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El trabajo de difusión ‘cultural’ de la CIA contra la URSS durante la Guerra Fría

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El Washington Post acaba de descubrir ahora (*) que la CIA publicó y distribuyó la novela épica de Boris Pasternak, Doctor Zhivago, para socavar a la URSS, pero para los historiadores de la Guerra Fría y los que vivían al otro lado del Telón de Acero, es una noticia muy vieja.

Desde su mismo origen en 1947 la CIA comprendió que para derrocar a la Unión Soviética, además de bombas, eran necesarias pinturas, sinfonías y prosa.

A finales de la década de 1940, en el apogeo de la Guerra Fría, la CIA empezó a darse cuenta de que la Revolución de Octubre había conquistado a muchos artistas, escritores y científicos de Europa Occidental.

En 1950 creó el Congreso para la Libertad de la Cultura con el objetivo de socavar el prestigio de la URSS y ganar los corazones y las mentes de los intelectuales progresistas europeos.

La intelectualidad europea sabía que Estados Unidos era una sociedad capitalista, comercial y filistea que carecía de una tradiciones culturales, lo que Hugh Wilford, autor de varios libros sobre operaciones secretas de la CIA durante la Guerra Fría, califica como “prejuicios culturales antiamericanos”.

Los libros eran un arma y “Doctor Zhivago” fue sólo uno de los que fueron subsidiados. Sus autores fueron promocionados a lo más alto, alcanzado el Premio Nobel de Literatura gracias al espionaje, mientras vetaban a otros novelistas, como Gorki.

“Creo que ‘Archipiélago de Gulag’ fue aún más importante que ‘Doctor Zhivago’, como ejemplo de propaganda exitosa desde el punto de vista estadounidense”, dice Serguei Jruschov, hijo del ex primer ministro soviético y miembro del Instituto Watson de Estudios Internacionales de la Universidad de Brown.

Jruschov se refiere a la novela histórica del Premio Nobel Alexander Soljenitsin, que estuvo preso en un campo de trabajo soviético y en su novela detalla la vida dentro de las cárceles.

“Y también diría que las ‘Veinte cartas a un amigo’ de Svetlana Alliluyeva [la hija de Stalin] fue la más dolorosa en la época de Brezhnev”, añade Jruschov. A Svetlana le pagaron casi un millón de dólares por su novela.

“Conseguir esos libros en la Unión Soviética era relativamente fácil”, dice Jruschov. “A la gente de la embajada estadounidense [en Moscú] le gustaba conocer a artistas y periodistas y, por supuesto, les hablaban de las llamadas ‘artes no oficiales’ en la Unión Soviética, cuando se hablaba de escultura, pintura, música, escritura y normalmente distribuían libros y panfletos al pueblo soviético”, dice Serguei Kruschev.

“Era ilegal en ese momento, pero en realidad todos sabían que lo estaban haciendo”, añade.

El Congreso para la Libertad de la Cultura financió numerosas revistas literarias y culturales, incluyendo la revista británica “Encounter” y, con pleno conocimiento de causa, la “Revue de Paris”.

Fue la sombra detrás de conciertos patrocinados, como la actuación de una orquesta sinfónica de Boston en abril de 1952 en un festival de música en París.

La elección de la música para la interpretación no es casual. La CIA coronaba a Igor Stravinsky, uno de los compositores más famosos de su tiempo y crítico declarado de la URSS.

La CIA incluso financió la versión animada de “Rebelión en la granja” de George Orwell.

Para financiar estas actividades, la CIA lavó dinero en secreto a través de una variedad de organizaciones culturales en América y Europa.

En la Unión Soviética se consideraba que el denominado “arte moderno” reflejaba la decadencia de la burguesía occidental y muchos artistas huyeron, entre ellos Vasili Kandinsky y Mark Rothko.

La CIA gastó millones de dólares para subsidiar el movimiento artístico neoyorquino de los años 50 conocido como “expresionismo abstracto”, un estilo de pintura practicado por Rothko y Jackson Pollack, artistas poco apreciados por los estadounidenses de aquella época.

El espionaje les apoyó, organizando exposiciones de pintura por toda Europa y les ayudó a difundir el “arte abstracto” como una tendencia mundial.

La difusión del expresionismo abstracto ayudó a que la intelectualidad europea progresivamente pasara a inclinarse del lado del imperialismo durante la Guerra Fría, afirma Hugh Wilford, profesor de historia en la Universidad pública de California.

Hoy en día, es difícil imaginar a los maestros de espías americanos como mecenas del arte, pero “en aquel momento había algunos tipos bastante sofisticados navegando por la CIA”, dice Wilford.

“Probablemente apreciaban el papel de los mecenas culturales porque habían sido formados en una especie de escuela preparatoria, las clases de Ivy League de las que formaban parte personas como Nelson Rockefeller y [el editor del New York Herald Tribune] John Hay Whitney”.

“Así que era lógico que esta organización, entonces bastante aristocrática, la CIA, hiciera esto”, dice Wilford.

El Congreso para la Libertad de la Cultura, que llegó a tener oficinas en 35 países y cerca de 300 empleados, fue clausurado en los años sesenta.

(*) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/during-cold-war-cia-used-doctor-zhivago-as-a-tool-to-undermine-soviet-union/%2f2014%2f04%2f05%2f2ef3d9c6-b9ee-11e3-9a05-c739f29ccb08_story.html

Más información:

– El colonialismo ideológico de la posguerra
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