Un mundo nuevo y roto quedó tras la Primera Guerra Mundial. Foto: La Vanguardia

Raúl Antonio Capote.— El 11 de noviembre de 1918 la Primera Guerra Mundial llegó a su final, la «gran matanza» culmina con la derrota de la Triple Alianza, diez millones de soldados muertos, 21 millones de heridos, 13 millones de civiles perdieron la vida, miles de mutilados, cuantiosos daños materiales y heridas sicológicas y morales que no aparecen en las estadísticas, son el resultado de la conflagración.

Fue una guerra terrible, que solo pudo ser superada en barbarie por la Segunda Guerra Mundial, las nuevas tecnologías de la época, los submarinos, los aviones, los tanques, las nuevas municiones de infantería y de artillería con más eficaces y poderosas armas para emplearlas, el uso de la guerra química con el «gas mostaza» como símbolo de la inhumanidad del conflicto, son algunos de los elementos que hacen de esta contienda, un anuncio apocalíptico para la humanidad de lo que podía suceder en el futuro.

Una nueva potencia imperialista pujante crece y se empodera en el mundo del desequilibrio bélico, después de haber ganado la «pequeña guerra espléndida» contra el decadente imperio español y arrebatarle Filipinas, Puerto Rico, Guam y Cuba: los Estados Unidos de América.

Un hecho trascendente ocurre en el año 1917 en pleno apogeo de la guerra, en medio de las ansias de poder de las potencias capitalistas, de la rebatiña por hacerse de nuevas colonias, por apropiarse de las riquezas de sus rivales, los seres humanos se atreven a soñar en grande, la Revolución Socialista de Octubre lleva a los trabajadores al poder, los soviets denuncian la verdadera razón de la guerra y salen de un conflicto que definen con absoluta claridad, como una guerra de los ricos, por los ricos y para los ricos y convocan al mundo, a los obreros, a los humildes, a transformar la guerra imperialista en revolución y fin de la explotación del hombre por el hombre.

Razones para apelar a las armas

El 28 de junio de 1914, un estudiante ultimó al heredero del trono austríaco Francisco Fernando y su esposa, en Sarajevo, capital de Bosnia. Las investigaciones condujeron a un joven integrante de un grupo serbio llamado la Mano Negra, contrario al dominio de Austria-Hungría en la región de los Balcanes. El imperio austro-húngaro, el 28 de julio de 1914, declaró la guerra a Serbia.

La muerte del archiduque Francisco Fernando sirvió de pretexto para dar inicio a la conflagración, pero las causas verdaderas fueron otras. El descontento con el reparto del mundo ocurrido a finales del siglo xix fue una de las causas más importantes. Alemania e Italia, habían quedado mal paradas en el proceso neocolonial; Francia e Inglaterra explotaban diversas colonias, ricas en materias primas; la lucha entablada por el dominio de los mercados consumidores se agravó; el avance de la industria y la competencia por situar sus excedentes de productos con ventaja en esos mercados, generaron fricciones que se tornaron insuperables y las potencias europeas apelaron a la fuerza.

La rivalidad ruso-alemana, causada por el dominio de las vías de acceso al Medio Oriente, rico en petróleo y otros recursos naturales, el antigermanismo inglés fruto de la competencia industrial alemana, que comparecía con éxito creciente, incluso en el mercado interno inglés. El revanchismo francés, Francia esperaba recuperar los ricos territorios de Alsacia y Lorena perdidos durante la guerra franco-prusiana, el pangermanismo y el paneslavismo fueron las reales causas de una guerra que cambió el mapa del poder mundial y sembró la semilla de una nueva y peor «aventura bélica»: la Segunda Guerra Mundial.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue un conflicto a escala global que comenzó en Europa e involucró a los territorios coloniales. Dos grandes alianzas forjadas desde el siglo XIX, de un lado la Triple Alianza formada en 1882 por Italia, el imperio austro-húngaro y Alemania (Italia pasó a la otra alianza en 1915) y la Entente, formada en 1907, con la participación de Francia, Rusia y el Reino Unido, se enfrentaron en los campos de batalla de buena parte del mundo.

El 1ro. de agosto Alemania declaró la guerra a Rusia y luego a Francia. El 4 de agosto, el Reino Unido declara la guerra a Alemania. Un día después, el imperio austro-húngaro declara la guerra a Rusia.

Al poder de las nuevas armas, se une la enfermedad que causa tantas bajas como los acorazados, la artillería y los tanques, la guerra de posiciones que mantiene en las trincheras durante meses a grandes concentraciones de soldados, el frío, el hambre, la metralla, los ataques con gas, transforman los frentes de guerra en un infierno de dolor y muerte.

Estados Unidos ante la guerra

«Estados Unidos no se apresuró a entrar en la guerra, prefiriendo desempeñar el papel de “árbitro moral”, según las palabras del entonces presidente estadounidense, Thomas Woodrow Wilson. Pero a medida que el conflicto se aproximaba a su fin, Washington empezó a esforzarse por entrar en el grupo de los vencedores que firmarían el tratado de paz».*

No querían quedarse sin una porción sustanciosa del pastel que los vencedores se repartirían generosamente. En abril de 1917, entró en la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos, fortaleciendo el bloque militar de la Entente.

Los monopolios estadounidenses se enriquecieron, la guerra permitió a ee. uu. reducir sustancialmente el desempleo, activar la producción de carbón, acero, maquinarias y armas, hicieron, en verdad, un gran negocio. La industria bélica vendió pertrechos y armas a ambos bandos. Otro factor importante a tener en cuenta fue la emigración: millones de hombres y mujeres marcharon del viejo continente con destino al país norteño, millones de obreros calificados –mano de obra barata–, se insertaron en la industria estadounidense.

Estados Unidos, terminada la guerra,se había apropiado de muchos de los principales mercados que habían pertenecido a Inglaterra, Francia y Alemania y se habían convertido, además de los acreedores de Europa, en los principales suministradores de producción industrial y cultural del viejo continente, papel que se incrementaría después de la Segunda Guerra Mundial, donde repetirían la experiencia de «neutralidad» y oportuna entrada al conflicto.

Final de la Guerra

En julio y agosto de 1918 se libró la batalla más grande entre las tropas alemanas y franco-británico-estadounidenses cerca del río Marne, en Francia. Fue la última gran ofensiva lanzada por las tropas alemanas en la Primera Guerra Mundial. Alemania sufrió una gran derrota.

El 11 de noviembre de 1918 fue firmado el Armisticio de Compiègne entre el imperio alemán y la Entente, y el 18 de junio de 1919 se firmó en el Palacio de Versalles, en París, el tratado que oficialmente puso fin a la guerra entre los aliados y Alemania.

Hoy las megatransnacionales, verdaderos imperios modernos, se enfrentan por el dominio de los mercados del mundo. La carrera armamentista, en una espiral que parece no tener fin, pone a la humanidad ante el dilema de su extinción, pues los grandes bloques compiten, chocan como las capas tectónicas en reacomodo y el imperio estadounidense teme perder su hegemonía. El mundo en desequilibrio constituye un escenario propicio para que la última guerra estalle, detengamos la barbarie y evitemos el fin.

* Sputnik Mundo https://mundo. sputniknews.com/ensayos/20140804161109190/

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