Un alto responsable de las Naciones Unidas urgió a enjuiciar a Myanmar en la Corte de La Haya por crímenes de lesa humanidad y genocidios contra los rohingyas.

“Urjo al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) a referir inmediatamente el caso de Myanmar (Birmania) al Tribunal Penal Internacional (TPI)” de La Haya, en los Países Bajos, por crímenes de lesa humanidad y genocidios contra la minoría musulmana rohingya”, dijo el miércoles el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Zeid Raad al-Husein.

Al-Husein señaló que el Gobierno birmano “debe entender que la comunidad internacional no olvidará las atrocidades cometidas contra los rohingyas y que no absolverá a los políticos que intentaron encubrirlas”.

El diplomático jordano, cuya oficina acaba de recabar los testimonios de los nuevos refugiados rohingyas que han llegado al vecino país de Bangladés huyendo de la violencia y la “persecución”, afirmó que otros 11 432 rohingyas se habían visto obligados a desplazarse en el mes de junio.

Asimismo, tachó de “engañoso” el intento del Ejecutivo birmano por responsabilizar a los insurgentes rohingyas del estallido de la violencia en el estado de Rajine (oeste), y aseguró que “los ciclos de violencia y restricciones de los derechos humanos” contra esta minoría son muy anteriores a la insurgencia, que se creó en 2013. Datan al menos de 1978 y desde entonces “la recurrente campaña para erosionar su personalidad jurídica se ha intensificado”, agregó.

El jefe de los derechos humanos de la ONU llamó al Gobierno birmano a otorgarles la ciudadanía de Myanmar a los rohingyas que han vivido en este país desde hace varios siglos.

Les pidió, de igual modo, a las autoridades birmanas que permitan la entrada al país de expertos internacionales en derechos humanos y de la enviada especial de las Naciones Unidas Yanghee Lee, para que realicen investigaciones independientes sobre la violencia en curso contra los rohingyas.

Más de 700 000 rohingyas han huido a Bangladés desde agosto de 2017, cuando el Ejército birmano intensificó sus ataques contra esta población, y quemó cientos de viviendas y aldeas enteras de los musulmanes en el estado de Rajine. Las Naciones Unidas consideran una “limpieza étnica” el trato que Myanmar brinda a los rohingyas.

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