Recibimiento de médicos cubanos en el Aeropuerto Internacional José Martí Foto: José Manuel Correa

Susana Antón.— Hoy vi llorar a una doctora. No porque fuese doctora me impresionó. Me impresionó su emoción y la verdad de sus palabras. No le importó llorar ante dos periodistas y, supongo, lo hizo ante la impotencia de tanto.

Lloró porque de algún modo le duele haber dejado a su otra familia, sus pacientes. Lloró como mismo lo hace una madre cuando se preocupa por sus hijos y pregunta ¿quién cuidará de ellos.

La doctora Inés Benítez Prieto estuvo dos años en el estado San Salvador de Bahía, específicamente en el municipio Candeya. Aunque su especialidad es Médico General Integral, ejerció como clínico general y, de siete médicos del programa que había en el lugar, ella era la única cubana.

«Fue una experiencia con un final triste, doloroso. Retornamos con la dignidad que nos caracteriza que es lo más importante, porque nadie nos humilla de ninguna manera».

Y en la medida en la que avanzábamos en el diálogo, se volvía a emocionar. Esta vez, con la voz entrecortada nos dice que lo más pobre son los que van a sufrir y que están pasando mucho sin ellos ahí.

He visto, además, que en Brasil los doctores cubanos miraban a los ojos de sus pacientes. Así me lo expresó la primera vez la doctora camagüeyana Rosa María Salazar Gutiérrez, así lo vi en el trabajo de un colega, y así me lo dice doctora Inés Benítez Prieto.

«Cuando nosotros llegamos, acostumbrados a hacer en Cuba el método clínico donde se examina el paciente, seguimos con esa rutina. Tuvimos pacientes que nos decían que en 30 años nadie los había tocado, ni siquiera ponerlos en la camilla para examinarlos; ni de grandes, ni cuando bebés».

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El 30 de junio de 2018, la doctora Lidise Hernández Castillo llegó a Brasil para participar en el programa Mas Médicos, su primera misión internacionalista.

En julio, quienes residían en el municipio Uauá, en el estado de Bahía, conocieron a un médico. Ellos no contaban con asistencia de salud y los doctores brasileños no querían trabajar allá.

Esa población pobre, con muchos problemas debido a la desasistencia médica antes del programa, le decía a la doctora Lidise: «doctora, Dios en el cielo y ustedes en la tierra» porque parecía un milagro contar con la presencia de un médico cerca de sus casas.

«Muchas veces recuerdo su asombro de que un médico cubano le mirara los ojos, los examinara, los tratara con humildad, visitara sus moradas y los vieran de igual a igual, en ocasiones, brindándonos en agradecimiento lo poco que poseían, relata.

Con la llegada del decimoquinto vuelo, procedente de San Salvador de Bahía, con 176 colaboradores cubanos al país, ya suman cerca de tres mil los médicos que han arribado a la Patria.

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