El caza F-35

La semana pasada varios medios rusos se tomaron muchas molestias para desmentir a quienes venimos sosteniendo que el derribo del Il-20 no fue un accidente, como dijo Putin, ni tampoco consecuencia de los disparos de la defensa antiaérea siria.

Es de destacar la entrevista de Zvezda al general Alexander Ionov, general retirado del ejército del aire que expone gran cantidad de detalles interesantes sobre el derribo.

No obstante, a medida que las explicaciones son más amplias, las incogruencias son también mayores y conviene ponerlas de manifiesto para ver el cariz que va tomando la Guerra de Siria a medida que los primeros espadas saltan al ruedo y se retiran los banderilleros.

La primera es que la entrega de baterías antiaéreas SS-300 a Siria preocupa más en Washington que en Tel Aviv. Hace años que Grecia compró los SS-300 rusos, por lo que la OTAN e Israel los conocen bien.

Durante años los oficiales israelíes han repetido que considerarán a los SS-300 como un objetivo legítimo si amenazan a su fuerza aérea y se han jactado en público de que conocen las debilidades de los SS-300 y que son capaces de destruirlos.

Sobra decir que los sionistas son tan prepotentes que se tiran un farol de lo más descarado porque si eso fuera cierto, entonces no hubieran presionado a Rusia en 2013 para que no suministrara SS-300 a Siria.

Pero eso es lo de menos. Lo realmente importante es que los SS-300 están incorporados a la red de control y comunicaciones del mando ruso (C3) en Siria; no son nada diferente de ella. Lean despacio lo que dijo el ministro de Defensa de Rusia, Serguei Shoigou, M, sobre el despliegue de los SS-300 en Siria:

“Rusia bloqueará la navegación por satélite, los radares a bordo y las redes de comunicaciones de los aviones de combate que atacan objetivos en territorio sirio, en el mar Mediterráneo y en las fronteras de Siria. Estamos convencidos de que la aplicación de estas medidas calmará los ánimos y evitará actos temerarios contra nuestros militares. De lo contrario, reaccionaremos de acuerdo a la situación que se presente. Las tropas evitarán actos temerarios contra nuestros militares. De lo contrario, reaccionaremos de acuerdo a la situación que se presente. Las tropas y las unidades de defensa antiaérea sirias estarán equipadas con sistemas de control automático idénticos a los de las fuerzas armadas rusas. Esto garantizará la gestión centralizada de las fuerzas de defensa antiaérea sirias, las instalaciones y la vigilancia del espacio aéreo, y acelerará la identificación de los objetivos. Y lo que es más importante, permitirá a la defensa antiaérea siria reconocer las aeronaves rusas”.

Shoigu no se refiere a Israel para nada y, además, habla en futuro, como si a partir de ahora las operaciones antiaéreas sirias y rusas fueran a estar coordinadas y no lo hubieran estado en el pasado, lo cual es inverosímil. Si estamos en lo cierto, entonces la defensa antiaérea siria no pudo derribar al Il-20.

Es realmente a la OTAN a quien preocupa la entrega de los SS-20 años a Siria porque, de la misma manera que Siria opera en coordinación con Rusia, Israel hace lo propio con la OTAN o, dicho de otra manera, quien dirige la agresión contra Siria es la OTAN (antes y ahora).

Además, a la OTAN le preocupan mucho los SS-300 porque pueden poner de manifiesto la vulnerabilidad de los cazas “invisibles” F-22 y F-35 que Israel ha probado en algunos ataques contra Siria, pero que son los aviones en los que la OTAN confía para el futuro. Como ya hemos afirmado, la “stealth technology” amenaza con convertirse en uno de los más grandes fiascos de la aviación moderna.

Durante la batalla de Alepo, un alto funcionario ruso advirtió, refiriéndose a esos cazas, que la eficacia de los sistemas rusos de defensa antiaérea iban a sorprender y un año después al menos un viejo misil sirio S-200 alcanzó a uno de esos sofisticados cazas. Muchos países, incluso los más fieles vasallos de Estados Unidos, saben de la eficacia de los SS-300 y por eso se han aflojado el bolsillo para comprarlos.

Para destruir los SS-300 primero los F-35 deben localizar su emplazamiento, ya que son móviles, una fase en la que tienen muchas probabilidades de ser derribados, lo cual sería una catástrofe militar para la OTAN y económica para la industria bélica de Estados Unidos. Hay varios datos que son otras tantas claves: mientras los F-35 se venden como aviones de última generación, los SS-300 es tecnología de hace medio siglo. ¿Cómo es posible un retraso tecnológico tan grande?

En el este de Siria, en torno a Deir Ezzor no hay emplazamientos sirios de defensa antiaérea, por lo que los F-22 de Estados Unidos campan a sus anchas. Sin embargo, cuando se les acercan los Su-35 rusos la Fuerza Aérea estadounidense se retira rápidamente para evitar cualquier choque.

Israel es el único país que ha probado los F-35 en Siria… antes de que llegaran los SS-300. A Estados Unidos ni se le pasa por la cabeza la posibilidad de poner a un F-35 sobre el cielo de Siria y mucho menos se arriesgaría a enviarlo contra las defensas antiaéreas rusas.

El programa F-35 comenzó hace más de 10 años y alcanzará muy pronto una suma exorbitante por encima del billón de dólares y lo han vendido a docenas de países. Fue diseñado para desempeñar funciones polivalentes y debería constituir la futura columna vertebral de la OTAN. Los israelíes han demoestrado que está listo para el combate y, sin embargo, sigue en el banquillo por el temor a revelar sus debilidades, lo que afectaría a las ventas futuras.

Más información:

– Un sofisticado caza israelí F-35 ha sido alcanzado por viejos misiles sirios S-200
– El ejército de Estados Unidos experimenta sus primeros fracasos militares en Siria
– Siria: concurso de tiro al plato con misiles
– Los misiles ‘inteligentes’ de Trump no han superado el examen de Siria

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