Por: Miguel Alejandro Hayes

El anticomunismo ha causado grandes estragos a la militancia y ha llegado a incidir fuertemente en el devenir del movimiento comunista. Sin embargo, la destrucción también puede venir desde adentro.

La cuestión de la hecatombe de las organizaciones, suele pensarse al estilo de la mecánica clásica. Para esta –y es sabido por todos-, los cuerpos mantienen su reposo o movimiento recto uniformado hasta que actúen fuerzas sobre él. Así, se establece la regla general donde A determina a B. Quedando siempre, el fenómeno del objeto en cuestión, entendido desde una acción externa.

De la misma manera, se interpretan muchos procesos sociales. Por ejemplo, el destacado marxista Ernest Mandel, afirmaba que la militarización constante a la que era obligada la URSS por la competencia con EUA, la llevó al declive.

Se analiza igualmente la destrucción de naciones, desarticulación de movimientos de liberación nacional, como lo ocurrido con algunos fracasos en África y América Latina, y la  de organizaciones emblemáticas como los Panteras Negras por el COINTELPRO, por solo citar. Los partidos comunistas, han de los que más sufrido esos shocks externos.

Son numerosas las fuerzas reaccionarias en el exterior que se enfrentan al movimiento comunista

Sin negar la objetividad y veracidad de  conspiraciones y ataques, quedarse en el esquema extrapolado de la mecánica clásica y explicar el objeto siempre desde algo externo, olvida que el estudio de la sociedad no debe hacerse exportando de las ciencias naturales y exactas esquemas de análisis.

Más cercano de reflejar la realidad en sus múltiples determinaciones, está la dialéctica. Y como marxista, de ser consecuente, debería preferirse esa dialéctica que se grita a cuatro vientos, a un positivismo decimonónico. Sobre todo, porque es necesario reflejar las contradicciones propias de un sistema.

Decía Hegel, hombre que Marx homenajeó al escribir El Capital, que no existe nada entre el cielo o la tierra, que no contenga el ser y la nada. Esto es, que todo lo que existe y que pueda ser objeto de nuestro pensamiento, tiene dentro de sí las tendencias contrarias para explicar su movimiento.

Así queda a los ojos de un  revolucionario al reflexionar sobre las derrotas, que cualquier sistema en su progreso puede llevar  a un extremo sus contradicciones, y destruirse. No se trata de renunciar a lo externo, sino de saber qué es lo que realmente ese ataque exterior hace.

Lo que puede ser, que si bien los Panteras Negras sufrieron por el FBI, este lo que hizo fue aprovecharse de sus debilidades, como la rivalidad de sus máximas figuras y que se corrompieran algunas de estas. Lo mismo pudo ocurrir con el Che en el Congo, que si bien el enemigo era fuerte, las contradicciones internas de los militares congoleños eran insostenibles.

Igual cuando se asesina a un líder, las fuerzas reaccionarias se aprovechan de la escasa generación de nuevos líderes

Eso muestra, que el enemigo lo que ha hecho siempre es reforzar o atacar en las contradicciones internas de lo que quiere destruir. Su influencia no se puede negar, pero el éxito de sus ataques ha sido por identificar correctamente las fracturas. Si ellos lo hacen, también nosotros podemos.

De ahí que la preservación de lo que queremos que sobreviva vaya entonces en blindar o conocer las tendencias y relaciones destructivas en su interior, para evitar que le saquen partido a estas quienes no quieren su bien. Después de todo, ahí es la verdadera causa primaria de la decadencia.

Siendo consecuentes con esa lógica, el anticomunista,  resulta que es aquel que en su actuar puede destruir el movimiento comunista, a partir de acentuar o reforzar  sus contradicciones. Y como estas siempre comienzan desde adentro, también es responsable quien les da origen a lo interno de la militancia. Tanta culpa tiene quienes las acelera, como quienes las crean. Ambos grupos, sin distinción, pueden considerarse anticomunistas.

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