«Cada época histórica –y por lo tanto económica– en el desarrollo de la sociedad tiene su propio ideal de matrimonio y su propia moral sexual. Bajo el sistema tribal, con sus lazos de parentesco, la moral era diferente a la que se desarrolló con el establecimiento de la propiedad privada y del gobierno del marido y el padre –el patriarcado–. Los diferentes sistemas económicos tienen diferentes códigos morales. No sólo cada etapa del desarrollo de la sociedad, sino cada clase tiene su correspondiente moral sexual –basta con comparar la moral de la clase terrateniente feudal y de la burguesía en una misma época para ver que esto es cierto–. Cuanto más firmemente se establecen los principios de la propiedad privada, más estricto es el código moral. La importancia de la virginidad antes del matrimonio legal nació del principio de la propiedad privada y la renuencia de los hombres a pagar por los hijos de otros.

La hipocresía –la observancia externa del decoro y la práctica actual de la depravación– y el doble código –un código de conducta para el hombre y otro para la mujer– son los dos pilares de la moral burguesa. La moral comunista debe, ante todo, rechazar resueltamente toda la hipocresía heredada de la sociedad burguesa en las relaciones entre los sexos, y rechazar el doble estándar de moralidad.

En el período de la dictadura del proletariado las relaciones entre los sexos deben ser evaluadas sólo de acuerdo con los criterios mencionados anteriormente: la salud de la población trabajadora y el desarrollo de los lazos internos de solidaridad dentro del colectivo. El acto sexual no debe ser visto como algo vergonzoso y pecaminoso, sino como algo tan natural como las otras necesidades de un organismo sano, como el hambre y la sed. Tales fenómenos no pueden ser juzgados como morales o inmorales. La satisfacción de los instintos sanos y naturales sólo deja de ser normal cuando se superan los límites de la higiene. En tales casos, se amenaza no sólo la salud de la persona en cuestión, sino también los intereses del colectivo de trabajo, que necesita la fuerza, la energía y la salud de sus miembros. La moral comunista, al reconocer abiertamente la normalidad del interés por el sexo, condena el interés insano y antinatural por el sexo –excesos, por ejemplo, o relaciones sexuales antes de la madurez, que agotan el organismo y reducen la capacidad de los hombres y las mujeres para el trabajo–.

Como la moral comunista se preocupa por la salud de la población, también critica la moderación sexual. La preservación de la salud incluye la plena y correcta satisfacción de todas las necesidades del hombre; las normas de higiene deben funcionar con este fin, y no suprimir artificialmente una función tan importante del organismo como el deseo sexual –Véase la obra de August Bebel: «La mujer y el socialismo» de 1879–. Así, tanto la experiencia sexual temprana –antes de que el cuerpo se haya desarrollado y fortalecido– como la restricción sexual deben considerarse igualmente perjudiciales. Esta preocupación por la salud de la raza humana no establece ni la monogamia ni la poligamia como la forma obligatoria de las relaciones entre los sexos, porque los excesos pueden ser cometidos en los límites de la primera, y un cambio frecuente de compañeros no significa en modo alguno la intemperancia sexual. La ciencia ha descubierto que cuando una mujer tiene relaciones con muchos hombres al mismo tiempo, su capacidad para tener hijos está deteriorada; y las relaciones con un número de mujeres drenan al hombre y afectan la salud de sus niños negativamente. Dado que el colectivo de trabajadores necesita hombres y mujeres fuertes y saludables, tales formas de organización de la vida sexual no son de su interés.

Es aceptado que el estado psicológico de los padres en el momento de la concepción influye sobre la salud y la capacidad de vida del niño. Así, en interés de la salud humana, la moral comunista critica las relaciones sexuales que se basan en la atracción física por sí solas y no son acompañadas por amor o pasión fugaz. En interés de la colectividad, la moral comunista también critica a las personas cuyas relaciones sexuales se construyen no sobre la base de la atracción física, sino del cálculo, hábito o incluso afinidad intelectual.

En vista de la necesidad de fomentar el desarrollo y el crecimiento de los sentimientos de solidaridad y de fortalecer los lazos del colectivo de trabajadores, debe establecerse sobre todo que el aislamiento de la «pareja» como unidad especial no responde a los intereses del comunismo. La moral comunista requiere la educación de la clase obrera en la camaradería y la fusión de los corazones y las mentes de los miembros separados de este colectivo. Las necesidades e intereses del individuo deben estar subordinados a los intereses y fines del colectivo. Por una parte, los lazos familiares y matrimoniales deben ser debilitados y, por otra, los hombres y las mujeres deben ser educados en la solidaridad y la subordinación de la voluntad del individuo a la voluntad del colectivo. Incluso en esta etapa presente, la república obrera exige que las madres aprendan a ser madres no sólo de su propio hijo, sino de todos los hijos de los trabajadores; no se reconoce a la pareja como una unidad autosuficiente, y por lo tanto no se aprueba que las esposas abandonen el trabajo por el bien de esta unidad.

En cuanto a las relaciones sexuales, la moral comunista exige en primer lugar el fin de todas las relaciones basadas en consideraciones financieras o económicas. La compra y venta de caricias destruye el sentido de la igualdad entre los sexos, y socava así la base de la solidaridad sin la cual la sociedad comunista no puede existir. Por consiguiente, la censura moral se dirige a la prostitución en todas sus formas y a todo tipo de matrimonio de conveniencia, incluso cuando es reconocido por la ley soviética. La preservación de la reglamentación del matrimonio crea la ilusión de que el colectivo obrero puede aceptar a la «pareja» con sus intereses especiales y exclusivos. Cuanto más fuertes sean los lazos entre los miembros del colectivo, en su conjunto, menor será la necesidad de reforzar las relaciones maritales. En segundo lugar, la moral comunista exige educar a la generación más joven en responsabilidad ante el colectivo y en la conciencia de que el amor no es lo único en la vida –esto es especialmente importante en el caso de las mujeres, porque se les ha enseñado lo contrario durante siglos–. El amor es sólo un aspecto de la vida, y no se debe permitir que eclipsen las otras facetas de las relaciones entre lo individual y lo colectivo. El ideal de la burguesía era la pareja casada, cuyos miembros se complementaban tan completamente que no tenían necesidad de contacto con la sociedad. La moral comunista exige, por el contrario, que la generación más joven sea educada de tal manera que la personalidad del individuo se desarrolle al máximo, y el individuo con sus muchos intereses tenga contacto con una gama de personas de ambos sexos. La moral comunista alienta el desarrollo de muchos y variados lazos de amor y amistad entre las personas. El viejo ideal era «todo para el ser querido»; la moral comunista exige todo para el colectivo.

Aunque las relaciones sexuales es visto en el contexto de los intereses de la colectividad, la moralidad comunista exige que las personas sean educadas en la sensibilidad y la comprensión y sean psicológicamente exigentes tanto para con ellos como para con sus parejas. La actitud burguesa hacia las relaciones sexuales como una simple cuestión de sexo debe ser criticada y reemplazada por una comprensión de toda la gama de la experiencia amorosa gozosa que enriquece la vida y da lugar a una mayor felicidad. Cuanto mayor sea el desarrollo intelectual y emocional del individuo, menos lugar habrá en su relación para el lado fisiológico del amor, y más satisfactoria será la experiencia del amor.

En el período de transición, las relaciones entre hombres y mujeres deben, a fin de satisfacer los intereses del colectivo de trabajadores, basarse en las siguientes consideraciones:

(1) Todas las relaciones sexuales deben basarse en la inclinación mutua, el amor, enamoramiento o pasión, y en ningún caso en motivaciones financieras o materiales. Todos los cálculos en las relaciones deben estar sujetos a condena sin piedad.

(2) La forma y duración de las relaciones no están reguladas, pero la higiene de la raza y la moral comunista exigen que las relaciones no se basen solamente en el acto sexual y que no vayan acompañadas de excesos que amenacen la salud.

(3) Aquellos con enfermedades, etc., que podrían ser heredadas, no deben tener hijos.

(4) Una actitud celosa y propietaria hacia la persona amada debe ser reemplazada por una comprensión camaraderil y una aceptación de su libertad; los celos son una fuerza destructiva que la moral comunista no puede aprobar.

(5) Los lazos entre los miembros del colectivo deben fortalecerse. El estímulo de los intereses intelectuales y políticos de la generación más joven ayuda al desarrollo de emociones sanas y satisfactorias en el amor.

Cuanto más fuerte es el colectivo, más firmemente se establece el modo de vida comunista. Cuanto más estrechos sean los lazos afectivos entre los miembros de la comunidad, menor será la necesidad de buscar un refugio de la soledad en el matrimonio. Bajo el comunismo, la fuerza ciega de la materia es subyugada a la voluntad del colectivo de trabajadores, fuertemente unido, y por incomparablemente poderoso. El individuo tiene la oportunidad de desarrollarse intelectual y emocionalmente como nunca antes; en este colectivo, nuevas formas de relaciones están madurando y el concepto de amor se extiende y se amplía». (Aleksandra Kolontái; Tesis sobre la moral comunista en el ámbito de las relaciones conyugales, 1921)

Anotación de Bitácora (M-L):

«Ahora desde la organización lumpen Reconstrucción «Comunista» intenta rebuscar alguna excusa para no acatar estos lineamientos de Kolontái y decir estupideces como que fue parte de la llamada «oposición obrera» en el Partido Bolchevique durante los años 20, la cual mantuvo posiciones anarco-sindicalistas, y que por tanto, las tesis de Kolontái sobre la cuestión femenina no tienen validez:

«Este es el papel de Kolontái, fraccionalismo al más puro estilo menchevique, uniéndose con toda la carroña, cualquier fracción era buena para debilitar las posiciones bolcheviques dentro del partido, estamos seguros de que esta mujer no puede servir de referente en absoluto, por muchas obras que escribiese a favor de la emancipación de la mujer. (…) Es vergonzoso escuchar a «comunistas» reivindicar a estas personas». (Reconstrucción Comunista; Jóven Guardia, Nº3, 2018)

Ignoraran que ella misma fue a la postre una de las figuras de confianza de Stalin y que mantuvo un apoyo al régimen durante los años 30 en cuestiones relacionadas con la mujer como se ve en sus últimos escritos. Igualmente tuvo un papel altamente relevante en la diplomacia soviética, véase las conversaciones con Stalin previas a la Segunda Guerra Mundial de 1939 sobre la cuestión internacional.

Aludir a un pasado superado para criticar a una figura tendría tanto sentido como cuando Stalin reprendió a aquellos que criticaban sin razón a los grandes cuadros del partido actuales porque en el pasado habían sido trotskistas, ante ello Stalin recordó que había muchos elementos que habían roto con el trotskismo como el fundador de la Checa Félix Dzerzhinski, lo cual no invalidaba ni algunas de sus posiciones pasadas ni tampoco las futuras una vez rectificado parte de sus antiguas posiciones erróneas:

«Stalin: A menudo se dice que en 1922 tal o cual miembros votaron por Trotsky. (…) Dzerzhinsky votó por Trotsky, no solo votó, sino que apoyó abiertamente a Trotsky bajo Lenin contra Lenin. ¿Sabíais esto? Él no era un hombre que pudiera permanecer pasivo en cualquier cuestión. Era un trotskista muy activo, y quería reunir a toda la GPU para defender a Trotsky. Él no tuvo éxito. Andreev era un trotskista muy activo en 1921.

Una voz de un lugar: ¿Andreyev?

Stalin: Sí, el Secretario del Comité Central, Andrei Andreevich Andreev. Como puede ver, la opinión general de que tal o cual votaron en vano o en ese momento no es absoluta ni siempre correcta.

Entonces, esta segunda razón, que está muy extendida entre ustedes y en el partido en general, también es un punto de vista equivocado. (…) Lo mejor es juzgar a las personas por sus actos, por su trabajo. Hubo personas que dudaron, luego se retiraron, fueron de cara, honestamente y en una misma posición con nosotros luchando muy bien contra los trotskistas. Dzerzhinsky luchó muy bien, el camarada Andreyev pelea muy bien. Todavía hay tales personas. Podría contar diez, dos o tres personas que se han alejado del trotskismo, se han retirado con firmeza y están luchando contra él muy bien. No podría ser de otra manera, porque a lo largo de la historia de nuestro partido los hechos han demostrado que la línea de Lenin, desde que los trotskistas comenzaron la guerra abierta con él, resultó ser correcta. Los hechos mostraron que más tarde, después de Lenin, la línea del Comité Central de nuestro Partido, la línea del partido en su conjunto resultó ser correcta. Esto no pudo sino afectar a algunos ex trotskistas». (Stalin; Discurso en la reunión ampliada del Consejo Militar dependiente del Comisariado del Pueblo de Defensa, 2 de junio de 1937)

En cambio en RC no ha habido ningún abandono de sus posiciones antimarxistas, lejos de rectificar las han profundizado, eso en cambio, si es criticable.

Simplemente a Roberto Vaquero no le agrada los textos de Kolontái porque básicamente como vimos [aquí] fustigan su modo de vida degenerado individualista, de hipertrofia sexual, pero para demostrar que su visión general de la vida es antimarxista también podríamos usar los de Engels, los de Hoxha o los de cualquier marxista». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

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