En enero de este año Trump demostró a las claras lo que es el imperialismo cuando calificó de “países de mierda” a los más pobres del mundo, y luego preguntó: “¿Por qué querríamos que toda esta gente de los países de mierda viniera aquí?”

Le han respondido Richard Falk en su ensayo “The Shithole Phenomenon at Home and Abroad” (El fenómeno de la mierda en casa y en el extranjero) y la antigua congresista estadounidense Cynthia McKinney en un reciente libro titulado “How the US Creates Shithole Countries” (Cómo Estados Unidos crea países de mierda).

En efecto, se trata justamente de eso: el imperialismo fabrica la mierda que hay en el mundo, exactamente igual que fabrica los países de mierda que gobiernan sobre él.

Trump, Estados Unidos y el imperialismo no son ajenos a la mierda; ellos son la mierda. El modelo de país de mierda no es Somalia sino Estados Unidos. Los demás países están fabricados según ese modelo.

A quienes se oponen a él le esperan las intervenciones “humanitarias”, las primaveras, los golpes de Estado, las revoluciones de colorines y demás formas de injerencia.

Se trata de convertir al mundo entero en países de mierda y el modelo de acción típico consiste en encontrar uno que se resista para desestabilizarlo, acusarlo de violar los derechos humanos, imponer sanciones económicas, provocar disturbios e intervenir militarmente para defender la democracia, la libertad y las elecciones.

Se trata justamente de eso: el imperialismo fabrica mierda y el mundo se la devuelve a la cara.

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