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Los errores del camarada L. D. Yaroshenko; Stalin, 1952

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Hace poco se ha dado a conocer a los miembros del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética una carta del camarada Yaroshenko, fechada el 20 de marzo del año en curso, haciendo referencia a algunas cuestiones económicas que fueron examinadas en la conocida discusión del mes de noviembre. El autor de la carta se queja de que en los principales documentos en que ha sido sintetizada la discusión, lo mismo que en las «observaciones» del camarada Stalin, «no ha tenido reflejo alguno el punto de vista» del camarada Yaroshenko. Además, el camarada Yaroshenko propone en su carta que se le permita escribir la «Economía Política del Socialismo» en el curso de un año o año y medio, facilitándole para ello dos colaboradores.

Yo creo que tendremos que examinar a fondo tanto la queja del camarada Yaroshenko como su propuesta.

Comencemos por la queja.

Y bien, ¿en qué consiste el «punto de vista» del camarada Yaroshenko, ese punto de vista que no ha tenido ningún reflejo en los documentos arriba citados?

a) El principal error del camarada Yaroshenko

Si caracterizamos el punto de vista del camarada Yaroshenko en dos palabras, tendremos que decir que no es marxista; por tanto, es profundamente erróneo.

El principal error del camarada Yaroshenko consiste en que se aparta del marxismo en la cuestión relativa al papel de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción en el desarrollo de la sociedad: exagera desmesuradamente el papel de las fuerzas productivas, subestima, también desmesuradamente, el papel de las relaciones de producción y acaba declarando que en el socialismo las relaciones de producción son parte integrante de las fuerzas productivas.

El camarada Yaroshenko admite que las relaciones de producción desempeñan cierto papel cuando existen «contradicciones antagónicas de clase», ya que las relaciones de producción en ese caso «contradicen al desarrollo de las fuerzas productivas». Mas para el camarada Yaroshenko, ese papel es sólo un papel negativo, el papel de factor que frena el desarrollo de las fuerzas productivas y que traba su desarrollo. Y el camarada Yaroshenko no ve en las relaciones de producción otras funciones, no ve ninguna función positiva.

En cuanto al régimen socialista, donde ya no existen «contradicciones antagónicas de clase» y donde las relaciones de producción «no contradicen ya al desarrollo de las fuerzas productivas», el camarada Yaroshenko considera que aquí las relaciones de producción pierden todo papel independiente; las relaciones de producción dejan de ser un factor importante del desarrollo y son absorbidas por las fuerzas productivas, como la parte es absorbida por el todo. El camarada Yaroshenko dice que en el socialismo:

«Las relaciones de producción entre los hombres entran en la organización de las fuerzas productivas como un medio, como un elemento de esa organización». (Carta del camarada Yaroshenko al Buró Político del Comité Central, 20 de marzo de 1952)

En tal caso, ¿cuál es la tarea principal de la economía política del socialismo? El camarada Yaroshenko contesta:

«La tarea principal de la economía política del socialismo no consiste, por esa razón, en estudiar las relaciones de producción entre los hombres de la sociedad socialista, sino que consiste en elaborar y desarrollar la teoría científica de la organización de las fuerzas productivas en la producción social, la teoría de la planificación del desarrollo de la economía nacional». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

Esa es la causa precisa de que el camarada Yaroshenko no se interese por cuestiones económicas del régimen socialista como la existencia de diversas formas de propiedad en nuestra economía, la circulación mercantil, la ley del valor y otras, considerándolas cuestiones secundarias que no hacen más que provocar discusiones escolásticas. El declara sin circunloquios que en su economía política del socialismo:

«Las discusiones en cuanto al papel de una u otra categoría de la economía política del socialismo –valor, mercancía, dinero, crédito, etc.–, que con frecuencia toman entre nosotros un carácter escolástico, son reemplazadas por sensatos razonamientos sobre la organización racional de las fuerzas productivas en la producción social y la fundamentación científica de esa organización». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

En consecuencia, economía política sin problemas económicos.

El camarada Yaroshenko piensa que basta con alcanzar una «organización racional de las fuerzas productivas» para que el paso del socialismo al comunismo transcurra sin grandes dificultades. Considera que eso basta y sobra para la transición al comunismo. Declara sin más ni más que:

«La lucha fundamental por la construcción de la sociedad comunista se reduce, en el socialismo, a la lucha por organizar con acierto las fuerzas productivas y por utilizarlas racionalmente en la producción social» –véase el discurso en el Pleno». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

El camarada Yaroshenko proclama solemnemente que: «El comunismo es la organización científica superior de las fuerzas productivas en la producción social».

Resulta, a lo que se ve, que toda la esencia del régimen comunista está comprendida en la «organización racional de las fuerzas productivas».

Partiendo de todo eso, el camarada Yaroshenko deduce que no puede haber una economía política para todas las formaciones sociales, que debe haber dos economías políticas: una para las formaciones sociales presocialistas, cuyo objeto es el estudio de las relaciones de producción entre los hombres, y otra para el régimen socialista, cuyo objeto deberá ser, no el estudio de las relaciones de producción, es decir, de las relaciones económicas, sino el de las cuestiones vinculadas a la organización racional de las fuerzas productivas.


Tal es el punto de vista del camarada Yaroshenko.

¿Qué puede decirse de ese punto de vista?

No es cierto, primeramente, que el papel de las relaciones de producción en la historia de la sociedad se limite al papel de freno que traba el desarrollo de las fuerzas productivas. Cuando los marxistas hablan del papel de freno de las relaciones de producción, no se refieren a todas las relaciones de producción, sino tan sólo a las viejas relaciones de producción, que no corresponden ya al desarrollo de las fuerzas productivas y, en consecuencia, frenan su desarrollo. Pero, además de las viejas relaciones de producción, existen, como se sabe, las nuevas relaciones de producción que sustituyen a las viejas. ¿Se puede, acaso, decir que el papel de las nuevas relaciones de producción se reduce al papel de freno de las fuerzas productivas? No, no se puede. Al contrario: las nuevas relaciones de producción son la fuerza principal y decisiva que determina precisamente el desarrollo continuo, y poderoso, de las fuerzas productivas, y sin ellas las fuerzas productivas estarían en nuestro país condenadas a vegetar como vegetan hoy en los países capitalistas.

Nadie puede negar el desarrollo colosal de las fuerzas productivas de nuestra industria soviética en los años de cumplimiento de los planes quinquenales. Pero ese desarrollo no se habría producido si en octubre de 1917 no hubiésemos reemplazado las viejas relaciones de producción, las relaciones de producción capitalistas, por unas relaciones de producción nuevas, por las relaciones de producción socialistas. Sin esa revolución en las relaciones de producción, en las relaciones económicas, las fuerzas productivas vegetarían en nuestro país como vegetan hoy en los países capitalistas.

Nadie puede negar el desarrollo colosal de las fuerzas productivas de nuestra agricultura en el curso de los últimos 20-25 años. Pero ese desarrollo no hubiera tenido lugar si no hubiéramos sustituido, en los años del 30, las viejas relaciones de producción capitalistas en el campo por nuevas relaciones de producción, por unas relaciones de producción colectivistas. Sin esa revolución en la producción, las fuerzas productivas de la agricultura vegetarían en nuestro país como vegetan hoy en los países capitalistas.

Claro que las nuevas relaciones de producción no pueden ser ni son eternamente nuevas, comienzan a envejecer y a entrar en contradicción con el continuo desarrollo de las fuerzas productivas, comienzan a perder el papel de motor principal de las fuerzas productivas y se transforman en su freno. Entonces, en lugar de esas relaciones de producción, ya viejas, aparecen nuevas relaciones de producción, cuyo papel consiste en ser el motor principal del continuo desarrollo de las fuerzas productivas.

Esta peculiaridad del desarrollo de las relaciones de producción, que pasan del papel de freno de las fuerzas productivas al papel de motor principal de su avance, y del papel de motor principal al papel de freno de las fuerzas productivas, constituye uno de los elementos principales de la dialéctica materialista marxista. Esto lo saben hoy todos los que han visto un libro de marxismo. Esto no lo sabe, según resulta, el camarada Yaroshenko.

No es cierto, en segundo lugar, que el papel independiente de las relaciones de producción, es decir, de las relaciones económicas, desaparece en el socialismo; que las relaciones de producción sean absorbidas por las fuerzas productivas; que la producción social en el socialismo se reduzca a la organización de las fuerzas productivas. El marxismo considera la producción social como un todo que consta de dos aspectos vinculados indisolublemente: las fuerzas productivas de la sociedad –relaciones de la sociedad con las fuerzas naturales, en la lucha con las cuales obtiene la sociedad los bienes materiales necesarios– y las relaciones de producción –relaciones mutuas entre los hombres en el proceso de la producción–. Estos dos aspectos de la producción social, aunque están ligados entre sí de un modo indisoluble, son diferentes. Y precisamente por ser aspectos diferentes de la producción social, pueden actuar uno sobre el otro. Afirmar que uno de esos aspectos puede ser absorbido por el otro y transformado en su parte integrante, significa pecar gravemente contra el marxismo.

Marx dice:

«En la producción los hombres no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo, para actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir, los hombres contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y solo a través de ellos, es como se relacionan con la naturaleza y como se efectúa la producción». (Karl Marx; Trabajo asalariado y capital, 1849)

Por consiguiente, la producción social consta de dos aspectos que, aunque están indisolublemente ligados el uno con el otro, reflejan, no obstante, dos categorías diferentes de relaciones: las relaciones del hombre con la naturaleza –fuerzas productivas– y las relaciones de unos hombres con otros en el proceso de la producción –relaciones de producción–. Sólo la existencia de ambos aspectos de la producción nos da la producción social, ya se trate del régimen socialista o de otras formaciones sociales.

Por lo visto, el camarada Yaroshenko no está muy de acuerdo con Marx. Considera que esta tesis de Marx no es aplicable al régimen socialista. Por eso, precisamente, reduce el problema de la economía política del socialismo a la tarea de la organización racional de las fuerzas productivas, dejando de un lado las relaciones de producción, las relaciones económicas, y separando de ellas las fuerzas productivas.

Por tanto, en lugar de la economía política marxista, encontramos en el camarada Yaroshenko algo así como la «ciencia universal de la organización» de Bogdánov.

Así, pues, partiendo de la idea acertada de que las fuerzas productivas son las más dinámicas y las más revolucionarias de la producción, el camarada Yaroshenko lleva esa idea al absurdo, negando el papel de las relaciones de producción, de las relaciones económicas, en el socialismo; y en lugar de una producción social llena de vida, obtiene una técnica de la producción unilateral y enclenque, algo así como la «técnica de organización de la sociedad» de Bujarin.

Marx dice:

«En la producción social de su vida [es decir, en la producción de los bienes materiales necesarios para la vida del hombre – Stalin], los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social» (Karl Marx; Véase el prólogo de la «Contribución a la crítica de la Economía Política», 1859)

Eso significa que toda formación social, incluida la sociedad socialista, tiene su base económica, formada por el conjunto de las relaciones de producción entre los hombres. Surge la pregunta: ¿qué piensa el camarada Yaroshenko en cuanto a la base económica del régimen socialista? Como sabemos, el camarada Yaroshenko ha liquidado ya las relaciones de producción en el socialismo como una esfera más o menos independiente, incluyendo lo poco que ha quedado de ellas en la organización de las fuerzas productivas. Se pregunta uno, ¿posee el régimen socialista su propia base económica? Es evidente que, si en el socialismo las relaciones de producción han desaparecido como fuerza más o menos independiente, el régimen socialista subsiste sin su base económica.

En consecuencia, un régimen socialista sin su base económica. Resulta una historieta bastante divertida.

¿Es posible, en general, un régimen social sin su base económica? El camarada Yaroshenko, evidentemente, considera que es posible. Está bien, pero el marxismo considera que regímenes sociales de esa naturaleza no existen bajo la capa del cielo.

No es cierto, por último, que el comunismo sea la organización racional de las fuerzas productivas; que la organización racional de las fuerzas productivas encierre en sí toda la esencia del régimen comunista; que baste organizar racionalmente las fuerzas productivas para pasar al comunismo sin grandes dificultades. En nuestra literatura hay otra definición, otra fórmula del comunismo, que es la fórmula leninista: «El comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país». Por lo visto, al camarada Yaroshenko no le gusta la fórmula leninista, y la reemplaza por su propia fórmula, de producción casera: «El comunismo es la organización científica superior de las fuerzas productivas en la producción social».

En primer término, nadie sabe qué es esa organización «científica superior» o «racional» de las fuerzas productivas que proclama a los cuatro vientos el camarada Yaroshenko ni cuál es su contenido concreto. El camarada Yaroshenko repite decenas de veces esta fórmula mítica en sus discursos ante el Pleno, en las comisiones de éste, en su carta a los miembros del Buró Político; pero no dice en ningún sitio ni una sola palabra para aclarar cómo hay que comprender, concretamente, esa «organización racional» de las fuerzas productivas, que según él, encierra en sí toda la esencia del régimen comunista.

En segundo término, puesto que se trata de elegir entre dos fórmulas, no procede rechazar la fórmula leninista, que es la única acertada, sino la fórmula del camarada Yaroshenko, manifiestamente artificial y no marxista, extraída del arsenal de Bogdánov, «ciencia universal de la organización».

El camarada Yaroshenko supone que basta alcanzar una organización racional de las fuerzas productivas para obtener la abundancia de productos y pasar al comunismo, para pasar de la fórmula «a cada cual, según su trabajo» a la fórmula «a cada cual, según sus necesidades». Ese es un gran error, que revela la incomprensión más absoluta de las leyes del desarrollo económico del socialismo. El camarada Yaroshenko concibe las condiciones del paso del socialismo al comunismo de un modo demasiado simple, con una simplicidad infantil. El camarada Yaroshenko no comprende que no se puede obtener una abundancia de productos que permita cubrir todas las necesidades de la sociedad ni pasar a la fórmula «a cada cual, según sus necesidades», mientras subsistan fenómenos económicos como la propiedad de determinados grupos, de los koljóses, la circulación mercantil y otros. El camarada Yaroshenko no comprende que, antes de pasar a la fórmula «a cada cual, según sus necesidades», hay que recorrer varias etapas de reeducación económica y cultural de la sociedad, en el curso de las cuales el trabajo dejará de ser a los ojos de la sociedad sólo un medio de ganarse la vida, para convertirse en la primera necesidad de ésta, y la propiedad social, en la base firme e inviolable de la existencia de la sociedad.

Para preparar el paso real, y no declarativo, al comunismo, es necesario cumplir, por lo menos, tres condiciones fundamentales:

a) Es indispensable, en primer término, asegurar de verdad, no una mítica «organización racional» de las fuerzas productivas, sino el incremento constante de toda la producción social, y preferentemente el de la producción de medios de producción. El que se dé preferencia al incremento de la producción de medios de producción, no sólo es necesario porque esta producción debe asegurar las máquinas necesarias, tanto a sus propias empresas como a las empresas de todas las demás ramas de la economía nacional, sino porque sin ella no es posible, en absoluto, llevar a cabo la reproducción ampliada.

b) Es indispensable, en segundo término, elevar la propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo el pueblo, mediante transiciones graduales realizadas con ventaja para los koljóses y, por consiguiente, para toda la sociedad, y, también, mediante transiciones graduales, sustituir la circulación mercantil por un sistema de intercambio de productos, para que el poder central o cualquier otro centro económico-social pueda disponer de todo el producto de la producción social en interés de la sociedad.

El camarada Yaroshenko se equivoca cuando afirma que en el socialismo no existe contradicción alguna entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas de la sociedad. Claro está que nuestras actuales relaciones de producción atraviesan por un período en que, correspondiendo plenamente al incremento de las fuerzas productivas, las impulsan adelante a pasos agigantados. Pero sería una equivocación contentarse con eso y suponer que no existe contradicción alguna entre nuestras fuerzas productivas y nuestras relaciones de producción. Sin duda alguna, hay y habrá contradicciones, por cuanto el desarrollo de las relaciones de producción va e irá a la zaga del desarrollo de las fuerzas productivas. Con una política acertada de los organismos dirigentes, estas contradicciones no pueden convertirse en contradicciones antagónicas, y no puede producirse un conflicto entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas de la sociedad. Otra cosa sucedería si aplicáramos una política desacertada, como la que propone el camarada Yaroshenko. En ese caso, el conflicto sería inevitable y nuestras relaciones de producción podrían convertirse en un freno muy serio para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Por ello, la misión de los organismos dirigentes consiste en advertir oportunamente las contradicciones cuando están gestándose y tomar a tiempo las medidas necesarias para eliminarlas mediante la adaptación de las relaciones de producción al incremento de las fuerzas productivas. Esto se refiere, ante todo, a fenómenos económicos como la propiedad de determinados grupos, de los koljóses, y la circulación mercantil. Claro que actualmente estos fenómenos son aprovechados con buen éxito para desarrollar la economía socialista, y reportan un beneficio indudable a nuestra sociedad. No cabe duda de que también en el próximo futuro reportarán su beneficio. Pero sería una ceguera imperdonable no ver que, al mismo tiempo, esos fenómenos comienzan ahora ya a frenar el poderoso desarrollo de nuestras fuerzas productivas, por cuanto son un obstáculo para que la planificación por parte del Estado abarque plenamente toda la economía nacional, en particular la agricultura. No cabe duda de que, con el tiempo, esos fenómenos frenarán más y más el desarrollo de las fuerzas productivas de nuestro país. Por consiguiente, la tarea consiste en liquidar esas contradicciones mediante la transformación gradual de la propiedad koljosiana en propiedad de todo el pueblo y la aplicación –también gradual– del intercambio de productos en lugar de la circulación mercantil.

c) Es necesario, en tercer término, alcanzar un ascenso cultural de la sociedad, que asegure a todos sus miembros el desarrollo universal de sus capacidades físicas e intelectuales, para que puedan recibir una instrucción que les permita ser agentes activos del desarrollo de la sociedad, para que puedan elegir la profesión que más les guste y no tengan que verse atados de por vida, debido a la división del trabajo existente, a una sola profesión.

¿Qué hace falta para esto?

Sería erróneo suponer que se puede alcanzar un desarrollo cultural tan elevado de los miembros de la sociedad sin serios cambios en el estado actual del trabajo. Para eso es necesario, ante todo, reducir la jornada de trabajo, por lo menos, a seis, y más adelante a cinco horas. Eso es necesario para que los miembros de la sociedad dispongan del tiempo libre suficiente para adquirir una instrucción universal. Para ello es necesario, además, implantar la enseñanza politécnica general y obligatoria, indispensable para que los miembros de la sociedad puedan elegir la profesión que más les guste y no se vean atados de por vida a una sola profesión. Para ello es necesario, además, mejorar radicalmente las condiciones de vivienda y elevar al doble, por lo menos, el salario real de los obreros y de los empleados, tanto mediante el aumento directo del salario metálico, como, sobre todo, mediante la rebaja sistemática de los precios de los artículos de amplio consumo.

Tales son las condiciones fundamentales de la preparación del paso al comunismo.

Sólo después de cumplir todas esas condiciones, se podrá esperar que el trabajo deje de ser para los miembros de la sociedad una carga y se convierta «en la primera necesidad de la vida» –como decía Marx–; que «el trabajo se convierta, de una penosa carga, en un placer» –como decía Engels–; que la propiedad social sea apreciada por todos los miembros de la sociedad como la base firme e inviolable de la existencia de la sociedad.

Sólo después de cumplir todas esas condiciones, se podrá pasar de la fórmula socialista «de cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según su trabajo» a la fórmula comunista «de cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades».

Eso representará el paso radical de una economía, de la economía del socialismo, a otra economía superior, a la economía del comunismo.

Como puede verse, la cuestión del paso del socialismo al comunismo no es tan sencilla como se la imagina el camarada Yaroshenko.

Tratar de reducir cosa tan compleja y polifacética, que exige cambios económicos muy importantes, a la «organización racional de las fuerzas productivas», como lo hace el camarada Yaroshenko, supone suplantar el marxismo por el bogdanovismo.

2) Otros errores del camarada Yaroshenko

a) Basándose en su erróneo punto de vista, el camarada Yaroshenko llega a deducciones erróneas acerca del carácter y del objeto de la economía política.

El camarada Yaroshenko, partiendo de que cada formación social tiene sus leyes económicas específicas, niega la necesidad de una economía política única para todas las formaciones sociales. Pero carece de toda razón, y difiere a este respecto de marxistas como Engels y Lenin.

Engels dice que la economía política es:

«La ciencia de las condiciones y de las formas en que las diversas sociedades humanas producen e intercambian, y en que, de acuerdo con ello, efectúan cada vez la distribución de los productos». (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

Por lo tanto, la economía política estudia las leyes del desarrollo económico, no de una formación social determinada, sino de las diversas formaciones sociales.

Como se sabe, Lenin está de completo acuerdo con ese enunciado. En sus observaciones críticas al libro de Bujarin «La economía del período de transición», Lenin dijo que Bujarin erraba al restringir la esfera de acción de la economía política a la producción mercantil y, ante todo, a la capitalista y señaló que Bujarin daba «un paso atrás respecto a Engels».

Con ese enunciado está completamente de acuerdo la definición de la economía política dada en el proyecto de manual, donde se dice que la economía política es la ciencia que estudia «las leyes de la producción social y de la distribución de los bienes materiales en las diversas fases de desarrollo de la sociedad humana».

La cosa es comprensible. En su desarrollo económico, las diversas formaciones sociales no sólo se subordinan a sus leyes económicas específicas, sino también a las leyes económicas comunes a todas las formaciones, por ejemplo, a leyes como la ley de la unidad de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en una producción social única, como la ley de las relaciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el proceso de desarrollo de todas las formaciones sociales. Por consiguiente, las formaciones sociales no sólo están separadas entre sí por sus leyes específicas, sino ligadas entre sí por las leyes económicas comunes a todas ellas.

Engels tenía toda la razón al decir:

«Para hacer con toda plenitud esa crítica de la economía política burguesa, no bastaba con estudiar la forma capitalista de producción, de intercambio y de distribución. Era necesario también investigar y confrontar, siquiera en rasgos generales, las formas que la habían precedido o que existían paralelamente a ella en los países menos desarrollados». (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

Es evidente que en esta cuestión el camarada Yaroshenko hace eco a Bujarin.

Prosigamos. El camarada Yaroshenko afirma que en su «Economía Política del Socialismo» «las categorías de la economía política –valor, mercancía, dinero, crédito, etc.– son reemplazadas por sensatos razonamientos sobre la organización racional de las fuerzas productivas en la producción social»; que, en consecuencia, el objeto de esta economía política no son las relaciones de producción del socialismo, sino «la elaboración y el desarrollo de la teoría científica de la organización de las fuerzas productivas, de la teoría de la planificación de la economía nacional, etc.»; que en el socialismo las relaciones de producción pierden su significado independiente y son absorbidas por las fuerzas productivas como parte integrante de ellas.

Debe decirse que hasta ahora ningún «marxista» chiflado había escrito tan absurdo galimatías. Recapacítese, ¿qué significa la economía política del socialismo sin los problemas económicos, sin los problemas de la producción? ¿Acaso existe bajo la capa del cielo semejante economía política? ¿Qué significa sustituir, en la economía política del socialismo, los problemas económicos por los problemas de la organización de las fuerzas productivas? Significa acabar con la economía política del socialismo. El camarada Yaroshenko procede así precisamente: acaba con la Economía Política del socialismo. En este aspecto entronca por completo con Bujarin. Bujarin decía que al ser destruido el capitalismo debía serlo también la economía política. El camarada Yaroshenko no lo dice, pero lo hace, acabando con la economía política del socialismo. Verdad es que el camarada Yaroshenko aparenta al mismo tiempo no estar totalmente de acuerdo con Bujarin, pero eso es marrullería y, por cierto, marrullería barata. En realidad, hace lo que predicaba Bujarin y censuraba Lenin. El camarada Yaroshenko sigue las huellas de Bujarin.

Prosigamos. El camarada Yaroshenko reduce los problemas de la economía política del socialismo a los problemas de una organización racional de las fuerzas productivas, a los problemas de la planificación de la economía nacional, etc. Pero se equivoca profundamente. Los problemas de una organización racional de las fuerzas productivas, de la planificación de la economía nacional, etc., no son objeto de la economía política, sino de la política económica de los organismos dirigentes. Son dos esferas distintas, que no deben ser confundidas. El camarada Yaroshenko ha confundido estas dos cosas distintas y se ha puesto en situación embarazosa. La economía política estudia las leyes de desarrollo de las relaciones de producción entre los hombres. La política económica deduce de ello las conclusiones prácticas, las concreta y erige sobre esta base su trabajo cotidiano. Recargar la economía política con las cuestiones de la política económica significa hundirla como ciencia.

El objeto de la economía política son las relaciones de producción, las relaciones económicas entre los hombres. A esta esfera corresponden: a. las formas de la propiedad sobre los medios de producción; b. la situación, dimanante de esto, de los diversos grupos sociales en la producción y sus relaciones mutuas, o, como dice Marx, el «intercambio de actividades»; c. las formas de distribución de los productos que dependen por completo de dichas formas de propiedad. Todo esto constituye, en su conjunto, el objeto de la economía política.

En esta definición no se emplea la palabra «intercambio», que figura en la definición de Engels. No se emplea porque habitualmente muchos entienden por «intercambio» el intercambio de mercancías, que no es propio de todas las formaciones sociales, sino únicamente de algunas, lo que a veces origina confusiones, aunque Engels no sólo comprendía por «intercambio» el intercambio de mercancías. Sin embargo, como se ve, lo que Engels entendía por «intercambio» ha encontrado su lugar en la citada definición, como parte integrante de ella. En consecuencia, por su contenido, esta definición del objeto de la economía política coincide plenamente con la definición de Engels.

b) Cuando se habla de la ley económica fundamental de una u otra formación social, se parte, por lo común, de que esta última no puede tener varias leyes económicas fundamentales, de que sólo puede tener una ley económica fundamental, precisamente como ley fundamental. En caso contrario tendríamos varias leyes económicas fundamentales para cada formación social, lo que está en pugna con el concepto mismo de ley fundamental. Sin embargo, el camarada Yaroshenko no está de acuerdo. Considera que se puede tener, no una ley económica fundamental del socialismo, sino varias leyes económicas fundamentales. ¡Inverosímil, pero es un hecho! En su discurso en el pleno de los participantes en la discusión dice:

«Las magnitudes y las correlaciones de los fondos materiales de la producción social y de la reproducción están determinadas por la existencia y el incremento en perspectiva de la fuerza de trabajo incluida en la producción social. Tal es la ley económica fundamental de la sociedad socialista, la ley que condiciona la estructura de la producción social y la reproducción socialistas». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

Esta es la primera ley económica fundamental del socialismo.

En el mismo discurso el camarada Yaroshenko declara:

«Las correlaciones entre las secciones I y II están condicionadas, en la sociedad socialista, por la necesidad de producir medios de producción en las proporciones necesarias para incluir en la producción social a toda la población apta para el trabajo. Esta es la ley económica fundamental del socialismo y, al mismo tiempo, una demanda de nuestra constitución, derivada del derecho de los ciudadanos soviéticos al trabajo». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

Esta es, por decirlo así, la segunda ley económica fundamental del socialismo.

Por último, en su carta a los miembros del Buró Político el camarada Yaroshenko declara:

«Partiendo de esto, los rasgos esenciales y las exigencias de la ley económica fundamental del socialismo pueden formularse aproximadamente, a mi entender, en los siguientes términos: la producción, en ascenso y perfeccionamiento incesantes, de condiciones de vida materiales y culturales de la sociedad». (Carta del camarada Yaroshenko al Buró Político del Comité Central, 20 de marzo de 1952)

Es ya la tercera ley económica fundamental del socialismo.

¿Todas estas leyes son leyes económicas fundamentales del socialismo o lo es sólo una de ellas? Y en tal caso, ¿cuál de ellas precisamente? El camarada Yaroshenko no responde a estas preguntas en su última carta a los miembros del Buró Político. Al formular la ley económica fundamental del socialismo en su carta a los miembros del Buró Político, «olvida», por lo visto, que hace tres meses, en su discurso en el pleno de la discusión, formuló ya las otras dos leyes económicas fundamentales del socialismo, suponiendo, al parecer, que no se repararía en esta combinación más que dudosa. Pero, como se ve, sus cálculos han resultado fallidos.

Admitamos que las dos primeras leyes económicas fundamentales del socialismo formuladas por el camarada Yaroshenko ya no existen, que desde ahora el camarada Yaroshenko considera como ley económica fundamental del socialismo su tercera fórmula, expuesta en la carta a los miembros del Buró Político. Veamos la carta del camarada Yaroshenko.

El camarada Yaroshenko dice en la carta que no está de acuerdo con la definición de la ley económica fundamental del socialismo expuesta en las «observaciones» del camarada Stalin. Dice así:

«Lo principal en esta definición es «asegurar la máxima satisfacción de las necesidades de toda la sociedad». La producción aparece aquí como medio para el logro de este fin principal: satisfacer las necesidades. Tal definición da motivo para suponer que la ley económica fundamental del socialismo formulada por Ud. no parte de la primacía de la producción, sino de la primacía del consumo». (Carta del camarada Yaroshenko al Buró Político del Comité Central, 20 de marzo de 1952)

Evidentemente, el camarada Yaroshenko no ha comprendido ni palabra de la esencia del problema y no ve que las disquisiciones respecto a la primacía del consumo o de la producción no tienen nada que ver con el asunto que nos ocupa. Cuando se habla de la primacía de unos u otros procesos sociales respecto a otros procesos, se parte, por lo común, de que unos y otros procesos son más o menos homogéneos. Se puede y se debe hablar de la primacía de la producción de medios de producción respecto a la producción de medios de consumo, ya que en uno y otro caso se trata de la producción y, en consecuencia, son más o menos homogéneas. Pero no se puede hablar, sería equivocado hablar de la primacía del consumo respecto a la producción o de la producción respecto al consumo, ya que la producción y el consumo son, aunque están vinculados entre sí, dos esferas completamente distintas. Evidentemente, el camarada Yaroshenko no comprende que aquí no se trata de la primacía del consumo o de la producción, sino del fin que plantea la sociedad ante la producción social, de la tarea a que supedita la producción social, pongamos por caso, en el socialismo. Por eso tampoco tienen nada que ver con el asunto que nos ocupa las disquisiciones del camarada Yaroshenko acerca de que «la base de la vida de la sociedad socialista, como de cualquier otra sociedad, es la producción». El camarada Yaroshenko olvida que los hombres no producen por producir, sino para satisfacer sus necesidades; olvida que una producción, divorciada de la satisfacción de las necesidades de la sociedad, enferma y perece.

¿Se puede, en general, hablar de los objetivos de la producción capitalista o socialista, de las tareas a que se subordina la producción capitalista o socialista? Yo creo que se puede y se debe.

Marx dice:

«El fin inmediato de la producción capitalista no es la producción de mercancías, sino de plusvalía o de beneficio en su forma desarrollada; no del producto, sino del producto suplementario. Desde este punto de vista, el mismo trabajo sólo es productivo mientras crea beneficio o producto suplementario para el capital. Si el obrero no lo crea, su trabajo es improductivo. En consecuencia, la masa del trabajo productivo aplicado solo tiene interés para el capital en la medida en que, gracias a ella –o en correlación con ella–, aumenta la cantidad de trabajo suplementario; solo en tanto es necesario lo que hemos llamado tiempo de trabajo indispensable. Si el trabajo no da ese resultado, es superfluo y debe ser suspendido.

El fin de la producción capitalista consiste siempre en crear el máximo de plusvalía o el máximo de producto suplementario con el mínimo de capital avanzado. Por cuanto este resultado no se alcanza con un trabajo excesivo de los obreros, surge la tendencia del capital de producir el producto dado con el menor costo posible, de economizar fuerza de trabajo y gastos.

Con tal comprensión, los mismos obreros aparecen como lo que son realmente en la producción capitalista; sólo medios de producción, y no un fin por sí mismo ni el fin de la producción». (Karl Marx; Teorías de la plusvalía, tomo II, parte 2)

Estas palabras de Marx son notables no sólo en el sentido de que definen concisa y exactamente el fin de la producción capitalista, sino también en el sentido de que esbozan el fin básico, la tarea fundamental que se debe plantear ante la producción socialista.

En consecuencia, el fin de la producción capitalista es la obtención de beneficios. Por lo que se refiere al consumo el capitalismo solo lo necesita en tanto en cuanto asegura la obtención de beneficios. Si se excluye esto, la cuestión del consumo carece de sentido para el capitalismo. Del campo visual desaparece el hombre con sus necesidades.

¿Cuál es el fin de la producción socialista?, ¿cuál es la tarea principal a cuyo cumplimiento debe subordinarse la producción social en el socialismo?

El fin de la producción socialista no es el beneficio, sino el hombre con sus necesidades, es decir, la satisfacción de las necesidades materiales y culturales del hombre. El fin de la producción socialista es, como se dice en las «observaciones» del camarada Stalin, «asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad».

El camarada Yaroshenko cree que se encuentra ante la «primacía» del consumo respecto a la producción. Eso, claro está, es fruto de la incomprensión. En realidad, aquí no nos encontramos ante la primacía del consumo, sino ante la supeditación de la producción socialista a su fin principal: asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad.

En consecuencia, el fin de la producción socialista es asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad; el medio para el logro de este fin es el desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpido de la producción socialista sobre la base de la técnica más elevada.

Tal es la ley económica fundamental del socialismo.

En su afán de mantener la llamada «primacía» de la producción respecto al consumo, el camarada Yaroshenko afirma que «la ley económica fundamental del socialismo» consiste «en el ascenso y el perfeccionamiento incesantes de la producción de condiciones materiales y culturales de la sociedad». Eso es falso de cabo a rabo. El camarada Yaroshenko desvirtúa Y adultera burdamente la fórmula expuesta en las «observaciones» del camarada Stalin. Según el camarada Yaroshenko, la producción se convierte de medio en fin, y queda excluida la tarea de asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de la sociedad. Resulta el incremento de la producción por el incremento de la producción, una producción sin más objetivo que la producción, mientras que del campo visual del camarada Yaroshenko desaparecen el hombre y sus necesidades.

Por ello no es sorprendente que, al desaparecer el hombre como fin de la producción socialista, desaparezcan los últimos restos de marxismo en las «concepciones» del camarada Yaroshenko.

De esta suerte, en el camarada Yaroshenko resulta no la «primacía» de la producción respecto al consumo, sino algo semejante a la «primacía» de la ideología burguesa respecto a la ideología marxista.

c) La cuestión de la teoría de la reproducción enunciada por Marx merece capítulo aparte. El camarada Yaroshenko afirma que esa teoría es únicamente la teoría de la reproducción capitalista, que no contiene nada que pueda ser válido para las demás formaciones sociales, incluida la formación social socialista. Dice así:

«La aplicación del esquema de la reproducción, elaborado por Marx para la economía capitalista, a la producción social socialista es producto de una comprensión dogmática de la doctrina de Marx y está en pugna con su esencia». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

El camarada Yaroshenko afirma también que:

«El esquema de la reproducción trazado por Marx no corresponde a las leyes económicas de la sociedad socialista y no puede servir de base para el estudio de la reproducción socialista». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

Refiriéndose a la teoría de la reproducción simple formulada por Marx, teoría que establece determinada correlación entre la producción de medios de producción –sección I–, y la producción de medios de consumo –sección II–, el camarada Yaroshenko dice:

«La correlación entre la primera y segunda secciones no está condicionada en la sociedad socialista por la fórmula de Marx V + M de la primera sección y C de la segunda. En el socialismo no debe producirse la citada correlación en el desarrollo de la primera sección y la segunda». (Véase el discurso del camarada Yaroshenko en el pleno de los participantes en la discusión, 1951)

El camarada Yaroshenko afirma que:

«La teoría de las correlaciones entre las secciones I y II, enunciada por Marx, no es aplicable en nuestras condiciones socialistas, ya que esa teoría tiene por base la economía capitalista con sus leyes». (Carta del camarada Yaroshenko al Buró Político del Comité Central, 20 de marzo de 1952)

Así está demoliendo el camarada Yaroshenko la teoría de la reproducción elaborada por Marx.

Por supuesto, esa teoría de la reproducción, elaborada por Marx, como fruto del estudio de las leyes de la producción capitalista, refleja el carácter específico de dicha producción y, lógicamente, reviste la forma de las relaciones de valor capitalistas mercantiles. Y no podía ser de otro modo. Pero ver sólo esta forma en la teoría de la reproducción enunciada por Marx y no advertir su base, no advertir su contenido fundamental, válido no sólo para la formación social capitalista, significa no entender nada de esta teoría. Si el camarada Yaroshenko entendiera algo en este asunto, habría comprendido la verdad evidente de que los esquemas de la reproducción trazados por Marx no se limitan, en modo alguno, a reflejar el carácter específico de la producción capitalista; habría comprendido que encierran, al mismo tiempo, muchos postulados fundamentales de la reproducción válidos para todas las formaciones sociales, entre ellas, y particularmente, para la formación social socialista. Postulados fundamentales de la teoría de Marx acerca de la reproducción como el postulado sobre la división de la producción social en producción de medios de producción y producción de medios de consumo; el postulado sobre la primacía del incremento de la producción de medios de producción en la reproducción ampliada; el postulado sobre la correlación entre las secciones I y II; el postulado sobre el producto suplementario como única fuente de acumulación; el postulado sobre la formación y el destino de los fondos sociales; el postulado sobre la acumulación como única fuente de la reproducción ampliada; todos estos postulados fundamentales de la teoría marxista de la reproducción son esos mismos postulados válidos no sólo para la formación capitalista y de cuya aplicación no puede prescindir ninguna sociedad socialista al planificar su economía nacional. Es significativo que el mismo camarada Yaroshenko, que con tanta altanería suelta bufidos contra los «esquemas de la reproducción» trazados por Marx, haya de recurrir una y otra vez a estos «esquemas» al examinar las cuestiones de la reproducción socialista.

¿Y qué opinaban de esto Lenin y Marx?

Todos conocen las observaciones críticas de Lenin al libro de Bujarin «La economía del período de transición». En estas observaciones Lenin dijo, como se sabe, que la fórmula de Marx relativa a la correlación entre la I y II secciones, contra la que arremete el camarada Yaroshenko, permanece en vigor tanto para el socialismo como para el «comunismo puro», es decir, para la segunda fase del comunismo.

Por lo que se refiere a Marx, como se sabe, no le gustaba abstraerse del estudio de las leyes de la producción capitalista y no se ocupó en su «El Capital» del problema de la aplicación de sus esquemas de la reproducción al socialismo. Sin embargo, en el capítulo 20 del II tomo de «El Capital», en el apartado «El capital constante de la I sección», donde trata del intercambio de productos de la I sección en el seno de ella misma, Marx advierte como de pasada que el intercambio de productos en esta sección transcurriría en el socialismo con la misma constancia que en la producción capitalista. Marx dice:

«Si la producción fuera social en vez de ser capitalista, aparecería claro que los productos de la sección I podrían repartirse no menos constantemente como medios de producción entre las ramas de la producción de esta sección, con objeto de la reproducción; una parte de los mismos permanecería directamente en la esfera de la producción, de la cual salió como producto; otra parte, por el contrario, se alejaría a otros lugares de producción, y así se daría un constante ir y venir entre los distintos lugares de la producción de esta sección». (Karl Marx; «El Capital», tomo II, 1885)

En consecuencia, Marx no consideraba en modo alguno que su teoría de la reproducción era válida sólo para la producción capitalista, aunque él se ocupaba de investigar las leyes de la producción capitalista. Por el contrario, partía, como se ve, de que su teoría de la reproducción podía ser válida también para la producción socialista.

Debe señalarse que Marx, en la «Crítica del programa de Gotha» de 1875, al analizar la economía del socialismo y del período de transición al comunismo, parte de los postulados fundamentales de su teoría de la reproducción, considerándolos, evidentemente, obligatorios para el régimen comunista.

También debe señalarse que Engels, en su «Anti-Dühring» de 1989, al criticar el «sistema socialitario» de Dühring y al definir la economía del régimen socialista, parte asimismo de los postulados fundamentales de la teoría de la reproducción elaborada por Marx, considerándolos obligatorios para el régimen comunista.

Tales son los hechos.

Resulta que también en el problema de la reproducción el camarada Yaroshenko, a pesar de su desenfadado tono cuando habla de los «esquemas, de Marx, se encuentra de nuevo en una situación embarazosa.

d) El camarada Yaroshenko termina su carta a los miembros del Buró Político proponiendo que se le confíe la redacción de la «Economía Política del Socialismo». Escribe así:

«Partiendo de la definición del objeto de la economía política del socialismo expuesta por mí en la sesión plenaria, en la comisión y en esta carta, y utilizando el método dialéctico marxista, yo podría elaborar en un año, o a lo sumo en año y medio, asistido por dos personas, las soluciones teóricas de los problemas fundamentales de la economía política del socialismo, así como exponer la teoría marxista, leninista-stalinista de la economía política del socialismo, teoría que convertirá esta ciencia en un arma eficaz de lucha del pueblo por el comunismo». (Carta del camarada Yaroshenko al Buró Político del Comité Central, 20 de marzo de 1952)

Forzoso es reconocer que el camarada Yaroshenko no peca de modesto. Todavía más; podría decirse, utilizando el estilo de ciertos literatos, que «hasta del todo al revés».

Ya hemos dicho antes que el camarada Yaroshenko confunde la economía política del socialismo con la política económica de los organismos dirigentes. Lo que él considera objeto de la economía política del socialismo una organización racional de las fuerzas productivas, la planificación de la economía nacional, la formación de los fondos sociales, etc., no es objeto de la economía política del socialismo, sino de la política económica de los organismos dirigentes.

No hablo ya de que los serios errores cometidos por el camarada Yaroshenko y su «punto de vista» no marxista no predisponen a confiarle tal encargo.

Conclusiones

a) La queja del camarada Yaroshenko respecto a los dirigentes de la discusión carece de sentido, ya que los dirigentes de la discusión, siendo marxistas, no podían reflejar en los documentos que sintetizan los resultados de la discusión el «punto de vista» no marxista del camarada Yaroshenko.

b) La petición del camarada Yaroshenko de que se le encargue la redacción de la «Economía Política del socialismo» no puede ser considerada en serio, aunque sólo sea porque apesta a fanfarronería jlestakoviana. (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1952)

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