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E.L.K 2.0. Ramush Haradinaj en Eslovenia.

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Apenas una semana después que se hiciera pública la detención del criminal de guerra bosnioislamista y delincuente común Naser Oric, las autoridades eslovenas arrestaron a Ramush Haradinaj el pasado miércoles.

El actual  jefe del partido Alianza para el futuro de Kosovo, ex-primer ministro de la autoproclamada república de Kosovo, comandante del E.L.K. durante los años noventa y notorio capo del clan de Drenica junto a su ahora oponente político Hashim Taçi fue detenido en el aeropuerto de Liubliana.

La policía eslovena detuvo al conocido como “Rambo”(su nombre de guerra) en cumplimiento de una orden de arresto dictada por la Interpol en 2006 tras las acusaciones de Serbia al considerarlo sospechoso de crímenes de guerra durante la guerra en Kosovo-Metohija. Fueron presentadas por Serbia pero también por Montenegro más un centenar de cargos, en los que están incluidos secuestro, tortura y más de sesenta asesinatos.

Las acusaciones por crímenes de guerra  ya le hicieron abandonar su puesto de primer ministro de Kosovo en 2005 para acudir a la Haya donde el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia lo absolvió por dos veces: en 2008 y 2012.

La acusación se quedó sin testigos, por la muerte violenta, inexplicable, desapariciones o cambios de opinión de última hora.

Haradinaj, una figura “política” de gran relevancia en la provincia serbia de Kosovo- Metohija durante estas dos últimas décadas, está inmerso en una lucha por el poder, a la cual no son ajenos ni actores internacionales (hipotéticos intereses chinos, amén de albaneses), el ataque a Macedonia (su propio  hermano fue uno de los cerebros de la acción terrorista) ni las reformas legales “recomendadas” por la UE, incumplidas una y otra vez.

Quizá esta tímida detención de la cual el gobierno esloveno abjuró a los dos días, por boca de su primer ministro que prometió revisar el caso con celeridad y colaborando estrechamente con el “gobierno” kosovar sea un toque de atención de la UE a Pristina, por el caso omiso que el gobierno kosovar pero también la oposición que Haradinaj lidera han hecho de sus sugerencias, tras el gran movimiento migratorio kosovar de estos últimos meses hacia las fronteras comunitarias.

También subyace el desinterés total de Pristina por crear una corte especial para los crímenes de guerra cometidos por kosovares. Algo obvio cuando el parlamento “multiétnico” de Kosovo se quedaría prácticamente vacío si esta ley tuviese efecto algún día. Los veteranos, que vienen a ser la guardia de corps, el recordatorio de los grandes sufrimientos del pueblo kosovar (entiéndase albanés y musulmán) se manifiestan amenazadoramente día tras día con la complicidad gubernamental. Hasta que haya elecciones a la vista.

Este órgano que algunos periódicos dan ya por hecho, en realidad no ha sido aprobado. Esta misma asamblea, sí voto en contra del procesamiento de Ramush Haradinaj.

Es probable que este proyecto de autonomía judicial para que los kosovares recorran su particular camino hacia la justicia y la reconciliación, no sea más que paja para tapar el “escándalo Eulex”, el cierre en falso de las investigaciones sobre el tráfico de órganos iniciado en el seno de la UE y el nombramiento de un fiscal estadounidense para investigar los crímenes.

Los frutos de esta cooperación  entre Eslovenia y Kosovo no se hicieron esperar. En menos de tres días desde su retención, Ramush Haradinaj venció a la policía y justicia eslovena, a quienes comparó con los serbios, “son como ellos, son sus hermanos”.

Palabras que a buen seguro desagradan a gran parte de los eslovenos que mostraron siempre un indisimulable desprecio por los musulmanes (pobres) de la Federación yugoslava.

Un país que si bien mostró cierta determinación por cumplir con sus obligaciones, y no hacer oídos sordos a la demanda de Serbia y a su propia lucha contra  una organización criminal como el E.L.K con ramificaciones por los Balcanes, no pudo afrontar presiones superiores.

Al ser arrestado Haradinaj  ya declamó con inequívoco estilo mafioso; “estaré pronto en Pristina” como así ha sido.

Incluso antes de que se hiciera pública su detención, el gobierno esloveno habló tímidamente del arresto de una persona de “nacionalidad” kosovar en el aeropuerto de Liubliana. Sabedor que su decisión de acatar la ley internacional podría desencadenar reacciones mucho más allá de sus atribuciones.

Con el mismo tono jactancioso, aleccionó que sólo en Eslovenia tuvo problemas, pues durante su viaje por Austria  y Alemania nadie le molestó porqué  ellos si siguen la legalidad.

Una justicia universal que no le puede acusar de nada tras salir inocentes de los dos juicios anteriores.

Si bien, las autoridades eslovenas, no pudieron evitar que la prisión preventiva se incumpliera, le quitaron un pasaporte sin validez real, pero nada pudieron hacer contra su pasaporte diplomático.

En Kosovo las calles se llenaron de manifestaciones de apoyo y de nacionalismo hacia uno de los mayores héroes de la guerra de liberación nacional.

Los medios gubernamentales recogieron y repitieron las confiadas voces de políticos, expertos y periodistas que hablaban de una liberación inmediata, ya que tiene quien les proteja de una impensable extradición a Serbia; Estados Unidos sonaba y se escribía al unísono en medios kosovares y albaneses.

La explicita provocación con la que Haradinaj celebró su llegada a Pristina no deja lugar a dudas sobre su impunidad y amparo:

“Mi extradición a Serbia habría cambiado los Balcanes”

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