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Congreso de los Diputados: empresarios y clase media

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¿Quién es la voz en vivo y en directo de la precariedad laboral, los albañiles, mecánicos, fontaneros y carpinteros, el trabajo doméstico, los oficios industriales, la gente de telemarketing, los agricultores y ganaderos de a pie y amanecida cotidiana, los oficinistas del sector privado y en general los que se ponen el mono azul a diario o viven de un escueto salario mensual? Nadie. Esta es la realidad palpable. No hay sindicalistas ni tampoco señorías que representen a los barrios obreros y el extrarradio laboral de España, es decir, la inmensa mayoría estadística de la España real.

Las elecciones de todos los partidos recaen casi siempre en personas que quieren hacer de la política una profesión fácil de largo recorrido, dejando los puestos siguientes a candidatos de relleno para dar una imagen de pluralidad inexistente.

Más allá de las ideologías, sería necesario que en el Congreso primara una realidad donde la extracción social compensara los desequilibrios e injusticias patentes del sistema parlamentario. Pero no es así: para ser político resulta imprescindible ser portador de un currículo especial que valide sus ambiciones personales.

La manida meritocracia en las lides políticas es una falsedad más que evidente, sobre todo en las formaciones que se dicen de izquierdas, ya que la derecha ha sido siempre el testaferro de la clase pudiente. En el campo conservador es lógico que se decanten por profesiones liberales que representen a conciencia sus intereses de clase. No obstante, cabe señalar que las ideas sin la experiencia concreta (el empleo, el barrio, la procedencia social) son aspectos que conforman una visión sesgada de la dispar y enfrentada realidad en la que vivimos.

Nadie puede entender cabalmente las actitudes y pensamientos de un pobre sin haber sufrido en sus propias carnes las carencias de tal situación. Nadie puede entender con fidelidad qué es la precariedad laboral y vital sin haber estado sumido en ella. Nadie puede con rigor saber qué se siente en un barrio obrero cada día habiendo nacido en el seno de una familia modesta y trabajadora.

Solo con la voluntad política, la ética y las buenas intenciones nadie es capaz de empatizar por completo con condiciones sociales que jamás ha sentido en primera persona. Todos somos capaces de recrear ambientes virtuales o por analogía interpretando datos, informes y números, pero la vivencia individual y compartida es fundamental para comprender el sentido profundo de los diferentes modus vivendi y las distintas perspectivas vitales de cada clase o grupo social.

Por mucho que se diga, la clase trabajadora no tiene representantes genuinos en el Congreso de los Diputados. Como mucho, gente de izquierdas que ha huido de su clase y se ha convertido en pragmática clase media al servicio del poder.

La buenas ideas sin el respaldo del origen social y de la experiencia directa suelen reducirse a conveniencia en proclamas voluntaristas que se van diluyendo en los tecnicismos de rigor que usa el poder establecido para desactivar las políticas sociales de justicia, fraternidad y solidaridad que debieran regir la cosa pública en beneficio de la inmensa mayoría.

Sin interés de clase, todo será pura fanfarria, un quiero y no puedo de la izquierda ante las trampas casi insalvables del tejido jurídico y de los consensos en la cumbre.

Nadie podrá entender el pensamiento fuerte y la verdad intrínseca de un trabajador, un agricultor o un inmigrante si su experiencia está en las antípodas de tal realidad vital. Su interés propio siempre estará sesgado por la voluntad del legislador y por la visión particular de clase media de éste.

A la clase trabajadora solo le quedará, otra vez, la calle, la queja, la reivindicación, el silencio y la resignación. Quizá también la rebeldía. Quizá.

1 Comentario

  1. Lo que se dice, vamos a cambiar las cosas para que no cambie nada, la politiqueria de estos ya se convirtió en un negocio más que en otra cosa. Solamente interesa la poltrona, cobrar y utilizar el piquito de oro que suelen tener sus señorias, tenemos un territorio borbonico compuesto de fachas, de burgueses, de ladrones y ahora de hippies vestidos de revolucionarios que no son otra cosa que los continuistas del capitalismo sangriento y explotador, este es el circo español con pan duro.

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