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Ernesto J. Gómez Figueredo. – Luego de la destrucción en Mosul, Irak, del principal bastión del Estado Islámico (EI o Daesh por sus siglas en árabe), el grupo terrorista se ha quedado prácticamente sin territorio bajo su ocupación. La semana pasada recibió otro duro golpe cuando las fuerzas del Ejército nacional sirio y fuerzas rusas rompieron el cerco de su último reducto, ubicado en la ciudad siria de Deir Ezzor.

En los últimos meses las campañas contra el EI se han enfocado en la descentralización del poder militar, económico y de activos de ese grupo terrorista, hasta ahora con éxito.

Pero esta situación está generando una preocupación en la comunidad internacional: la posibilidad de que, luego de estos puñetazos directos en las entrañas del Daesh, se desencadene una metástasis y los extremistas, sin un fuerte físico concreto se esparzan aún más en la región o hacia zonas cercanas como Europa y Asia.

La aparente «debilidad» del EI podría desencadenar una reacción de alcance internacional.

DEIR EZZOR: ÚLTIMO BASTIÓN DEL EI

El Ministerio ruso de Defensa anunció luego de tres días de combates, entre el lunes y el miércoles de la semana pasada, que la fuerza conjunta rusa-siria eliminó a más de 200 terroristas del Daesh durante los operativos para romper el cerco a Deir Ezzor.

En un comunicado, el Kremlin explicó que, durante la liberación de la ciudad, las fuerzas sirias capturaron una importante posición defendida por terroristas del grupo y encontraron evidencia de que los defensores eran en su mayoría oriundos de Rusia y otras exrepúblicas soviéticas.

Durante la operación fueron destruidos 12 vehículos blindados, incluyendo cuatro tanques, seis puestos de tiro de artillería y de morteros, un puesto de mando y un centro de comunicación, así como tres depósitos de municiones.

Esta ciudad, que cuenta con más de 100 000 habitantes y es extremadamente rica en recursos petrolíferos, estaba dividida en dos desde julio del 2014. Los terroristas controlaban el 60 % de la capital de la provincia fronteriza con Irak.

Durante el foro internacional Ejército-2017, celebrado el pasado mes de agosto, el jefe del principal mando operativo del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia, Serguéi Rudskói, estimó que el EI aún contaba con 9 000 efectivos, concentrados en el centro de Siria y en zonas fronterizas con Irak.

Según opinó entonces, la caída de Deir Ezzor supondría la derrota de esta organización terrorista.

LA NUEVA ESTRATEGIA DEL DAESH

Existe entonces una nueva escena en la lucha contra el Daesh. Las victorias se acumulan en Mosul, en Irak, y luego Alepo, Palmira, Homs y Hama, en Siria, pero el impredecible EI, acorralado entre las estrechas fronteras de Siria e Irak, se hace aún más peligroso.

Si tenemos en cuenta que el lema de los terroristas del EI es permanecer y expandirse, el hecho de que sus principales fortificaciones hayan sido destruidas da la medida de que su meta inminente es la expansión.

Algunos analistas llaman la atención sobre el hecho de que la pérdida de capitales no implica el fin del Daesh ni del peligro que este supone para la comunidad internacional, sino que se puede esperar una transformación en su estructura y modus operandi.

El EI tiene un nuevo proyecto. Ya no se centra en acaparar tierras y crear infraestructuras de poder, sino que ahora dirige una campaña ideológica de convencimiento para ganar adeptos en otras regiones.

Agentes infiltrados, retornados de las campañas militares en Siria o Irak, simpatizantes autorradicalizados e incluso enfermos mentales son los nuevos activos de la instancia terrorista.

António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, en febrero pasado ya alertaba de esta transformación. «El EI se encuentra a la defensiva desde el punto de vista militar, pero se está adaptando parcialmente a esta situación. Los ataques en el Levante demuestran que tiene capacidad para ampliar sus zonas de ataque a países vecinos mediante vínculos con células locales».

El Daesh fue responsable entre «el 2016 y lo que va del 2017 de más ataques y muertes que ningún otro grupo terrorista, con un 20 % más de atentados y un 69 % más de muertes que en el 2015, y atentó en 20 países gracias a sus tentáculos en África Occidental, Afganistán, Pakistán, Egipto, Libia y Yemen», afirmó un informe del Departamento de Estado de EE.UU.

Ya no se trata de una guerra completamente armada y de desgaste. El EI ha demostrado que ya no pretende combatir hasta la extinción. No buscan cometer grandes y costosos ataques, sino que sean frecuentes, baratos y fáciles de organizar. El EI está en transformación, entonces existe una necesidad de cambio en la estrategia para combatirlo.

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