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Ecos de una guerra a 50 años de su fin

Tras el conflicto de los Seis Días, desatado de inicio por Israel contra Egipto y Siria, el mapa del Oriente Medio cambió

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Manuel Vázquez
internet@granma.cu

EL CAIRO.-La reciente propuesta al parlamento israelí (Knesset) del ministro de Vivienda y Construcción, Yoav Galant, de edificar 67 000 nuevas casas en los ilegales asentamientos erigidos por Tel Aviv en la Cisjordania ocupada no tiene casi nada de nuevo.

De hecho, constituye solo la última expresión de una persistente política israelí de expansión de fronteras sobre tierras palestinas que cobró particular impulso tras la guerra de los Seis Días, de junio de 1967.

Tras aquel conflicto bélico, desatado de inicio por Israel contra Egipto y Siria, el mapa del Oriente Medio cambió, y para mal.

Medio siglo después se mantiene la ilegal ocupación por Tel Aviv de extensos territorios árabes (Cisjordania, Jerusalén oriental y los Altos del Golán), situación muy distante aún de solución principalmente por la intransigencia israelí expresada en su desprecio a las resoluciones de las Naciones Unidas y reclamos de la comunidad internacional al respecto.

Según datos de la ONG israelí Shalom Ajshav (Paz Ahora), actualmente en el Golán sirio residen 23 000 israelíes, aproximadamente 385 000 lo hacen en 228 asentamientos ilegales erigidos en la Cisjordania ocupada –para un 13 % de la población total allí–, así como 200 000 en Jerusalén oriental.

Esa fabricada realidad, según esperan las autoridades israelíes –más allá de declaraciones diplomáticas contrarias–, persigue el objetivo fundamental de hacer impracticable la solución de Dos Estados al diferendo palestino–israelí, por la cual abogan las Naciones Unidas.

Es más, en un intento deliberado por hacer irreversible esa situación, las autoridades de Tel Aviv persisten en incrementar aún más la población de sus nacionales en los territorios ocupados.

Ahora, como estrategia para evitar condenas diplomáticas frontales de su principal aliado, Estados Unidos, las unidades habitacionales–que no cesan de edificarse– se erigen en general dentro de los límites de los actuales asentamientos, sin «necesidad» de irritar a la comunidad internacional con apropiaciones de nuevas tierras palestinas.

La ausencia de novedades en el plan de Galant, salvo el elevado número de construcciones propuestas, encierra peligros ocultos, pues pudiera abrir la puerta a proyectos de colonización mucho más ambiciosos y, por tanto, peligrosos para la paz en todo el Oriente Medio, como los elucubrados por el parlamentario de la extrema derecha israelí Moti Yogev, para quien las fronteras de Israel van desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, con Jerusalén como capital del Estado. (PL)

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