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… y mandó parar

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A Rusia se le ha subido a la cabeza su postura en Siria. El giro que ha dado hacia Israel es tan evidente que le está llevando a cometer errores. Solo que con quien ha dado resulta que es un hueso muy duro de roer.

Rusia quiere acelerar todo el proceso de diálogo político. Ha presionado al gobierno de Damasco para que nombre ya a los representantes de la comisión Constitucional y ha llegado a un acuerdo con Israel sobre el control de las fronteras del sur por parte del gobierno sirio a cambio de la retirada de esa zona de los iraníes y de Hizbulá (los primeros sí están en muy pequeño número y desde hace tiempo no participan en combates allí, los segundos no están). Subida en la cresta de la ola, acaba de comprobar que puede ser dura la caída.

Porque Rusia ha sufrido una humillación en Siria y no ha sido de los enemigos, sino de los amigos.

Os conté que Rusia tiene un acuerdo de colaboración con Hizbulá y que se ha negado en dos ocasiones a que la ONU considere a Hizbulá como “organización terrorista”, iniciativas ambas que llegaron desde Arabia Saudita. Sin embargo, ahora ha cometido un error del que como no lo reconozca pronto va a tener graves consecuencias. Es lo que tiene la prepotencia.

Ese error ha sido subestimar a Hizbulá y pensar que es una organización que le dice “sí” a cualquier cuestión que proponga Rusia. Y no. Aquí se puede parafrasear la vieja canción del cubano Carlos Puebla cuando decía “…llegó el comandante y mandó parar”.

La historia es, cuando menos, curiosa porque se da entre aliados.

Hace dos días Rusia intentó un despliegue de soldados en la frontera de Siria con Líbano, en la zona del Qalamún. Esa zona fue la primera victoria sonada de Hizbulá en la guerra siria, hace de ello ya tres años. Desde entonces las fuerzas de Hizbulá han controlado la frontera e impedido la presencia de la “contra” siria en Líbano. Ayer las tropas rusas quisieron hacerse con el control de tres posiciones de Hizbulá en las localidades de Qusair y Jusé. Hizbulá se negó y no sólo eso: pidió la retirada inmediata de las fuerzas rusas. Rusia se negaba. Hizbulá presionó aún más diciendo que no se había coordinado el movimiento con ellos y que sin su aprobación, nada de nada porque la zona está fuera del ámbito de actuación de Rusia y allí no hay “contra” y, ni mucho menos, el llamado Estado Islámico por lo que el movimiento ruso no tenía otra razón de ser que complacer a Israel.

Hizbulá dijo, además, que no aprobaba ese movimiento ruso. Dicen que tuvo que intervenir el mismísimo Al-Assad para que los rusos se retirasen y Hizbulá mantuviese sus posiciones. La 11 División del Ejército de Siria se está moviendo ahora hacia la zona en lo que oficialmente se considera “un paso descoordinado de Rusia”. Mientras, Hizbulá mantiene sus posiciones y las mantendrá aun cuando llegue el ejército sirio.

Rusia ha metido la pata. Es la primera vez desde que se alcanzó el acuerdo que Rusia y Hizbulá chocan o, si se quiere, muestran su desacuerdo. Y Rusia ha salido perdiendo. El afán por reconciliarse con EEUU (pretensión estúpida porque EEUU no quiere reconciliación, sino vasallaje) de la mano de los judíos israelíes está provocando errores que va a pagar caro como esto siga así.

El extraño movimiento de Rusia se produce cuando en Líbano se está comentando que hay una propuesta de demarcación de fronteras por parte de Israel. Las principales son las marítimas, donde hay importantes reservas de gas que Líbano ha comenzado a intentar explotar firmando acuerdos con empresas de Francia, Italia y Rusia. Los libaneses dijeron -y eso fue antes de las elecciones, donde el triunfo fue para Hizbulá y sus aliados– que sólo discutirían el tema si se enmarcaba en la Línea Azul (la demarcación fronteriza entre Líbano e Israel establecida por la ONU tras la vergonzosa retirada de Israel del sur de Líbano al ser derrotado por Hizbulá en el año 2000). Israel se retiró de casi toda la zona. Casi, porque mantuvo ocupadas las Granjas de la Shebaa. En esta zona son frecuentes los enfrentamientos entre Israel y Hizbulá (ver aquí y aquí, por ejemplo).

Según el presidente del parlamento libanés, que es quien ha dado a conocer la propuesta israelí, la idea es “terminar la disputa marítima que ha impedido la explotación de gas y petróleo”. Impedir para Israel, puesto que ya he dicho que Líbano ha comenzado el proceso de explotación. Y Líbano lo hace porque Hizbulá dijo muy palmariamente: “atacaremos sin dudar a la entidad sionista si establece alguna plataforma de prospección (…) Reiteramos nuestra posición, firme e inequívoca, de enfrentar ferozmente cualquier agresión a nuestros derechos de petróleo y gas, defendiendo así los activos del Líbano y protegiendo su riqueza”.

El régimen fascista de Israel sabe que el único escollo para ello es Hizbulá, que ahora está en una posición de mayor fuerza dentro del gobierno libanés, y con mayor influencia en el mismo, y que este movimiento político-militar no habla por hablar. Rusia también lo sabe, de antes y de ahora, cuando Hizbulá ha mandado parar. Y Rusia ha tenido que hacerlo.

El Lince

1 COMENTARIO

  1. La cobarde reacción de Rusia ante Israel y EEUU se debe a que abandonaron por desgracia el comunismo en el año 1991.

    La desunión o disolución de la antigua Unión Soviética les ha pasado factura. Esta desgraciada situación se la debemos a Kruschev y todos sus sucesores con la política de la desestalinización. Eso ha propiciado que en la actualidad en Rusia la casta dominante no se diferencia de cualquiera de los regímenes oligárquicos de Occidente. Es la triste realidad de Rusia y del todo espacio post soviético.

    Lo malo es que no sólo lo sufre Rusia las consecuencias de esta errática política la sufre por desgracia toda la humanidad.

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