Lisandra Fariñas Acosta

Aprender sin miedos. Hacer de la lección cotidiana esa idea realizable de tener un espacio donde aceptar y respetar, escuchar al otro en paz; en el que burlas, maltratos, castigos sean aplastados por el diálogo, y la seguridad no sea nunca una quimera.

Dígase escuela, y se habrá dicho eso, y más, porque no puede pensarse en esta institución de otro modo. Los esfuerzos para eliminar toda forma de violencia en la sociedad y particularmente en el ámbito escolar, son entonces bienvenidos.

Es este uno de los mensajes que por estos días nos trae las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia. ¡Me Incluyo! Por escuelas sin homofobia ni transfobia, que en su 11na edición- cuya sede es la provincia de Pinar del Río- no solo promueve el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, como ejercicio de justicia y equidad social, sino que escoge para ello un escenario estratégico.

«La violencia emocional y la exclusión generan sufrimiento, y no es algo que pueda permitirse por ninguna razón», dijo a Granma Mariela Castro Espín, Directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

Hay un espacio imprescindible, que no podía quedarse fuera de esta campaña que el Cenesex organiza cada dos años, y es el escolar, ratificó la entrevistada, para quien no puede perderse de vista que las causas de las situaciones de violencia a menudo se relacionan entre sí.

«Si partimos de que la homofobia y la transfobia están enraizadas en la cultura, las dinámicas institucionales y las relaciones entre las personas, lo que dificulta su visibilización como problema social y su necesidad de prevención, puede entenderse fácilmente que ambos fenómenos están presentes en las escuelas, como reflejo de una realidad social en transformación, que requieren una actuación social más efectiva», explicó.

De ahí el énfasis en estos tipos de discriminación, lo cual no significa que no se trabaje el resto de las causas, pero es innegable que debemos incidir en aquellos ámbitos donde se inicia la «educación» de la homofobia, agregó la doctora Castro Espín.

«Cuba es un país seguro, la escuela cubana es segura, la familia tiene confianza en ella, y justamente lo que buscamos con estas campañas es sensibilizar, inquietar, brindar educación y orientación a la población, a partir de datos probados científicamente en estudios que realizamos en el Centro y en otras instituciones en torno al tema, y que nos alertan de la necesidad de visibilizar cualquiera de estas expresiones, para poder brindar en consecuencia la respuesta adecuada», refirióla experta.

EN BUSCA DE HERRAMIENTAS CONTRA LA VIOLENCIA

De acuerdo con fuentes académicas del Cenesex, «los estudios sobre la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género en Cuba todavía son escasos y no están centradosen la violencia homofóbica y transfóbica como categorías de análisis, sino en la violencia en general».

«Solo algunas investigaciones abordan la violencia que tiene su origen en los prejuicios y estereotipos asociados a los papeles de género, aquellos que las culturas dominantes le asignan a los hombres y las mujeres para mantener el orden social funcional a los intereses económicos de las clases dominantes», refieren.

En ese sentido, la doctora Castro Espín especifica que, en el caso de los niños y niñas, estos no trabajan o manejan conceptos como orientación sexual o identidad de género, sino que los prejuicios se ejercen desde la expresión de género, la cual se construye también a partir de qué educamos como roles asignados históricamente a lo masculino y femenino.

Pero hay que entender, dijo, que la violencia homofóbica y transfóbica que se ejerce en las escuelas afecta a todas las personas que están inmersas en esa situación: víctimas, victimarios y testigos.

Tiene asimismo un impacto significativo sobre la salud física, mental y el bienestar de la comunidad educativa, y repercute de manera adversa en el acceso a la educación, los logros académicos y las perspectivas de trabajo. «Estas situaciones crean un clima de inseguridad, miedo y descontento en la comunidad escolar, disminuye la confianza en el personal educativo y en la institución, aumenta el riesgo de conductas autolesivas y obstaculiza la construcción de relaciones enriquecedoras y libres de prejuicios», señalan estudiosos del tema.

«El ambiente emocional positivo que debe crear la escuela es fundamental para el aprendizaje», sostuvo la especialista, quien señaló que la política educacional del Estado cubano tiene la responsabilidad de continuar fomentando los valores de la inclusión, y no del odio.

«El odio es cosa de adultos, no de niños. Son ellos los que educan o transmiten los prejuicios, por lo que la campaña va dirigida fuertemente a que esto se comprenda», dijo.

Buscar herramientas pedagógicas oportunas y efectivas que permitan abordar estos fenómenos no solo en el alumnado, sino en docentes y familiares, es hoy uno de los principales desafíos que se propone el Cenesex. Constituye además una respuesta a la convocatoria que formulara la UNESCO a los estados, paraindagar y tratar dentro de sus políticas los temas de acoso o bulling, en el contexto de la violencia en el ámbito escolar, comentó la directora de este centro.

El papel de la educación integral de la sexualidad, como base de capacitación para prepararnos y evitar la violencia es fundamental, agregó.

En concordancia con ello, Manuel Vázquez Seijido, Subdirector del Cenesex, apuntó que la Resolución 139 de 2011 es una norma jurídica emanada del propio Ministerio de Educación, la cual ordena e introduce la educación de la sexualidad desde el tratamiento curricular. Es un elemento educativo que puede convertirse en un marco que garantice escuelas sin homofobia, ni transfobia, si se enfatiza en estos elementos en el proceso formativo.

De lo que se trata, dijo, es de proteger derechos fundamentales de las personas, y ello implica una responsabilidad compartida que deben asumir y articular todos los sectores de la sociedad.

PISTAS NECESARIAS

En Cuba, refieren expertos del Cenesex, las investigaciones que han abordado la violencia homofóbica y transfóbica en las escuelas lo han hecho de manera indirecta, siendo uno de los ejes de análisis el ámbito escolar. Asimismo, otro elemento común de estos estudios en nuestro país ha sido la parcelación de las muestras en la población LGBTI, lo que impide el análisis integrado y la sistematización de los resultados.

Al respecto, plantean que las investigaciones de carácter retrospectivo, realizadas con muestras de activistas LGBT adultos,ofrecen entre los principales elementos: las dificultades en los procesos de adaptación y permanencia escolar de las personas trans por no aceptar el uniforme escolar establecido según su identidad legal (Castro, 2015; Suárez, 2015); las experiencias de rechazo, maltrato físico, verbal y psicológico ejercido por estudiantes y algunos profesores/as a personas trans, al no aceptar sus expresiones de género (Castro, 2015; Suárez, 2015); la incapacidad para iniciar o continuar estudios superiores por las contradicciones entre sus expresiones de género y las normativas institucionales (Castro, 2015); y la tendencia a situaciones de exclusión social de las personas trans en las instituciones educativas (Castro, 2015).

De igual modo, los actos homofóbicos más frecuentesreferidos por estas personas, son burlas, gestos e insultos y se identifica a la escuela como un espacio en el que se viven estas experiencias.Por ejemplo, de un total de 160 personas encuestadas, de 12 provincias del país, 142 han sido víctimas de actos homofóbicos (Garcés, 2015).

Por otra parte, estudios realizados en algunos espacios escolares de La Habana, constatan la existencia de maltrato físico, verbal, situaciones de exclusión social, así como uso de un lenguaje homofóbico y sexista naturalizado (Rodney, 2015).

Algunas pistas sobre lo anterior nos las ofrece el estudio exploratorio progresivo sobre violencia homofóbica y transfóbica en la trayectoria escolar de activistas cubanos LGBT, de los autores Delia Rosa Suárez Socarrás, Massiel Rodríguez Núñez, Marais del Río Martín, Ada Caridad Alfonso Rodríguez, Gisett Suárez Gutiérrez, y cuyos resultados si bien no pueden generalizarse a la sociedad cubana, sí ofrecen elementos importantes de alerta para trabajar.

La indagación, retrospectiva y exploratoria, yque tuvo como objetivo caracterizar la violencia homofóbica y transfóbica experimentada por activistas de las Redes Sociales Comunitarias durante su trayectoria pro las escuelas cubanas, tuvo como muestra a 90 activistas, de las redes: Jóvenes por la salud y los derechos sexuales; Transcuba. Red de personas Trans, parejas y familias; Mujeres lesbianas y bisexuales; Humanidad por la diversidad (HXD); y Hombres que tienen sexo con otro hombres (HSH).

De acuerdo con el texto, «la edad promedio de la muestra fue de 28,1 años con una moda de 22 años de edad. Predominó la asistencia de personas de color de piel blanca (48), seguido por las personas mestizas (25) y negras (17); provenientes de las provincias La Habana, Villa Clara y Santiago de Cuba. La mayoría de las personas cursaron sus estudios en las zonas urbanas de sus provincias y predominó el régimen externo».

«La distribución por orientación sexual e identidad de género según declaración de los sujetos fue de 38 hombres gays, 27 personas trans, 19 mujeres lesbianas, 5 mujeres bisexuales y 1 hombre bisexual».

«La escolaridad concluida estuvo concentrada en la Enseñanza Media. En el momento de la investigación, 25 personas se encontraban cursando estudios superiores, en su mayoría hombres gays».

Entre los elementos de análisis que sobresalen en los resultados, los autores citan el abandono escolar, en tanto «22 sujetos indicaron haber dejado los estudios en algún momento de su trayectoria escolar, y solo 9 volvieron a reincorporarse, en su mayoría, personas trans que buscaron concluir la Enseñanza Media Superior».

De acuerdo con la investigación, «la edad promedio del abandono de estudios estuvo concentrada en los 16,6 años, al culminar la Enseñanza Secundaria, siendo las personas trans las más representadas. De las 22 personas que refieren haber abandonado los estudios, 13 hacen referencia a que esta decisión estuvo vinculada con las situacionesde violencia de la que fueron víctimas en el espacio escolar (recibía maltratos físicos, no escuchaban sus opiniones, amenazas, ignorarlas, burlas, robo de sus pertenencias, insultos, abuso sexual, no permitirles usar el uniforme que deseaban, abandono del hogar, no permitirle participar en las actividades, contraer el virus del VIH, necesitar trabajar porque la familia no cubre sus necesidades básicas).

Las personas trans (9) son las que mayormente refieren esta vivencia, seguido por las mujeres lesbianas (3)».

«La respuesta de las instituciones educativas se centró en el cambio de régimen de estudios o en el aislamiento de las personas víctimas: (…) la solución desde las residencias era ponernos seminternos, (…) los viajes diarios (…)», refieren algunos de los testimonios.

«Nótese que las medidas implementadas, pudieran considerarse una forma de revictimización, pues son las personas víctimas de la violencia sobre las que se toman las medidas y no sobre aquellas que las victimizan», apuntan los autores.

Entre las personas que ejercieron violencia, los investigadores citan a los estudiantes, profesores, los propios familiares de las víctimas, los familiares de otros estudiantes, el personal de apoyo a la docencia y otras personas.

Las redes de apoyo dentro de la escuela fueron prácticamente inexistentes, y se constató una tendencia a normalizar las situaciones que se daban: (…) son cosas de muchachos, no se le debe dar importancia (…).El apoyo, en los casos en los que estuvo presente, provino de estudiantes que intervenían para que cesara el maltrato, refiere el estudio.

«Las agresiones verbales provenientes de amigos, no fueron sentidas como formas de violencia: (…) me decían que ellos sí podían hacer bromas y jugar conmigo, pero no le permitimos a nadie que juegue contigo (…), en tanto la actitud de profesores/as estuvo dirigida a silenciar las situaciones y a ubicar la culpa en las víctimas».

Otro elemento de interés es que las personas afectadas decidieron no hacer la denuncia cuando sufrieron violencia por homofobia y transfobia. Entre las razones para no realizar la denuncia se encuentran: No estar preparados para hacer pública la orientación sexual: (…) yo no decía nada porque mi familia no lo sabía (…) El inmovilismo del profesorado que tiene como resultado la impunidad de los agresores: (…) aunque tú denunciabas no pasaba nada (…) Temor a las consecuencias contra la doble estigmatización: (…) si dabas la queja se burlaban de ti porque gay y chivato (…)

«Tales evidencias ponen de manifiesto que resulta imprescindible sensibilizar a las organizaciones estudiantiles para que funcionen como redes de apoyo ante situaciones de violencia en el escenario escolar. Es de vital importancia potenciar la formación de docentes y delpersonal no docente para la identificación y prevención de la violencia homofóbica y transfóbica», sostienen los expertos del Cenesex.

Sucede que la violencia homofóbica y transfóbica en el escenario escolar es reflejo de la homofobia y transfobia social. «Prevenir y enfrentar estas manifestaciones de discriminación en las escuelas contribuye a garantizar uno de los principios del Sistema Nacional de Educación en Cuba: el acceso a la educación libre de discriminación, por lo que será necesario promover no solo políticas y normativas específicas, sino también cambios sociales y culturales, que se expresan en las subjetividades y por ende en las relaciones entre las personas», sostiene la campaña de la 11 na edición de estas Jornadas.

Nada se compara con escuchar siempre, y sin excepción, a niños y jóvenes en Cuba dcir que les gusta su escuela, porque en ella el miedo no tiene lugar.

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