La Gran Mezquita de París protegió a los judíos perseguidos por el fascismo en la Segunda Guerra Mundial

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El saber sí ocupa lugar. Las taras ideológicas, los prejuicios inculcados o la pura desinformación periodística no sólo confunden la memoria sino que no dejan espacio para que se desarrolle un pensamiento realmente libre.

Es el caso del “choque de civilizaciones” o las guerras “de religión” que corrompen profundamente la conciencia de millones de personas hasta el día de hoy. A veces esa deformación se arrastra del pasado hasta la actualidad; otras veces es la actualidad la que proyecta sus prejuicios sobre el pasado.

Así la lucha entre los judíos y los musulmanes parece que trasciende la historia: siempre ha sido así y así seguirá siendo siempre. Pero la ciencia demuestra no hay nada que trascienda la historia, aunque a veces es preferible recurrir al cine mejor que a un grueso libro de historia.

Por ejemplo, en 1991 el cineasta y escritor argelino Derri Berkani dirigió el documental “La mezquita de París, una resistencia olvidada” sobre la lucha de los musulmanes franceses contra la ocupación nazi de Francia y el apoyo que prestaron a los judíos perseguidos por el fascismo (1).

En 2011 el documental “Los hombre Libres”, de Ismael Ferroukhi, volvió sobre el tema: el papel de los argelinos en las filas de Francotiradores y Partisanos (FTP), la guerrilla antifascista francesa, donde comunistas, judíos y musulmanes coincidieron en una misma lucha (2).

“Ayer, al amanecer, los judíos de París fueron detenidos, ancianos, mujeres y niños en el exilio como nosotros, trabajadores como nosotros, son nuestros hermanos y sus hijos son nuestros hijos. Si uno de ustedes conoce a uno de estos niños, debe darle asilo y protección hasta que pase la desgracia. Hijo de Cabila, tu corazón es grande”, decía durante la ocupación un mensaje de los musulmanes de FTP que recoge un libro del historiador Ethan Katz.

En una entrevista que concedió en 2011 a Le Nouvel Observateur, el historiador Benjamin Stora recordó que en 1939 vivían en Francia cerca de 100.000 argelinos en condiciones miserables. La lucha sindical y política era “su principal medio de expresión”. Algunos de ellos se unieron a la Estrella del Norte de África, que hizo campaña a favor de la independencia de Argelia, mientras que otros se unieron a la resistencia contra la ocupación alemana (3).

Los militantes argelinos de FTP rescataron a niños judíos llevándolos a la Gran Mezquita de París para protegerlos de las redadas. Algunos que escaparon de los campos de concentración nazis, como el doctor Albert Assouline, también se escondieron allí, según confesó. Fueron actos “sin motivaciones religiosas”, dice Berkani, que utiliza el término “Cabila FTP” para referirse a los argelinos, en su mayoría cabileños, que utilizaban la jerga tribal para evitar las infiltraciones de confidentes.

Pascal Le Pautremat, asesor histórico de la película de Feroukhi, confirma que “la historia oral sugiere que la mezquita protegió a los civiles judíos”. En aquel momento, añade, “había un hermoso entendimiento entre judíos y musulmanes en el Mediterráneo”, un entendimiento que “se puede encontrar en la ayuda de la mezquita de París”.

Si Kaddour Benghabrit fundó la mezquita en 1922 y la dirigió hasta 1954. Su objetivo no era sólo el de rezar sino también expresar el vínculo entre Francia y el islam. Pero Benghabrit no es Schindler y su actividad durante la resistencia sigue siendo desconocida. El testimonio de su bisnieto, Merwane Daouzli, un profesor jubilado así lo atestigua. Daouzli explica que la lucha de su bisabuelo ni siquiera se mencionó dentro de su familia, hasta que en 1991 la población descubrió que había protegido a los judíos.

“Estaba en casa de un amigo que tenía un CD del cantante argelino Salim Halali. En este CD, hay una biografía del cantante que explica que fue ayudado por Si Kaddour Benghabrit. Me sorprendió, le dije a mi amigo: ‘¿Te lo puedes creer? ¡Es mi bisabuelo!’”.

Halali es un famoso cantante judío argelino. Su verdadero nombre es Simón y en 1940 “se salvó de los campos de concentración gracias a la intervención de Si Kaddour Benghabrit, que le expidió un certificado de conversión al islam en nombre y que, para corroborarlo, hizo grabar el nombre de su padre en una tumba abandonada del cementerio musulmán de Bobigny”.

La historia la relata el documental “Les Hommes Libres”, donde el artista, interpretado por el actor Mahmoud Shalaby, actúa en la mezquita de París. “Mi familia y yo estamos muy apenados por el olvido de las autoridades francesas. No hay trabajo de memoria cuando mi abuelo permitió que esta mezquita existiera y salvó judíos, un acto del que estoy muy orgulloso”, dice Daouzli.

La expedición de documentos falsos a judíos de origen norteafricano no significa, sin embargo, que la Gran Mezquita de París creara un sistema organizado de resistencia y rescate de judíos. Lo que había eran personas, dice Berkani, quien señala que en el lugar de culto había subterráneos, tal y como aparece en su página web. La mezquita tenía bodegas que daban acceso al río Bièvre, un pequeño río parisino que desempeñó un papel activo en el rescate de muchos judíos y combatientes de la resistencia.

En la resistencia antifascista de la mezquita hay que contar con Abdelkader Mesli, un imán al que nombraron representante de la Gran Mezquita en Burdeos que sí trabajó de manera organizada y proporcionó documentos falsos a los prófugos, entre ellos a los judíos. Detenido por la Gestapo en julio de 1944, fue enviado a los campos de concentración hasta 5 de mayo de 1945, aunque la presencia de musulmanes en los campos de concentración es absolutamente desconocida, a diferencia de los judíos.

Al igual que el bisnieto de Benghabrit, el hijo de Mesli, Mohamed, también se enteró tarde de la lucha de su padre. “No sabía nada excepto que había sido deportado. Fue en 2010, mientras revisábamos las cosas en la casa de mi madre, cuando descubrimos todos los papeles”, dice.

Si hoy en día los libros, las películas y los testimonios dan cuenta de este episodio de la historia sin mostrar datos consistentes, el trabajo de memoria que emanan de las autoridades francesas y argelinas y de las instituciones judías y musulmanas es casi inexistente. Afortunadamente hay excepciones que confirman la regla. Annie-Paule Derczansky, presidenta y fundadora de la Asociación de Constructores de la Paz, ha estado haciendo campaña desde 2002 a favor de “la identidad, la ciudadanía y la reconciliación republicana entre las comunidades judía y musulmana”.

Al descubrir el documental de Berkani, pidió para que se pusiera una placa conmemorativa frente a la Mezquita Mayor de París que, hasta la fecha, nadie ha colocado aún y que, con los tiempos que corren nadie colocará jamás.

En 2005 Derczansky obtuvo del actual rector, Dalil Boubakeur, una nota interna del Ministerio de Asuntos Exteriores fechada el 24 de septiembre de 1940, en pleno régimen vichysta, en la que decía que “para las autoridades de ocupación” la mezquita de París era “sospechosa entregar fraudulentamente a individuos de raza judía certificados que atestiguaban que los interesados eran de confesión musulmana”.

Tras la creación del Estado de Israel en 1948, las cosas han cambiado mucho. Para el sionismo esta historia resulta inquietante. “El CRIF [Consejo Representativo de las Institutions Judías de Francia] no quiere saber nada de la resistencia musulmana”, lamenta Derczansky, que se dedica a proyectar el documental de Berkani en las escuelas, a pesar de la falta de apoyo.

En un artículo publicado en la página web del CRIF en 2013, Jean Corcos, vicepresidente de la comisión CRIF para las relaciones con los musulmanes, habla de “leyendas, desgraciadamente demasiado buenas para ser verdad, incluso delirantes”. Corcos cuestiona el número de judíos salvados por la Gran Mezquita de París -propuesto por Albert Assouline en el documental de Berkani- y la historia del cantante Salim Halali. Sin embargo, considera que “sin duda ha habido, y dentro de la propia mezquita, personas anónimas que han ayudado a que los judíos parezcan musulmanes en sus relaciones, dentro de sus posibilidades y sin que el rector haya intentado impedirlo”(4).

También en la mezquita, el trabajo de memoria histórica es tímido. Sin embargo, un artículo del New York Times recuerda que en su libro “Entre los Justos”, Robert Satloff dedica un capítulo a la Gran Mezquita de París, en el que Boubakeur confirma que unos cien judíos fueron ayudados por los musulmanes (5). A pesar de ello, las cifras no son verificables, ya que el acceso a los archivos sigue siendo difícil, incluso hoy en día, a causa de la posición de la mezquita durante la Guerra de Argelia por la independencia a favor del  colonialismo.

Al bisnieto de Benghabrit le hubiera gustado que su abuelo fuera reconocido como “hombre justo”, un estatus concedido por el Yad Vashem Memorial israelí a quienes arriesgaron sus vidas para ayudar a los judíos durante la guerra.

Por el contrario, el hijo de Mesli no lo quiere para su padre porque “no era alguien que buscara títulos”. Tras la guerra, dice, “siguió ayudando a la gente, independientemente de sus orígenes. Estaba en su naturaleza. Era parte de su vida”.

La lucha contra el fascismo cabe concluir, no es patrimonio de nadie. Ni antes ni ahora. Las pretensiones de identificarla o reducirla a una ideología o una religión son otras tantas manipulaciones de la historia.

(1) https://www.bm-lyon.fr/spip.php?page=agenda_date_id&source=326&date_id=6396
(2) https://www.youtube.com/watch?v=VOrzCbNumC8
(3) https://bibliobs.nouvelobs.com/actualites/20110927.OBS1193/quand-la-mosquee-de-paris-sauvait-des-juifs.html
(4) http://www.crif.org/fr/tribune/la-grande-mosqu%C3%A9e-de-paris-sous-loccupation-entre-v%C3%A9rit%C3%A9s-et-l%C3%A9gendes/37248
(5) https://www.nytimes.com/2011/10/04/movies/how-a-paris-mosque-sheltered-jews-in-the-holocaust.html

https://www.middleeasteye.net/fr/news/une-resistance-oubliee-quand-la-grande-mosquee-de-paris-venait-en-aide-aux-juifs

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