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[Sobre] China; Jim Washington, 1980

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La «nueva democracia»

Durante la guerra civil revolucionaria dirigida por el Partido Comunista de China contra el Gobierno del Kuomintang, el Partido Comunista de China identifica las clases enemigas señalando a los grandes terratenientes y a los «capitalistas burocráticos». La clase capitalista burocrática, o la gran burguesía de China, de acuerdo con Mao Zedong, consistieron en cuatro familias enormemente ricas, Chiang, Soong, Kung y Chen, quienes tuvieron el sector estatal de la economía. Este sector incluye la mayor parte de la industria pesada de China, la mayor parte de la cual fue desarrollada por los imperialistas japoneses y nacionalizada por el gobierno Kuomintang después de la Segunda Guerra Mundial. Véase la obra de J. Chesneaux: «China: La República Popular» de  1979.

El resto de la burguesía china, la que el Partido Comunista de China considera como «capitalistas nacionales» serán sus aliados en la revolución democrática nacional. Este sector de la burguesía controlaba dos terceras partes de la producción industrial moderna en China en la época de la revolución.  Véase de nuevo la obra de J. Chesneaux: «China: La República Popular» de 1979.

Las empresas de la burguesía nacional se concentran sobre todo en la industria ligera –textiles, productos alimenticios, etc.–, pero también se incluyen las minas, molinos de acero, etc. Entre ellos se encontraban fábricas modernas a gran escala y los molinos que emplean a decenas de miles de trabajadores cada uno.

El programa presentado por el Partido Comunista de China durante la revolución nacional-democrática fue diseñado para ganar la cooperación de la burguesía nacional, haciendo hincapié en que habría un lugar para ellos en la sociedad de la «nueva democracia» que el Partido Comunista de China proponía. Mao Zedong describió el programa económico del Partido Comunista de China de la siguiente manera:

«Confiscar la tierra de la clase feudal y entregarla a los campesinos; confiscar el capital monopolista, cuyos cabecillas son Chiang Kai-shek, T. V. Soong, H. H. Kung y Chen Li-fu, y entregarlo al Estado de nueva democracia; proteger la industria y el comercio de la burguesía nacional: éstos son los tres principios cardinales del programa económico de la revolución de nueva democracia». (Mao Zedong; La situación actual y nuestras tareas, 25 de diciembre de 1947)

Veamos otro ejemplo del campo económico de la nueva democracia:

«En vista del atraso económico de China, incluso después de la victoria de la revolución en todo el país, será todavía necesario permitir, durante un largo período, la existencia del sector capitalista representado por la extensa capa superior de la pequeña burguesía y por la burguesía media». (Mao Zedong; La situación actual y nuestras tareas, 25 de diciembre de 1947)

En el ámbito político, Mao Zedong dejó claro que el Partido Comunista de China no tenía la intención de establecer la dictadura del proletariado, sino una coalición de gobierno de las cuatro clases a las que el Partido Comunista de China calificaba como democráticas y revolucionarias: el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la burguesía nacional:

«La política de nueva democracia, que preconizamos, consiste en derrocar la opresión extranjera y liquidar la opresión interior feudal y fascista, para luego establecer un régimen político de frente único de todas las clases democráticas, y no uno de vieja democracia. Lo que preconizamos coincide plenamente con las tesis revolucionarias del Dr. Sun Yat-sen. (…) Hay quienes se preguntan si los comunistas chinos, una vez en el poder, no implantarán una dictadura del proletariado y un gobierno unipartidista, siguiendo el ejemplo de Rusia. Nuestra respuesta es que un Estado de nueva democracia, basado en la alianza de las diversas clases democráticas, es por principio distinto de un Estado socialista de dictadura del proletariado». (Mao Zedong; Sobre el gobierno de coalición, 24 de abril de 1945)

Este gobierno de coalición democrática iba a estar en teoría bajo la dirección del proletariado, pero se hacía énfasis en que iba a ser en principio diferente de la dictadura del proletariado. Esto se debió a que Mao Zedong pensaba que la etapa democrática nacional de la revolución continuaba tras el derrocamiento del gobierno Kuomintang y el establecimiento de una de un gobierno democrático de coalición. Mientras explicaba que el programa inmediato del Partido Comunista de China era el derrocamiento del gobierno de Kuomintang, agregó que:

«Nuestro programa general de nueva democracia ha permanecido y permanecerá inalterado a lo largo de toda la etapa de la revolución democrático-burguesa, es decir, durante varias décadas». (Mao Zedong; Sobre el gobierno de coalición, 24 de abril de 1945)

 

Durante esta etapa, llamada de «nueva democracia», bajo la visión de Mao:

«La clase obrera podrá acumular las fuerzas para conducir a China hacia el socialismo, el capitalismo se desarrollará en medida apropiada durante un período bastante largo». (Mao Zedong; Sobre el gobierno de coalición, 24 de abril de 1945)

Y, agregó, que si bien habría contradicciones entre las clases durante la etapa de la «nueva democracia», estas no tendrían que ser resueltas violentamente o de manera antagónica. En su lugar, se resolverían a través de ajustes y cooperación:

«Naturalmente, entre estas clases no dejarán de existir contradicciones, siendo una de las más evidentes la contradicción entre el trabajo y el capital. Por lo tanto, cada una de estas clases tendrá demandas propias. Sería una hipocresía y un error negar la existencia de esas contradicciones y demandas. Pero, a lo largo de toda la etapa de nueva democracia, esas contradicciones y demandas no pueden ni deben prevalecer sobre las demandas comunes. Podrán ser reajustadas, lo que permitirá a esas clases realizar conjuntamente la construcción política, económica y cultural del Estado de nueva democracia». (Mao Zedong; Sobre el gobierno de coalición, 24 de abril de 1945)

Las exigencias de que la burguesía nacional y el proletariado tenían en común que eran demandas democrático-burguesas. Sin embargo, Mao Zedong dijo claramente que las diferentes reivindicaciones del proletariado, es decir, como la revolución socialista, no se permitirían, pues no se dejaría trascender de las demandas comunes en la etapa de la «nueva democracia». Por otro lado, sin embargo, Mao Zedong dejó en claro que el socialismo vendría a través de la «nueva democracia». ¿Cuál era entonces el significado de la línea de Mao Zedong?

En opinión de Mao Zedong la burguesía nacional no abandonaría necesariamente el proceso, no se volvería en contra de la revolución después de la toma del poder. Decía que si la contradicción entre el proletariado y la burguesía se manipulaba correctamente, como una contradicción «en el seno del pueblo», y a través de «unidad-lucha-unidad», el proletariado podría conducir pacíficamente a la burguesía nacional al socialismo.

Después del triunfo de la revolución en 1949, Mao Zedong precisamente no estrecho el frente único, sino que más bien lo amplio. Él le dijo a los miembros del Partido Comunista de China que aunque había muchos miembros de la burguesía nacional que habían tomado partido por el gobierno Kuomintang:

«Muchos de sus representantes eran antes enemigos nuestros, se han desprendido del campo adversario para pasarse a nuestro lado». (Mao Zedong; No atacar en las cuatro direcciones, 6 de junio de 1950)

Y añadió que:

«Con éstos también debemos unirnos, ya que en una u otra medida son unibles. La unidad con ellos favorece al pueblo trabajador». (Mao Zedong; No atacar en las cuatro direcciones, 6 de junio de 1950)

Y Mao Zedong reafirmó que la alianza con la burguesía nacional no iba a ser a corto plazo, sino una alianza a largo plazo. En la primavera de 1950, en un discurso dirigido a la burguesía nacional entre otros, Mao dijo:

«Superadas las pruebas de la guerra y la reforma agraria, la prueba restante, la del socialismo, la de la transformación socialista a escala nacional, será fácil de pasar. Cuando llegue el momento –este momento llegará en un futuro lejano– de la nacionalización de la industria privada y de la socialización de la agricultura, el pueblo no olvidará a aquellos que hayan hecho contribuciones en el curso de la guerra revolucionaria y de la reforma revolucionaria del sistema agrario, así como en los subsiguientes años de la edificación económica y cultural; ellos tienen un brillante porvenir. Nuestro país avanza a paso firme de la manera siguiente: ha pasado por la guerra, se halla ahora en el proceso de las reformas de nueva democracia, y luego pasará, sin apresuramiento y con la debida preparación, a un nuevo período, el socialismo, cuando su economía y cultura hayan alcanzado un gran florecimiento y todas las condiciones estén dadas y cuando, habiéndolo meditado bien, lo apruebe todo el pueblo». (Mao Zedong; Ser un revolucionario completo, 23 de junio de 1950)

Mao Zedong pintó una imagen agradable, pacífica y gradual de la transición al socialismo en China, el mismo cuadro ofrecía para su burguesía nacional en sus discursos. En las siguientes secciones veremos si la línea de Mao cuadró con la realidad de lucha de clases en China tras la victoria de la revolución.

Las cuatro clases en el poder

En septiembre de 1949, en la víspera de la liberación de todo el país, el Partido Comunista de China invitó a los ocho partidos que representaban a la burguesía nacional y a la pequeña burguesía, así como a todas las personas de estas clases a unirse en la formación de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino que actuaría como un congreso provisional. El Partido Comunista de China constituyó oficialmente el nuevo gobierno chino.

Mao Zedong fue designado como Presidente del Consejo de Gobierno Central del Pueblo, el máximo órgano en la toma de decisiones, con tres miembros del Partido Comunista de China, así como tres representantes de burguesía nacional, que le servían a él como vicepresidentes. El número de miembros del consejo estaba compuesto por 32 miembros del Partido Comunista de China, 32 miembros de los partidos burgueses y nueve personalidades democráticas, que generalmente eran burgueses. Véase la obra de J. Domes: «Las políticas internas en China» de 1973.

Chou En-lai encabezaba el Consejo de Asuntos de Gobierno, el máximo órgano ejecutivo, y directamente debajo de él servían diez miembros del Partido Comunista de China y 11 miembros de los partidos burgueses y «personalidades democráticas». De los ministerios, 16 estaban dirigidos por miembros del Partido Comunista China, mientras que los miembros de los partidos burgueses se hicieron cargo de la otros 15. Un representante burgués fue elegido para presidir el Tribunal Supremo, mientras que un miembro del Partido Comunista de China fue nombrado Procurador General. Véase la obra de J. Domes: «Las políticas internas en China» de 1973.

La dirección del nuevo gobierno del Partido Comunista de China estaba garantizada por su fuerza, el apoyo popular y, sobre todo, por el Ejército Popular de Liberación. Los partidos democráticos eran relativamente pequeños, no tenían apoyo popular significativo fuera de los círculos burgueses e intelectuales, y no tenían un poder militar independiente. Su peso y sobrerrepresentación en el gobierno no amenazaba directamente el liderazgo del Partido Comunista de China, pero sí determinó que el gobierno chino después de la revolución fuera definitivamente un gobierno de coalición con la burguesía nacional, diferente en principio de una dictadura sobre la burguesía.

El Partido Comunista de China aprobó un «Programa Común», que sirvió como constitución provisional. Este programa pedía un énfasis principal para ir hacia el desarrollo del sector estatal, del cual el nuevo gobierno revolucionario se había hecho cargo al recibirlo del gobierno Kuomintang. Pero al mismo tiempo pidió la expansión del sector privado y reafirmó que el nuevo gobierno lo debía proteger:

«La propiedad pública del Estado y de las cooperativas, así como los intereses económicos y la propiedad privada de los obreros, los campesinos, la pequeña burguesía y la burguesía nacional. Se debe desarrollar la economía de nueva democracia del pueblo y continuamente transformar al país de una economía agrícola a una industrial. El principio básico para la construcción económica de la República Popular de China es el desarrollo de la producción y el logro de una economía próspera a través de las políticas que tengan en cuenta tanto los intereses públicos como los intereses privados, beneficiar tanto al trabajo como al capital, dar ayuda mutua entre la ciudad y el campo, y fomentar la circulación de mercancías entre china y el extranjero. El Estado deberá coordinar y regular la economía de propiedad estatal, la economía cooperativa, la economía individual de los campesinos y artesanos, la economía capitalista privada y la economía capitalista estatal». (Prensa de Lenguas Extranjeras; Documentos importantes de la primera sesión Plenaria del Partido Comunista de China)

El período de reconstrucción tras el triunfo de la revolución –que más o menos duró de 1949 a 1952– resultó ser un periodo tan brillante para la burguesía nacional como el propio Partido Comunista de China había prometido años antes. Incluso esta etapa ha sido llamada por algunos «la segunda edad de oro de la burguesía nacional china» –la primera fue el año después de la Primera Guerra Mundial–. Véase la obra de J. Chesneaux: «China: La República Popular» de 1979.

Entre enero 1950 y diciembre de 1951 en las ocho principales ciudades chinas, 92.000 nuevas empresas privada se crearon con apoyo estatal. Véase la obra: «Prensa de Lenguas Extranjeras; Archivos sobre la nueva política económica» de 1949-1952.

La producción industrial privada casi se duplicó durante los primeros cuatro años después de la revolución, de 6.825 millones de yuanes en 1949 a 13.109 millones de yuanes en 1953. Véase la obra de Choh Ming Li: «El desarrollo económico de la China comunista» de 1959.

Transición gradual y pacífica al socialismo

Cuando el Ejército Popular de Liberación entró en las principales ciudades chinas en 1948 y 1949, el Partido Comunista de China tenía muy pocos y débiles vínculos con la clase obrera. La organización del Partido Comunista de China en las ciudades en las «zonas blancas», bajo la dirección de Liu Shao-chi, era pequeña ya que había concentrado su atención en el desarrollo de estrechas relaciones con los progresistas, con los círculos anti Kuomintang de la burguesía nacional, los intelectuales y los estudiantes. Como hemos visto antes, el Partido Comunista de China quería el apoyo y la ayuda de estos sectores los cuales también asumirían el poder en la reconstrucción del país. Por otro lado, el Partido Comunista de China había perdido la mayor parte de los lazos con la clase obrera que había desarrollado en la década de 1920. Los sindicatos eran débiles o inexistentes.

Al hacerse cargo del restablecimiento de la producción en los centros de industria pesada concentradas en las provincias del noreste que antes manejaba el Kuomintang, el Partido Comunista de China dependió en gran medida de la organización de los propios obreros, e instituyó formas embrionarias de participación de los obreros en la gestión. Véase la obra de «R. MacFarquhar: China bajo Mao» de 1963.

En las ciudades costeras, donde se concentraban las empresas de la burguesía nacional, el Partido Comunista de China dependió en gran medida de la cooperación de la burguesía nacional. En 1952, después de dos años de rápido crecimiento de la industria privada y del comercio de la burguesía nacional, el Partido Comunista de China inició una campaña masiva, conocida como la lucha contra los «cinco males», para frenar la actividad ilegal como la de la especulación que había acompañado al desarrollo capitalista, intentándose con esta campaña sentar las bases para el refuerzo del control gubernamental de la industria privada. Esta campaña fue precedida por una campaña similar contra los «tres males» en el sector estatal.

La mayor concentración de la industria en China estaba en Shanghái, casi todas en manos privadas. En un período de tres semanas durante la campaña contra los «cinco males», unos 160.000 trabajadores se movilizaron en Shanghái para asistir a las reuniones para exponer las actividades ilegales de sus empresas y unas 50.000 personas se unieron a las brigadas de inspección. A través de la campaña, los sindicatos se organizaron y fortalecieron, y se reclutaron muchos trabajadores para el partido. Véase la obra de A. Barnett: «Las políticas de los comunistas chinos en acción» 1969.

El objetivo principal de la campaña era acercar la industria capitalista al control del gobierno, rompiendo la independencia económica de los capitalistas. Esto se realizó mediante impuestos y multas así como con un reforzado mayor control por parte del gobierno en el suministro de materias primas. El gobierno entonces formalizo contratos con las empresas capitalistas y las financió. La campaña de «los cinco males» marcó el comienzo de una nueva etapa en la que la industria privada y el comercio fueron controlados cada vez más por el aparato del Estado, proceso que condujo a la parcial «nacionalización» de todas las empresas privadas en 1956 bajo las entidades estatal-privadas. De todos modos la participación del obrero en la dirección se seguía desarrollando de forma desigual, en diferentes fábricas seguían en vigencia las fricciones entre las fuerzas del proletariado y la burguesía.

La campaña de los «cinco males» fue sin duda, un paso adelante, pero su efectividad fue restringida por la concepción del Partido Comunista de China sobre la alianza con la burguesía nacional en la construcción del socialismo. Mao Zedong vio la campaña como parte de su enfoque de la «unidad-lucha-unidad» del Partido Comunista de China con la burguesía nacional. Dijo que el objetivo de la campaña era:

«Averiguar a fondo la situación de los establecimientos industriales y comerciales privados, a fin de facilitar la unidad con la burguesía y el control sobre ella, así como la implantación de la economía planificada del país». (Mao Zedong; Sobre la lucha «contra los tres males», y los «cinco males», 23 de marzo de 1952)

Como ejemplo de esta política hacia la burguesía, Mao dijo que el objetivo de la campaña de «los cinco males» era de disolver las organizaciones secretas de los capitalistas y:

«Ayudar a los dirigentes de la Asociación de la Construcción Nacional Democrática a reorganizar esta entidad, lo que supone la expulsión de aquellos que estén provistos de las «cinco ponzoñas» y demás elementos completamente desacreditados, así como la incorporación de cierto número de personas relativamente honestas, a fin de que aquélla llegue a ser una agrupación política capaz de representar los intereses legales de la burguesía, principalmente de la burguesía industrial, y de educar a la burguesía en el espíritu del Programa Común y los principios de lucha contra los «cinco males». (Mao Zedong; Sobre la lucha «contra los tres males», y los «cinco males», 23 de marzo de 1952)

Aunque las masas de obreros se movilizaron y jugaron un papel clave en el éxito de la campaña de los «cinco males», la dirección general de la campaña en Shanghái no fue puesta en manos de las organizaciones obreras de masas. Más bien, el Partido Comunista de China buscó la cooperación de los capitalistas más grandes e influyentes en Shanghái para llevar a cabo el logro de la restricción gubernamental de la industria, y estos capitalistas fueron invitados a participar en la recién formada «Incremento de la Producción de Shanghái, el Comité de Práctica Económica», el cual, dirigió la campaña contra los «cinco males». Véase la obra de A. Barnett: «Las políticas de los comunistas chinos en acción» de 1969.

La campaña llamó oficialmente a su fin en junio de 1952 con la convocatoria de la «Conferencia Preparatoria de la Federación de China de Círculos Industriales y Comerciales», que debía incluir a los directores de las principales empresas en China e iba a ser dirigido por la mayoría de los capitalistas «progresistas» a los que favorecía el control estatal. ChenYun, el Ministro de Comercio, abordó esta conferencia, diciendo a los capitalistas. ChenYun era un miembro destacado del grupo revisionista de Liu Shao-chi y Deng Xiaoping.

Un registro de esta convocatoria:

«Después de la conclusión de estos movimientos se espera que todas las empresas industriales y comerciales encuentren legítimos beneficiosos para la economía nativa para que la vida del pueblo pueda prosperar sobre una nueva base». (Prensa de Lenguas Extranjeras; Archivos sobre la nueva política económica, 1949-1952)

Más tomas del registro:

«Recientemente hemos bajado las tasas bancarias y vamos a conceder préstamos a las empresas privadas en la mayor escala posible. Huelga decir que los intereses de la industria de nuestro país y el comercio bien serán servidos. (…) Se han creado condiciones muy favorables para la construcción económica nacional y para el desarrollo de una industria y comercio privado lícito. A partir de ahora los industriales y los comerciantes pueden dedicar todas sus energías al desarrollo de la producción y la mejora de sus negocios». (Prensa de Lenguas Extranjeras; Archivos sobre la nueva política económica, 1949-1952)

Último ejemplo:

«Si los funcionarios de gobierno se liberan de los «tres males», si las empresas privadas se abstienen de los «cinco vicios», y bajo el liderazgo de economía Estatal, cumplen con la política económica del Estado, entonces podemos esperar con impaciencia una prosperidad aún mayor y más sana desde ya mismo». (Prensa de Lenguas Extranjeras; Archivos sobre la nueva política económica, 1949-1952)

La Federación China de los Círculos Industriales y Comerciales, básicamente siendo una organización de gestión, y mayoritariamente integrado por representantes de la burguesía nacional, se creó como organización para supervisar la transformación de la empresa privada en empresas estatales, intentando llevar allí la racionalización y la concentración de la economía china. Esta organización, que representaba la alianza con la burguesía nacional, jugaría un rol general reaccionario en los próximos años. El marco para la campaña de «los cinco males» y la construcción y ajuste de la economía con la Federación China de los Círculos Industriales y Comerciales llevó a largo plazo a que el Partido Comunista de China desarrollara una estrategia de «cooperación» para la transformación de la industria capitalista, esta línea Mao Zedong la escribía de la siguiente manera:

«Llevar a cabo la transformación del sector capitalista en socialista pasando por el capitalismo de Estado. La industria y el comercio privados, que emplean a unos 3.800.000 obreros y dependientes, constituyen una gran riqueza del país y desempeñan un papel importante en la economía nacional y la vida del pueblo. No solo proveen al Estado de productos, sino que también pueden acumular fondos y adiestrar cuadros para él. Algunos capitalistas se mantienen muy distanciados del Estado y aún no han abandonado su mentalidad de búsqueda exclusiva de ganancias. Por su parte, algunos obreros, avanzando con demasiada rapidez, quieren negar toda ganancia a los capitalistas. Debemos realizar un trabajo de educación con unos y otros para que se adapten gradualmente –mientras más rápido, mejor– a la política del Estado, política consistente en lograr que la industria y el comercio privados de China sirvan en lo fundamental a la economía nacional y la vida del pueblo y parcialmente a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas, lo que significa entrar en la órbita del capitalismo de Estado. La siguiente tabla muestra la distribución de las ganancias de las empresas adscritas al capitalismo de Estado: Impuesto sobre la renta 34,5%, Fondos de bienestar 15,0%, Fondos de acumulación 30,0%, Dividendos para los capitalistas 20,5%, Total 100,0%. Es necesario continuar educando a los capitalistas en el patriotismo y, con miras a ello, formar de manera planificada cierto número de capitalistas que tengan larga visión y buena disposición de acercarse al partido comunista y al gobierno popular, de modo que, por su intermedio, se pueda convencer a la mayoría de los capitalistas. Al poner en práctica el capitalismo de Estado, no solo debemos atenernos a lo que es necesario y factible –véase el Programa Común–, sino también contar con la libre voluntad de los capitalistas, pues se trata de una cooperación, y la cooperación está reñida con la coerción. En lo que atañe a la tarea planteada para todo el período de transición, que consiste en cumplir en lo fundamental la industrialización del país y las transformaciones socialistas de la agricultura, de la artesanía y de la industria y comercio capitalistas, ésta no puede materializarse en tres o cinco años, sino en el plazo de varios planes quinquenales». (Mao Zedong; Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 7 de septiembre de 1953)

En 1953, el gobierno chino comenzó a embarcarse seriamente en el camino de implementar gradualmente el control estatal de la industria privada, Mao Zedong seguía viendo la transformación socialista de la industria como algo referente a la realización de varios planes quinquenales. La línea trazada por Mao Zedong para la transformación gradual de la industria capitalista, a su vez, partía de la línea general del Partido Comunista de China para la transición al socialismo:

«La línea general y la tarea general del partido para el período de transición consisten en cumplir en lo fundamental la industrialización del país y las transformaciones socialistas de la agricultura, de la artesanía y de la industria y comercio capitalistas en un lapso de diez a quince años o algo más. Esta línea general es el faro que nos ilumina en todos los frentes de trabajo. No debemos apartarnos de ella, pues de lo contrario incurriremos en errores de «izquierda» o de derecha. Hay quienes consideran demasiado largo el período de transición y se impacientan. Esto los conducirá a errores de «izquierda». Otros siguen parados en el mismo sitio después de alcanzado el triunfo de la revolución democrática. Sin comprender que ha cambiado el carácter de la revolución, continúan trabajando por su «nueva democracia» y no por las transformaciones socialistas. Esto los conducirá a errores de derecha». (Mao Zedong; Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 7 de septiembre de 1953)

Mao Zedong, como se puede ver, se opuso a un libre desarrollo de la empresa privada, pero al mismo tiempo se opuso a cualquier tipo de transformación radical que significara la ruptura de la alianza que el Partido Comunista de China había desarrollado con la burguesía nacional. Orientó progresivamente a la industria capitalista hacia el sector estatal de la economía en colaboración con los capitalistas y sin reemplazar la gestión capitalista en las empresas. Esto según su concepto, podría llevarse a cabo sin problemas, ya que creía que este proceso de «tratar la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, era una contradicción en el seno del pueblo». Esta fue la línea general del Partido Comunista de China. El enfoque liberal hacia la burguesía, permitió que la burguesía se reflejara en la sociedad y que pudiera conservar su posición en la sociedad china bajo las nuevas condiciones.

Liu Shao-Chi y la derecha en el Partido Comunista de China

Liu Shao-chi fue el líder del Partido Comunista de China con el rango más alto en las ciudades, las llamadas «zonas blancas», antes de la revolución. Él tenía amplias relaciones con la burguesía nacional y de hecho, su mujer pertenecía a esta clase social. Liu también tenía buenas relaciones con su hermano, quién era un gran hombre de negocios. Pero aparte de eso, las acciones de Liu después de la liberación muestran claramente que ha actuado como representante y agente de la burguesía dentro del Partido Comunista de China.

Liu Shao-chi defendió los intereses inmediatos y demandas de la burguesía nacional, después de la liberación, el 25 de abril de 1949 afirmaba:

«No debe haber restricciones [sobre las empresas privadas – Anotación de J. W.] durante siete u ocho años. Esto es beneficioso para el Estado, los obreros y la producción». (Pekín Informa; Vol.10, No.34, 18 de agosto de 1967)

Sin embargo, Liu Shao-chi tenía una «visión de futuro» y un programa de desarrollo nacional mayor que la de muchos miembros de la burguesía nacional, pues estos solo estaban interesados principalmente en el mantenimiento y expansión de sus propias operaciones individuales y beneficios inmediatos. Liu pretendía desarrollar el capitalismo de Estado; en el cual aboga por la gradual nacionalización de la mayoría de la industria a gran escala con un cierto grado de planificación centralizada. Pero por otro lado, Liu tampoco estaba a favor de la restricción y la total liquidación de la industria privada y el comercio privado. En 1949, Liu había explicado su visión del socialismo a un grupo de líderes industriales:

«Ahora, en la etapa de nueva democracia, los capitalistas pueden llevar su iniciativa plenamente. ¿Y qué se debe hacer en el futuro durante la transición al socialismo? La última vez que hablé con el Sr. Sung Fei-ching le comenté: «Ahora se puede poner a funcionar una  fábrica, en el futuro podrás poner en marcha dos, tres, e incluso ocho fábricas más tarde. Cuando el país inicie la transición al socialismo, puedes entregar las fábricas al Estado, o el Estado la comprará por una gran cantidad, y si el Estado no tiene dinero temporalmente puede emitir bonos. A continuación, el Estado va a confiar la gestión de las ocho fábricas a usted y usted seguirá siendo el gerente, pero ahora serás el gerente de unas fábricas estatales. Si usted es capaz le darán más de ocho fábricas, incluso usted será confiado con 16 fábricas en funcionamiento bajo su mando. No se reducirá su sueldo, sino que será aumentado; ¡sin embargo, usted tendrá que controlarlas bien! ¿Hará usted esto? Sr. Sung dijo: «¡Desde luego que voy a hacerlo!» A usted le llamarán a una reunión para hablar como completar la transición al socialismo. Usted seguramente no va a fruncir el ceño, sino que usted vendrá con una cara radiante como la de los demás». (Pekín Informa; Vol.10, No.34, 18 de agosto de 1967)

¡Este era el «socialismo» de Liu Shao-chi! Efectivamente Liu estaba a favor de la propiedad estatal y de algunas formas de planificación centralizada, con el fin de tratar de frenar la anarquía que la economía china había sufrido durante tanto tiempo. Pero Liu tenía la intención de que esta propiedad estatal y esta planificación estuvieran de todos modos en manos de la burguesía bajo las llamadas empresas estatal-privadas –o sea mixtas– que son un calco del programa de Mao Zedong de 1953. Para garantizar el sistema económico y político que surgiría de  la «nueva democracia» se utilizaría el capitalismo de Estado bajo la dominación política y económica burguesa. Liu tenía metas programáticas definidas:

«1) El partido se transformaría en uno en donde la burguesía tuviera la hegemonía. Los miembros deben ser reclutados del personal de administración y técnico, así como de obreros calificados. 2) Mientras el partido se vea influido por el proletariado, éste no debe tener una «autoridad indebida» en el gobierno o en la industria. La administración debe estar en manos [burguesas – Anotación de J. W.] de expertos y no sufrir una «interferencia» política o ideológica [proletaria]. 3) La rentabilidad debe ser el principal regulador de la planificación económica, y no las necesidades sociales u objetivos políticos [proletarios] Dentro de ciertos límites, la gestión de la empresa debe tener «flexibilidad», la planificación no debe ser «hipercentralizada» [ni siquiera por la burguesía]. 4) La división del trabajo entre la dirección y obreros de la producción debería mantenerse. Los obreros no deben «interferir» con la administración, ni deben los gerentes «perder el tiempo» en la producción. Ingresos burgueses deben mantenerse. Las diferencias salariales no deben ser reducidas, sino ampliadas. 5) Los sindicatos y otras organizaciones de obreros no deben preocuparse por la política, sino que solo deben ocuparse de los objetivos de producción y de trabajar». (Véase los artículos criticando a Liu Shao-chi en Pekín Informa en inicios del 1967 y finales del 1968)

Y así sucesivamente.

Liu Shao-chi, por supuesto, no estaba trabajando solo en este «proyecto». Entre sus colaboradores iniciales contó con otros principales dirigentes del partido, así como con los líderes de gran alcance de la burguesía nacional e intelectuales burgueses. Deng Xiaoping fue uno de sus colaboradores más importantes.

Los esfuerzos del grupo de Liu-Deng para intentar establecer la hegemonía burguesa y la consolidación de las relaciones capitalistas de producción fueron unos inequívocos esfuerzos que se llevaron a cabo bajo el amparo de la línea general del Partido Comunista de China y su guía para la transición al socialismo, tal como en su día había formulado Mao Zedong.

Su trabajo para fortalecer el «cuartel general burgués», se explica con la obsesión desmedida en fortalecer la alianza del partido con la burguesía nacional y esto, por supuesto, fue exactamente lo que se hizo. Para ello se valieron del Departamento de Trabajo del Frente Único del Partido Comunista China, la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, la Federación de China de Industria y Comercio, y otras organizaciones que fueron las expresiones concretas de esta alianza como su cuartel general. Además, la burguesía nacional y los intelectuales burgueses también fortalecieron su organización a través de los partidos democrático-burgueses que se presentaban así mismos como una nueva creación de organizaciones de «profesionales». El Partido Comunista de China animó esta actividad creyendo siempre que era dirigida por los «capitalistas e intelectuales progresistas» –a los que beneficiaba el capitalismo de Estado– y fue coordinado con el Departamento de Trabajo del Frente Único del Partido Comunista de China –dominado por el grupo de Liu-Deng–.

La línea del Partido Comunista de China de «unidad-lucha-unidad» con la burguesía nacional fue utilizada por este grupo para frenar el individualismo extremo y la fragmentación de la burguesía nacional y unir a esta clase con los sectores de derecha del partido bajo la dirección del grupo de Liu-Deng. Con esto en mente, se llevaron a cabo las campañas de «reeducación» y «remodelación» de los capitalistas.

La línea del Partido Comunista de China sobre que la burguesía podría ser «remodelada» y pacíficamente «integrada» en el socialismo era una tapadera perfecta para estos planes de establecer el dominio burgués mientras se decía ir en el barco del socialismo. En la sociedad postrevolucionaria la burguesía tenía una enorme influencia. Sus miembros lograron seguir gestionando la industria privada y el comercio con amplios beneficios. Los intelectuales burgueses ejercían además una gran influencia en el sector estatal de la economía. Y, por supuesto, al ser una coalición de gobierno según mandaba la «nueva democracia», los representantes de la burguesía nacional alcanzaban los puestos gubernamentales más altos. En todas estas esferas trabajaron estrechamente y abiertamente con el ala derechista del partido. Su objetivo no otro que llevar a cabo la transformación «socialista» sin alterar su posición en la sociedad.

La línea de transición gradual del Partido Comunista de China les daría tiempo para consolidar su poder. Aunque es cierto que el grupo de Liu-Deng  fueron los principales opositores de los «excesos» de las campañas para restringir el capital privado y eran los más fuertes partidarios de la prolongación de la transición, no obstante apoyaron el movimiento de la nacionalización y el control del Estado en las empresas pues ellos sabían que podrían utilizar esto para fortalecer a la clase burguesa en su conjunto de igual modo si se manejaba todo bien. Hasta cierto punto limitaron la corrupción, la especulación y la excesiva proliferación por parte de los capitalistas individuales que dañaba la economía en su conjunto. También favorecieron la quiebra de pequeños capitalistas a través de medidas económicas y de la desviación de este capital a la necesaria industria estatal a gran escala que debía mover a toda la economía hacia adelante. Los más grandes capitalistas nacionales, y el grupo de Liu-Deng en su conjunto, se encontraban a la cabeza del movimiento que creo inicialmente las llamadas empresas conjuntas «estatal-privadas» en 1954. De esta manera, las pequeñas empresas se fusionaron en las grandes empresas y las grandes corporaciones resultantes se colocaron en las manos de los capitalistas más grandes, siendo estos claro, representantes en el Estado.

Todos estos acontecimientos fueron parte de una racionalización y concentración de la industria, un proceso que ocurre en ambas sociedades, tanto en las capitalistas como en las socialistas. Este proceso podría llevar a una concentración del poder de la burguesía o del proletariado, dependiendo de cuál sea la clase que ejerce el control político y económico. Liu Shao-chi se apresuró a criticar a todo el que abogara en esa época por una transformación radical que pretendiera realmente expropiar el poder político y económico de la burguesía, diciendo que se estaba desviando de la línea general del Partido Comunista de China de «transición gradual y pacífica al socialismo»:

«La tendencia de desviarse de la línea general del partido desde la «izquierda» se ha manifestado principalmente en la exigencia de que el socialismo se puede lograr durante una noche, con ello lanzan la exigencia de que se utilice un método de expropiación para la industria y comercio capitalistas intentando llevarnos con ello a la quiebra, ellos no admiten que hay que adoptar medidas cautelosas para avanzar, yendo paso a paso hacia el socialismo, y tampoco creen que podamos lograr el objetivo de la revolución socialista por medios pacíficos». (Liu Shao-chi; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 15 de septiembre de 1956)

Después de rechazar la expropiación de la burguesía continúa:

«Dicen que no hemos «hecho un trabajo suficientemente exhaustivo de lo que debíamos haber hecho», que hemos «conciliado y cedido más de lo que deberíamos», y que por tanto nos «hemos salido del marxismo». Con esas tonterías tratan de confundir a la gente. Sugieren que cortemos nuestra alianza con la burguesía nacional inmediatamente, privándonos de todo lo que hemos conseguido hasta ahora». (Liu Shao-chi; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 15 de septiembre de 1956)

Y después de proclamar una vez más su alianza con la burguesía, finaliza que es imposible construir el socialismo precisamente sin estas ideas que por entonces anidaban en el Partido Comunista de China:

«Es bastante obvio que nuestro partido no ha aceptado ninguna de estas opiniones, no seríamos capaces de construir el socialismo con éxito, el socialismo más que con las ideas que estamos realizando hoy». (Liu Shao-chi; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 15 de septiembre de 1956)

Para consolidar su poder las fuerzas burguesas que estaban librando una lucha a vida o muerte contra el proletariado tuvieron que organizar y fortalecer a su propia clase y al mismo tiempo desarrollar la derrota proletaria, minando su influencia en el partido y desactivando sus organizaciones de masas, como los sindicatos. En 1953 las fuerzas de Liu Shao-chi se habían puesto a cargo de la estructura sindical nacional. En 1956 por su propio control de los sindicatos se habían convertido en órganos burocratizados y aislados de las masas. Esto se hizo siguiendo el camino del economicismo. De acuerdo con la dirección de los sindicatos de estas organizaciones, estos debían ocuparse solo de las tareas económicas y no de las tareas políticas del proletariado; o sea garantizar la lucha por la dictadura del proletariado, el desarrollo del control obrero y la expropiación de la burguesía. Abordando el VIIº Congreso de la Federación China de Sindicatos celebrada en 1953, Hsu Chi-chen dijo que:

«Los sindicatos bajo la dictadura democrática popular deben tener en cuenta la mejora de la producción como su tarea central, y sobre esta base, poco a poco mejorar el material y la vida cultural de los trabajadores». (Prensa de Lenguas Extranjeras; El VIIº Congreso de Sindicatos de toda China, 1953)

Liu Shao-chi, que fue elegido presidente honorario de la Federación de China de Sindicatos, agregó en dicho congreso una anotación en las tareas ideológicas del sindicato:

«Debemos fortalecer la educación comunista de los obreros y elevar su conciencia política, para que puedan darse cuenta de la identidad de los intereses de todo el pueblo, del Estado y de los suyos. Al mismo tiempo, debemos adoptar el método de la crítica y la autocrítica para superar los defectos y corregir los errores que existen en las distintas empresas, oponiéndonos a la burocracia y a todo tipo de violación de la disciplina laboral y aumentando la fortaleza de nuestra disciplina laboral». (Prensa de Lenguas Extranjeras; El VIIº Congreso de Sindicatos de toda China, 1953)

Esta «educación comunista» que hablaba era por supuesto, la mentira burguesa de «la identidad de intereses de todo el pueblo» de los capitalistas y los obreros. Al mismo tiempo, Liu estaba diciendo a los capitalistas:

«Debéis luchar contra los obreros. Si no lo hacéis, no culpéis al partido comunista si en el futuro los obreros luchan hasta que sus fábricas estén en ruinas». (Prensa de Lenguas Extranjeras; El VIIº Congreso de Sindicatos de toda China, 1953)

La transformación de la industria y el comercio

Mao Zedong, así como otros dirigentes del Partido Comunista de China no formaban parte de ese grupo reaccionario y burgués descarado que existía en el Partido Comunista de China. Durante el período de la Reconstrucción –de 1949 a 1952– y la Guerra de Corea, siendo realistas, y al juzgar por los artículos de las Obras Escogidas de Mao Zedong y de los relatos históricos, existía poco conflicto entre Mao y el grupo de Liu-Deng. Sin embargo a partir de la primavera de 1953, es decir, a consecuencia del debate en el Partido Comunista de China sobre el plan para la transición al socialismo, Mao se encontró un creciente aumento de la oposición de esta parte del partido. Argumentó que él estaba en contra de la idea de:

«Establecer firmemente el orden social de nueva democracia». (Mao Zedong; Crítica a los conceptos de derecha que se partan de la línea general, 15 de junio de 1953)

Y a la idea de la «igualdad entre los sectores público y privado», diciendo que estos caminos conducirán inevitablemente al capitalismo, que el sector público era el sector líder de la economía y debía ser ampliado, y que el sector privado debía estar subordinado a este. Recordó a los otros derechistas que la política del partido era apoyarse en la clase obrera y no con la burguesía. Él advirtió contra todo:

«Proyectil almibarado de la burguesía». (Mao Zedong; Contra las ideas burguesas en el partido, 12 de agosto de 1953)

Dijo que el objetivo de la burguesía era desarrollar el capitalismo y que:

«La contradicción entre la burguesía y el proletariado es antagónica». (Mao Zedong; Contra las ideas burguesas en el partido, 12 de agosto de 1953)

Pero a pesar de estas buenas palabras, coherentes todas ellas, al mismo tiempo, continuó exponiendo y defendiendo la que había sido la línea general del Partido Comunista de China para la transición al socialismo: el gobierno de coalición de cuatro clases, la transición gradual y pacífica hacia el socialismo, el «remodelamiento» e integración de la burguesía en el socialismo, y el «tratamiento de la contradicción con la burguesía nacional como una contradicción en el seno del pueblo» –a pesar de que reconocía que en otros países generalmente sí era antagónica–, etc. Si bien llevó una crítica frente a los que estaban a cargo de la planificación económica, los cuales casi todos se encontraban en el grupo de Liu-Deng, nunca emprendió  ninguna lucha para eliminar a cualquiera de este grupo de dichos puestos económicos.

Sin embargo y como curiosidad, en 1954 Kao Kang sí fue destituido de su cargo por tratar de establecer un «reino independiente» con su dirección en Manchuria. Nunca había habido ninguna crítica política a fondo ni permanente de él y no podemos estar seguros del contenido exacto de esta lucha política. Es claro, sin embargo, que tanto para el grupo de Liu-Deng, así como para el grupo Mao, fue un alivio desprenderse de él. Es muy posible según vemos en casi todos los relatos, que Kao Kang favoreciera medidas más acordes a la expropiación y la supresión de la burguesía. Véase los extractos de un discurso de Kao Kang en el lanzamiento de la campaña de los «tres males», reimpreso en Problemas en el Comunismo de la edición No.1 de 1952, publicación de opinión publicada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

En 1955 Mao Zedong se convirtió en un hombre cada vez más preocupado por la lentitud de la transición y especialmente por la falta de iniciativa de seguir adelante en la colectivización de la agricultura. El grupo de Liu-Deng se opone a la colectivización calificándola de «prematura». Sin embargo Mao Zedong ganó una gran batalla sobre este tema en cuestión y en el transcurso del próximo año la agricultura en gran parte se colectivizó, aunque este proceso sufriría reveses tiempo después por razones obvias que aquí no podemos explicar en su totalidad.

Ese otoño Mao Zedong inició una campaña contra los intelectuales de derecha y demás contrarrevolucionarios del partido. Durante esta campaña se eliminaron algunos funcionarios locales del Partido Comunista de China, incluyendo entre ellos a Pan Han-nien en Shanghái. Véase la obra de Lynn White III: «Liderazgo en Shanghái, 1954-1969», de 1970. Pan Han-nien fue un funcionario local que había colaborado en la ocultación de las actividades ilegales de los capitalistas durante la campaña de los «cinco males» y oponiéndose al parecer, a la transformación de la industria en empresas estatal-privadas que el Partido Comunista de China había puesto de programa. Al mismo tiempo, decenas de miles de cuadros del gobierno y del partido se retiraron temporalmente de sus cargos y  fueron enviados a los campos a trabajar. Pero a mediados de 1956 la mayoría de ellos fueron reintegrados en sus antiguas posiciones, muchos de ellos recibieron disculpas por lo sucedido. Véase la obra de Maurice Meisner: «La China de Mao» de 1977.

Durante este período había poco conflicto entre Mao Zedong y la dirección de la burguesía, reflejada sobre todo en el grupo de Liu-Deng, no había diferencias sobre cómo se debía proceder a la nacionalización de la industria y el comercio. El grupo de Liu-Deng pensó que podían utilizar este proceso de nacionalización en su beneficio por lo que se hicieron cargo de la aceleración del proceso. A finales de 1956 prácticamente toda la industria privada –con excepción de la artesanía– fue convertida en empresas conjuntas «estatal-privadas». Esta transformación masiva fue acompañada por desfiles de empresarios batiendo gongs y portando banderas rojas mientras marchaban a los ministerios del gobierno para pedir que sus empresas fueran transformadas en empresas conjuntas «estatal-privadas». Los capitalistas se colocaron a la cabeza de las nuevas empresas conjuntas «estatal-privadas» y además los nuevos funcionarios designados por el Estado se unieron a ellos en la gestión de las empresas. Los capitalistas recibían sus antiguos salarios y privilegios, así como el 5% de interés anual sobre su inversión –esto continuó hasta 1966–. Además, esta transformación allanó el camino para que muchos de ellos fueran nombrados en puestos más altos en la estructura económica y política del Estado. Su Fu-ling, el dueño de una gran fábrica de harina en Pekín, resumió  su experiencia en esta transformación de la siguiente manera:

«Por supuesto, yo estaba muy preocupado en ese momento acerca de cómo el partido comunista nos trataría. Sin embargo, el gobierno popular me invitó a participar en varias reuniones inmediatamente después de la liberación de Pekín, y más tarde, me nombraron secretario general del órgano que preparaba la creación de la comisión de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino en Pekín. Me di cuenta de que solo mediante la aceptación de transformación socialista podría haber un futuro brillante para mí. Cuando mi empresa de harina se convirtió en una empresa conjunta estatal-privada en 1954, me adjudicaron un puesto de liderazgo en mi empresa. Además del interés fijo, he recibido una paga relativamente alta. Fui elegido además, miembro del Gobierno Municipal Popular en 1957». (Pekín Informa; Vol.10, No.34, 18 de agosto de 1967)

Jung Yi-jen, el mayor capitalista de China antes de la liberación, fue «líder» en la campaña contra los «cinco males» en 1952, y fue líder del movimiento de los capitalistas «progresistas» que hacían apología de la «nacionalización» de 1954 a 1956, se mantuvo como director de su enorme Corporación Textil Sung-Sing después de que ésta se convirtiera en una empresa conjunta «estatal-privada» en 1955. Al año siguiente fue nombrado para el cargo de director general de los textiles de Shensí. Poco después fue nombrado diputado de la alcaldía de Shanghái y en 1959 viceministro de la Industria Textil. Su hermano también sirvió como diputado en la alcaldía de Shanghái. Véase la obra de Barry Richman: «La sociedad industrial en la China comunista» de 1969.

Otro capitalista nacional, el descendiente de una gran familia industrial de China, se le dio la responsabilidad de la operación de más de medio centenar de fábricas y también sirvió en el Congreso Nacional del Pueblo. En la década de 1960 su hermano organizó una nueva industria relojera en Shanghái que producía unos 850.000 relojes al año. Véase la obra de Barry Richman: «La sociedad industrial en la China comunista» de 1969.

En 1957, Chen Ching-yu, un capitalista nacional de la importante ciudad industrial de Wuhan y Presidente de la Federación de Industria y Comercio de esa ciudad, fue ascendido al puesto de vicegobernador de la provincia de Hopeh. Véase la obra de A. Barnett: «Las políticas de los comunistas chinos en acción», 1969.

Estos son ejemplos de un fenómeno general que se produjo en China después de la liberación y que aumentó después de las presuntas nacionalizaciones en pro del socialismo de 1956.

En la década de 1960 aún había 300.000 capitalistas nacionales que estaban recibiendo pagos de intereses. Véase la obra de Barry Richman: «La sociedad industrial en la China comunista» de 1969.

Un experto occidental en el ámbito gestión describió el estilo de vida de los capitalistas chinos más ricos cuando visitó allí China en 1966:

«Liu Tsing-kee, un miembro del Congreso de Shanghái y del Congreso Nacional del Pueblo, es un magnate textil, sus activos han incluido a cinco grandes fábricas –ahora en propiedad conjunta con el Estado–, las cuales emplean a unas 11.000 personas, los pagos de intereses personales tienen un valor de unos 400.000 dólares anuales, y un salario mensual de $ 300. Los activos totales de su familia, incluyendo las propiedades inmobiliarias, se han valorado en $ 16 millones. Mr. Liu heredó gran parte de la fortuna de su padre hace varios años, y pese a que desde hace tiempo es un capitalista, no ha recibido ningún estigma social por ello. Su fabulosa casa está llena de muchas antigüedades de trescientos años de edad, algunas tan antiguas incluso como para tener seiscientos años encima. Él tiene a su cargo a cuatro funcionarios y tiene un sedán Humber con chófer. Otro señor Liu, que tiene negocios con el del partido, recibe $ 320.000 en intereses anualmente y ha ocupado varios puestos clave del Estado». (Barry Richman; La sociedad industrial en la China comunista, 1969)

Obviamente, en lo que se refiere a la burguesía nacional china, la transformación de la industria se llevó a cabo en 1956, y se realizó en gran parte de la manera en que Liu Shao-chi había predicho unos siete años atrás. Si bien la burguesía nacional no poseía su industria privada, lo cierto es que conservaron sus posiciones, así como sus ingresos. Pudo mantener su poder político y económico gracias a las teorizaciones del Partido Comunista de China y sobre todo gracias a su alianza con el sector derechista del Partido Comunista de China, que velaba por sus intereses.

En 1956, los industriales y hombres de negocios reunidos en el Congreso Nacional de la Federación de China de Industria y Comercio, aprobaron una resolución en la que mostraron su visión del proceso de «transición» al socialismo.

Ellos afirmaron que se debía:

«Fortalecer nuestra autotransformación y de forma inequívoca reconocer la coherencia entre el Estado y nuestros propios intereses». (Hughes y Luard; «El desarrollo de la economía en la China comunista: 1949-1960», 1975)

El VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956

El VIIIº Congreso del Partido Comunista de China fue realizado en septiembre de 1956. En el transcurso de los siete años entre la caída del gobierno del Kuomintang y la convocatoria de este congreso la burguesía había sido revitalizada, una nueva burguesía que se componía tanto de los estratos superiores de la burguesía nacional como de un sector del Partido Comunista de China que compartían la misma ideología burguesa y objetivos había consolidado un tremendo poder en el partido, el Estado y la economía. El férreo predominio de la burguesía en estos campos se reflejó claramente en los documentos del VIIIº Congreso del Partido Comunista de China. Liu Shao-chi, el líder del desarrollo de esta clase, dio el Informe Político del Comité Central del Partido Comunista de China en el congreso. En su informe, explicó que el poder debe seguir siendo compartido con la burguesía nacional a pesar de que, según él, el Estado en 1956 era en esencia, una dictadura del proletariado:

«Algunas personas pueden preguntar: ¿Desde que nuestra dictadura democrática popular sea en el presente en esencia, la etapa de la dictadura del proletariado, cómo se entiende que otras clases, otros partidos y personalidades democráticas sin partido participen en el poder estatal? ¿Por qué es necesario que el frente unido democrático popular en nuestro país siga existiendo? (…) La burguesía nacional ocupa un lugar especial en la dictadura democrática de nuestro pueblo y en nuestro frente único democrático de nuestro pueblo. Durante la Guerra de Resistencia a la Agresión Japonesa, ciertos individuos representativos de la burguesía nacional ya se habían puesto en los órganos de gobierno de las bases revolucionarias. Dado que esto se hizo durante el período de la revolución democrático-burguesa, era fácil de entender. Desde la fundación de la República Popular, aún más representantes de la burguesía nacional y sus partidos han participado en los órganos de nuestro Estado, que es la dictadura del proletariado en su carácter. Además, han seguido manteniendo la alianza política con la clase obrera y el partido comunista en la construcción del socialismo. Es nuestra opinión de que, de ahora en adelante, una política de coexistencia a largo plazo del partido comunista y los partidos democráticos así como de supervisión mutua entre todos debe ser adoptada. (…) Es nuestra opinión de que, de ahora en adelante, una política de coexistencia a largo plazo del partido comunista y los partidos democráticos así como de supervisión mutua entre todos debe ser adoptada (…) Se puede ver esto en que el ampliar el frente único y la unidad patriótica, en vez de afectar nuestra dictadura del proletariado, dan las condiciones propicias para su consolidación y desarrollo». (Liu Shao-chi; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 15 de septiembre de 1956)

También resumió el progreso de la «transformación socialista» de la industria, en la alianza con la burguesía nacional:

«Después de la fundación de República Popular de China –la burguesía nacional– ha dado su apoyo a la dictadura democrática popular, el Programa Común y la Constitución, expresó su voluntad de seguir oponiéndose al imperialismo, y aceptó la reforma agraria, pero también tiene un fuerte deseo de desarrollar el capitalismo. Por lo tanto, nuestra política con respecto a la burguesía nacional, como en el pasado, sigue siendo al mismo tiempo unirnos a la vez que luchamos con ella, con el objetivo de así alcanzar la unidad con ellos a través de la lucha. (…) Como las restricciones impuestas por el Estado en la industria capitalista y comercio chocan con los estrechos intereses de la burguesía nacional, es inevitable que muchos de los capitalistas muestren oposición o infrinjan estas restricciones. La lucha entre la restricción y la lucha contra la restricción ha sido la principal forma de lucha de clases en el interior de nuestro país en los últimos años, lo que refleja la principal contradicción de clase en nuestro país, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía. (…) En el curso de estas luchas, se prestó atención a evitar y corregir el error de imponer a la economía capitalista restricciones demasiado rígidas o abusivas. La política básica del partido y el Estado ha sido la de aislar por completo, a través de estas luchas, a los pocos elementos capitalistas que persisten en sus actividades ilegales de espaldas a las masas del pueblo, así como unirse con los demás miembros de la burguesía, reuniendo entonces a la gran mayoría de los elementos capitalistas que están dispuestos a cumplir con las leyes y decretos del Estado. (…) Ahora se puede afirmar con convicción que con la excepción de unos pocos elementos recalcitrantes que todavía tratan de oponer resistencia, es posible, en el ámbito económico, que la inmensa mayoría de la burguesía nacional acepte la transformación socialista y cambien gradualmente hacia su conversión en personas de trabajo. (…)  Sin embargo, la muy compleja y ardua tarea histórica de transformar el sistema de propiedad privada de los medios de producción en el régimen de la propiedad pública socialista ha sido llevada a cabo en nuestro país. La cuestión de quién va a ganar en la lucha entre el socialismo y el capitalismo en nuestro país ya se ha decidido». (Liu Shao-chi; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 15 de septiembre de 1956)

Liu estaba dispuesto a hablar teóricamente acerca de la «dictadura del proletariado» y la «lucha» contra la burguesía, siempre que esta teorización de «dictadura» incluyera no aplastar a la burguesía, y siempre que esta «lucha» se llevara a cabo en una forma no antagónica, de manera pacífica, con el objetivo de caminar junto a la mayoría de burgueses que según él eran capitalistas de «buen corazón».

En el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, al aprobar el informe de Liu Shao-chi, el propio partido llevó sus conclusiones un paso más allá, donde aprobó una resolución en la que declaraba que:

«La contradicción entre el proletariado y la burguesía, ha sido básicamente resuelta en nuestro país». (Prensa de Lenguas extranjeras; Resolución del Informe Político del Comité Central en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1956)

Y que esto se había hecho a través de la transformación de la industria privada en empresas mixtas estatal-privadas.

Los viejos elementos burgueses que mantuvieron su poder político y económico y con ellos también los nuevos elementos burgueses, fueron consolidándose rápidamente en el sector estatal, ¿pero era esto algo peligroso? por el contrario, de acuerdo con Liu Shao-chi, esto significaba que se estaba «ganando a la burguesía para el socialismo», estas tesis eran una victoria completa para la línea general del partido, pues se hacía oficial una vez más la transición pacífica y gradual. Liu dijo con entusiasmo:

«El hecho de que nuestra burguesía haya anunciado su aceptación de la transformación socialista con una gran alegría entre gongs y tambores es una especie de milagro». (Liu Shao-chi; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 15 de septiembre de 1956)

Por supuesto que no hubo «milagro» que llevara a la burguesía a aceptar la nacionalización de la manera que lo hizo, sino que la manera en la que se llevo fue debido a la combinación de la presión del proletariado y al saber ellos que al hacerse cargo del proceso podrían preservar y centrarían su poder. Sus esfuerzos por consolidar su poder fueron acompañados por un ataque contra el poder de la clase obrera, tanto dentro del partido como en el Estado.

La clase obrera, por tanto, estaba preocupada por la forma en que esta transformación se está llevando a cabo bajo la dirección de la burguesía. Chen Yun, Ministro de Comercio y uno de los principales representantes de la burguesía en el partido, se dirigió a esta cuestión en su discurso ante el VIIIº Congreso del partido:

«Obreros y funcionarios han dado un cálido apoyo al cambio a la gestión estatal y privada, y en todas partes se han organizado unidades de emulación socialista. Pero debido a que no hemos hecho suficiente por ellos, algunos de ellos se preguntan: ¿Cómo es que tenemos aún menos derechos y funciones que antes del cambio? ¿Por qué los antiguos capitalistas están aún en posiciones de autoridad? Antes del reciente cambio en las empresas privadas, era absolutamente necesario contar con dicho control de la producción por los obreros. Pero ahora que estas empresas se han convertido en empresas mixtas estatal-privadas, la clase obrera debe dar un paso más adelante y, en lugar de limitarse a la supervisión de la producción, se debe poner en efecto al frente de la gestión directa en el Estado, que actualmente está dirigido por la clase obrera. En cuanto a los capitalistas y sus asociados, independientemente de la posición de la autoridad que aún puedan conservar en las empresas mixtas estatal-privadas, difiere radicalmente de lo que era antes del cambio». (Prensa de Lenguas Extranjeras; El VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956)

Esto era pura demagogia por parte de un embaucador de la burguesía. Si el Estado hubiera estado realmente bajo la hegemonía de la clase obrera, cuando asumió la propiedad de las empresas privadas no tendría por qué haber ningún deseo en estas de recortar el poder de control de la clase obrera, las empresas habrían sido capaces de vencer a los capitalistas –con el apoyo del Estado–. En su lugar, los propios obreros hubieran supervisado todo este proceso de transición, pudiendo aislar a los capitalistas sin mucha demora. Como las relaciones socialistas de producción se perfeccionan bajo los obreros de la fábrica, estos deberían ganar más y más control directo de la producción bajo la dirección centralizada del Estado proletario. Pero como hemos observado y analizado según los documentos disponibles, el hecho es que el poder de los obreros disminuyó y el de los capitalistas se mantuvo –o aumentó–, esto muestra claramente la naturaleza de clase de la «transformación» de estas empresas, y la enorme influencia que la burguesía mantenía en el Estado.

El ataque a la clase obrera por parte de la burguesía en el poder, en sus esfuerzos por ampliar su propio poder se intensificó considerablemente en todas las esferas del país en el momento del VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956. Este ataque se hizo bajo el pretexto de una supuesta «campaña de rectificación» para combatir «el subjetivismo, el sectarismo y la burocracia». Esta «campaña de rectificación» en China coincidió «casualmente» con una «campaña de rectificación» lanzada a su vez en la Unión Soviética por el Partido Comunista de la Unión Soviética. Tomando ventaja de las debilidades en el partido y el Estado Soviético, los revisionistas jruschovistas llamaron a una campaña contra el «dogmatismo, el sectarismo, la burocracia y el stalinismo», e instó a los revisionistas de los partidos de Europa del Este a tomar el mismo camino. Bajo la bandera de la lucha contra el «dogmatismo» se opusieron al marxismo-leninismo y pidieron la libre circulación de las ideas burguesas y revisionistas, que en esencia eran lo mismo. La consigna de la lucha contra el «sectarismo» fue utilizada para aplacar la lucha contra los revisionistas, oportunistas y elementos burgueses. La campaña contra la «burocracia» fue diseñada para derribar los aspectos de la planificación económica centralizada que ahogaban el desarrollo del capitalismo.
La «campaña de rectificación», lanzada en el momento del VIIIº Congreso del Partido Comunista de China en 1956 iba a ser utilizada por los revisionistas chinos, de la misma manera que sus homólogos de la Unión Soviética y lo países Europa del Este estaban utilizando las presuntas medidas de «rectificación».

La descentralización y reforma salarial de 1956

Después de explicar a los obreros la «posición fundamentalmente diferente» de los capitalistas después de la nacionalización, la cual era una estafa arropada de fina demagogia, Chen Yun anunció  las reformas económicas que el Partido Comunista de China tenía previsto ejecutar, en ellas se tenía previsto ascender y ampliar el papel del libre mercado capitalista a causa de que según los dirigentes del Partido Comunista de China se había conseguido «la decisiva victoria del socialismo» en el ámbito económico:

«Como resultado de los éxitos decisivos que hemos logrado en la transformación socialista de la industria y comercio capitalistas, algunas medidas adoptadas por los departamentos económicos del Estado en los últimos años, y especialmente en los últimos dos años, para restringir la industria capitalista y comercio capitalista se han convertido en innecesarias. Estas medidas eran indispensables y eficaces anteriormente. Ahora, sin embargo, son bastante injustificadas. No solo eso, sino que no carecían de defectos en el momento en que se hicieron cumplir. Pero continuar con esas medidas ahora, inevitablemente obstaculizaría el desarrollo de la economía nacional. Primero debemos cambiar los acuerdos de compra y comercialización ya establecidos entre las empresas industriales y comerciales. El sistema de los departamentos comerciales estatales que dan las órdenes a las fábricas para el procesamiento y la fabricación de bienes debe ser reemplazado por un sistema de autogestión de fábricas que puedan compran materias primas y productos comerciales. Es decir, la práctica seguida en invierno de 1953 en general, debe ser restaurada sobre la base de nuestra economía socialista. Debemos corregir nuestro error de centrar la atención en la producción y gestión centralizada. De lo contrario, los defectos ya vistos en la producción, en la circulación y en el servicio de los clientes empeoraran. En tercer lugar, hay que tachar de nuestros reglamentos que rigen el control de mercado todas aquellas disposiciones que estaban destinados a restringir las actividades especulativas de la industria y comercio capitalistas. Los  productos locales menores, ahora adquiridos de manera unificada por la oferta local y las cooperativas de comercialización, deben poder ser libremente comprados, transportados y comercializados por las tiendas estatales, grupos cooperativos de suministro y comercialización, y las cooperativas de diferentes partes del país. Los reglamentos para el control de la industria y comercio, que están fuera de armonía con la situación actual, deben de ser revisados con el fin de satisfacer las necesidades de libre compra, comercialización y transporte. Es decir, debemos retirar lo que en la comercialización llamamos estabilización de los precios, conocido popularmente como «unificación de precios» o «congelación de precios». No hay que preocuparse si los precios suben por un tiempo dentro de ciertos límites. Las fábricas de artículos de bienes de consumo deben poder hacer sus propios planes de producción en función de las condiciones del mercado, sin estar atadas a las figuras de referencia del plan estatal. En cuanto a los beneficios que se entregarán a las arcas del Estado, la cantidad debe ser determinada en relación a los ingresos reales de la fábrica conseguidos a final del año. ¿Todas estas medidas se combinan para provocar el peligro de reaparición del libre mercado capitalista en nuestro país? No, eso nunca va a suceder. La adopción de las medidas mencionadas anteriormente no dará lugar a un resurgimiento del mercado capitalista, sino que impulsará el crecimiento de un mercado socialista adaptado a nuestras condiciones y necesidades». (Prensa de Lenguas Extranjeras; El VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956)

El «socialismo de mercado» promulgado aquí por Chen Yun, al igual que otros «socialismos de mercado» de otros teóricos revisionistas, no es socialismo, sino capitalismo. El desarrollo de las relaciones socialistas de producción es imposible sin la planificación económica centralizada por un Estado proletariado, sin aumentar constantemente la planificación centralizada no hay manera de que la economía se pueda regular, excepto a través de los métodos anarquistas de la «ley del valor» y el mercado capitalista, que obviamente no corresponden a las pautas del socialismo. Las reformas de Chen Yun liberó a la gran mayoría de las empresas para que pudieran establecer sus propios planes de producción, así como de libre compra de materias primas, y determinación de cuándo, dónde y a qué precio se iba a comercializar sus productos, etc.

Como reacción natural de estas reformas, el gobierno también decidió que la rentabilidad y no las necesidades de la producción, iba a ser el principal factor en la responsabilidad industrial. Véase la obra de R. MacFarquhar: «China bajo Mao» de 1963.

Todo esto representa una inversión de la cantidad mínima de planificación centralizada que se había logrado en China y sacó las fuerzas anárquicas de las relaciones económicas capitalistas.

La clase de la burguesa intentó contener los efectos desastrosos de la anarquía del mercado introduciendo un cierto grado de planificación económica, colocando estos sectores industriales bajo control del Estado. Estas medidas limitaron la regla absoluta del mercado y las propias ganancias de los explotadores, pero su objetivo a la larga, conforme a la regla burguesa, era proteger la tasa de rendimiento sobre la inversión de capital, proteger sus ganancias ante cualquier intento de expropiación radical, por lo tanto intentaron mediante un término intermedio conservar el poder económico y político, cediendo ciertas ganancias a instancias de que sabían que podían perder todo. La burguesía no puede escapar utilizando sus beneficios como fuerza motriz de su estructura económica debido a sus intereses de clase y, por lo tanto, no pueden desarrollar la planificación económica centralizada pues sus mismos intereses capitalistas se lo impiden. Las acciones del grupo revisionista de Liu-Deng reflejan este ataque burgués.

De hecho, los economistas burgueses que han analizado la historia de la planificación económica en China, dicen que los chinos no lograron un alto grado de planificación centralizada durante el Primer Plan Quinquenal –de 1953 a 1958–. La aplicación de la planificación centralizada no se llevó a cabo seriamente hasta 1955, y si bien ante las medidas eran deficientes, las reformas de 1956 no invitaban a un perfeccionamiento de la centralización y planificación, sino que expresaba la tendencia hacia la descentralización. Véase la obra de Jan Prybyla: «La economía política de la China comunista», 1970.

Un economista burgués consideró que las reformas económicas en China en 1956 fueron igual de dramáticas como las llevadas a cabo en la Unión Soviética bajo Jruschov en la misma época, y que si bien algunas industrias importantes siguieron operando de acuerdo a un plan central, la gran mayoría –el 80%– de las empresas chinas industriales eran incluso más independientes que las de la Unión Soviética. Véase la obra de Hughes y Luard: «El desarrollo de la economía en la China comunista: 1949-1960» de 1975.

Otro autodenominado «experto» burgués en China, comparaba la «planificación» económica de China a la de Yugoslavia durante la década de 1960, ya que comentaba el similar grado de autonomía de gestión de las empresas. Véase la obra de R. MacFarquhar: «China bajo Mao» de 1963.

Después de las reformas económicas de 1956 la economía china pasó por una brusca depresión en 1957. Las empresas como ya habíamos comentado, no estaban tan comprometidas en un plan central, la gestión de las empresas perseguía varios métodos para lograr en una mayor tasa de ganancia que no necesariamente se ajustaba a las necesidades de la sociedad como sí eran objetivamente el hecho de tener que aumentar la producción industrial rápidamente y aumentar el capital para expandir la construcción de esa y otras ramas industriales. En respuesta a la crisis, el Consejo de Estado emitió una directiva en noviembre de 1957, dijo que:

«Con la excepción del principal personal administrativo –directores, subdirectores, gestores y gestores adjuntos– y técnicos principales, el resto de los empleados y obreros pueden ser contratados y despedidos por la empresa. Con la condición de que el número total de obreros y empleados no se incremente, la empresa puede reajustar su organización y personal a su gusto». (Chao Kuo-chun; Planificación económica y organización en China, 1960)

Las autoridades centrales criticaron a las empresas industriales por la contratación de 1.250.000 obreros, y en 1956 por la contratación de «demasiados» obreros se pidió a las direcciones locales despedir a la fuerza de trabajo «excesiva» con el fin de reducir los costos. Este esfuerzo para llevar a las empresas a despedir a los trabajadores fue acompañado por nuevas leyes que se establecían las edades de jubilación obligatorias y con campañas para convencer a las mujeres a permanecer en el hogar como amas de casa. Véase la obra de Hughes y Luard: «El desarrollo de la economía en la China comunista: 1949- 1960» de 1975.

Esta respuesta burguesa dada a la vez de sus reformas económicas capitalistas, se reflejó también en el mensaje emitido por el Consejo de Estado en los mismos meses que decía:

«En la actualidad los salarios de los obreros comunes en los distintos departamentos y localidades son generalmente demasiado altos. En vista del hecho de que los obreros comunes  solo se involucran en el trabajo físico simple y generalmente son contratados a nivel local, los salarios excesivamente altos de estos, en comparación con las de los campesinos, despiertan como es normal, el descontento de estos últimos». (Chao Kuo-chun; Planificación económica y organización en China, 1960)

Uno de los objetivos fundamentales de la dictadura del proletariado es reducir gradualmente las diferencias entre la ciudad y el campo, entre el obrero y el campesino, diferencias heredadas de la sociedad feudal y capitalista, pues solo sobre esta base se puede construir una sociedad comunista sin clases. Sin embargo, esta directiva que acabamos de leer no está realmente interesada en esto, sino que solo revelan el desprecio absoluto de los agentes de la burguesía que manejaban en China el Consejo de Estado, refleja el absoluto desprecio a las masas de obreros y campesinado, así como de su arduo trabajo.

En un país socialista hay una división entre el fondo de acumulación –es decir, para la reinversión, etc.– y el fondo para el consumo –es decir, los salarios, etc.–. Esta división se realiza de una forma planificada de acuerdo a las necesidades sociales de la nación y de una manera que permite la mejora gradual de las condiciones de vida de las masas. Bajo el capitalismo, por el contrario, los capitalistas se ven abocados a tratar de bajar los salarios de las masas con el fin de elevar su propia tasa de ganancia, para que puedan producir de manera competitiva frente a otros capitalistas. Especialmente en tiempos de recesión económica, los capitalistas tienen que reducir los costos laborales para restaurar altas tasas de ganancia para que su producción se reanude a un ritmo acelerado. A través de sus reformas económicas, la clase burguesa que se desarrollaba en China creó un marco similar para la toma de decisiones económicas como hemos visto.

Este enfoque burgués de «enderezar la economía» –que el grupo revisionista de Liu-Deng repitió y aplico de muchas maneras en el proceso de consolidación de su control económico y político influyendo en la práctica general del Partido Comunista de China, incluyendo en ello también los periodos donde ocupaban menores cargos– debe compararse con el enfoque proletario que se debe dar a las dificultades económicas y desproporciones que se han producido en la construcción socialista en varios de los Estados socialistas. La respuesta de un Estado proletario no es subir los precios de manera que solo los sectores privilegiados con altos ingresos puedan pagar las necesidades básicas, sino que se debe racionalizar las necesidades básicas; no se bajan los salarios de los obreros y se aumenta los del personal de administración y técnico, sino que más bien se hace todo lo posible para aminorar la diferencia salarial entre estos estratos, intentado librar una campaña específica para reducir los salarios de los estratos que cobran salarios más altos; no se debe poner mayor énfasis en la rentabilidad de inversión de capital ni intentar desalentar la inversión «innecesaria» –como la de la industria pesada–, sino que más bien se debe redistribuir el capital de inversión limitado en el país de acuerdo a los planes revisados que reflejan más exactamente las necesidades sociales más apremiantes; no se debe despedir a los obreros, sino que, por el contrario se debe movilizar a toda la población, incluyendo en sus posibilidades a los niños en edad escolar, para trabajar horas extras voluntarias, para ayudar a cumplir el plan económico y producir los productos que necesita la nación.

Mientras que estos representantes de la burguesía estaban cortando los salarios de las masas obreras, por otro lado se estaba creando grandes ganancias mediante los sueldos del personal administrativo y técnico. Las diferencias salariales entre trabajo manual y mental eran muy alargadas después de la liberación del país. Sin embargo, en 1955, la segunda sesión del Congreso Nacional del Pueblo se decidió que:

«Debemos paso a paso establecer escalas salariales razonables para que los salarios de los obreros de las distintas ramas de la producción sean clasificadas adecuadamente en función de sus habilidades, lo que eliminaría correctamente el igualitarismo en el sistema de salarios, así como otras condiciones no razonables y llevándonos a la adhesión del principio de «a cada cual según su trabajo». Los salarios de los obreros no calificados no deben fijarse en un nivel demasiado alto. Durante estos cinco años los mayores aumentos en cuanto a salarios deben ser entregados al personal técnico altamente calificado y al personal de investigación científica». (Prensa de Lenguas Extranjeras; Primer Plan Puinquenal para el desarrollo de la económica nacional de la República Popular China)

Ese año, de acuerdo con su punto de vista burgués del principio socialista de «a cada cual según su trabajo», un nuevo sistema de salarios se implementó en el que los trabajadores de producción que en realidad son quienes crean la riqueza de la nación, se les pagaba un precio tan bajo como 30 yuanes mensuales, mientras que el personal administrativo y técnico, que en realidad no crean ningún valor a través de sus propios esfuerzos, se les pagó hasta 560 yuanes por mes. Véase la obra de Maurice Meisner: «La China de Mao» de 1977.

En 1956 se llevó a cabo otra importante reforma salarial, la normalización del sistema de salarios de toda la nación con una escala salarial de ocho categorías que reforzó aún más la diferencia entre el trabajo manual y mental. Además, la reforma salarial 1956 amplió en gran medida el uso de trabajo a destajo y bonificaciones en la producción con incentivos. Véase la obra de Hughes y Luard: «El desarrollo de la economía en la China comunista: 1949-1960», 1975.

La «rectificación» del partido

Además de las medidas económicas adoptadas para garantizar el desarrollo de las relaciones capitalistas, el grupo de Liu-Deng también tomó otras medidas para facilitar sus esfuerzos para asegurar la hegemonía burguesa sobre el partido y el Estado mediante la difusión de la ideología burguesa. En el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956, Liu Shao-chi advirtió a los miembros del partido que debían «respetar la autoridad» de los funcionarios del Estado que venían de las clases de la intelectualidad burguesa y de la propia burguesía nacional:

«Los representantes de los partidos democráticos y personalidades democráticas sin afiliación política ocupan puestos importantes en muchos de los órganos del Estado. También hay un gran número de personal que no son parte del partido y que trabajan en nuestros órganos de gobierno, escuelas, empresas y fuerzas armadas.  Esta situación requiere que los miembros de nuestro partido establezcan buenas relaciones y trabajen en colaboración con ellos. La razón por la que debemos plantear esta cuestión es porque todavía hay algunos miembros de nuestro partido que sostienen que absolutamente todo debe ser de «un solo color», que no están dispuestos a ver a estas personas en los órganos del Estado, que no quieren consultar con ellos los problemas y que no van a aceptar su autoridad pese a tener un rango inferior. Este punto de vista es sectario. El partido debe enseñar a sus miembros que no son buenos en la cooperación con los miembros sin partido a superar rápidamente este tipo de deficiencias. Esto, en la actualidad, es una de las tareas importantes para poder consolidar el frente unido democrático popular». (Liu Shao-chi; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 15 de septiembre de 1956)

Junto con esta campaña contra el «sectarismo», Liu Shao-chi estaba preocupado por extender «la democracia». Así lo explicó en una resolución aprobada por el congreso, en la que se afirmaba que se debía dejar que «diferentes tipos de flores florezcan y que diversas escuelas de pensamiento compitan»:

«Debemos llevar a cabo la política del partido de unidad, mediante la educación y transformación de los intelectuales, debiendo primar el principio de que «diversas escuelas de pensamiento compitan», alentando a cultivar el pensamiento independiente participando en las discusiones de forma libre. (…) Tenemos que seguir adhiriéndonos al principio de que dejar que «diferentes tipos de flores florezcan», promoviendo el arte y la literatura a extensa escala, fomentando por todos los medios el trabajo creativo en el arte y la literatura, promocionando el trabajo creativo y la libre crítica en el arte y la literatura. (Partido Comunista de China; Propuestas del VIIIº Congreso del Partido Comunista de China para el Segundo Plan Quinquenal para el Desarrollo de la Economía Nacional (1958-1962), 27 de septiembre de 1956)

Todo esto fue diseñado para dar a los intelectuales burgueses la oportunidad de propagar libremente la ideología burguesa. Al mismo tiempo, los revisionistas querían que su actividad y esfuerzos no tuvieran restricciones a la hora de difundir las ideas burguesas en el partido. Deng Xiaoping dijo al Congreso:

«En el período en que nuestro partido fue dominado por los oportunistas de izquierda, los errores nos empujaron a una lucha interna del partido extrema. Una política de lucha excesivamente dura y arbitraria –la llamada «lucha despiadada» y de «golpes despiadados»– acampó en el seno del partido. Como resultado de ello, la unidad, la democracia interna del partido y la iniciativa de base y de todos los miembros del partido sufrieron daños severos y el avance de la causa del partido se vio obstaculizado en serio. Ahora, aunque tal tratamiento incorrecto, por suerte no es un rasgo dominante en la vida de partido ni entre los camaradas, todavía existe en algunas organizaciones y camaradas del partido, por ello se debe prestar atención para llevar una rectificación en cuanto se localice». (Deng Xiaoping; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 16 de septiembre de 1956)

También se puede ver fácilmente que entre los objetivos del grupo de Liu-Deng era transformar el Partido Comunista de China en un partido completamente burgués, para ello como no podía ser de otra forma, el proceso se realizaría mediante el reclutamiento de miembros de su clase o influenciados por su ideología. Al oeste de China se dieron informes sobre el «énfasis en el reclutamiento urbano a mediados de 1950», en ellos se veía el refortalecimiento en el partido, y en la situación socioeconómica, de intelectuales y técnicos, los cuales fueron favorecidos en detrimento de los obreros, y a los especialistas se les dio preferencia sobre los obreros no cualificados». Véase la obra de Maurice Meisner: «La China de Mao» de 1977.

Tan solo en el año 1956, unos 635.137 intelectuales fueron reclutados por el Partido Comunista de China. En total, en 1956, una tercera parte de la intelectualidad del país, la gran mayoría de miembros de dicha clase social venía de los días prerrevolucionarios y estaba estrechamente vinculado con la burguesía nacional y habían sido reclutados por el Partido Comunista de China. Muchos de ellos habían sido reclutados directamente de los partidos democrático-burgueses. En 1956 había más intelectuales en el partido que obreros y el porcentaje crecía. Véase la obra de Maurice Meisner: «La China de Mao» de 1977.

Esta política de reclutamiento llevó a una situación en la que casi todo el personal de gestión en la industria eran miembros del partido, mientras que solo un pequeño porcentaje de los obreros de la producción había sido reclutado para el partido –10-20% de todo el personal, incluyendo a administradores, eran miembros del partido–. Véase la obra de Prensa de Lenguas Extranjeras: «El VIII Congreso del Partido Comunista de China» de 1956.

El reclutamiento de miembros del partido no se concentró solo de forma desproporcionada en la administración de las empresas, sino aún más importante, las asignaciones de rango en el partido fueron determinadas en gran medida por la importancia de los cuadros en el proceso de industrialización. Véase la obra de Maurice Meisner: «La China de Mao» de 1977.

Los gerentes de las empresas solían tener posiciones de poder en el partido también. La medida en que esto se hizo realidad se puede ver en una encuesta de 1966 dentro de las organizaciones del partido tasando a 33 grandes empresas industriales en China. En la mayoría de estas ningún obrero  era un miembro de los comités del partido. Con la excepción de tres empresas, el resto de los comités del partido solo tenían a uno o dos obreros –de entre siete y treintena miembros del total–. Véase la obra de Barry Richman: «La sociedad industrial en la China comunista» de 1969.

Al explicar esta política de cuadros antiobrera, Deng Xiaoping, dijo en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China:

«La distinción que hasta ahora se había hecho en el procedimiento de admisión para los nuevos miembros del partido se ha eliminado debido a que la vieja clasificación que hacia discriminaciones debido al extracto social se ha perdido o está perdiendo su sentido original. Tanto en el VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945 y también por un período considerable después de este, era indispensable contar con diferentes procedimientos de admisión sobre los solicitantes por su diferente condición social, y esto sirvió ciertamente con un propósito muy bueno. Pero en los últimos años la situación ha cambiado básicamente. La diferencia entre los obreros y empleados de oficina es ahora solo una cuestión de división del trabajo dentro de la misma clase». (Deng Xiaoping; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, 16 de septiembre de 1956)

Con esta tesis revisionista de «una división del trabajo dentro de la misma clase», Deng Xiaoping quiso negar la absoluta necesidad de la hegemonía del proletariado y allanó así el camino para los elementos burgueses que buscaban consolidar su control en el partido. Esta tesis ha sido una tapadera para los esfuerzos de los revisionistas en tratar de transformar el Partido Comunista de China en un partido de una élite técnica y de gestión, elementos que pretendían con esta teorización colocarse por encima de las masas obreras, para poder oprimirlos y explotarlos.

«Contradicciones en el seno del pueblo»

Mao Zedong pese a formulaciones anteriores, ahora no estaba de acuerdo con la tesis simplista de Liu Shao-chi y Deng Xiaoping sobre que «la cuestión de quién va a ganar en la lucha entre el socialismo y el capitalismo en nuestro país se ha resuelto» ni tampoco en la de que «la contradicción entre la proletariado y la burguesía se ha resuelto», en realidad estas tesis fueron diseñadas para desmovilizar a la clase obrera.

En febrero de 1957, cuatro meses después del VIIIº Congreso del Partido Comunista de China, dijo en su famoso discurso: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo»:

«La lucha de clases no ha terminado. La lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, entre las diferentes fuerzas políticas y entre el proletariado y la burguesía en el terreno ideológico, será aún larga, tortuosa y a veces incluso muy enconada. El proletariado aspira a transformar el universo según su concepción del mundo, y a otro tanto aspira la burguesía. A este respecto, aún no ha sido solucionada realmente la cuestión de si será el socialismo o el capitalismo el que venza». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 27 de febrero de 1957)

¿Cómo fue esta lucha de clases que según Mao Zedong aún se estaba llevando a cabo? Pues como siempre se había hecho en el Partido Comunista de China, Mao Zedong sostuvo que esta lucha puede y debe llevarse a cabo de manera no antagónica y pacífica basada en el principio de la «unidad-lucha-unidad», o sea como también promulgaba Liu Shao-chi como ya hemos visto. Pero veamos que decía Mao esta vez:

«Existen ante nosotros dos tipos de contradicciones sociales: contradicciones entre nosotros y el enemigo y contradicciones en el seno del pueblo. Estos dos tipos de contradicciones son de naturaleza completamente distinta. (…) En nuestro país, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional hace parte de las contradicciones en el seno del pueblo. La lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía nacional es, en general, una lucha de clases en las filas del pueblo, porque la burguesía nacional de China tiene doble carácter. En el período de la revolución democrático-burguesa, ella tenía en su carácter tanto un lado revolucionario como otro conciliador. En el período de la revolución socialista, al tiempo que explota a la clase obrera obteniendo ganancias, apoya la Constitución y se muestra dispuesta a aceptar la transformación socialista. (…) La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos. Pero la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional se convertirá en una contradicción entre nosotros y el enemigo si no la tratamos como es debido, es decir, si no aplicamos la política de unidad, crítica y educación respecto a la burguesía nacional, o si ella no acepta esta política nuestra.  (…) Es imposible que el pueblo ejerza la dictadura sobre sí mismo, e inadmisible que una parte del pueblo oprima a otra. (…) En 1942 sintetizamos este método democrático de resolver las contradicciones en el seno del pueblo en la fórmula unidad-crítica-unidad», que, expresada en forma detallada, significa partir del deseo de unidad, resolver las contradicciones a través de la crítica o la lucha y alcanzar una nueva unidad sobre una base nueva. Según nuestra experiencia, éste es el método correcto para resolver las contradicciones en el seno del pueblo. (…) Después de la liberación de todo el país, hemos empleado el mismo método de «unidad-crítica-unidad» en nuestras relaciones con los partidos democráticos y con los círculos industriales y comerciales. Nuestra tarea actual consiste en seguir generalizándolo entre todo el pueblo y aplicarlo cada vez mejor; planteamos que todas las fábricas, cooperativas, establecimientos comerciales, centros docentes, entidades oficiales y organizaciones populares, en una palabra, los seiscientos millones de integrantes de nuestro pueblo, lo usen para resolver sus contradicciones internas. (…) En circunstancias normales, las contradicciones en el seno del pueblo no son antagónicas. Sin embargo, pueden llegar a serlo si no las tratamos como es debido o si aflojamos nuestra vigilancia y nos adormecemos políticamente. En un país socialista, semejante situación no pasa de ser, por lo común, un fenómeno parcial y transitorio. Esto se explica porque allí ya se ha abolido el sistema de explotación del hombre por el hombre y existe una identidad fundamental de intereses en las filas del pueblo. (…) La situación actual es la siguiente: Las vastas y tempestuosas luchas clasistas de las masas, características de los períodos de revolución, han terminado en lo fundamental, pero la lucha de clases no ha cesado por completo. (…) En este momento es, pues, imperativo que planteemos la cuestión de diferenciar las contradicciones en el seno del pueblo de las existentes entre nosotros y el enemigo y la de tratar correctamente las contradicciones en el seno del pueblo, con el propósito de cohesionar al pueblo de todas las nacionalidades de nuestro país para una nueva batalla –la batalla contra la naturaleza–, desarrollar nuestra economía y nuestra cultura, hacer que todo el pueblo atraviese de manera relativamente feliz el actual período de transición, consolidar nuestro nuevo sistema y construir nuestro nuevo Estado. (…)  Las que, con ideas derechistas, en vez de distinguir entre nosotros y el enemigo, toman al enemigo por gente nuestra y consideran amigos a quienes a los ojos de las grandes masas son enemigos. Y las personas que, con ideas «izquierdistas», amplían el marco de las contradicciones entre nosotros y el enemigo hasta el punto de tomar como tales ciertas contradicciones en el seno del pueblo y de considerar contrarrevolucionarias a personas que en realidad no lo son. (…) Después de la Liberación eliminamos cierto número de elementos contrarrevolucionarios. Algunos de ellos fueron sentenciados a muerte por sus graves crímenes. (…) La situación ha cambiado radicalmente desde 1956. Tomando el país en su conjunto, las fuerzas principales de la contrarrevolución ya han sido liquidadas. Nuestra tarea Fundamental ya no es liberar las fuerzas productivas, sino protegerlas y desarrollarlas en el contexto de las nuevas relaciones de producción». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 27 de febrero de 1957)

Al mismo tiempo que Mao Zedong decía que la burguesía quería desarrollar el capitalismo, Mao Zedong instó al proletariado a seguir luchando para unirse con la burguesía nacional arengando tranquilidad, pues el tratamiento de la contradicción entre las dos clases era una contradicción en el seno del pueblo. Se decía a la vez que el proletariado no puede ejercer la dictadura sobre la burguesía porque la burguesía era «parte del pueblo» y, por tanto, ella no debía recibir los golpes de la dictadura, sino que debía participar en el ejercicio de esta dictadura. Advirtió a los miembros del partido de la infiltración de la burguesía y sus agentes en el partido, pero añadía al mismo tiempo que el «cambio radical» desarrollado con el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956 había dado lugar a una situación en la que los «intereses del pueblo eran fundamentalmente idénticos».

En este discurso de Mao Zedong pasó además a apoyar el lema de «dejar que florezcan cien flores y que compitan cien escuelas de pensamiento», lema que como hemos visto, fue utilizado por la burguesía y sus agentes desde 1956 para difundir la ideología burguesa y revisionista. A continuación explicó la política que el partido debía tener frente a los demás partidos democrático-burgueses, un tema que ya Liu Shao-chi había tocado en su informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956:

«La consigna «coexistencia duradera y supervisión mutua» también es fruto de las condiciones históricas concretas de nuestro país. No ha sido presentada de modo súbito, puesto que estuvo en gestación durante varios años. La idea de la coexistencia duradera nació hace mucho tiempo. El año pasado, cuando quedó establecido fundamentalmente el sistema socialista, esta consigna fue planteada en términos explícitos. ¿Por qué, pues, hay que admitir una larga coexistencia de los partidos democráticos de la burguesía y de la pequeña burguesía con el partido político de la clase obrera? Porque no tenemos motivos para no adoptar la política de coexistencia duradera con respecto a todos aquellos partidos que se dediquen verdaderamente a la tarea de unir al pueblo para la causa del socialismo y se hayan granjeado su confianza. (…)  ¿Por qué se admite la supervisión de los partidos democráticos sobre el partido comunista? Porque un partido, lo mismo que una persona, tiene gran necesidad de oír opiniones diferentes de las propias. Es de todos conocido que la supervisión sobre el partido comunista la ejercen principalmente el pueblo trabajador y los militantes del partido. Pero será más provechoso para nosotros que también participen en ella los partidos democráticos». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 27 de febrero de 1957)

Los partidos democrático-burgueses no se «dedicaban a la tarea de unir a la gente para la causa del socialismo». La equivocación de Mao Zedong se ve magnificada cuando se sabe que él hizo estas declaraciones en medio de un ataque a vasta escala y en todos los campos por parte de la burguesía y los revisionistas para consolidar su poder. La publicación y promoción de este y otros discursos de dirigentes tan importes en China durante 1957, no podía más que desarmar ideológicamente al proletariado en su lucha a vida o muerte con la burguesía, y precisamente lo curioso es que este «desarme» ideológico se hizo desde lo que se suponía era la expresión del proletariado: su partido, éste se enfrasco en su tarea revisionista de continuación e intensificación de promover ilusiones sobre la lucha de clases «pacífica».

En este mismo período, Mao Zedong también se unió al grupo de Liu-Deng para instar en el país a una mayor descentralización de la planificación económica, llamando a la iniciativa de las autoridades locales:

«La relación entre las autoridades centrales y las locales constituye también una contradicción. Para solucionarla, debemos preocuparnos, actualmente, de ampliar un tanto las atribuciones de las autoridades locales, concederles una mayor independencia y permitirles más actividades, con sujeción a la premisa de consolidar la dirección unificada de las autoridades centrales. (…) No debemos, como se hace en la Unión Soviética, concentrarlo todo en manos de las autoridades centrales y maniatar rígidamente a las autoridades locales privándolas de todo derecho de acción independiente». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones, 25 de abril de 1956)

Con sus referencias vagas al «liderazgo central fuerte y unificado», el llamado de Mao Zedong a «llevar la iniciativa de las autoridades locales a otro nivel», puede ser visto como una decisión dialéctica y clásica del centralismo-democrático que quiere corregir algún error de cálculo. Pero esta descentralización debe verse en el contexto en que tuvo lugar.

En China todavía no se había alcanzado un alto grado de planificación centralizada y, de hecho, fue en ese momento cuando se llevó a cabo las nacionalizaciones de todo el sector capitalista que hablamos más atrás. Pero Mao Zedong no llamó a un movimiento paso a paso para desarrollar el aparato y fortalecer la planificación centralizada, sino que hizo hincapié en «la ampliación de las facultades para las autoridades locales». Sin excepción, los escritores burgueses describen a Mao Zedong como un gran defensor de la descentralización en este momento y esto se ve confirmado, por el hecho de que durante el «Gran Salto Adelante» –el cual duro de 1958 a 1960–, cuando Mao gozaba de gran influencia, la planificación económica centralizada se descompone a un grado sin precedentes. Escritores burgueses, así como intelectuales de izquierda que simpatizan con Mao Zedong, coinciden y describen una lucha entre él y los burócratas del grupo de Liu-Deng, que, según ellos, no querían romper con «el centralismo stalinista». En realidad, sin embargo, el grupo de Liu-Deng, al igual que sus homólogos Jruschov y Tito, también abogaron por la descentralización debido a que sus esfuerzos para desarrollar el capitalismo exigían un alto grado de descentralización como hemos comentado.

 

Mientras que las posiciones del grupo de Liu Shao-chi y Deng Xiaoping y el grupo de Mao Zedong coincidieron en la cuestión económica de la descentralización, Mao Zedong discrepó fuertemente con muchas de las otras descaradas reformas burguesas que el grupo de Liu-Deng se apresuraron a introducir. Estos desacuerdos llevarían Mao Zedong a movilizar a las masas contra las políticas del grupo de Liu-Deng en los próximos años. Las victorias y la derrota definitiva del proletariado en China, el cual se arropó en el liderazgo de Mao Zedong para combatir a Liu Shao-chi y Deng Xiaoping, terminó en fracaso, y ello fue así sobre todo por la falta de un genuino partido y liderazgo realmente comprometido con el marxismo-leninismo, pero esto se tratará en el capítulo tres». (Jim Washington; El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía, 1980

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