Francia encara el quinto sábado consecutivo de protestas desde que el movimiento de los ‘chalecos amarillos’ tomara las calles, dejando cifras de centenares de heridos y miles de detenidos hasta ahora, tras el prólogo de la huelga general que vivió el país este viernes.

Por el camino, el presidente de la República, Emmanuel Macron, ha defendido unas medidas que después ha tenido que admitir que demoraría al menos seis meses y ofrecer respuestas a través de disposiciones económicas a una masa social descontenta, a quien de momento parece que no le ha resultado suficiente.

Además, el primer ministro, Edouard Philippe, ha tenido que hacer frente a una moción de censura en la Asamblea Nacional francesa planteada por el ala izquierda de la Cámara que ha podido salvar, pero que le ha obligado a explicar cómo piensa conjugar las medidas anunciadas por el presidente con el cumplimiento de sus compromisos con Bruselas.

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