Miguel Alonso.

La percepción de lo que ocurre en la patria de Sandino desde ciertos sectores disque “de izquierdas” pone en evidencia como el discurso revisionista y contra revolucionario mantiene cautivos a estos sectores, caracterizados por su eclecticismo ideológico y su idealización sin análisis de la historia ni del desarrollo de los acontecimientos. No buscan la verdad en los hechos, han abandonado todo análisis marxista y crean su post-moderna post-verdad.

Sostienen los revisionistas que el régimen del tándem familiar Ortega/Murillo es un régimen “progresista” (algo que también califican a Lula da Silva, Maduro o Evo Morales o a los BRICs incluida la India de Modi) obviando que las protestas se iniciaron por una reforma, propuesta por el FMI, del sistema de Seguridad Social que perjudicaban a las clases populares con una reducción del 5% y un aumento en las cotizaciones.

La camarilla Ortega/Murillo apuesta por la represión y el asesinato de mas de 300 personas, en diversas manifestaciones ¿Hasta cuando se puede calificar de progresista?

Conviene recordar que la Revolución Sandinista de 1979 no fue nunca una revolución Socialista o de Nueva Democracia a pesar de las afirmaciones de los revisionistas soviéticos y sus aliados. Apenas expropio las propiedades y empresas del tirano Somoza y aunque esto conformo un importante sector de economía estatal, amplios sectores de la pequeña y mediana burguesía mantuvieron la propiedad privada de los medios de producción. En ningún momento se cuestiono el derecho burgués a la propiedad de los mismos.

Los mismos sectores que se beneficiaron del triunfo electoral de Violeta Barrios de Chamorro para privatizar el resto. Luego vendría Alemán y otros para desmontar cualquier vestigio de apoyo a los intereses del pueblo.

La dirección del proceso sandinista siempre fue interclasista, como resultado de la alianza de todos contra Somoza, positiva en lo táctico pero oportunista en lo estratégico. Las contradicciones existentes aparecieron a la caída del dictador, marcando campos en función de la lucha de clases.

La dirección del FSLN hegemonizado por Ortega, Borges y otros comandantes, muy lejos de radicalizar la revolución (algo muy difícil para estos “revolucionarios de boquilla”) pronto cayeron bajo el síndrome “de las viudas de Moscú” esto es; negando que la fuerza principal de la revolución está en su programa y su pueblo, y no en la ayuda exterior, se plegaron prontamente a los acuerdos de paz, porque “sin la retaguardia soviética no se podía luchar” frase dicha por uno de estos “revolucionarios” en “petit comité”.

Estos son hechos contrastados y no simples teorías conspiratorias contra un “gobierno progresista” Sres. Revisionistas.

La caída de la camarilla Ortega/Murillo hoy será fruto de una nueva lucha entre sectores de la burguesía o cautivos de la misma, pero nunca significara en fin de un proceso revolucionario, hace muchos años liquidado por estos farsantes y traficantes de los intereses del pueblo nicaragüense.

La verdadera revolución vendrá cuando se construya una verdadera vanguardia basada en el M-L-M que inicie la guerra popular hasta la victoria.

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