades colectivas e individuales de quienes se rebelan contra el atropello del capital y sus instituciones está garantizada. Sólo la unidad de nuestra clase, la trabajadora, puede nivelar, la fuerza que se ejerce desde el otro lado y posibilitar el éxito.

Es cierto que cada procesado, cada represaliado, cada violentado policialmente en una manifestación, cada trabajador@ pres@ por luchar en defensa de sus derechos necesita el calor solidario, que su caso no sea olvidado dentro de una causa más general. Pero la respuesta a esa cuestión debiera ser una dinámica de defensa de toda la clase castigada, porque nos someten a todos en cada uno de los que son sancionados, golpeados, enmudecidos y penados y que, a su vez, haga de cada caso una denuncia, un ejemplo de dignidad, un abrazo de todos los que luchan junto a él.

Por otro lado, el sectarismo de quienes menosprecian o ignoran a otros combatientes de nuestra clase porque considerar que sus posiciones son “demasiado radicales”, la parcialidad de quienes se ocupan sólo de sus militantes obreros, ha producido un daño enorme en esa necesidad de unidad y coincidencia de objetivos en lo que se refiere al derecho a la disidencia de clase. Es un enorme error que están pagando no sólo cada uno de los represaliados sino l@s trabajador@s en su conjunto, que ven en cada reprimido un motivo disuasorio para su protesta. Sobre nuestra división en la defensa de nuestros derechos a la palabra y la batalla cabalgan las leyes represoras, los policías excitados en su violencia, los jueces y fiscales feroces en sus condenas, los medios de desinformación del capital, la indiferencia de much@s trabajador@s ante el dolor que experimentan los de su mismo estado de explotación y de opresión, aún cuando no sean conscientes de sus cadenas.

Por otro lado, habrá quienes quieran difuminar el carácter de clase del Estado burgués y su vejación contra la clase que le es antagónica bajo la idea genérica de una denuncia del recorte de las libertades y de opresión, como si en los últimos años de la crisis capitalista la represión no hubiera aumentado exponencialmente y como si el carácter del Estado policía se debiera sólo o principalmente a su condición de moderno “Leviatán” burocrático.

Esta tesis, que hunde sus raíces en la vieja desconfianza liberal hacia el Estado (teoría del Estado mínimo), y que hoy ha sido recogida por el minarquismo (libertarianos), precisamente porque comprende muy bien la naturaleza de clase del Estado y prefiere que no interfiera en sus negocios (sociedad civil), ha mutado en ambientes libertarios no sindicalistas, en sectores del nuevo reformismo indignado y, por supuesto, desde hace muchos años en el viejo reformismo de matriz socialdemócrata, hoy social-liberal.

Al desconectar estos enfoques políticos de la naturaleza de clase del Estado se cae en un concepto meramente ciudadanista de defensa de las libertades, lo que no es otra cosa que una visión “idealista” de las mismas, olvidando su carácter instrumental (para difundir ideas, expresar la disidencia, luchar por derechos concretos, defenderse de la explotación y la opresión,…).

La realidad es que en las etapas de crisis capitalista es cuando su Estado refuerza especialmente cárceles, leyes represoras, aparatos policiales,…independientemente de que pueda mantenerlos activos en etapas de expansión económica. Pero lo decisivo en estas últimas no es tanto lo opresivo como el fomento del consentimiento y del consenso (a través de los aparatos ideológicos) y el contrato social (mediante políticas, en el pasado, de cierta redistribución social que impulsaban al mercado).

Por tanto, sea de modo intencionado (casi siempre, y desde un discurso de clase media, negador de los antagonismos de clase, que no necesariamente ha producido dicha clase pero que sí ha comprado a los think-tanks de la oligarquía mundial), sea de un modo irreflexivo, mantener la tesis de una defensa de las libertades ajena a la cuestión de clase y a las prácticas de las políticas antiobreras es lisa y llanamente complicidad con él capital.

No se trata de negar que los recortes a las libertades y la represión se estén expandiendo a ámbitos no directamente ligados a la lucha de clases pero escamotear que la clave se encuentra aquí y en la naturaleza clasista del Estado es sencillamente mentir. Las reivindicaciones puramente democráticas tienen su razón de ser pero si se emplean como arma luz de gas pequeñoburguesa para tapar la cualidad clasista de la violencia del Estado estamos ante realidades que no deben solaparse.

De ahí que, centrada la cuestión, en la condición de clase del Estado, en su papel de policía, juez, consejo de administración de la burguesía y propagandista de sus valores, sea necesario vincular el incremento brutal de la represión con la agudización de la lucha de clases y con las políticas contra la clase trabajadora de aquél.

Diluir estas cuestiones en plataformas contra la Ley Mordaza en genérico, es sencillamente claudicar desde un oportunismo zafio, echarse en brazos del reformismo procapitalista más abyecto, derrotarse el movimiento obrero y sus organizaciones sindicales, políticas y de todo tipo a sí mismos y caer en una especie de pseudoradicalismo estéril de origen burgués de corto éxito y recorrido. Su fracaso se deberá no sólo a la menor capacidad organizativa de este tipo de entes sino sobre todo a que, al ocultar las razones reales -la desigualdad que genera el capitalismo y sus leyes- de la protesta que es aherrojada, se autoexcluye de la solidaridad y compromiso necesarios a todos los que sufren en sus propias carnes dicha desigualdad y que no se sentirían representados por proclamas “prodemocráticas” más o menos justas pero que no conectan con las necesidades más tangibles que afectan a sus vidas.

En resumen, es necesario reorientar la lucha antirrepresiva en varios sentidos:

  • Hacia una posición de clase, que proclame que la represión expresa un nivel concreto de la lucha de clases y que el Estado en sus dimensiones policial, legislativa y jurídica responde a los intereses de la clase dominante.

  • Hacia una superación de la división en la lucha de las organizaciones del movimiento obrero por la defensa de todos y cada uno de sus militantes sindicales y políticos a las puertas de ser procesados o ya condenados. La consigna de marchar separados es justificable en términos de estrategia y de niveles de enfrentamiento/acuerdo con el capital pero jamás en la defensa de cada uno y todos los militantes obreros perseguidos y encausados.

  • Hacia la consideración de “represaliados y presos políticos” de los militantes obreros que sufren las consecuencias de la violencia del Estado capitalista porque éste es un órgano político que ejerce su monopolio de la misma a partir de criterios puramente políticos.

Ello no supone en absoluto negar la utilidad y la necesidad de las plataformas concretas de apoyo a militantes obreros específicos pero sí superar la cultura de la división y el sectarismo, especialmente por parte de quienes, desde una pretendida posición de “mayoritarios”, desprecian la lucha de otras organizaciones, trabajar en red, compartir objetivos comunes, realizar campañas globales en defensa de todos los que sufren la represión por defender a la clase trabajadora y, muy importante, dedicar personas y militantes concretos a la creación de ese clima de cooperación y al logro de dichos objetivos. Eso o acabar como los dos conejos de la fábula de Tomás de Iriarte, que discutían si los que les perseguían eran galgos o podencos.

En esta disputa,

llegando los perros

pillan descuidados

a mis dos conejos.

Los que por cuestiones

de poco momento

dejan lo que importa,

llévense este ejemplo.”

Las sucesivas oleadas de purgas de «stalinistas» –léase marxista-leninistas– por Jruschov para castrar al partido de su esencia revolucionaria

«El grupo de Jruschov ha levantado la mano contra lo más sagrado, contra la más poderosa arma del pueblo soviético para la defensa de los triunfos de la revolución y para la edificación del comunismo, contra la dictadura del proletariado y el Partido Comunista. Intenta desarmar al pueblo, arrebatarle el Poder, hacer degenerar al Partido. Ha violado y repudiado la consecuente línea marxista-leninista del Partido Bolchevique, sus tradiciones y su espíritu revolucionario, ha impuesto al partido una línea oportunista y revisionista en todos los campos de la vida y de la actividad, línea que está amenazando las históricas victorias del socialismo en la Unión Soviética por las cuales el Partido y el pueblo soviético han luchado con gran heroísmo, han hecho numerosos sacrificios, han derramado su sangre.

Para realizar esta línea, la camarilla revisionista de Jruschov ha efectuado grandes y continuas purgas entre los cuadros del Partido y del Estado, tanto en la capital como en las provincias, apartando a todos los cuadros en los que no tenía confianza y sustituyéndolos por cuadros fieles a su línea. En una década, Jrusohov ha excluido del Comité Central, elegido en el XIXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1952, a más del 70 por ciento de sus miembros y en el XXIIº Congreso de 1962 excluyó del Comité Central, elegido en el XXº Congreso de 1956, a casi el 50 por ciento de sus miembros. Además, poco antes del XXIIº Congreso, bajo la tapadera de la rotación de cuadros, sustituyó al 45 por ciento de los miembros de los comités centrales de los partidos de las Repúblicas Federadas, de los comités del partido de las provincias y de las regiones, y al 40 por ciento de los miembros de los comités del partido de las ciudades y de los distritos. En 1963, la camarilla de Jruschov sustituyó otra vez, so pretexto de la reorganización del partido en base a la estructura de producción, a más de la mitad de los miembros de los comités centrales de las Repúblicas Federadas y de los comités del partido de las provincias.

Las personas que rodean hoy a N.ikita Jruschov y están a su servicio, forman una capa privilegiada, degenerada desde el punto de vista ideológico, que ha traicionado la causa revolucionaria de la clase obrera soviética, que lucha contra el marxismo-leninismo y el socialismo. Su única preocupación es la consolidación de su propia posición económica y de su propia dominación política. El grupo de Jruschov, con el apoyo de esta capa, está transformando al glorioso Partido Comunista de la Unión Soviética en un partido revisionista, y al Estado socialista soviético en una dictadura de la camarilla jruschovista». (Enver Hoxha; Carta abierta a los miembros del Partido Comunistas de la Unión Soviética, 5 de octubre de 1964)

bitacoramarxistaleninista.blogspot.com

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