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DESOBEDIENCIA

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Por Juanjo Gonzalez

No es nuestra pretensión ahondar en éste artículo en el concepto de desobediencia, en su desarrollo o en su concreción histórica. Simplemente trataremos algunas cuestiones que nos sirvan de palanca y nos animen a posteriores opiniones sobre este tema.

Pensamos que es un asunto de interés para cualquier posición emancipadora y más desde un punto de partida revolucionario. Creemos asimismo que en su formulación más sencilla, pero a la vez con claro contenido liberador, es válida para cualquier latitud. Otra cosa será el análisis concreto de tal o cual realidad. Seguro que todas serán bien complejas y tendrán que desarrollar formulaciones propias.

Desde la base señalada, pensamos que la desobediencia puede ser un acto individual o colectivo, más o menos numeroso. Desde una perspectiva individual puede darse una opción que, todavía sin un desarrollo suficiente de interiorización popular, será un acto de afirmación rebelde y negación de la autoridad impuesta que tendrá necesariamente efectos limitados, sin entrar en el grado de respuesta represiva que pueda conllevar. También puede ser un acto individual, porque la puesta en escena así lo exige, pero que multiplicado por otros tantos actos individuales, le confieren un enfoque y una dinámica colectiva.

La desobediencia, también puede ser actos colectivos. Actos llevados a cabo después de un proceso de información, debate e interiorización. Y ello conllevará ensayos varios, refuerzo del sentimiento colectivo y deseo del bienestar grupal, colectivo, de clase. Y también exigirá análisis de la situación antes, durante y después de su comienzo y desarrollo.

Siguiendo con el supuesto de desobediencia colectiva, habrá que estudiar también la planificación en cuanto a contenido, forma, ritmo, intensidad y opciones de reconducción. Exigirá al mismo tiempo niveles de concienciación elevados. De entrega sin obtener nada en un plazo previsible. Habrá que estudiar cuándo y cuánto se puede estancar la situación, cuándo hace falta un esfuerzo superior, cómo coger aire en el camino…

Exige contar con nuestras propias y exclusivas fuerzas, las del pueblo trabajador vasco. Teniendo en cuenta también y sabiendo que el enemigo tiene una inmensa fuerza coercitiva autóctona/cipaya y la propia de los dos estados. Y si en un momento dado fuerza de choque les faltara, en el mundo sobran agencias que ofrecen ejércitos de mercenarios como actualmente actúan en diversos continentes del planeta.

Y no podemos olvidar todos los medios que tienen los Estados en tanto que instrumentos del capital y sus burguesías. Es decir, no olvidar a los partidos del sistema (antes se decía del régimen, por cierto y salvando las distancias). No olvidar a los medios de comunicación, a la iglesia… Tampoco al miedo sempiterno que nos han metido en el cuerpo desde que nacimos. Miedo prácticamente a todo, pero sobre todo miedo a liberarnos y a tomar el destino en nuestras manos, justamente fuera del alcance del patriarcado, de la burguesía y de todos los poderes e instrumentos que sustentan este sistema.

En fin. Hablar de desobediencia colectiva es hablar de solidaridad, de primar lo colectivo sobre lo individual, del auzolan, de los batzarres. De nuestra ley. La ley del ocupante no tiene o no debería tener valor en nuestra colectividad. Otra cosa es cuándo, cómo y de qué manera decidimos ponerla en marcha. Tendrá que ser con unas suficientes condiciones objetivas y subjetivas por supuesto y ahí entra también el con quién, con qué ritmo, compromiso, hasta dónde…

Tendremos que tener en cuenta los ensayos y prácticas que ha tenido nuestro Pueblo. Las positivas y las negativas. No olvidemos quién puede ir hasta el final y a quién no le interesa ni le interesará jamás un cambio totalmente radical de la propiedad de los medios de producción. Quien optará siempre por la democracia burguesa vasca y quien por la democracia socialista vasca.

No podemos olvidar nunca que cada posición de clase, y en este caso la burguesa, exige y lucha por su entramado, sus valores, sus leyes, su reparto del poder y riqueza para poder seguir perpetuándose. Y exige obediencia. Además, habremos de ser conscientes siempre que la clase social al mando, teniendo todos los medios de transmisión en su poder, consigue incluso convencer a quien oprime para que éste le apoye y defienda frente a sus iguales, frente a sus hermanos. Y a menudo lo consigue.

Y cuando la clase de arriba, la que está en el poder, la clase burguesa ve peligrar su estatus, también tiene otros recursos como son las posiciones socialdemócratas. Opción ideológica ésta, aquí en Euskal Herria, que no pone en cuestión las bases necesarias para derrotar a la burguesía y no aboga por la tomar del poder por parte del pueblo trabajador vasco y sus capas populares.

Y así desactivan los momentos de peligro para la clase burguesa. Por medio de las elecciones y del voto, de los partidos obedientes a la democracia de la burguesía y sostenedores de la misma con su diario quehacer. Siempre encontrarán un medio para conducir al pueblo, a la mayoría, por caminos que nada tienen que ver con la emancipación del propio pueblo trabajador.

Suelen actuar bajo parámetros similares: “en democracia todo se puede”, “todas las ideas son válidas y pueden ser desarrolladas en libertad y en igualdad de condiciones”, “hay que respetar la ley”, “eso no se puede hacer, no es legal”, “no se puede hacer eso, no se puede plantear eso porque es propiedad privada”, “a fin de cuentas son los bancos quienes generan dinero…” “no te esfuerces ni desesperes, pues siempre ha sido así”, “la verdad es que los trabajadores también somos unos vagos”, “es que todas queremos más y no puede ser”…

Y no nos olvidamos que estamos hablando de desobediencia colectiva. Desobediencia como pueblo trabajador vasco del que formamos parte para construir una Euskal Herria Sozialista.

Ocurre que dependiendo de los intereses de clase de cada cual habrá que aclarar para quién y por qué vamos a mojarnos. En base a ello, unos verán cómo mantener o aumentar la tasa de ganancia y competir con otros y rebajar los propios costes para por avaricia sobre-explotar a los que venden su fuerza de trabajo…

Otros, pensando quién es (quiénes somos) realmente el sujeto revolucionario que conscientemente va a tirar de ese carro y de otros para adelante… quién no va a ser nuestro aliado sino circunstancialmente, dejando clarito que lucharemos para la mayoría, para los de abajo, para el pueblo trabajador vasco y que ahí no hay trato (“acuerdo entre diferentes”), ni chanchullos burgueses de turno. Ni lo habrá.

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