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Iósif Stalin, líder de la URSS, envió al almirante Nikolái Kuznetsov para asesorar a la Marina de Guerra de la República Española en 1936. Considerado uno de los militares más destacados de la historia de Rusia, el famoso portaviones de la Armada rusa fue bautizado en su honor.

La debilidad de la Marina Republicana era bien conocida por los soviéticos, señala Jaime Noguera, autor del artículo para el medio RBTH. Kuznetsov fue enviado a Madrid y más tarde trasladado a Cartagena, base principal de la flota gubernamental, para asumir la tarea de dirigir una flota de guerra a sus treinta y pocos años.

Según el periodista, la base naval estaba desorganizada y desabastecida. La flota carecía de suficientes oficiales y eran importantes los problemas de comunicación, puesto de los militares rusos no hablaban español. Asimismo, señaló que los marinos españoles no estaban lo suficientemente entrenados como para llevar a cabo los ejercicios navales más básicos.

En estas duras condiciones, en otoño de 1937, los soviéticos organizaron programas de formación y entrenamiento para oficiales en los que se impartían distintos aspectos de la guerra naval, desde navegación al disparo de artillería y torpedos. Pese a todos estos esfuerzos, la Marina Republicana se mantuvo como la más débil de las fuerzas de combate del Gobierno.

No obstante, la misión más importante de Kuznetsov durante su estancia en España fue asegurarse de que los barcos mercantes, que traían el material bélico soviético desde el mar Negro, llegaran sin incidencias a los puertos españoles.

Kuznetsov fue agregado naval soviético de la Marina Republicana hasta el 15 de agosto de 1937, tras lo cual el almirante ruso abandonó España y nunca volvió a visitar este país.

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