Peter Benenson
Como la mayor parte de las grandes ONG, Amnistía Internacional, es una multinacional que forma parte de los mecanismos de acción de las grandes potencias imperalistas, sobre todo el el terreno de la intoxicación sicológica. Difunde un flujo constante de informes contra los países que no juegan el juego de Washington, como Irán, China, Siria, Venezuela y Corea del norte. Los informes justifican las injerencias “humanitarias” en dichos países.

Al frente de la organización han estado personajes, como Zbigniew Brzezinski que no necesitan presentación porque son la encarnación misma del imperialismo.

El cofundador de Amnistía Internacional, Peter Benenson, tiene un origen también típico al estilo del fundador de los Cascos Blancos: procede del espionaje británico y mantenía vínculos estrechos con el Foreign Office y el Ministerio para las Colonias.

La creación de Amnistía Internacional es consecuencia de la descolonización de los años sesenta. Se van los funcionarios y los militares y se quedan los “voluntarios” de las ONG con una función tan poco “humanitaria” como el espionaje. En 1963 el Foreign Office ordenó a sus funcionarios en el extranjero que prestaran un apoyo “discreto” a las campañas de la ONG.

Ese miso año Benenson escribió al Ministro para las Colonias, Lord Lansdowne, para crear un consejo de refugiados en la frontera entre Botswana y Sudáfrica. Se tarea sería ayudar a los refugiados y evitar explícitamente cualquier clase de apoyo a los que luchaban contra el apartheid, porque “la influencia comunista no debe extenderse en esta parte de África y, dada la delicada situación actual, Amnistía Internacional desea apoyar al gobierno de Su Majestad en esta política”, escribió Benenson entonces.

Amnistía Internacional dejó de apoyar a Nelson Mandela y en 1964 solicitó ayuda al Foreign Office para obtener una visado para Haití. El Ministerio le consiguió el visado y le ordenó a su embajador en Haití, Alan Elgar, que apoyara a Amnistía Internacional. Una vez allí, Benenson se ocultó como pintor, como le había aconsejado el secretario de Estado, Walter Padley, antes de partir: “Tenemos que tener un poco de cuidado para no dar a los haitianos la impresión de que su visita está realmente patrocinada por el Gobierno de Su Majestad”.

El New York Times destapó la infiltración de Benenson y el personal diplomático quedó en evidencia. Elgar dijo que estaba “conmocionado por las payasadas de Benenson” y el payaso se disculpó ante su jefe, el ministro Padley, diciendo: “Realmente no sé por qué el New York Times, que suele ser un periódico responsable, hace este tipo de cosas en el caso de Haití”.

El informe sobre torturas que se guardó en el cajón

En 1966, un informe de Amnistía sobre la colonia británica de Adén, una ciudad portuaria del actual Yemen, describía detalladamente las torturas infligidas por el gobierno británico a los detenidos en el centro de interrogatorio de Ras Morbut. Los prisioneros fueron desnudados durante el interrogatorio, forzados a sentarse en postes que entraban en sus anos, se retorcían los genitales, tenían la cara quemada por cigarrillos, o eran mantenidos en celdas en el suelo cubiertas de excrementos u orina.

El informe no se publicó. Benenson dijo que el secretario general de Amnistía, Robert Swann, lo censuró para complacer al Foreign Office. Sin embargo,  otro de los fundadores de la ONG, Eric Baker, dijo que Benenson y Swann se habían reunido con el Foreign Office y habían acordado mantener en secreto el informe a cambio de reformas. En aquel momento, el canciller Gerald Gardiner escribió al primer ministro Harold Wilson que “Amnistía ha suprimido [el informe] tanto tiempo como ha podido, simplemente porque Peter Benenson no quería hacer nada para perjudicar a un gobierno laborista”.

Entonces algo cambió. Benenson fue a Adén y se horrorizó de lo que encontró, escribiendo: “Nunca he visto una imagen más repugnante que la que tenía antes de Adén”, a pesar de sus “muchos años dedicados a investigar la represión”.

Una escabrosa cuestión de dinero

Como todo lo que se mueve en el terreno pantanoso del espionaje, las ONG son un foco de corrupción y Amnistía Internacional no es una excepción. Una voluntaria de 20 años, Polly Toynbee, estuvo en Nigeria y Rodesia del sur, la colonia británica de Zimbabwe, entonces gobernada por una minoría de colonos blancos. Toynbee distribuía dinero a las familias de los presos, un maná que parecía proceder de fuentes inagotables.

Toynbee reconoció que el dinero provenía del gobierno británico y, junto con otros miembros de a ONG, tuvo que abandonar Rodesia en marzo de 1966. Al salir del país, robó documentos de una caja fuerte abandonada, incluidas cartas de Benenson a dirigentes de Amnistía Internacional que trabajaban en el país, en las que se detallaba la solicitud de fondos al Primer Ministro Wilson.

En 1967 se reveló que a principios de aquella década la CIA había creado y financiado secretamente otra organización fantoche de derechos humanos, la Comisión Internacional de Juristas (CIJ), a través de una filial, el Fondo Estadounidense de Juristas Libres.

Con Amnistía Internacional, Benenson había fundado la sección británica de la CIJ, llamada “Justicia”. El Secretario Internacional de Amnistía Internacional, Sean MacBride, también fue Secretario General de la CIJ.

Cuando la prensa publicó las “cartas de Harry”, Amnistía Internacional negó tener conocimiento de los pagos del gobierno de Wilson. No obstante, Benenson admitió que su trabajo en Rodesia había sido financiado por el gobierno y devolvió los fondos de su propio bolsillo. Escribió al canciller Gardiner que lo había hecho para “no poner en peligro la reputación política” de las personas implicadas. Benenson también devolvió los fondos no utilizados de sus otras dos organizaciones de derechos humanos, Justice (la rama británica de la CIJ) y Human Rights Advisory Service.

Las revelaciones crearon un enorme malestar interno en Amnistía Internacional, destapando todavía más trapos sucios. Benenson tuvo que dimitir como presidente de la ONG por la infiltración de su oficina de Londres por parte de los servicios de inteligencia británicos, según explicó. Ese mismo mes, Sean MacBride, uno de los dirigentes de Amnistía Internacional y agente de la CIJ, presentó un informe en una conferencia en el que denunciaba las “acciones erráticas” de Benenson. Por su parte, Benenson boicoteó la conferencia y pidió la dimisión de MacBride porque era la CIA quien estaba financiando la CIJ.

El gobierno británico rompió sus vínculos con Amnistía Internacional que, a partir de entonces, prometió que sería realmente independiente e imparcial. Pero ocurrió precisamente todo lo contrario: Amnistía Internacional entabló un vínculo mucho más turbio con los servicios de inteligencia.

El papel de Amnistía Internacional en el asesinato de Hampton

Los documentos del FBI desclasificados el año pasado sobre el asesinato de Kennedy describen el papel de Amnistía Internacional en el asesinato del vicepresidente del Partido Pantera Negra (AFF), Fred Hampton, de 21 años de edad.

El cofundador de Amnistía Internacional, Luis Kutner, asistió a un discurso pronunciado por Hampton en 1969 en la Universidad de Illinois. Durante el discurso, Hampton definió a los Panteras Negras como un partido revolucionario” e “indicó que el partido tenía armas de fuego para la paz y la autodefensa, y que estas armas están ubicadas en la casa de Hampton y en la sede de la AFF”, según el documento del FBI.

“Kutner ha llegado al punto en que le gustaría emprender acciones legales para silenciar a la AFF”, escribió el FBI. “Kutner concluyó afirmando que creía que conferenciantes como Hampton eran psicóticos”, y que sólo cuando se enfrentan a una acción legal ponen fin a sus “divagaciones y delirios”.

El informe interno del FBI sobre el chivatazo de Kutner se produjo el 1 de diciembre de 1969. Dos días después el confidente William O’Neal le puso a Hampton un barbitúrico en su bebida antes de irse para que se durmiera.

Entonces la policía de Chicago y el FBI irrumpieron en la vivienda, disparando instantáneamente a uno de los guardaespaldas. Debido a las convulsiones reflejas relacionadas con la muerte, el guardaespaldas apretó el gatillo de una escopeta que llevaba, la primera y única vez que un miembro de los Panteras Negras disparó un arma durante el asalto. La policía también abrió fuego contra Hampton, que dormía en su cama con su prometida, embarazada de nueve meses. Como no lograron acabar con él a la primera, le dispararon otras dos balas en la cabeza a quemarropa.

Kutner quería formar parte del grupo de “Amigos del FBI”, una organización creada para impedir cualquier clase de críticas a la policía. También formó parte de la campaña de la CIA para desestabilizar al Primer Ministro congoleño Patrice Lumumba. Finalmente, representó al Dalai Lama, que recibió 1,7 millones de dólares anuales de la CIA durante los años sesenta.

Son los rasgos característicos de un sicario de la CIA.

https://www.mintpressnews.com/amnesty-international-troubling-collaboration-with-uk-us-intelligence/253939/

Tres años despues del asesinato de Hampton, a Kutner le propusieron para el Premio Nobel de la Paz.

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