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Una delegación de altos dirigentes de empresas multinacionales alemanas se ha entrevistado con Putin en Moscú. No es algo poco habitual, pero se está convirtiendo en algo cada vez más frecuente.

Como ya henos expuesto en otras entradas, Alemania bascula hacia Rusia y en su movimiento arrastrará al núcleo fuerte de la Unión Europea o, en otras palabras, se aleja de Estados Unidos.

Esa situación coincide con una presencia militar cada vez más intensa de la OTAN y, por lo tanto, de Estados Unidos en el este de Europa, en países en los que trata de crear un tapón entre Alemania y Rusia. En esa “tierra de nadie” hay guerras en hibernación, como la del Donbas que pueden reavivarse en el momento más inesperado.

En algunos de esos países, como Polonia, Alemania tiene serios problemas que muestran el brazo largo de Washington. El enemigo ya no es sólo Rusia. A medida que esos gobiernos de Europa oriental se acercan a Washington, se alejan de Berlín.

Cuando Alemania trata de apaciguar los ánimos con Rusia, Polonia y sus secuaces avivan las llamas. Ni siquiera necesitan esperar instrucciones desde la Casa Blanca.

La Unión Europea ya tampoco es el refugio que fue para Alemania en otros tiempos. Cada una de las señales que procede de Bruselas es otro quebradero de cabeza, empezando por el Brexit y acabando por los ruinosos Estados del sur.

A la hora de buscar alternativas, a Alemania no sólo le interesa Rusia sino todos esos países emergentes con los que ha logrado mantener magníficas relaciones, sobre todo Irán y, naturalmente, China.

La historia del siglo XX muestra que Alemania siempre ha mirado hacia el este (“Drach nach Osten”), incluso en los tiempos soviéticos, empezando por el Tratado de Brest Litovsk, siguiendo por el de Rapallo y acabando por el Molotov-Von Ribbentrop.

Alemania es un país económicamente fuerte y militarmente débil; a Rusia le ocurre exactamente lo contrario. Salvo materias primas, Rusia no tiene gran cosa que ofrecer a Alemania, pero le puede abrir muchas puertas en todo el mundo.

No se puede perder de vista que si Alemania lograra consolidar una buena relación con Rusia, los países del este no tardarían en caer en su redil.

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