Michael Cohen, exabogado del presidente de EE.UU., Donald Trump, en la Corte Federal de Nueva York, 12 diciembre de 2018. (Foto: AFP)

Michael Cohen, exabogado del presidente de EE.UU., fue condenado a prisión por su papel en los pagos a mujeres para acallar sus relaciones con el mandatario.

La Justicia estadounidense consideró el miércoles los pagos a dos mujeres, que afirman haber mantenido relaciones sexuales con el presidente estadounidense, Donald Trump, como contribuciones ilegales de campaña para influir en las presidenciales que llevaron al magnate republicano al poder en 2016.

“En muchas ocasiones, tuve la sensación de que era mi deber encubrir sus actos sucios”, dijo al tribunal Cohen, quien además es acusado de evadir impuestos, hacer declaraciones falsas a un banco y mentir al Congreso de EE.UU. sobre sus contactos con Rusia durante la campaña electoral de Trump.

A pesar de que sus abogados solicitaron que el exasesor del mandatario norteamericano no fuera a prisión por declararse culpable de los cargos, el juez de distrito William H. Pauley III consideró que Cohen “debería haberlo sabido bien” como abogado y agregó que el acusado estaba “motivado por la codicia y la ambición personales”.

“Un plazo considerable de encarcelamiento es totalmente justificado en este caso altamente publicitado para mandar un mensaje”, declaró el juez, al explicar que cada uno de los cargos “merece un castigo considerable”.

Cohen admitió en febrero que había pagado 130 000 dólares por cuenta propia a la actriz de cine para adultos Stormy Daniels, pero en agosto confesó que pagó esta suma más otros 150 000 dólares a la exmodelo de una revista de contenido erótico Karen McDougall, “a solicitud del candidato” y “con la intención de influir en la elección”.

El exabogado, sin embargo, recibió una pena reducida por colaborar con el fiscal especial Robert Mueller, quien investiga la supuesta influencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016.

La pesquisa de Mueller ha resultado en una serie de cargos criminales contra varias personas del entorno de Trump, y ha incrementado la posibilidad de que se inicie un proceso de destitución en su contra.

Rusia, por su parte, ha desmentido reiteradamente cualquier implicación en el sistema político estadounidense, y ha asegurado que dicha acusación no es más que una excusa para distraer a la opinión pública de problemas internos más graves.

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