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José Bergamín sobre la impostura de la unidad de España

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José Bergamín, Congreso de Escritores Antifascistas, Valencia, 1937

José Bergamín es, quizás, uno de los más grandes intelectuales del siglo XX del estado español, republicano hasta sus últimas consecuencias y, por eso, censurado y condenado al olvido mediático por lo que el llamaba “el franquismo sin Franco”.

Fue de los pocos que se opuso tanto al franquismo como a la democracia que este parió, pues, utilizando una expresión muy bergaminiana, “de tal palo tal astilla”. Para él, España son sus pueblos, y no sus perros guardianes, sus gentes diversas, sus lenguas y su diversidad, y no la forzada unidad construida a fuerza de látigo, garrote vil y fosas comunes.

Fue tan español que no vio más remedio que refugiarse de esa falsa España fascista, “aterrorizante”, en uno de sus pueblos, aquel que nunca jamás cesó de enfrentarse a la unidad “guardiacivilizada”, vigilada y por decreto, Euskal Herria, donde siguió soñando con esa España de los pueblos que los militares y los oligarcas siguen todavía ahogando con leyes inamovibles, sofocadoras y continuadoras, por gracia del estado policial y de la Audiencia Nacional, del propio franquismo que las parió, aunque se maquille de “democracia de toda la vida”.

Aquella Transición, mitificada por el régimen trans-franquista, travestido en democrático mientras imponía un rey y una unidad “por cojones”, con esa forma de ser tan de jauría de los Millans Astray, Mola o Queipo de Llano que lo inspiran (y de los que sale una línea de continuidad ideológica evidente con Felipe González, los Gal o la invasión policial de Cataluña en los barcos-piolín para amenazar su voluntad de votar, entre otras lindezas de la democracia del 78), no fue más que una nueva violación del deseo popular de ser la España de los pueblos, de la unión libre entre ellos por voluntad popular, de aquella España Republicana que fue arrancada apenas empezaba a florecer por los mismos que hoy pisotean cualquier movimiento popular.

Bergamín no tragó con la impostura impuesta como tantos otros sicarios del régimen, tanto los venidos de sus propias tripas hediondas, como tambíén los allegados desde los así llamados movimientos antifranquistas (muchos de ellos hoy todavía, suponemos que para ocultar sus verguenzas y no recordar lo que un día fueron y en lo que luego se convirtieron, siguen haciendo de palmeros del mismo régimen de la unidad por la gracia, o broma de mal gusto, de la Constitución del 78). A estos últimos, Bergamín hubiera podido llamarlos perfectamente, tal y como la creatividad republicana de los pueblos de España hoy extiende por las redes sociales, “izquierda tricornio”, una expresión, sin duda alguna, muy bergaminiana.

Para Bergamín, la Unidad Constitucional era, y es, una farsa, una impostura, construida mediante la violencia de estado y sobre las miles de fosas comunes que, olvidadas por los fascistas, siguen descomponiendo desde su mismos cimientos el régimen constitucional-falangista, monarco-franquista, condenado a derrumbarse para permitir que, finalmente, sean sus pueblos los que, si así lo desean, vuelvan a construirlo a solas o colectivamente, pues son esos pueblos de España los que, si esta existe, han de formarla, es decir, los que han de decidir su propio destino (y Bergamín lo supo hasta su muerte y lo defendió hasta su último suspiro).

En José Bergamín, Escritos en Euskal Herria,Editorial Txalaparta, un libro muy recomendable para entender esa aterrorizante forma de terrorismo de estado que fue la Transición “Democrática”, aparecen algunos textos sobre la impostura de la unidad de España que son de gran actualidad en el marco de la lucha del pueblo catalán por su derecho a decidir y a ser en o fuera de España.

***

“Unirse y ser uno es diferente cosa” decían nuestros teólogos renacentistas. Unión no es unidad. La supuesta , sobrepuesta y siempre impuesta unidad llamada nacional de España con la Monarquía (y monarquías) no ha sido nunca unión nacional de los pueblos y de sus hombres en España, en toda la historia de España.

Fue siempre, sigue siéndolo, una tramposa impostura estatal: antes del Imperio, durante el Imperio y después de él. Y siempre, como ahora, aterrorizada y aterrorizante (ahora, además, referenduménica*, computeada, irresponsable y chapucera).

Otra ocasión sería la unión independiente y libre de los pueblos españoles. Muy otra cosa (repitámoslo una vez más) que los Estados Unidos de España o en España. Impuestos, por supuesto, por supuestos, sobrepuestos y uniformados” (Punto y Hora, 4/9/80)

“Después de la guerra me he ido haciendo cada vez más republicano porque cuando he visto con más claridad y lucidez a España ha sido cuando he estado tanto tiempo fuera de ella. Eso es lo que molestaba y molesta hoy más que nunca. Yo creo que en este momento en España el delito mayor -más incluso que la apología del terrorismo- es el republicanismo (…) La monarquía defiende el monoteísmo político, al cual se adhiere una fanática superstición impuesta a través de los siglos de la unidad de España. Es idea de la unidad de España, antes del imperio, en el imperio y después del imperio, es la historia de España apresada por una monarquía que no solamente ha destruido a la otra España -a la que los monárquicos llaman anti-España que es la España de las naciones, de los pueblos- sino que ha destruido, por consiguiente, a España misma (…) La España única, la que culmina en la voluntad imperial de Franco, es una unidad impuesta de arriba a abajo y no ha existido nunca. Los pueblos españoles han sido víctimas desde siglos de este sistema que se imponía por la fuerza y que ahora se impone diciendo no sé qué de democracia y enmascarado en falsificaciones históricas (…) Unirse y ser uno es totalmente diferente. No es lo mismo una unidad de Estado que la unión de pueblos independientes, necesitados de esa independencia y esa libertad precisamente para unirse ya que de otra forma no son ellos los que se unen, sino que son unidos mediante camisas de fuerza. La unión de los pueblos independientes de España es lo que realmente se llama España. Así como existe la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, aquí sería la Unión de los Pueblos de las Naciones Españolas. Esto es exactamente todo lo contrario de la impostura -constitucional o no, tramposa o no- desde arriba impuesta, de una unidad que no ha existido nunca ni en la historia ni en la vida española” (Entrevista Punto y Hora, 10/07/80).

No son los mismos perros
con otros collares
son los mismos collares
con otros perros
y muerto el perro
no se acaba la rabia
se acaba el perro.
No es el mismo lacayo
con otra librea
es la misma librea
con otro lacayo.
Y de un reino sin rey
a un rey sin reino
no se cambia el reinado
se cambia el muerto.
(Egin, 22/01/83)

“Separatismo. Yo sé que no hablo en vasco porque no lo sé. Pero también sé que sí hablo vasco sin saberlo. Sé que hablo vasco y no en vasco*, con Unamuno (y no como ) cuando pienso que las separaciones son inseparables de la independencia y la libertad (de las independencias y las libertades) en los hombres como en los pueblos. Y es que hay que empezar por ellas. Aunque creamos que son quijotescas: y porque lo creemos con creer que es un hacer como el que al quijotesco vasco Ignacio de Loyola atribuye la creencia popular desde siglos. Su insistente creer y obrar del romancillo (lo cité aquí mismo, ensalzando a Monzón, mi inolvidable amigo, de quien sigo escuchando la voz).

!Separatismo! !Pues es claro que sí! Y tal vez lo primero de todo. Y despegarse de los pegajosos mejor que tenerse que pegar con ellos. Aunque hay veces en las que no queda otro remedio para poderse despegar del todo” (Quinquenario Egin, 1982).

*Se refiere al referéndum por el que nos metieron doblado al heredero de Franco en el mismo paquete que la libertad en forma de Constitución-Última Ley del Movimiento Nacional Franquista.

*Para hacerlo más actual, podríamos sustituir por catalán.

*Telesforo Monzón, intelectual y patriota socialista vasco.

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