Francia defiende la política de mano dura. Está decidida a restaurar el orden a cualquier precio para mitigar las protestas de los “chalecos amarillos”.

En el país europeo continúan las protestas de los “chalecos amarrillos” y la represión de estos por parte de las fuerzas gubernamentales. El primer ministro de Francia, Edouard Philippe, ha anunciado que el Gobierno está decidido a restaurar el orden luego de las protestas del sábado, en las que se desataron choques entre los indignados y los uniformados.

Tras el anuncio presidencial de un aumento de 100 euros para los salarios mínimos y la eliminación de los impuestos para jubilados con un sueldo bajo, los indignados dicen que sus demandas no han sido satisfechas.

Pese a los llamados a la calma y las concesiones del presidente de Francia, Emmanuel Macron, el sábado y por sexta semana consecutiva, los ciudadanos salieron a las calles de varias ciudades del país.

Las protestas terminaron en choques con la Policía, que lanzó gases lacrimógenos y utilizó cañones de agua para detener su avance. Varios vídeos muestran cómo un policía francés saca su arma y apunta contra la multitud.

El premier galo brindó apoyo a estos agentes, que el sábado reprimieron violentamente a los manifestantes tras reunirse con ellos.

Las palabras del premier francés llegan después de que el presidente del país advirtiera a los manifestantes que recibirán una severa respuesta tras los choques que tuvieron lugar el sábado entre los manifestantes y los uniformados.

Las protestas, que comenzaron el pasado 17 de noviembre, han dejado hasta ahora diez muertos, unos 3000 heridos y más de 2000 detenidos. Al movimiento social no le convencen los anuncios y concesiones del presidente Macron. Habrá que ver si la mano dura y la represión pueden sustituir una verdadera y duradera solución a la crisis social.

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