Estados Unidos ha dado un vuelco a su criterio sobre la Guerra de Yemen, al exigir ahora el cese de los ataques aéreos de Arabia saudí. Es un reconocimiento indirecto del fracaso de una ofensiva mortal que desencadenó una masacre en la población.

El martes el secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, hizo un llamamiento a los beligerantes en Yemen para que cesen las hostilidades y abran las negociaciones de paz “en un plazo de 30 días”.

Por su parte, el jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, pidió el cese de los ataques aéreos de la coalición dirigida por Riad “en todas las zonas pobladas de Yemen”, una admisión hueca de las bajas civiles causadas por los bombardeos.

Arabia Saudita ha sido acusada en varias ocasiones de cometer errores que se han cobrado la vida de cientos de civiles.

El cambio de rumbo en Washington se ilustra con la campaña internacional de la prensa contra el príncipe heredero saudí por el Caso Khashoggi, el periodista saudí asesinado el 2 de octubre en el consulado de Estambul.

Sin embargo, los expertos no prevén un término corto para el conflicto, que, según la ONU, ha causado la muerte de unas 10.000 personas.

La Guerra de Yemen enfrenta a las fuerzas progubernamentales contra los rebeldes huthíes, apoyados por Irán, que se apoderaron de gran parte del país en 2014 y 2015, incluida la capital, Sanaa.

En marzo de 2015 una coalición bajo mando saudí intervino militarmente para apoyar a las fuerzas progubernamentales.

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