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La nueva Armenia recurre a los viejos nazis para encontrar lo peor de su historia

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La caída de la URSS no sólo supuso el cambio de un modelo de producción sino una gran venganza, aunque sólo sea literaria, de papel. La historia no sólo se está volviendo a escribir en Ucrania y los países bálticos, sino también en Armenia.

Es muy significativo que en los antiguos países soviéticos esa re-escritura coincide siempre en un punto común a todos ellos: la glorificación de los nazis locales, de los peores carniceros y asesinos de la Segunda Guerra Mundial.

Los armenios tienen varios héroes así. Pertenecían a partidos políticos muy diversos, aunque el más importante era el “dachnak”, una organización de la socialdemocracia armenia.

Durante  la Segunda Guerra Mundial el dirigente “dachnak” más conocido era Drastamat Kanayan, alias “Dro”, quien se puso a la cabeza del 812 Batallón armenio de la Wehrmacht, compuesto por 20.000 soldados.

En 1942 se inauguró en Berlín, apadrinado por Alfred Rosenberg, el Consejo Nacional Armenio, encabezado por Ardaches Apeghian, presidente la Asociación Germano-Armenia y corresponsal del periódico Drochak, órgano oficial de los “dachnaks”.

Casi al mismo tiempo, en 1935 el representante de los “dachnaks” en Italia, Ichjanian, propuso a Musolini la creación de una Legión Armenio-Georgiana para combatir en la expedición fascista y colonial a Etiopía.

Otro ejemplo es Gareguin Nzhdeh, uno de los “dachnaks” que durante la Segunda Guerra Mundial se unió en Crimea a los ocupantes nazis para servir de torturador y verdugo. Tras la guerra fue capturado en Bulgaria en 1944 y condenado a 25 años de cárcel, donde murió en 1955.

Ahora en Erevan, la capital de Armenia, hay una estación de metro, una avenida y una plaza que llevan su nombre. Incluso han rebautizado a una ciudad para honrar su memoria y en mayo del año pasado se inauguró un monumento suyo, un acto solemne que estuvo encabezado por el Presidente de la República.

Nzhdeh era mucho más que un nacionalista. Había combatido al Ejército Rojo en los tiempos de la guerra civil y se declaraba defensor de la superioridad de la raza armenia que, lo mismo que la alemana, formaba parte de la raza aria, o sea, indoeuropeos.

Tras la Revolución de Octubre, Armenia logró esa “independencia” de la que hablan siempre los nacionalistas que, por un lado, es sumisión al imperialismo y, por el otro, avasallamiento de los vecinos. Nzhdeh fue su ministro de Defensa.

Los “dachnaks” pretendían la Gran Armenia (“desde el Cáucaso al Mediterráneo”) y no vacilaron en imponer la limpieza étnica sobre los azeríes en el Zanguezur, hasta que llegó el Ejército Rojo en 1921.

Es lo mismo que pretendió el III Reich en la Segunda Guerra Mundial: la Gran Alemania. Quizá por eso a Nzhdeh se le atribuye una frase muy común entre los chovinistas armenios: “Los que luchan por Alemania, luchan por Armenia”.

Tras la caída de la URSS, el 30 de marzo de 1992 la nueva República independiente de Armenia le rehabilitó de las calumnias que los soviéticos siempre le imputaron. Era todo mentira. La televisión armenia le considera como la figura histórica más importante. En 2013 el gobierno puso siete millones de dólares para rodar una película biográfica…

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