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En noviembre de 1864 se publicaba en Londres el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores, la I Internacional. Las luchas proletarias que habían marcado el periodo anterior se concretaban por vez primera en una expresión organizativa internacional. Carlos Marx dejaba un inmenso legado a la clase obrera de todos los países señalando, de su puño y letra, que “La clase posee ya un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber”.

Asociación y saber. La clase obrera respondió al llamamiento final con el que terminaba en Manifiesto Inaugural: ¡Proletarios de todos los países, uníos! Se organizaron los primeros partidos obreros que entendían que la conquista del poder político se había convertido, en palabras de Marx, en el gran deber de la clase obrera. Desde entonces, un hilo rojo atraviesa la Historia: el hilo rojo de la lucha revolucionaria de la clase obrera por el poder.

Las luchas clasistas libradas por el proletariado, y por el pueblo trabajador en general, van conformando una experiencia colectiva, una teoría, un saber. Y ese saber, como señalaba el Manifiesto Inaugural, se transmite principalmente a través de la asociación, de la organización obrera, cuyo máximo exponente es el Partido.

Desde la fundación del PSOE, el 2 de mayo de 1879, la clase obrera española trabaja en una obra siempre inacabada, trabaja en diseñar una herramienta organizativa en permanente proceso de perfeccionamiento. Tras los debates que sacuden el movimiento obrero mundial organizado en la II Internacional, con el impulso de la Gran Revolución Socialista de Octubre y el ejemplo del Partido Bolchevique, la clase obrera afronta un nuevo debate. O se deposita la confianza en la vía sin salida de la socialdemocracia oficial o se sigue el camino indicado por Marx en 1871 y recorrido por los comunistas en Rusia: el camino hacia la toma del poder.

Los bolcheviques habían roto el hielo y, en palabras de Lenin, habían marcado el camino a seguir. En marzo 1919 se funda la Internacional Comunista o III Internacional. La clase obrera perfeccionaba su herramienta y emprende la inmensa tarea de organizar en cada país su Partido Comunista, su Sección de la Internacional. Los proletarios de todos los países respondían de nuevo al llamamiento a la asociación. Escalaban un nuevo peldaño en su lucha apoyándose en el saber acumulado por las generaciones precedentes.

En 1920 la clase obrera española responde a ese llamamiento: se fundan el Partido Comunista Español y el Partido Comunista Obrero Español, que bajo auspicios de la Komintern fundan el 14 de noviembre de 1921 el Partido Comunista de España, Sección española de la III Internacional. De nuevo se combinan saber y asociación: el saber obrero se expresa científicamente en la teoría marxista-leninista, la asociación asciende un nuevo peldaño y se forja el partido de nuevo tipo, el Partido Comunista.

Bajo las banderas rojas del PCE nuestra clase obrera librará sus más contundentes y heroicas batallas hasta nuestros días. Los enfrentamientos con la Dictadura de Primo de Rivera, el asalto al poder en Asturias en 1934, la lucha armada durante la Guerra Nacional Revolucionaria contra el fascismo, la lucha guerrillera, la lucha antifascista en los frentes de la II Guerra Mundial y la lucha clandestina contra el franquismo.

Un camino que nuestra clase obrera no recorrió sola. Como señaló Marx en el Manifiesto Inaugural: “La experiencia del pasado nos enseña cómo el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes países y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados.” Nuestra clase obrera contó siempre con el apoyo de sus hermanos de clase, cuya máxima expresión fueron sin duda las Brigadas Internacionales, en las que se alistaron miles y miles de jóvenes de decenas de países a los que, en su despedida, Antonio Machado dedicó estas palabras: “Amigos muy queridos, compañeros, hermanos: la España verdadera, que es la España fiel al Gobierno de su República, nunca podrá olvidaros. En su alma lleva escritos vuestros nombres: ella sabe muy bien que el haber merecido vuestro auxilio, vuestra ayuda generosa y desinteresada, es uno de los más altos timbres de gloria que puede ostentar”.

Tampoco podremos olvidar la ayuda internacionalista soviética y la solidaridad con nuestra lucha demostrada por el movimiento obrero y comunista de multitud de países hasta los sangrientos días de la transición del fascismo a la democracia burguesa, expresión más sofisticada de la dictadura de clase capitalista.

Pero el Partido fue atacado, en España y fuera de España. Se desató el vendaval eurocomunista que venía a cuestionar el saber y las formas de asociación que había logrado forjar nuestra clase obrera: se atacó el partido de nuevo tipo y el saber marxista-leninista. Miles de hombres y mujeres se enfrentaron militantemente a la mutación del Partido Comunista de España en un proceso complejo que, a la postre y con el apoyo consecuente del movimiento comunista internacional, conduciría al Congreso de Unidad de los Comunistas, que sesionó del 13 al 15 de enero de 1984, fundando el Partido Comunista (PC), que adoptará posteriormente la denominación de Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), tras una decisión judicial promovida a instancias del PCE eurocomunista. Se mantenía así el hilo rojo, se defendía el marxismo-leninismo y las más altas formas organizativas probadas en el combate por la clase obrera internacional.

Y así llegaron los años 90, y con ellos el triunfo de la contrarrevolución en la Unión Soviética y en los países que construían en socialismo en el este europeo. El PCPE fue duramente golpeado por procesos de escisión, de abandono masivo, y perdió el apoyo y respaldo internacionalista de los países socialistas, perdió progresivamente su patrimonio y su influencia política se redujo a su mínima expresión. Mientras, en el seno del PCE, se amenazaba la propia continuidad de la sigla y crecían las voces que exigían su disolución en Izquierda Unida. El anticomunismo campaba a sus anchas. Pero, en aquellos años amargos de traiciones y deserción, hubo quien no claudicó, hubo quien se negó a arriar banderas.

La clase obrera logró encontrar las fuerzas para preservar el hilo rojo, para proteger organizadamente la llama del marxismo-leninismo en medio de la tormenta contrarrevolucionaria. La militancia del PCPE y de los CJC, en condiciones muy difíciles, logró encontrar las fuerzas para resistir. Y en lo que quedaba del PCE, cuando nadie lo esperaba, una nueva generación militante levantaba en la UJCE las banderas del marxismo-leninismo, contrariando todo pronóstico y enfrentando las posiciones revisionistas y liquidacionistas de su propio Partido.

En las peores condiciones se había resistido, aunque de forma precaria se habían mantenido las formas organizativas del partido de nuevo tipo y el saber marxista-leninista. En aquellas duras jornadas, desde distintos puestos de combate, con nuestros aciertos y nuestros errores, se luchó por mantener un hilo rojo en el que se encontraban militantes comunistas de diferentes generaciones, con diferentes experiencias de lucha y con diferentes trayectorias, pero unidos en un propósito común que fue concretándose en un lento proceso de fortalecimiento del PCPE.

Ya no era suficiente con resistir. El IX Congreso del PCPE, reunido en diciembre de 2010, demostró que se habían creado las condiciones para dar nuevos pasos y para superar la etapa de resistencia que había abarcado las dos últimas décadas de lucha. Se abre entonces un proceso dirigido a elaborar la estrategia revolucionaria en las condiciones contemporáneas, condensando en ella el saber acumulado durante toda la etapa anterior. Comienza el estudio científico de las causas que permitieron el triunfo de la contrarrevolución, de los errores y desviaciones en que incurrió en movimiento comunista, de la estructura de clases del país y del papel central de la clase obrera en todo proceso revolucionario, de sus alianzas sociales y las formas de organización obrera y popular. En paralelo, se dieron importantes avances en el plano internacional con la fundación de la Revista Comunista Internacional y de la Iniciativa Europea de Partidos Comunistas y Obreros.

Y, como en otros momentos de la Historia, se acumularon las resistencias y de nuevo se desató la lucha. No una lucha generacional, como se ha tratado de presentar, sino una lucha entre quienes confían en la clase obrera, en su fuerza y en su capacidad para proseguir la senda del hilo rojo, y entre quienes no supieron o no quisieron entender que la etapa de resistencia se había terminado, aquellos que no aciertan a tirar de la madeja en las presentes condiciones para que el hilo rojo siga atravesando la Historia. Unos pujando por desarrollar el marxismo-leninismo, por definir la estrategia revolucionaria, por crear un gran Partido Comunista que encabece una nueva ofensiva y cumpla con el deber, señalado por Marx, de avanzar hacia la toma del poder. Otros, empeñados en volver a las trincheras de los años 90. Muchos, con independencia de dónde militen o de si militan o no, expectantes ante el desarrollo de los acontecimientos.

El hilo rojo seguirá, y lo hará de nuevo con el apoyo de “los trabajadores de los diferentes países… que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación...”. El Partido, con el camarada Ástor García como Secretario General, con su Secretariado Político, su Comité Central, sus organizaciones y su militancia bolchevique dispuestos a la ofensiva, se prepara para alcanzar nuevas metas. Se inicia una nueva ofensiva comunista en España en la que no sobra nadie, en la que hacemos falta todos y todas para afilar el arma más precisa con que cuenta la clase obrera: su Partido Comunista. La militancia comunista de nuestro país está convocada a contribuir, cada cual en la medida de sus posibilidades, al éxito de este proceso, en el que no cabe ni el sectarismo ni la exclusión. Porque estamos convencidos de que en la unidad marxista-leninista está la clave de la victoria, y que sólo con esa unidad podremos vencer.

Desde las primeras luchas libradas por nuestra clase obrera hasta la fundación del I Internacional; desde el deslinde de campos que condujo a nuestros antepasados a organizar la Internacional Comunista y a la fundación del primer Partido Comunista en nuestro país; desde las heroicas luchas de nuestro pueblo hasta los amargos días de la contrarrevolución en la Unión Soviética; desde las trincheras de los años 90 hasta generar las condiciones de un nuevo contraataque, los hijos e hijas de la Revolución de Octubre, nos disponemos a mantener vivo el hilo rojo del marxismo-leninismo, y dar pasos decisivos hacia la victoria en el año del centenario.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Raúl M.T.
Secretario del Comité Central del PCPE.

1 Comentario

  1. La enésima escisión de la escisión diciendo que todo el mundo es bienvenido “sin sectarismo ni exclusión”. Todo lo vivido hasta ahora por el Socialismo mundial sólo ha tenido sentido como preludio de la gran revolución que pondrá en marcha el Partido Elegido.
    Un poco de humildad (y de seriedad), señores.

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