La fiesta de los tontos de capirotes tiene su aquel. Empieza muy bien: jolgorio, alegría, una burra montada por un tipo de aspecto progre de esos que tanto abundan diciendo lo que tenemos que hacer contra el Sistema pero sin cuestionarse el Sistema, y una pila e’ gente aplaudiéndole.

Después, ignoro el porqué (mejor dicho: ignoraba), les da por enmarañar las cosas, con lo bonitas que iban y complican a un tal Poncio, que maldita le haría la gracia de estar allí el día y la hora equivocados, cuando, un señor llamado Caifás (mosqueao porque piensa que el hippy quiere quitarle el cargo) va y se lo endiña al romano pero sin burra-, que a esa la vendería- para que lo haga picadillo.

Vamos a llevarnos bien, le damos unos azotes y ¡coño! dejadme en paz que se aproxima la hora Sexta y me vais a joder la siesta, pienso yo que murmuraría el pobre de Poncio pero ¡qué va! ¡que esto no es ná, camará, sólo el comienzo! La cosa llegó tan lejos que incluso los que lo aplaudieron cuando iba encima de la pollinica (Nota para los de la Madre Patria: pollinica no va con segundas intenciones) prefirieron que lo mortificaran, antes que dejar encerrado a un ratero llamado Barrabás que vaya nombrecito que le puso su señora madre.

Luego cascada de hechos y a cual peores. Sangre a raudales; sangre arriba; sangre abajo: sangre por 4 costaos (y sin botarse a Guanabacoa); terribles torturas, romanos malos y alguno bueno; muerte; desolación; velos y velas negros y negras, velorios que ríase Ud. del de Papá Montero, hasta una tormenta, donde casi nunca llueve, culminan en un entierro al que acuden 4 gatos y aquí paz y allá santas pascuas.

Pero uno-siempre hay uno más cuerdo que el resto en casa del paranoico-, pensó que no, que se pasaban un poco y poca sería la tasa de ganancia y el tipo se inventó lo de la resurrección al tercer día. Eso de los tres días no es porque sí, sino por cuestión de calendario para que cuadrara en fin de semana que, como todos sabemos, no es lo mismo que un lunes, día del zapatero donde se gasta menos que un puerco en Giorgio Armani. No deja de ser gracioso que prácticamente le diera la vuelta a la tortilla y dejara el final de la historia prácticamente igual que el principio pero con menos gente y algarabía… hasta llegar a miles de millones que estaba todo pensao, cojones.

Y ahí dejé de ignorar el porqué, pues la respuesta a tanto interrogante era de cajón ¿qué Sistema de Señores no aceptaría como religión oficial para sus timbirichis aquella que le dice al tonto: no te pongas bravo, mi hermano, sé pobre, compadre que sólo cuando te mueras serás inmensamente rico… en el otro mundo.

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