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Este viernes, el mundo entero se despertó alarmado con la noticia de que EE.UU. había lanzado un ataque con misiles Tomahawk contra una base aérea del Ejército sirio en la provincia de Homs (Siria), que dejó varios muertos.

Pero lo más perturbador no fue el ataque en sí, sino el hecho de que “Washington, una vez más, ignoró al Congreso” y a la ONU y “se declaró juez, jurado y verdugo al tratar una crisis internacional”, señala a RT el periodista estadounidense, Robert Bridge.

Washington justificó esa maniobra por el supuesto ataque con armas químicas ocurrido el 4 de abril en Jan Sheijun, en la localidad de Idlib (Siria), en el que habrían muerto entre 58 y 100 personas. Sin embargo, la ofensiva se desencadenó antes de que el Consejo de Seguridad de la ONU organizara un comité de investigación para esclarecer lo ocurrido en Idlib e identificar a los responsables.

¿Se repite lo que ocurrió hace 15 años?

Esta semana en una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU, la embajadora de EE.UU. ante ese organismo, Nikki Haley, hizo algo realmente notable: mostrar fotografías de niños sirios fallecidos supuestamente durante el ataque con armas químicas en Siria, algo que pretendió utilizar como evidencia de la responsabilidad directa del Gobierno de Damasco por ese incidente. “Si Haley hubiese actuado así, como fiscal, en un tribunal de Justicia, mostrando pruebas infundadas, más llenas de emociones que de hechos, se hubieran reído de ella”, sostiene el periodista.

No obstante, Bridge remarca la asombrosa similitud del discurso y acusación de Haley con la realizada ante el mismo Consejo de la ONU, hace 15 años por el entonces secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell. “El 5 de febrero de 2003, Powell reclamó enérgicamente una acción militar contra el Irak de Saddam Hussein, acusándolo erróneamente de fabricar y almacenar armas de destrucción masiva. Para ello mostró a la Asamblea un falso frasco supuestamentel leno de ántrax“, recuerda.

Hace 15 años, tras una resolución conjunta del Congreso estadounidense, y después de que los expertos de la ONU en Irak no encontrasen ninguna evidencia de las supuestas armas químicas, EE.UU. decidió liderar una coalición para invadir Irak con la misma justificación. Sin embargo, y a diferencia de los acontecimientos de 2003, Trump “no dio la oportunidad a los entrometidos inspectores de armamento de examinar la escena del crimen antes de mandar sus relámpagos desde el cielo, como el poderoso Thor”, recuerda Bridge.

La ‘contribución’ de los medios de comunicación

En medio de este panorama, el periodista norteamericano también señala la labor del aparato mediático internacional que “tristemente fomenta las correrías militares y azotan a líderes como se fustiga a un caballo al galope“.

“Me parece asombroso que, desde que llegó a la presidencia, las primeras noticias positivas sobre Trump en los medios vengan de la mano de una aventura militar equivocada, basada en cero evidencias”, lamenta Robert Bridge. “Esta peligrosa tendencia ha evolucionado desde los tiempos de la Administración de Bush hasta hoy, pues parece que [la prensa] funciona codo con codo con los militares y el Gobierno”, concluye.

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