Fue detenido en enero de 2016 en el aeropuerto de Pyongyang tras realizar un viaje de cinco días por Corea. “He cometido el peor error de mi vida”, dijo en febrero de 2016.

Pyongyang anunció la semana pasada que liberaba al agente por “motivos humanitarios”, puesto que estaba enfermo, tras negociar con EE.UU su entrega. Al llegar a su casa, su padre se apresuró en decir que fue “tratado de forma brutal”.

Al fallecer, la familia remachó: “Lamentablemente, el horrible maltrato que nuestro hijo recibió de los norcoreanos ha provocado el resultado que hemos vivido hoy”

“No tenemos ninguna información cierta sobre la causa de sus lesiones. Este tipo de daños cerebrales suele ser consecuencia de un paro cardiorrespiratorio cuando la irrigación sanguínea del cerebro es insuficiente”, aseguró el equipo médico que lo trató en EE.UU. Las lesiones citadas y su forma de morir son justamente consecuencias de la enfermedad del botulismo que los criminales de la Casa Blanca niegan ahora.

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