jueves, enero 23, 2020

Camisetas del Ché

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Criticar que en Cuba las camisetas del Ché se vendan en divisas y no en moneda nacional nos parece un tanto pueril, dicho sea con todos nuestros respetos. Las criticas deben quedar para otras cosas.

Las divisas procuran bajos índices de mortalidad infantil, guarderías, escuelas, hospitales… Por supuesto que sabemos que el hijo de tal cuadro va a comprar a la shopping, lo que obviamente no compartimos, pero ese oportunismo bajo (de bajeza) no nos distrae del fondo de la cuestión, ya que eso no es la revolución sino una utilización de la misma, vinculada a factores espurios.

Al Ché se le lleva por dentro, no es necesario llevarlo en publicidad ni él lo querría. Esos análisis que hacen algunos de buena fe, están vinculados a un desconocimiento total de lo que es el capitalismo real, no el que les llega por otros conductos. Ese capitalismo real es el que mamamos nosotros.

Al hilo de esta cuestión, estamos de acuerdo con Corea en el sentido de que Internet es un arma de guerra que los imperialistas utilizan contra los pueblos independientes; por tanto hay que reglar su uso. ¿Censura? Puede ser, pero no tenemos ningún problema con eso. Ellos también nos censuran dentro del contexto de la lucha de clases. Al enemigo ni agua que éste nos deja morir de sed y de hambre sin ningún remordimiento.

Retomando la cuestión, quienes «gozamos» de las “bonanzas” del capitalismo y sin embargo aspiramos a destruirlo, no estamos locos. Como internacionalistas no nos limitamos a miramos únicamente el ombligo propio, pensamos en nuestros hermanos de clase que habitan sobre todo en el Tercer Mundo expoliado.

Ahora bien, hacemos autocrítica: no hemos logrado aún ser (y estamos lejos de lograrlo) lo suficientemente fuertes para subvertir el capitalismo debilitando así la presión que ejerce sobre las naciones de su periferia, naciones que aspiran al menos a un desarrollo independiente pero que, por las circunstancias, se ven obligadas a hacer concesiones que no nos gustan pero que comprendemos porque los pueblos tienen que comer. Desde esa perspectiva, no tenemos derecho alguno a la descalificación, que no a la crítica.

La mayor parte de la responsabilidad es nuestra. El final del capitalismo surgirá en su centro, antes o después.

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