G-6+EE.UU.: Ha comenzado ya la guerra comercial

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Cuando el mundo centra su mirada este martes en la cumbre del momento Trump-Kim, cuando se indaga en gestos, estados emocionales o se intenta leer entre líneas qué saldrá de esta reunión inédita, atrás quedó otra cita que no por habitual tiene menos importancia y dice mucho de cómo enfrentarnos a los sucesos inéditos como el acercamiento Estados Unidos-Corea del Norte.

Me refiero a la cumbre del G-7, el grupo de las 7 economías más poderosas del mundo. La misma reunión de la que Trump salió corriendo para llegar con casi 48 horas de antelación a su cita con el norcoreano. De aquel encuentro, que tocó el turno a Canadá servir de anfitrión, trascendió también una foto, esta foto, que resume lo que allí sucedió: un todos contra uno.

De un lado el señor de los brazos cruzados, Donald Trump —en su posición parece que preferida, desafiante y prepotente por lo a menudo que la asume y en momentos siempre de marcada tensión— y del otro una increpante Ángela Merkel, secundada por un Enmanuel Macron que intenta dialogar, ante un expectante Shinzo Abe, primer ministro japonés.

No solo las posiciones y rostros captados de un instante que obviamente, y por las declaraciones de los participantes y reportes de prensa, parece haberse eternizado durante los 2 días que duró el encuentro; también el contexto, si usted se fija bien, no es la tradicional sala de cumbres, no hay mesas redondas o en posición de U donde todos se ven las caras y debaten. Es un arrinconamiento de la Europa molesta por las políticas aislacionistas de Estados Unidos a su promotor en jefe. Y que vino a reforzar otra vista del mismo momento, pero esta otra publicada en Twitter por Macron.

Lo curioso es que la instantánea no es de ningún foto reportero de medios tradicionales ávido de contar en imágenes la noticia, no, fue la propia canciller alemana la que la colgó en su cuenta en la red social Instagram, seguramente captada por su personal de prensa.

Otra manera de hacer público el enfrentamiento que se dio en Quebec entre aliados históricos pero lejanos ahora desde que Trump se muestra irreverente y poco diplomático con los europeos, incluso, con quien mejor relación parece tener, el presidente francés, que aquí también fue enfático en afirmar que si su homólogo estadounidense insiste en estar aislado, a ellos nos les importa mantener una alianza de 6 como verdadera fuerza internacional.

Es así que si antes era el G-8 cuando estaba Rusia, actualmente es el G-7, mañana bien pudiéramos hablar del G-6 si los truenos siguen. Ya hay quienes refieren que la fractura es tácita por lo que estamos en presencia del G-6+Estados Unidos.

La cumbre en resumen fue un hervidero de malos ratos que antes, durante y después se incendió más con comentarios inapropiados de Trump para con sus pares. Las diferencias fundamentales estuvieron en materia económica y las políticas arancelarias que Washington pretende aplicar y que afectan a sus socios.

Y estas discrepancias sí pesan porque definen mucho más que cambio climático que ya los había dividido en el pasado. Es la primera vez que una reunión del G-7 termina sin comunicado final en el que estén todos sus miembros como signatarios.

Todo apunta a que mientras el señor de los brazos cruzados se da apretones con el enemigo Kim Jong Un, y habla de pacificación y entendimiento, se enemista cada vez más con amigos de toda la vida. Puede que por ahora no tengamos guerra nuclear, pero ha comenzado ya la guerra comercial.

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