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Estados Unidos y el eje del mal

Cuando Irak fue parte del «eje del mal» –visión hegemónica y criminal creada durante el gobierno de George W. Bush–, la «solución» de los «buenos» desde Washington, fue invadir y bombardear la nación árabe

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Elson Concepción Pérez. –  Cuando Irak fue parte del «eje del mal» –visión hegemónica y criminal creada durante el gobierno de George W. Bush–, la «solución» de los «buenos» desde Washington, fue invadir y bombardear la nación árabe. Allí, según datos de organismos internacionales, las fuerzas agresoras mataron, mutilaron o hirieron a más de un millón de personas. Civiles, niños, mujeres, ancianos, eran despedazados por los cohetes y bombas Made In USA lanzadas por quienes fueron a acabar con todo, menos con el petróleo del que querían apoderarse.

Entonces, W. Bush, también inscribió como ejes del mal a Irán y Corea del Norte, a los cuales Washington agregó con posterioridad Libia, Siria y Cuba y detrás a Bielorrusia, Birmania y Zimbabwe.

Todo el plan criminal se ejecutaba como si se tratara de una operación matemática de las más simples: se agregaban unos y se restaban otros.

De aquella atroz masacre contra Irak, la nación quedó mutilada, convertida en un verdadero caos y presa de la corrupción impuesta por los mismos que la habían invadido, que, so pretexto de reconstruir el país, entregaron a empresas trasnacionales norteamericanas las licitaciones millonarias que nunca rindieron frutos, todo lo contrario, se apoderaron del dinero.

Hoy Siria forma parte de la selecta lista de países del «eje del mal». Allí los «buenos» desde Washington, además de financiar a grupos extremistas, bombardean supuestos objetivos terroristas donde como bajas colaterales mueren a diario niños, hasta familias enteras y soldados del Ejército Nacional Sirio.

Para los agresores, Siria es mala porque resiste, porque tiene un gobierno elegido por el pueblo y porque no acepta imposiciones foráneas para que se rinda y entregue sus riquezas a los mismos que la califican dentro del «eje del mal».

Cuba, en algunos periodos, también ha sido incluida en esa selección y por ello ahora el actual presidente Trump ha dicho que el «bloqueo continuará», sin importar para nada el rechazo internacional casi unánime contra una política que ocasiona grandes daños a la población de la Isla, que durante más de 50 años ha sido bloqueada férreamente, invadida por mercenarios financiados, armados y preparados militarmente por Estados Unidos y objeto perenne de sanciones y provocaciones por parte del Imperio. Pero Cuba resiste.

En la lista actualizada por Trump, no podía faltar Venezuela. A esa nación el nuevo mandatario norteamericano hasta la ha amenazado con tumbar su gobierno mediante una acción militar.

Se trata de querer echar atrás la historia más reciente en la que el pueblo venezolano ha sido partícipe y beneficiario de un proceso bolivariano que lo ha sacado del ostracismo de siglos y le ha dado educación, trabajo, salud y cultura, entre otros beneficios sociales.

Caracas está en el «eje del mal» por haber construido y entregado a los más pobres más de un millón de viviendas amuebladas; por haberse declarado país libre del analfabetismo; por tener un servicio de salud inclusivo, gratuito y de la más alta calidad para todo el pueblo. Por ser verdaderamente solidaria.

Agregar a la República Islámica de Irán en esa especie de club de malhechores –según el calificativo norteamericano– es más que todo, que Trump quiere castigar la resistencia del pueblo persa.

Irán, como muestra fundamental de su política de paz accedió a la firma del Tratado Nuclear, comprometiéndose o reiterando el compromiso de que su programa nuclear es con fines pacíficos.

Esa decisión no fue –como las de la actual administración norteamericana– improvisada y mucho menos ocultando verdaderas intenciones.

Es la Agencia Internacional de Energía Atómica, organismo responsable del monitoreo y verificación del cumplimiento del acuerdo con Teherán, quien asegura que no ha habido ninguna violación por parte del gobierno iraní.

Pero a Trump no le agradan para nada los posibles logros que pudieran haberse obtenido por su antecesor Barack Obama y se empecina en romper con este acuerdo como lo hizo con el referido al cambio climático y otros.

En un discurso lleno de improperios, para nada propio de la Asamblea General de la ONU, Trump insultó a Corea del Norte y hasta amenazó con borrarla del mapa.

Si a esto agregamos las maniobras militares provocativas que realizan fuerzas y modernos medios de guerra estadounidenses en la península de Corea, muy cerca de la frontera con esa nación, podría resumirse cuál es el objetivo real de Washington y el por qué incluye a Pyongyang en la lista de los peores del mundo.

El tema del «eje del mal» no es nada nuevo ni creo que pudiera serlo venido del actual presidente norteamericano Donald Trump. Tampoco fue de su creación cuando el entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush, utilizó la frase en su discurso del Estado de la Unión el 29 de enero del 2002.

En ambos casos –o presidentes– su más asegurada «virtud» es la de improvisar. Se conoce que lo de «eje del mal» como expresión imperial para denominar a países y gobiernos que no se avengan a los dictados de Washington, tuvo como inventor a David Frum, exescritor de discursos para Bush, quien narra en un libro que la improvisación y la mediocridad imperantes en la Casa Blanca y lo mal informado que estaba el presidente Bush, dominaban el ambiente político de entonces.

Bush utilizó la frase y ahora Trump la desempolvó y –para aportar algo– extendió otros nombres a la consabida lista.

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