«Otro aspecto del marco estético burgués-revisionista, es el irracionalismo de su visión del mundo. Tratando la estética y el arte modernista. El camarada Enver Hoxha dice:

«En este irracionalismo literario y artístico ilimitado, la burguesía emplea las más diversas formas y medios más diversos, para que los «talentos» de este pensamiento irracional sean capaces con su pluma y otros procesos,  de presentar las cosas de manera que engañen a tantas personas como les sea posible y hacer de la literatura y las artes un medio de contaminar total o parcial de las mentes, sin olvidar nunca su objetivo final, que es corromper las conciencias y desorientar a las masas». (Enver Hoxha; Informes y discursos, 1967-1968)

Un gran número de esteticistas burgueses y revisionistas han sostenido durante siglos que el arte se ha agotado al reflejar el pensamiento y la verdad, lo que se denomina la esencia, y que, para recuperar su propio valor estético, debe liberarse del pensamiento, la racionalidad, la lógica y devenir en irracional. La «emancipación» del arte de lo racional es considerada por la estética burguesa revisionista como un camino de salvación para los artistas, quienes de este modo subordinan el acto creativo a la influencia de una fuerza natural, del instinto. Privándolo de cualquier carácter ideológico. Es por esta razón que apoyan el primitivismo, la infancia en el arte, porque según ellos, el hombre primitivo, los niños, están menos socializados, están liberados de los «superestratos» de los prejuicios sociales e ideológicos. La estética burguesa presenta a sus ídolos como niños que miran el mundo y lo reflejan en sus obras con ingenuidad, con una sinceridad y pureza propias de la infancia, sin compromisos ideológicos.

El aspecto irracionalista de la estética burguesa revisionista está acompañado por otra corriente extremista, la corriente racionalista, pseudooptimista, que pretende hacer de la actividad estética un medio para reconstruir la sociedad al establecerla sobre una base racional, transformándola devolviéndola, a través del arte y siguiendo un «programa» definido, el «orden» en la vida social, para frenar el caos, las crisis, las convulsiones y contradicciones, al «perfeccionar» y «renovar» el capitalismo sobre bases «racionales» y «científicas». Así, por ejemplo, la llamada estética del arte electrónico pretende ser una manera de establecer en el arte y en la vida misma un orden y armonía «absolutos» y «matemáticos». Un número de esteticistas consideran el arte como la única área donde el hombre es inmune a la acción de fuerzas caóticas desde el exterior, donde uno puede inventar algo duradero, armonioso y ordenado, en donde la fuerza creadora de la razón del humano finalmente puede triunfar. Influidos por las ideas de la estética burguesa, algunos representantes del constructivismo lanzaron el eslogan «revolución o arquitectura», según el cual, uno podría, apelando a la arquitectura y sin revolución, controlar el caos, encontrando una salida a la crisis de la organización capitalista, resolviendo las contradicciones del orden del régimen de explotación y curando sus heridas. Estas ideas son actualmente apoyadas por las variantes modernistas de diseño y estética conocidas como la reurbanización del medio ambiente. Ellas han sido y son sólo una ilusión reaccionaria. El utopismo estético racionalista juega un papel reaccionario en que apoya la tesis de que, en lugar de transformar la realidad por la revolución, solamente podemos hacer cambios en el campo del arte y gracias a su único concurso. El utopismo estético, incluso cuando está bajo etiquetas racionalistas y científicas, atestigua la impotencia de los artistas modernistas, que consideran el arte como un refugio de la realidad de las fuerzas irracionales prevalecientes que alienan al hombre. No es por casualidad que la estética revisionista todavía apoya las doctrinas estéticas racionalistas. Estos difunden ilusiones reformistas, pacifistas y optimistas, hacen fantásticos pronósticos futuristas y propagan utopías socio-políticas ofreciendo una imagen irreal del futuro de la humanidad, para ocultar el empeoramiento de la crisis y las plagas del actual régimen burgués-revisionista». (Alfred Uçi; La crisis de la estética burguesa-revisionista, 1984)

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