Por Renán Vega Cantor

Lo que viene sucediendo desde el 23 de enero de este año en Venezuela es extremadamente grave, porque se ha puesto en marcha un golpe de Estado para derribar a un gobierno legítimo y legal, con la finalidad de imponera un títere incondicional a los EEUU. Ese proceso no puede considerarse, de ninguna manera, que discurra por los cauces normales de las relaciones diplomáticas de los Estados, ni que respete los principios de no injerencia ni intervención en los asuntos soberanos de los países. Lo que vemos es la puesta en marcha de la lumpendiplomacia, en la que han jugado un rol central el amo imperial y la pandilla de Lima, integrada por catorce gobiernos serviles e incondicionales a los dictados de Washington (con la honrosa excepción de México) y que actúan en contravía de los principios de la independencia del continente, sobresaliendo por su lacayismo y postración el gobierno de Iván Duque. A eso hay que agregar el papel servil de la Unión Europea, empezando por España, como otra banda de colonialistas que creen que todavía estamos en el siglo XVIII.

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