Una familia de migrantes escapa del lanzamiento de gases lacrimógenos en Tijuana. Foto: Kim Kyung-Hoon/ Reuters.

Muchos de los más de 5 000 migrantes centroamericanos que llegaron a Tijuana están explorando con urgencia sus opciones ante el creciente sentimiento de que tienen pocas probabilidades de éxito en sus peticiones de asilo en Estados Unidos o de cruzar la frontera de forma ilegal.

La mayoría estaban desanimados el lunes, un día después de que agentes estadounidenses lanzaron gases lacrimógenos hacia México para hacer retroceder a los que habían logrado superar la frontera. Consideraban que tanto los enfrentamientos como la respuesta oficial son perjudiciales para sus oportunidades de llegar a Estados Unidos.

Una fila esperaba en el exterior de una caseta en un asentamiento de tiendas de campaña levantado por la Organización Internacional para las Migraciones, donde funcionarios ofrecían asistencia a quienes querían regresar a sus países de origen.

Las autoridades también reportaron un aumento del interés de los migrantes por iniciar el proceso para quedarse en México. Una feria de empleo que les ofrece vacantes en Baja California registró un aumento en el número de consultas.

“Lo que sucedió ayer nos perjudica a todos nosotros”, señaló Oscar Leonel Mina, agricultor de 22 años de San Salvador, El Salvador, acerca de los enfrentamientos fronterizos del domingo.

Mina, su esposa y su hija pequeña habían optado no ir a la marcha y se mostraron contentos con su decisión tras escuchar los relatos de otros sobre lo ocurrido, dijo sentado en la puerta de la tienda de su familia en un complejo deportivo de Tijuana, mientras empleaba un cepillo de dientes para limpiar la fina capa de polvo que cubría sus zapatillas de deporte.

En la tienda de al lado, el guatemalteco Brandon Castillo, de 23 años y natural de Santa Rosa, intervino apuntando que “dicen toda la caravana pero no fue toda la caravana”.

Los acontecimientos hicieron que Mina se replantease el plan de su familia de llegar a Estados Unidos. Dijo que escuchó a otra gente hablar de Rosarito, una localidad costera popular entre los turistas estadounidenses que está a unos 40 minutos en auto al sur de Tijuana.

Allí “se puede ganar dinero y vivir bien” si estás dispuesto a trabajar, dijo. Su objetivo ahora es sacar a su familia del albergue en el plazo de una semana.

Las fuerzas de seguridad de México aumentaron su presencia en un complejo deportivo de Tijuana donde miles de integrantes de la caravana de migrantes han estado alojándose, aparentemente tratando de evitar que se repita la desagradable escena del domingo.

El secretario de Seguridad Pública de Tijuana, Marco Antonio Sotomayor Amezcua, dijo en una conferencia de prensa que la policía mexicana será prudente en el uso de la fuerza, pero que “tenemos que vigilar a toda costa que los puestos fronterizos no se vuelvan a cerrar”.

Sotomayor dijo que espera que los migrantes que habían pensado cruzar ilegalmente a Estados Unidos aprendiesen tras los choques del domingo que eso no será posible.

Los migrantes que esperaban solicitar asilo en Estados Unidos deben anotar sus nombres en una lista de espera que ya tenía cerca de 3 000 personas antes de que la caravana llegara a Tijuana. Con las autoridades estadounidenses procesando menos de 100 solicitudes al día, el tiempo de espera para los recién llegados podría demorarse meses.

Esto ha provocado un sentimiento de desesperación entre muchos migrantes luego de su extenuante viaje desde Centroamérica. El incidente del domingo se desató luego de que cientos se dirigieron a la frontera para tratar de llamar la atención sobre su situación.

Algunos intentaron saltar las vallas y alambrados que separan las dos naciones, lo que provocó que los agentes estadounidenses lanzaran los gases.

Cindy Martínez de la ciudad de San Vicente, El Salvador, dijo que estaba a punto de cruzar el alambre de púas hacia el lado estadounidense cuando comenzaron a lanzar el gas lacrimógeno.

Estimó que unas 20 personas habían pasado antes que ella y dijo que los padres de familia rogaron a los agentes que no arrojaran el gas ya que había niños presentes.

“Yo miro imposible esto que nos quieren dar asilo”, comentó. “Por las palabras que ha dicho el presidente Donald Trump yo creo que esto es imposible”.

Martínez, de 28 años, señaló que ahora está sopesando buscar empleo en Tijuana.

El Instituto Nacional de Migración de México informó que 98 migrantes estaban siendo deportados tras intentar ingresar a Estados Unidos. La Secretaría de Gobernación indicó que unos 500 migrantes intentaron cruzar la frontera por la fuerza, pero las autoridades estadounidenses dijeron que se trató de unas 1.000 personas.

El gobernador del estado de Baja California, Francisco Vega, dijo que en la región había casi 9 000 migrantes, la mayoría en Tijuana y una cantidad menor en Mexicali,  y consideró la situación de “asunto de seguridad nacional”. Vega exhortó al gobierno federal de México a que asuma la responsabilidad de albergar a los migrantes y deportar a aquellos que quebranten la ley.

Alex Castillo cargaba un saco de dormir rojo sobre el hombro mientras se alejaba caminando del albergue de Tijuana el lunes. Dijo que se dirigiría a la ciudad industrial de Monterrey para buscar trabajo e intentar cruzar a Estados Unidos el próximo año.

Este electricista de 35 años de edad, oriundo de Tegucigalpa, apuntó que no estuvo en el enfrentamiento en la frontera. Se enteró de lo ocurrido por otras personas y decidió marcharse para evitar que lo golpearan.

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