Ana Laura Palomino García.— El recién investido presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, lleva bastante tiempo difamando de los gobiernos de izquierda que, durante años, ayudaron a las mayorías desfavorecidas a tener un lugar y una voz en el mundo.

Incluso, en su programa prelectoral, el eslogan fundamental era la lucha contra la corrupción… de los líderes de izquierda, acusaba.

Para Jair, todos traficaban influencias, dinero, bienes, malversaban fondos y resquebrajaban las bases de esas sociedades que habían heredado de mandatos anteriores de derecha.

Igualmente desbarra sobre los indicadores de bienestar social que hicieron de países como Argentina o Bolivia mejores naciones para las clases pobres. En el primero de los casos ahora se están revirtiendo esos avances, ya que el Gobierno actual aplica el neoliberalismo como estandarte.

Sin embargo, parece que el papel tantas veces representado por el nuevo presidente del gigante sudamericano puede no ser digno del Oscar, sobre todo después de que se vinculara a uno de sus vástagos en un escándalo no esclarecido del todo hasta el momento.

Según indica Telesur, las dudas surgieron luego de que una investigación del Consejo de Control de Actividades Financieras (COAF) de Hacienda, dentro de la Operación anticorrupción Lava Jato, revelara que se habían encontrado unas transacciones atípicas en las cuentas de Fabrício José de Queiroz, exchofer y exasesor del senador electo en Río de Janeiro y legislador regional, Flavio Bolsonaro, hijo del líder brasileño.
Seguidamente esta agencia de noticias publicó que Queiroz recibió transacciones por un valor de 1,2 millones de reales (307 000 dólares), durante un año, entre el 1ro. de enero de 2016 y el 31 de enero de 2017.

Estas cifras no correspondían al nivel adquisitivo que tenía en aquel momento, el cual oscilaba entre los 23 000 reales (alrededor de 5 900 dólares), por lo que fue llamado a comparecer ante el Ministerio Público de Río de Janeiro, pero el aludido no se presentó a la cita.

Además, la agencia Russia Today plantea que el informe del coaf «destacó que la mayor parte de los ingresos realizados en la cuenta del chofer coinciden con la fecha de cobro en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro. Los movimientos no son un delito penal siempre que la fuente del dinero sea legal, algo que, hasta el momento, se desconoce».

Recientemente Reuters publicaba que el chofer no se presentó en el juzgado por problemas de salud y en una entrevista con la red sbt comentó que el dinero en su cuenta lo había obtenido en un negocio aparte de compraventa de autos. «Soy un hombre de negocios. Hago dinero», aseveró.

Otro de los descubrimientos de Hacienda en sus pesquisas fue que Queiroz ingresó 24 000 reales (6 150 dólares) en la cuenta de Michelle Bolsonaro, esposa del presidente y el dinero no fue declarado a las autoridades fiscales.

Por su parte, Jair Bolsonaro excusó esta transacción con el argumento de que el dinero en la cuenta de su cónyuge formaba parte de un préstamo que él mismo hizo de 40 000 reales (unos 10 300 dólares) y no de 24 000 reales como decía el informe oficial y que rectificaría su falta de no declarar esta suma con las autoridades tributarias.

Flavio Bolsonaro, quien fue citado por investigadores para revelar la procedencia del dinero después de que su exchofer no se presentara, dijo que Queiroz le había dado una explicación «plausible» y que las acusaciones tienen como objetivo desestabilizar a la familia Bolsonaro, según la agencia Reuters.

Sin embargo, debo coincidir con el analista Marco Bastos, de la consultora brasileña Octopus, al decir que en este caso hay muchos cabos sueltos y respuestas poco coherentes.

A su vez, el Partido de los Trabajadores (PT), culpado de corrupto en todas las ocasiones posibles por Bolsonaro, pidió una investigación a la Fiscalía sobre este tema.

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