Putin se la juega. Por primera vez desde el año 2000, está a la defensiva. Ha tenido que salir en televisión para defender el aumento de la edad de jubilación haciendo alguna pequeña concesión. Pero la gente no traga. El que haya sido él y no su primer ministro indica cómo están las cosas. Sólo él tiene la suficiente popularidad como para hacerlo, aunque desde que se anunció ese aumento de la edad de jubilación, en mayo, la disminución es evidente y sólo ahora, al salir en televisión, ha recuperado algo: ahora está en el 70%.

Por el contrario, su gobierno está absolutamente desprestigiado, con niveles de desaprobación altísimos que cada vez van a más: el 71% lo rechaza.

La Duma, el parlamento, no sale mejor parado: el 68% dice que no aprueba su labor.

Como veis, el rechazo no hace más que subir con la excepción de Putin, que parece haber recuperado algo de resuello.

Tal vez haya que aplicar a los rusos el viejo dicho de que sarna con gusto no pica si en las elecciones del mes que viene vuelven a apoyar a Rusia Unida. Putin ha hecho un llamamiento a “o yo o el caos” y, sobre todo, ha hecho un llamamiento al voto femenino ofreciendo una rebaja de tres años en el aumento de la jubilación de las mujeres, que de los 63 previstos pasa a los 60 años, al tiempo que utiliza el reclamo de los hijos para añadir un poco más de sal: para las mujeres con tres hijos la jubilación sería a los 57, para las de cuatro a los 56 y para las de cinco se mantendría en los 55 años actuales. Para los hombres queda igual, un aumento desde los 60 actuales a los 65 previstos.

Ayer, en un nuevo intento de evitar la catástrofe, el gobierno anunció que las pensiones más bajas serán del 70% del salario mínimo. Eso supone un aumento del 25% respecto a los mínimos actuales y con ello esperan revertir una situación que se les empieza a ir de las manos. Con esto dice el gobierno que se cumple una de las promesas de Putin en marzo, una verdad a medias y que ha tenido que producirse tras las movilizaciones de rechazo al aumento de la edad de jubilación. También ha anunciado un aumento de las inversiones en sanidad y educación, aunque sin concretar.

Son movimientos a la desesperada tanto de Putin como de su partido, y no se descartan nuevos movimientos que “suavicen” la ley antes de las elecciones. Putin no cumplió su promesa de renovar el gobierno tras las elecciones presidenciales de marzo. Al contrario, lo que hizo fue reforzar a los neoliberales. Ahora está pagando las consecuencias.

El Lince

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