Este 10 de abril, se cumplen 100 años del asesinato de Emiliano Zapata, icono de la Revolución mexicana, quien perdió la vida tras un plan fraguado en su contra por el entonces presidente Venustiano Carranza.

El Presidente de la República, Nicolás Maduro, conmemoró esta fecha en su cuenta de Twitter @NicolasMaduro, recordando que Zapata luchó por la igualdad y derechos de los campesinos.

“Conmemoramos junto al pueblo mexicano, el centenario del asesinato del “Caudillo del Sur”, Emiliano Zapata. Revolucionario de espíritu y moral irreductible. Su lucha por la dignificación de las víctimas de la oligarquía es nuestra lucha. ¡Honor y gloria eterna!”, escribió este miércoles.

Emiliano Zapata nació el 8 de agosto de 1879 en Anenecuilco, estado Morelos, México, donde se dedicó a trabajar sus tierras tras la muerte de sus padres cuando tenía 16 años.

Su inicio como defensor de los derechos de los más humildes se dio en septiembre de 1909, cuando fue elegido como presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco.

Venustiano Carranza, quien gobernó desde 1914 a 1920, encargó al general Pablo González y a Luis Patiño a fraguar un plan para hacer creer a Zapata que el coronel Jesús María Guajardo no reconocía su Gobierno.

Para finales de la década, Emiliano Zapata se había convertido en un símbolo viejo de la resistencia, su guerra de guerrillas cansaba tanto a la población como al Gobierno, quién ya discutía y aprobaba leyes agrarias. ¿Qué vamos a hacer con Zapata?, se preguntó Venustiano Carranza; por lo que tomó la decisión de deshacerse de él, como estorbo al Gobierno.

Como Zapata era muy inteligente y no se fiaba de nadie, Guajardo elaboró un plan meticuloso. Éste se presentó ante Emiliano Zapata y le dijo que ya no se fiaba del Gobierno, pues, prefería militar con él.

Zapata no estaba convencido y quiso probar su lealtad ordenándole fusilar a 50 soldados federales. Guajardo cumplió, desde luego, ganándose la confianza de Zapata. Aprovechando eso, Guajardo le dijo que podían reunirse con otros militares en la hacienda de Chinameca, comer a gusto y discutir la entrega de parque y armas para continuar la lucha. Zapata aceptó y acampó afuera de la hacienda el 10 de abril de 1919 sin saber lo que lo esperaba.

Ya por la tarde, Zapata se montó en su caballo y procedió a entrar a la hacienda con sus hombres, pero al cruzar el dintel se percató de los hombres que estaban apostados en la azotea, de nada le sirvió. Estos comenzaron a disparar. Zapata alcanzó a sacar su pistola, pero de nada le sirvió. Cayó muerto, al igual varios de sus generales, su asistente y otros miembros de su tropa. Fue una masacre.

 

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