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Indian Horse: la mala conciencia, la falsa conciencia, la falta de conciencia

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“Indian Horse” es una película rodada el año pasado por el director canadiense Stephen S. Campanelli, que durante 20 años fue el operador de cámara de Eastwood, a quien convenció para poner la pasta.

El guión se basa en una novela del también canadiense Richard Wagamese que ha tenido un enorme éxito y ha levantado una enorme polvareda, lo que es muy frecuente cuando un país no conoce su historia porque ha vivido siempre mirando hacia otro lado.

“¿Qué?, ¿Los canadienses hicieron esto?”, preguntó Eastwood cuando leyó el guión. “¿Cómo es que nadie lo sabe?”, repitió el conocido cineasta estadounidense.

A muchos la terapia cinéfila les recordará -muy vagamente- a “Bailando con lobos” y unos pocos pasarán por encima porque son cosas sobre las que ya escribieron Fray Bartolomé de las Casas o el inolvidable Mariátegui.

Colonialismo, religión, exterminio… Volver a replantear otra vez algo de lo que ya se habló cuando los fastos del V Centenario no es un mero recordatorio sino un replanteamiento por partida doble.

Los colonialistas lo hicieron conscientemente y por eso pusieron a los curas y monjas al frente de una tarea que era la de la cruz tanto como la de la espada. La primera te convence y la segunda te mata cuando falla la primera.

Pero de la conciencia pasaron a la inconsciencia y de ahí, poco a poco, a la mala conciencia, al arrepentimiento y a solicitar el perdón por sus numerosos crímenes, que es el punto de partida para la “reconciliación nacional” entre los verdugos y sus víctimas.

Luego podríamos discutir cómo la evolución de la conciencia colonialista ha infectado a los colonizados en forma de indigenismo para difuminar la conciencia de clase. El colonizado tampoco sabe quién es realmente; tampoco sabe qué es porque, como en caso de los bebés robados en España, le han quitado tanto que nunca ha visto su verdadero álbum familiar de fotos.

Algunos llaman a eso “identidad”, que es tanto como decir que A = A, o sea, lógica formal. Los otros lo desprecian por “identitarios”, como si se pudiera ir por el mundo sin tener carnet “de identidad”.

En América y en el Tercer Mundo hizo falta alguien como Mariátegui, a medio camino entre el vasco colonizador y el indio colonizado, para reconstruir las biografías de los autóctonos como campesinos sometidos, expoliados y exterminados.

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