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El diario The New York Times entrevista a expertos que ponen en duda los supuestos ‘ataques acústicos’ a los diplomáticos estadounidenses en Cuba.

El enigma rodea a los misteriosos incidentes de salud que han provocado la más reciente y extraña confrontación entre Estados Unidos y Cuba. El artículo de NYT, firmado por Carl Zimmer, pone en evidencia que la teoría esgrimida por funcionarios del Gobierno de EEUU de que sus diplomáticos fueron asaltados por algún tipo de arma sónica es “más apropiada para una película de James Bond”.

Según el Departamento de Estado, casi dos docenas de diplomáticos en la Embajada de Estados Unidos en La Habana han sufrido una variedad de misteriosos síntomas médicos, incluyendo pérdida auditiva y dificultades cognitivas.

El sonido puede causar incomodidad e incluso daños graves, y los investigadores han explorado la idea de armamento sónico durante años. Pero los científicos no pueden explicar lo que pasó en Cuba, refiere el artículo.

“Diría que es bastante inverosímil”, dijo Jurgen Altmann, físico de la Technische Universitat Dortmund en Alemania y experto en acústica, citado por el diario.

El autor recuerda que durante décadas, los investigadores militares trataron de transformar el sonido en armas no letales que podrían detener a los soldados enemigos y muchas de ellas son financiadas por el Pentágono. “Pero estas armas funcionan porque son insufriblemente ruidosas, y si se usan contra los diplomáticos en Cuba, no habría misterio al respecto”, afirma Carl Zimmer.

Sobre el infrasonido o sonido de baja frecuencia que no puede ser oído por los humanos, su efecto primario en los seres humanos “parece ser molestia”, según informe del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental.

El ultrasonido es la posibilidad más probable. A frecuencias superiores a 20.000 hertz, más allá del oído humano, el ultrasonido puede dañar el tejido si se produce con suficiente potencia, pero no se conocen armas con esas características.

Incluso si otro jugador ha tenido éxito en el desarrollo de un arma ultrasónica, los investigadores aseguran que las leyes de la física hacen poco probable que el dispositivo funcione así.

“El ultrasonido no puede viajar una larga distancia”, cita el artículo a Jun Qin, ingeniero acústico de Southern Illinois University. Cuanto más se aleja el sonido, más débil se vuelve. Y según otros científicos, la humedad en un lugar como La Habana lo debilitaría aún más.

Además, un haz de ultrasonido rebotará sobre todo en el exterior de un edificio. El poco sonido que obtendría sería de una frecuencia inferior, menos dañina.

Una forma de superar estos obstáculos sería usar un arma más grande. Pero un vehículo masivo cubierto con un cañón de sonido gigante en frente de las casas diplomáticas probablemente no pasaría desapercibido, nota el periodista.

Un dispositivo de emisión de ultrasonidos plantado dentro de un edificio, por otro lado, podría ser lo suficientemente pequeño y poderoso como para causar daño a los ocupantes. Pero incluso una pared interior bloquearía sus ondas.

Un emisor más pequeño colocado aún más de cerca, tal vez en la almohada de alguien, podría hacer el truco, dijo el doctor Qin. Pero es difícil creer que un dispositivo así podría escapar de la atención. En teoría, un edificio podría estar repleto de pequeños emisores; sin embargo, los expertos lo creen improbable.

Y aunque el ultrasonido puede causar muchos de los síntomas reportados, no hay evidencia de que pueda causar lesión cerebral leve.

“No conozco ningún efecto acústico que pueda causar síntomas de concusión”, dijo el Dr. Altmann. “El sonido que pasa por el aire no puede sacudir tu cabeza.”

Por todas estas razones, los expertos dijeron que las armas de ultrasonido no deben encabezar la lista de posibles explicaciones para la pérdida de audición y dolores de cabeza y otros síntomas que se dice han sido observados en diplomáticos.

“Creo que esa gente tiene algo que les hace daño”, dijo el Dr. Qin. “Pero podría ser algo en el medio ambiente”.

El Dr. Timothy Leighton, profesor de ultrasonidos y acústica subacuática en la Universidad de Southampton, destacó que la ansiedad contagiosa u otro contribuyente psicogénico no podrían ser descartados. “Si haces que las personas se sientan ansiosas porque creen que están bajo ataque de un arma ultrasónica, esos son los síntomas que obtendrás”, dijo.

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